Me gustaría compartir con vosotros el viaje que realice por tierras turcas, hace ya algunos años. Pese al tiempo transcurrido fue uno de los viajes que más me ha impresionado y que mayor marca ha dejado en mí.
Como es habitual en estos casos el viaje comenzó en la ciudad de Estambul, nada mas poner el pie en la ciudad me enamore sin remedio de ella y descubrí, que es una ciudad mágica. No sabría muy bien deciros que es lo que para mi la hace única, si es por ese aire entre occidente y oriente que hace que se mueva igual de cómoda entre los dos mundos, o esa mezcla entre modernidad y tradición sin llegar a decantarse por ninguno de las dos épocas. Todo esto hace que la antigua capital sea una ciudad para ser descubierta en y por todos los sentidos.
Sentidos que son estimulados de mil maneras diferentes. Como definir si no, a ser despertado por los llamamientos del almuédano a los fieles a las 6 de la mañana, o sentirse siempre envuelto por el incesante bullicio de una ciudad vital, que no duerme nunca, cuyos mercadillos se encuentran en funcionamiento día y noche. [Leer más]
Cuando comenzamos a planear nuestro viaje a Estambul en Semana Santa, todos coincidimos en que era uno de esos destinos que habíamos tenido siempre en la cabeza, y por fin íbamos a visitar la espléndida Estambul, ciudad puente entre Asia y Europa, llena de historia, cultura y magia. Los componentes de la expedición seríamos Berta, Marian, Manu, José Púas, Carlos Bilbao y yo. Nos íbamos a encontrar allí también con Silvia Arenillas y sus amigas, pero finalmente no fue posible. Con quien sí pudimos quedar fue con Gemma, Marimar y Lucía, tres itaqueñas de Pamplona que, aunque se alojaban en otro hotel, conseguimos quedar dos noches con ellas para cenar e ir de copitas.
Yo fui la última en llegar, ya por la noche. Marian, Manu y Carlos salían desde Madrid el día anterior, Berta y José Púas desde Barcelona por la mañana temprano y yo a mediodía. [Leer más]