Roma y Nápoles 2003

Versión para impresiónEnviar a un amigoPDF version
Amelia, Carmen y Esther

Hola a todos ! Soy un tercio del comando Roma-Nápoles y si, noi stiamo bene (grazie Manu), y por si a alguien le apetece leer un rato os cuento un poquito sobre el viaje, no penseis que nos secuestró la camorra Napolitana o nos sedujeron los (donde se meten que apenas los vimos?) belos italianos. Confieso que quizás por tenerlo tan cerca hasta hace bien poco no habia tenido interés en visitar Italia y de hecho, si hubiera tenido que situar Roma quizá me hubiese equivocado de costa. Pero una vez visitado lo poco que pueden dar de si 10 días puedo decir que merece mucho la pena y habrá que regresar, uno se siente como en casa y además tiene tanto que ver ... Para quienes estan pensandolo como opcion de verano, que se animen (pese al calor)

Acerca de Roma todo estará requetecontado y super descrito en publicaciones diversas, y supongo que la mayoría de gente lo conoce, así que sólo os cuento desde un punto de vista informal algúna cosillas que me llamaron personalmente la atencion o me divirtieron más.

Esther: Roma

Las guías acerca de Roma no mienten y todo lo que anuncian que está, existe y además no defrauda. Todo Roma es un vestigio histórico impresionante y recomiendo refrescar un poco la historia antes de la visita, para apreciar en su justa medida lo que vemos situandolo en su contexto histórico. Que una ve la cúpula del Panteon, la de la catedral de Florencia y la de San Pedro y parecen -casi- la misma cosa pero claro, que la primera es de hace 2000 años, Brunelleschi en aprox 1420 se basó en esta y la mejoro y estilizó para Florencia y claro, cuando se le planteo a Miguel Angel la de San Pedro un siglo despues y con toda la plata del papado ... pan comido ! (soy consciente de la simplificación, no me salten al cuello los estudiosos y/o arquitectos!) Esta claro que todo visto en detenimiento se disfruta más, es una obviedad lo que he dicho pero como en Roma se solapan tantos periodos históricos que sentí más esta necesidad aquí que en otros lugares, antes de que todo se me enmarañase sin remedio en la cabeza.

Todo Roma es un vestigio histórico impresionante y recomiendo refrescar un poco la historia antes de la visita, para apreciar en su justa medida lo que vemos situandolo en su contexto histórico.

Coincidi con un super concierto de PaulMcCartney en el Coliseo y avenida de Fori Imperiali - quizás por ser el cantante casi contemporaneo con los antiguos habitantes de la zona :-) - Prepararon un montaje gigantesco que congregó a casi 800 000 personas para verlo en super pantallas a lo largo de Via dei Fori Imperial, y claro pusieron iluminaron especial al Coliseo y la zona del Foro de luces de colorines y realmente quedó muy especial. La verdad es que tienen muy bien iluminados la mayoría de sitios representativos y cualquier zona de noche queda bastante mágica.

Además de las vistas desde la cúpulas o tejados de algún edificio alto, están bonitas la vistas desde el Gianicolo (por ejemplo desde la Academia Española) o desde un lugar que no recuerdo como lo llaman, es el mirador de television o de los enamorados. (Para quien conozca Bilbao, es como subirse a Artxanda)

Me gustaría destacar la Galleria Nacional de Arte Moderno : Especialmente las salas de cuadros y esculturas del siglo XVIII y XIX - Los cuadros eras preciosos, de temas social y paisajistico de la época, como si un viajero de entonces hubiera tomado las fotos que todos quisieramos sacar cuando viajamos. Y preciosas esculturas. En mi guía hacía reseña a este museo de refilón y dice que tiene una discreta coleccion, que puede ser, pero de estas 6 salas en especial no había obra que me dejara indiferente. (Luego hay salas de muchos mas estilos, arte moderno, impresionismo, arte del fascismo, etc etc)

Vaya negocio que tienen montado los del Vaticano. Tienen tenderetes en cada sala a lo largo de los museos Vaticanos. Y lo bueno es que realmente, si algo te interesa y no compras, hay items que no están en la tienda de final de recorrido! Por no hablar de la oficina de correos a pie de la salida de la Basilica. Pero he de reconocer que las postal autoenviada desde alli llego mucho antes de la enviada a través de la poste Italiana. Por cierto, la Capilla Sixtina. Alguien que entró conmigo se quedo francamente decepcionado porque esperaba algo diferente, mas rica en ornamentación - Y es que parece simple en el sentido que se asemeja a frontón con techo abovedado y completamente pintado con los (excepcionales) grafitis de la época, de Miguel Angel y otros grandes. A mi me encanto quizá por eso. Puedes pasarte horas mirando cada fresco dado lo densos que son en contenido y significado. (Lo peos son los trapitos con que taparon a las figuras desnudas en El Juicio Final) La Fontana de Trevi : Resulta que esta fontana pertenece al palacio de cuya fachada posterior surge - extravagancia que tuvo el dueño. Recientemente se ha vendido el palacio a unos Americanos y están en pleitos por si la fontana pertenece a ellos o a la ciudad de Roma !!!!

Los helados. En cualquer tienda están buenos, pero hay un par de heladerías recomendadas donde lo están especialmente y por el casi-mismo precio que en otro lugar.

Los helados ! Sobresaliente ! Sí, tampoco descubro nada, pero yo que no soy fan de los helados me descubrí a mi misma tomando ¡ hasta tres al día ! En cualquer tienda están buenos, pero hay un par de heladerías recomendadas donde lo están especialmente y por el casi-mismo precio que en otro lugar. El de champán, o el combinado mora-nocciola-grand marnier ... el de higos !!! En fin. Que lo tenía que decir. Y sin problemas con la línea, que con el calor que cae y lo que se anda y suda de museo en museo no se engorda ni un gramo. (Al hilo de helados y romanos : ya se lo comente a Amelia durante el viaje, pero en Calahorra está un famoso heladero que hace sorprendentes helado de sabores especiales, desde queso a pimiento a paté hasta helado de pétalo de rosa -que es el que preparó especialmente para la boda de algunas de las infantas- Y de paso, en Calahorra se puede vistitar tambien bastantes restos romanos (inclusive unas cloacas recientemente escavadas) y coincidir con un fin de semana del año que montan el "Mercado romano" con mercadillo, espectaculos etc. Esto es publicidad gratuita, estuve hace un par de años y espontaneamente se me ha ligado con lo que estaba contando) La Pasta y Pizza, para mi gusto, correcto pero no me ha sorprendido en exceso, salvo la variedad. Ahora bien, en pocos lugares te sientas al fresco frente a una iglesia con frontal de mosaicos romanos a tomar Pizza con una birra por 7 euros con mantel y sevilletas de tela (!!) El café, muy bueno, de tomarlo sin azúcar.

Y el trafico ! Tiene peligro cierto tanto para conductores como para peatones. Tuve ocasion de ''participar'' en la locura recorriendo Roma en un ''seteccentos'' y (superando lo anterior) en moto con un par de lugareños y doy fé de que es un experiencia intensa. La única regla es el todo vale, los semaforos son meramente orientativos y las motos son las dueñas del terreno (hemos visto a una moto tocarle el claxon a un señora que estaba simplemente de pie junto a un banco en una placita conversando con las amigas) Por encima de alguna otra ciudad europeas de tráfico suicida, más me recordaba al caos en el Santo Domingo Dominicano. Pero debo decir que a pesar de la agresividad en la forma, los conductores no van con el machete entre los dientes, en bastantes situaciones irregulares que presencié los conductores implicados se lo tomaban todo muy relajados y sonrientes.

Como será la cosa que se contaguia hasta en el transporte público y el día que fui a Florencia tuve un retraso de 2 horas porque el tren anterior al mio tuvo un choque contra otro que entraba en Roma Tiburtina y ¡ se salto el STOP ! (volcaron pero sólo heridos leves por la baja velocidad)

Gracias a que tuve más pacencia que otros viajeros que se apearon llegué a Florencia. Y me alegro porque la ciudad merece la pena, la catedral impresiona de tanto marmol que deslumbra ... Y tantas otros lugares, claro. La visita obligada al David recompensa. El original está en la Gallería de la Academia. Preside una gran estancia, y antes de llegar a pies de él hay una serie de inacabados de Miguel Angel, muy interesantes porque se aprecia el proceso, las marcas del cincel y la dificultad de ir sacando la figura partir del bloque de piedra. Pero hay una entre ellas, que curiosamente es un ejemplo de mal hacer -es muy desproporcionada- y por lo cual deducen los expertos que No es del ''maestro''; bueno, pues esto lo cuenta en una pequeña plaquita (creo que solo en Italiano) que pocos leen y me hizo gracia ver como muchos quedaban boquiabiertos ante la dichosa escultura y le sacaban casi tantas fotos furtivas como al David que está a pocos pasos ..... (Como nos engañan si quieren, eh ? )

Y muchas cosa más, pero como se me va a acabar la tinta del ordenador si sigo escribiendo, les paso el testigo a Amelia o Carmen para que cuenten de Nápoles. Yo me junte con ellas más tarde de lo previsto porque calculé mal el tiempo que demora subir al Vesuvio, pero aún así tuvimos tiempo de compartir un día y medio disfrutando de cosas fantasticas .... Que cuenten....

Saludos a todos. Especialmente a los que llegaron hasta aquí ;-)

Carmen: Napoles, Pompeia y Capri

Hola a todos, en especial a Amelia y a Esther, mis dos compañeras en el viaje a Nápoles. Después de volver del viaje, y contra lo que esperaba, no he tenido mucho tiempo libre ni en el trabajo ni en casa, así que no he podido mirar la lista con mucha frecuencia, pero aquí estoy para contaros un poco qué tal fue el viaje.

Llegamos Amelia y yo al aeropuerto de Roma Fiumicino el 16 de mayo, a eso de las once de la mañana, con un tiempo espléndido de primavera. Yo sin maleta, por cierto, porque de Gran Canaria me la habían mandado para Manchester, en lugar de para Madrid, pero esa es otra historia. Si algo positivo había que sacar de eso es que sólo cargaba con una pequeña mochila con lo mínimo.

En Fiumicino subimos al tren hacia Términi, la estación sur de Roma, pasando por el Trastevere, lo que me trajo unas ganas locas de quedarme en Roma. ¿Por qué no? Tres noches en Italia dan para quedarse en cualquier rincón, que seguro que se le saca buen provecho. Qué no decir pues estando ya en Roma.

En Termini tomamos el primer tren que pillamos para Nápoles, en el que había que pagar un suplemento que el revisor nos perdonó sin más, simplemente mirando hacia otro lado cuando pasó a nuestra vera en el tren (nos conocía porque antes le habíamos preguntado si ése era nuestro tren). ¡Cómo me gusta ese carácter anárquico que te permite ir contra tu propia empresa si total, no haces daño a nadie! Apuesto a que el tipo era napolitano. Como el tren iba lleno (a partir de aquí, o mejor dicho, de Roma, sería la tónica general en todos lo medios de transporte), Amelia y yo decidimos aprovechar que sólo había sitio en el vagón restaurante para comer algo. Así que pedimos el menú del tren que, si bien sencillo, no estaba nada mal y así fuimos cómodamente sentadas y tomándonos nuestro vinito, en vaso de plástico, eso sí.

Llegamos a Nápoles; ya lo habíamos supuesto cuando vimos que nos aproximábamos a la montaña aislada que quedaba a la izquierda de la marcha y que lógicamente era el Vesubio.

Al cabo de un rato (hora y media-dos horas), llegamos a Nápoles, ya lo habíamos supuesto cuando vimos que nos aproximábamos a la montaña aislada que quedaba a la izquierda de la marcha y que lógicamente era el Vesubio. Creo que serían las tres de la tarde o así cuando llegamos al hotel, que está a un par de calles de la estación, y que me pareció estupendo: más bien pequeño, muy limpio, renovado y con un servicio amable. (Los desayunos me parecieron muy buenos; en particular, el café, la mozzarella y el salchichón, deliciosos). Una vez en la habitación, descargamos las maletas (o sea, Amelia descargó su maleta) y salimos a la calle a pasear.

Puesto que estábamos hacia un extremo de la ciudad, fuimos pateando hacia el centro: nos metimos en el Castel Nuovo, que está en la bahía y donde mientras curioseábamos aquí y allá nos topamos de pronto con una sala en la que una docena de esqueletos yacían tan anchos y desde hacía siglos bajo el suelo que pisábamos, que era de una especie de resina o cristal transparente por completo. Desde luego que caminar por ese suelo con lo que había debajo daba una tremenda impresión y sensación de vértigo. En la misma sala y encima del suelo, una mezzosoprano lo hacía vibrar ensayando Lieder con una orquesta de cámara. El suyo debe de haber sido un bonito y morboso concierto, ya que, lo que es seguro, es que algo se cocía para esa tarde o el día siguiente en el castillo. Salimos de allí y nos metimos por las hermosas Galerias Humberto de las que salimos cerca de la Piazza Plebiscito, donde Amelia me invitó a un café en una terraza recomendada en su guía. Ah, y me cagó una paloma, pero tuvo el detalle de no hacerlo sobre mi único vestuario, sino en la mano. Bueno, doblemente suerte, ¿no? :) Esa plaza es muy grande y está rodeada de edificios monumentales: el palacio real y San Francisco de Paula. Después del café, nos pusimos de nuevo en marcha y nos metimos por el barrio spagnolo, que es un barrio de éstos, pintorescos, llenos de motos, ropa tendida en los balcones, flores, pequeños altarcillos por las vías y, créanme o no, farmacias. Nunca había visto tanta farmacia en tan poco territorio. ¡A saber la causa!

Los altares callejeros eran también muy curiosos: los había de todo tamaño y tipo, más o menos decorados, dedicados a múltiples santos y vírgenes, en particular a San Genaro, e incluso vimos uno de ?diseño? (en el borgo marinaro o muelle deportivo), todo en blanco e iluminado con un neón violeta que lo enmarcaba y con el que también se formaba la aureola que coronaba a la virgen. Como luego veríamos en Pompeya, en todas las casas romanas había también un lugar para los dioses en el atrio (tipo altarcillo), no es de extrañar pues la abundancia de altares por las calles del viejo Nápoles. Tal vez la afición les venga de esos tiempos.

Lo de las motos por estos barrios de calles estrechas merece también mención aparte, porque la sensación es la de estar en medio de una traca de fuegos artificiales, donde éstos te salen de todos lados.

Lo de las motos por estos barrios de calles estrechas merece también mención aparte, porque la sensación es la de estar en medio de una traca de fuegos artificiales, donde éstos te salen de todos lados. O como mosquitos furiosos que van todos a por ti. El caso es que, en el último momento, siempre te esquivan. Así que no hay por qué no conservar la calma. En cuanto al tráfico de automóviles, casi tan caótico como el de motos, no respetan nada, ni semáforos, ni pasos de cebra, ni ancianitas. Vamos, que cuando único paran es si ven que van a hacer pupita, si no, hacen como que no te ven. Para cruzar las calles sólo tienes que poner una pierna delante de la otra y ponerte en marcha sin más, también haciendo tú (peatón) como que no los ves a ellos (coches), y eso en las calles difíciles, de tres o cuatro carriles en cada sentido, en las otras, es pan comido. Ya digo, si ven que no queda otra, paran. Eso sí, nunca vi un mal rollo y casi todos los coches lucen orgullosos sus abolladuras. Algún insulto cuando un par no se ponía de acuerdo, pero sin que llegara a mayores.

La via Toledo (vía comercial) transcurre paralela a nuestro camino por el barrio spagnolo, así que echamos por ella en el último tramo, también con la intención de comprarme yo lo mínimo para cambiarme de ropa al día siguiente. Luego nos metimos por el Espaccanapoli, que es el viejo Nápoles, con también callejuelas estrechas, iglesias y palacios de todos los estilos. Ya nos oscurecía cuando nos desviamos un poco por el barrio de San Lorenzo, nos metimos por una callejuela que encontré interesante, llena de puestos de figuras de belén artesanales. Al final, un par de iglesias: San Lorenzo y San Gaetano y un montoncito de gente que, ante nuestra curiosidad, nos invitó a entrar a escuchar un concierto. No lo hicimos, y es la pena de los viajes relámpago como éste. La de cosas que te pierdes, no solo de este tipo, sino la de cosas que no llegas a ver y la de cosas que ves sin tiempo para pararte un rato largo a observarlas, sin prisas. No obstante, no sé por qué, el barrio de San Lorenzo fue un punto de atracción para mí sobre otros. Un par de días después volvimos a sus calles y yo me quedé un rato más para hacer un recorrido por el Nápoles subterráneo.

Ya de noche y, al menos yo, agotada, volvimos al hotel, donde vimos el mensaje de Esther. Mi maleta seguía sin aparecer (lo haría esa noche cuando ya dormíamos). Llamamos a Esther y quedamos con ella para ir a cenar cerca, en la piazza Garibaldi.

Quería contarlo todo de un tirón, pero me temo que me extiendo demasiado. Aunque a mí me parece fenomenal y me divierte hacerlo, no sé a vosotros. Mañana espero seguir con el segundo día: Pompeya y Capri, y el tercero: Museo Arqueológico Nacional y Napoli Soterranea, e incluso el cuarto: el retorno. O invito a Ameliaa que lo haga ella: -¡Amelia, tú misma, si tienes tiempo y ganas, adelante! Saludos a todos.

Carmen Svenius Gracias, Manu. Contar los viajes aquí tiene una ventaja también para mí: es una forma de inmortalizar tu visión del viaje, cosa que yo no haría si no fuera para ofrecérosla a vosotros, como costumbre del grupo. Seguro que me gustará leerlo cuando pase el tiempo.

Seguimos pues con el viaje a Nápoles: El segundo día habíamos acordado Amelia, Esther y yo visitar Pompeya sin más dilación. Para ello, Amelia y yo nos levantamos a las 7 de la mañana :-O (ahummmmm) y, tras una buena ducha y un desayuno pausado y abundante en mi caso, estábamos a las 9 en la estación esperando a Esther, que llegó enseguida. Tomamos la Circumvesubiana y a eso de las 9:30 estábamos en la puerta de entrada a Pompeya.

A esas horas ya se podía vislumbrar el calor que iba a hacer esa mañana, así que, previsora, me hice en un puesto de la entrada con un sombrero y una botella de agua helada. Amelia y Esther entraron a pelo, admirablemente resistentes que son estas chicas (y lo digo completamente en serio).

Pompeya es el sueño de todo arqueólogo y ¡quién no ha soñado con ser arqueólogo de pequeño!

Qué decir de Pompeia (me gusta escribirlo en italiano). Es el sueño de todo arqueólogo y ¡quién no ha soñado con ser arqueólogo de pequeño! Para orientarnos por las ruinas, nos hicimos con sendos mapas del lugar y guías donde venía una explicación más o menos sucinta de las principales casas, templos y palacios. Cada una fue a su aire, eligiendo el camino que más le apetecía, y manteniendo el contacto telefónico por móvil en caso necesario, y también aprovechando las explicaciones de los abundantes guías de carne y hueso que por ahí pululaban con sus más o menos numerosos grupos.

Pompeia, como todo el mundo sabe, fue una ciudad romana de unos 20.000 habitantes que el 24 de agosto del año 79 fue sepultada por las cenizas del Vesubio, matando en pocos minutos a los aproximadamente dos mil habitantes que en esos momentos aún permanecían en la ciudad e inmortalizando la vida de la época en su cotidianidad. A medidados del siglo XVIII comienzan las excavaciones en la zona, que duran hasta la fecha. Todavía queda mucho por excavar.

Lo primero con lo que nos topamos, después de atravesar la Porta Marina, del siglo XIII, es con la zona del foro de Pompeia, y las ruinas de los numerosos templos y edificios administrativos que lo rodeaban: el templo de Venus, el de Apolo, el de Vespasiano, el de Júpiter, el de los dioses del hogar, los edificios de administración pública, la basílica (dedicada a la admón. de justicia y la economía) y el mercado. Esta era la zona de vida pública de la ciudad más importante; el resto, son las casas y palacios de particulares, por regla general, no por ello menos interesantes, sino todo lo contrario. La vista desde la parte inferior del foro es muy bonita porque se ven las ruinas de los templos, y al fondo, el sempiterno Vesubio, del que no se está muy seguro de que esté por fin apagado del todo. Se supone que le tocaba erupción hace unos treinta años, pero por ahora no rechista. Los últimos estertores que se le han conocido son de los tiempos de la 2ª Guerra Mundial, coincidiendo su despertar con el día de los bombardeos aliados.

Resumir Pompeia aquí es tarea, más que ingente, imposible, y más con una sola visita, así que me limitaré a dar dos o tres pinceladas de lo que me parece destacable: Pompeia era lugar de segunda vivienda, por regla general, de los romanos acaudalados, por ello muchas de sus casas son como palacios. Su distribución (de las casas), que al parecer conserva algunos elementos griegos, en general es la siguiente: una entrada por la que se accede el atrio. A un lado de éste solía situarse un altar dedicado en general a los dioses del hogar. El atrio, era una estancia con un hueco en el techo sostenido por columnas por donde entraba la luz y el agua, que se recogía en una pila practicada en el suelo del mismo. Rodeando el atrio hay una serie de habitaciones con funciones de dormitorio, el estudio del cabeza de familia y similares. Desde el atrio se accede por un pasillo al peristilo o jardín de la casa, rodeado de un pórtico sostenido por columnas, en donde los más ricos ponían fuentes o estatuas de gran belleza y en torno al cual también había habitaciones: comedor o despachos. Sin comunicación con la casa y dando a la calle también suele haber estancias adosadas que generalmente se destinaban a tabernas, que eran bares, tiendas y negocios de todo tipo. Tanto las paredes del atrio como las del peristilo solían estar decoradas con frescos más o menos impresionantes y ricos.

Otra cosa que me impresionó es que una de las casas está habitada como vivienda privada por algún vigilante o jardinero, ¡¡¡en medio de Pompeia!!!

Tras este resumen informal de la casa de Pompeia, decirles que se ven casas impresionantes: se ven esos frescos que rodean los patios, algunos hermosísimos, se puede una imaginar la decoración del peristilo en las casas más ricas, llenos de plantas y árboles incluso. Se traslada una a esos tiempos y se ve lo bien que vivían estos romanos. ¡Qué patios ajardinados, sobre todo! Las habitaciones, por el contrario, por regla general, no me parecieron muy grandes. También se ven las tabernas, bares que daban a la calle, una especie de lugar de comidas para gente de paso, un par de casas de panaderos con sus hornos de pan, tiendas de despacho de todo tipo, con oquedades hechas en el mostrador para medir el grano o lo que vendiesen, la lavandería de un tal Stefano, las termas (al menos dos), con sus separaciones para hombres y mujeres y sus zonas de agua caliente, tibia y fría, los restos de mosaicos en las entradas de las casas, en particular el mosaico del suelo de la casa del poeta trágico: un perro y la leyenda "cuidado con el perro" (cave cane), la casa del médico donde se encontró todo tipo de instrumental médico y quirúrgico, los ricos frescos de la casa de los misterios; la preciosa casa del Fauno, con la estatuilla del fauno danzante en una fuente en medio del hermoso jardín; el lupanar, decorado con motivos eróticos, con algún que otro graffiti de la época, con la impresión de una moneda romana en una de las paredes de los habitáculos, cada uno de los cuales tiene una cama hecha de obra y, aparte, la letrina (las ?lupas? o lobas del lupanar, según dicen, eran extranjeras, griegas, principalmente, y esclavas). Las calles de Pompeia, adoquinadas con enormes piedras lisas, sus fuentes (de una mana agua aún), las piedras que cubren las calles, el sistema de ?paso de peatones? para cruzar de una calle a otra (como el desnivel es muy grande, para que corra el agua, a modo de paso de cebra hay grandes piedras que salvan ese desnivel); los teatros: el grande y el pequeño, el anfiteatro, la necrópolis, plagada de monumentos y tantos otros sitios, además de los que aún no han sido siquiera desenterrados? Casi en el extremo menos frecuentado y más desconocido de la antigua ciudad, y cerca de la Palestra (piscina grande que en el momento de la erupción aún no había sido terminada), se encuentra el Orto dei Fuggiaschi, con los moldes de aquéllos que intentando escapar de la bodega en que se habían refugiado quedaron inmortalizados por las cenizas del volcán. Es impresionante, no sólo el verlos ahí, convertidos en piedra, sino que es el único sitio que no viene señalizado en ninguna de las calles (todos tienen sus señales en el camino), con lo que te ves obligada a preguntarle a algún vigilante (escasísimos) y a llevarte la colleja por ?morbosa? con algún comentario más o menos irónico. Bueno, la verdad es que sabía que andaba muy cerca y no iba a irme sin verlos, ¿no? Reconozco que no fui capaz de fotografiarlos. Aunque haya pasado mucho tiempo, al fin y al cabo, ahí siguen, intentando escapar. Otra cosa que me impresionó es que una de las casas está habitada como vivienda privada por algún vigilante o jardinero, ¡¡¡en medio de Pompeia!!!, es para alucinar. Vamos, si yo viviera ahí seguro que de noche vería fantasmas por todas las esquinas. Pero qué privilegio al mismo tiempo, ¿no os parece?

Bueno, después de este desordenado en impreciso relato de mi paseo de cinco horas por Pompeia, decirles, que a eso de las dos y media de la tarde me llaman Amelia y Esther al móvil, que si salía ya para que fuéramos a Capri, que teníamos toda la tarde y había un trasbordador que partía de Sorrento a las cuatro de la tarde. Les digo que se adelanten ellas, que yo tomo el siguiente tren a Sorrento y que allí en el muelle nos vemos: aún me quedaban por ver algunos sitios de Pompeia que no quería perderme por nada, entre ellos, el lupanar :-). Dediqué una media hora más a ver lo que quería en Pompeia y ya, a paso ligero, me dirigí a la salida.

Tomé el tren a Sorrento, y una vez allí y a indicaciones de una lugareña que parecía gallega porque siempre tenía dos respuestas alternativas a mis preguntas, a elegir :-), bajé por una bonita calle que llevaba al muelle donde me esperaban Esther y Amelia con los billetes comprados. Cruzamos a Capri melena al viento y al llegar y tras un cortísimo paseo por el puertito de Marina Grande nos subimos al funicular que ascendiendo entre viñas, nos dejaría en la ciudad de Capri, donde se apreciaban unas vistas muy bonitas sobre la bahía. Hay que resaltar que todo estaba muy verde y florido. Una vez en Capri, y tras echar un vistazo a una bella plaza toda llena de terrazas, flores y turistas, y puesto que Esther estaba empeñada en llegar hasta Anacapri, que se lo habían recomendado, tomamos un microbús en el que casi ya no cabíamos y nos fuimos para allá. Hay que decir que esto es de lo más divertido que viví en el viaje y que el viajecito valió la pena: iba casi al lado del conductor, agarrada de donde podía, como todos, mientras el microbús ascendía raudo por una carretera minúscula de dos direcciones y llena de curvas, dejando a la derecha un precipicio cada vez mas impresionante. Que se topaba de frente con otro microbús, pues uno de los dos paraba y cedía el paso al otro amablemente. La verdad es que fue de vértigo, casi como una montaña rusa. Algún turista que otro se tapaba los ojos mientras el microbús evolucionaba por la carretera. El paisaje que íbamos dejando atrás era, por otro lado, muy bonito y frondoso, con alguna cala al fondo del precipicio, de aguas tan transparentes que se podía adivinar el fondo. En Anacapri tras un breve paseo por sus callejuelas, Amelia entró en una iglesia en la que había una exposición de mosaicos y Esther y yo nos sentamos en un banco a esperarla a la sombra, mientras nos comiamos unas moras que nos sentaron de maravilla. Luego volvimos a Capri y en una de las terrazas que vimos al llegar nos sentamos y pedimos Amelia una birra, Esther un helado y yo el mejor zumo de frutas (?fruta mista?) que he tomado en mi vida: simplemente delicioso. Y es que se lo vi a una vecina de mesa y lo tuve clarísimo :-)

A continuación paseamos un poco por las callejuelas de Capri, con tiendas con todas las marcas de lujo que os podáis imaginar.

A continuación paseamos un poco por las callejuelas de Capri, con tiendas con todas las marcas de lujo que os podáis imaginar, hasta unos jardines desde los que había unas vistas magníficas y preciosas de la costa. Tiramos unas cuantas fotos ahí, y al cabo de un rato volvimos porque estábamos un poco pilladas por el tiempo para tomar el último trasbordador que nos llevaría de vuelta a Nápoles. En él, y en medio de la nebulosa en que me encontraba, intentando ordenar todas las sensaciones vividas, viendo cómo se alejaba la isla, tratando de estirar los músculos de las piernas tras tanta caminata y oyendo de fondo el runrún de la tele italiana, fue donde me enteré del atentado en Casablanca.

Tras regresar Amelia y yo a nuestro hotel y Esther al suyo, y sin mucha dilación, nos fuimos a un sitio en que habíamos quedado con Esther para cenar (era su última noche en Nápoles) en la pizzería más antigua de Nápoles, que presume de ser la cuna de la pizza. Se llama Pizzeria Da Michele y sólo ofrece pizza marinara (margarita sin queso) y margarita, que se supone son las auténticas pizzas originales. La cola de lugareños (no vimos turistas) era de impresión. Imaginad que cuando llegamos iban por el número 83 y teníamos el 122, pero afortunadamente, muchos de los números que nos precedían optaron, haciendo gala de sentido común, por irse a comer la pizza a otro lado, con lo que finalmente solo tuvimos que esperar cosa de hora-hora y media. La verdad es que valió la pena la espera, no sé si porque estábamos a punto de la inanición o porque las pizzas eran realmente tan buenas (baratas sí que eran). Pasamos, en cualquier caso, un buen rato comentando de cuando en cuando con los napolitanos el tiempo de espera que nos quedaba mientras hacíamos cola y devorando la pizza cuando por fin llegó nuestro turno.

De aquí, nuevamente, cada mochuelo a su olivo. Y finalizo esta segunda ?puntata?, que hasta a mí me ha agotado. Pido perdón por la extensión a los que la hayan leído hasta el final.

Amelia: Nápoles

Hola a todos: Soy la que faltaba del trío. No quiero que os de la impresión de que, hecho el viaje, paso de compartirlo, cuando soy la primera que se chifla por leer los viajes de los demás. Es que al volver tenía un montón de trabajo que consistía en escribir y escribir. Llevo dos semanas escribiendo y ya no me sentía con fuerzas para seguir juntando sujetos, verbos y predicados.

De todas maneras, Esther y Carmen os están contando muy fiel y documentadamente un viaje no por corto y cercano menos espectacular. Nápoles es tan caótica y distinta como divertida; Pompeia es asombrosa y algo único en el mundo; Capri es una preciosidad, un auténtico capricho y Sorrento y lo que pudimos ver de la costa amalfitana un espectáculo para los ojos y, sin duda, uno de los trozos de costa más bonitos de Europa.

Dedicamos nuestro último día al Museo Arqueológico de Nápoles, que merece mucho la pena.

Con todo eso en la retina ( y en mi caso, en el corazón para siempre) dedicamos nuestro último día al Museo Arqueológico de Nápoles, que merece mucho la pena. Gracias a Carmen sabíamos además que coincidíamos con una exposición especial: "Pompeia: Historia de una erupción" en la que han recopilado en un montaje especial los tesoros pompeianos del Museo (casi todo lo que se sacó de Pompeia está allí, desde los mejores mosaicos hasta las llaves de las casas y las bolsas con dinero que los pompeyanos se llevaron consigo cuando intentaban huir). Completamos la visita (que no es nada cansada) con la increible colección de escultura de la colección Farnesio y, en mi caso, con el famoso "Gabinete Secreto", que sólo ha estado accesible a los especialistas y que se ha abierto al público hace muy poco. Se necesitaba una entrada aparte, pero la habitual amabilidad napolitana me libró del trámite. Como sabeis, se trata de la famosa colección de frescos y figurillas eróticas recuperadas de Pompeia, y es una exposición muy divertida...y didáctica! (Yo es que no había entrado en el lupanar de Pompeia. Mi interés por los prostíbulos, por romanos que sean, no me animó a esperar la cola que había).

Tras el Museo, Carmen se fue a ver el Nápoles subterráneo, por el que tenía mucho interés desde que llegamos, y Esther y yo nos fuimos a comer a una terraza cerca del barrio de los Españoles, llena de niños de 12 años que quedan a comer antes de irse a sus quehaceres del domingo por la tarde, que deben consistir fundamentalmente en jugar al futbol en la plaza de Dante, como vimos después, y aterrorizar a los viandantes con sus motorinos. Esther y yo nos despedimos allí, porque ella volvía a Roma esa misma tarde.

Cuando recuperé a Carmen de las catacumbas (esa parte os la contará ella), nos fuimos a tomar algo a la plaza Bellini, que está llena de cafés encantadores. Escogimos uno especialmente bonito, que además es librería y que además de la terraza tiene un porche estupendo, y nos dedicamos a la tertulia y a descansar los pies.

Via Toledo adelante, la zona de tiendas, viendo escaparates, llegamos a la Plaza del Plebiscito, con planes para ir a cenar a la zona de Castel dell''Uovo. En la puerta de las suntuosas galerías de Umberto I había parada de taxis y, dado como es el transporte público en Nápoles, pensé que había que aprovechar la ocasión. Carmen no era muy partidaria, porque nos cogía en dirección contraria y se preguntaba donde nos llevaría a dar la vuelta. Pero al final nos decidimos y descubrimos que en Nápoles, eso tiene muy fácil solución: giro en redondo sobre la línea continua, una serie de frenazos, mi bolso por el suelo y asunto resuelto, camino a Castel dell''Uovo.

Dimos un paseo por el borde del mar hasta llegar al Castel dell'Uovo, el castillo más antiguo de Nápoles y bastante impresionante, muy bien iluminado.

Es una zona más bien "fina y elegante" donde están algunos de los buenos hoteles, bares y restaurantes. Dimos un paseo por el borde del mar hasta llegar al castillo, el más antiguo de Nápoles y bastante impresionante, muy bien iluminado. Dicen que el nombre le viene, bien de su planta oval, o de una antigua leyenda que dice que, en alguna parte del interior del castillo hay un huevo entero, que mientras siga entero, asegura la supervivencia de la ciudad ( o sea como los cuervos de la Torre de Londres o los monos de Gibraltar, pero aquí en huevo, que para algo estamos en el Nápoles popular y con los pies en la tierra).

A los pies, en una explanada al borde mar, hay una zona de restaurantes con terrazas muy bonitas, con toldos, sombrillas y velitas en la mesas, la mayoría de mucho gusto, distinción y precio (los restaurantes, las velitas también). A Carmen no le hizo mucha gracia al principio porque decía que lo de las velitas le recordaba a los chiringuitos para guiris de Las Palmas. Pero, de verdad, ya terminaba de anochecer, la temperatura era estupenda, la bahía de Nápoles rodeándonos, el Vesubio enfrente y el sitio resulta verdaderamente idílico y acogedor.

Por pura intuición escogimos un restaurante con una terraza muy bonita, pero que no parecía de los más caros: fue la mejor cena de Nápoles. Y eso que, aunque Carmen, por discrección no lo haya dicho, fui yo la que se empeñó el día antes en ir a Da Michele, donde esperamos la hora de cola para probar sus famosas pizzas (que también están muy bien, en serio). En este sitio empezamos con una ensalada caprese (en venganza por no haber tenido oportunidad de tomarla en Capri) hecha con un aceite que se te saltaban las lágrimas. Luego Carmen tomó spaguettis alle vongole y yo un rissoto pescattori. No sé cual de los dos estaría mejor, pero mi arroz sabía a mar como los mismos percebes. Fue un final digno del viaje, al que dimos colofón con una copa de vino ya cerca del hotel (¡gracias Carmen, sé lo cansada que estabas!)

Al día siguiente cogimos el tren a Roma (en primera, como las señoras que somos) y en la estación Términi enlazamos ya con el tren al aeropuerto (que es muy útil, pero está muy mal pensado para ir con maletas, y Carmen ya tenía la suya, gracias a Dios). No puedo contaros mucho del viaje de vuelta. Por razones que no vienen al caso llevaba dos noches sin dormir, así que me lo pasé soñando hasta Madrid. (Carmen, por favor, no des detalles). Llegué un lunes sobre las 7 de la tarde y yo vivo en el centro, así que podeis imaginaros el tráfico. Pues comparado con Nápoles fue una sensación extrañísima, me parecía que estaba en Luxemburgo, o algo así.

En Barajas me despedí de Carmen, que aún tenía que esperar su enlace para Las Palmas, con la penita que podeis suponer. Bueno, esta es mi aportación. Me ha salido todavía más larga que las anteriores, así que ya sabeis a lo que os arriesgais si tengo que contar otro viaje. Ojalá que sí. Esta lista es realmente muy buena idea.

Fecha: 
May 2003
No votes yet