Vietnam forma parte de la península de Indochina, formada por Tailandia, Myanmar (antigua Birmania), Camboya, Laos y Malasia. Excepto Malasia, todos ellos están bañados por el río Mekong, que desemboca en el sur de Vietnam, en un enorme delta.
Tiene 80 millones de habitantes. Las dos ciudades principales son Hanoi, capital del norte, que tiene 3 millones (registrados) y Ho Chi Minh (antigua Saigón) que tiene 6 millones (también registrados).
La moneda oficial es el Dong. 20.000 VND = 1 Euro. 15.000 VND = 1 Dólar. En muchísimos lugares también se puede pagar directamente en dólares.
COSAS PARA RECORDAR, IMPRESIONES, COLORES, OLORES Y SABORES
Es curioso con la falta de agua que hay en España, y parece que Marina y yo hemos llevado la lluvia allá donde hemos aterrizado. Llovió nada más llegar a Hanoi, Hué, Saigón, Siem Reap, Bangkok... y después de meses sin llover en España, aterrizamos en Madrid y... también llovió...
El tráfico, sobre todo en Hanoi, es enorme. Las normas no existen, ni los semáforos ni stop, bueno existen, pero no los miran. Para hacerse una idea hay que imaginarse la M-30 en Madrid en hora punta, y sustituir los coches por el doble o triple número de motos y bicis. De ahí la contaminación, de la cantidad de motos que hay, aunque es curioso que están más aprovechadas que muchos coches madrileños: llevan hasta 4 personas. Van sin casco, cuando llegan a un cruce no miran, ni paran, continúan. Eso sí, nos acostumbramos pronto a cruzar las calles, el truco estaba en no correr sino pasear suavemente entre el caótico tráfico y parece mentira, pero milagrosamente nos iban esquivando, incluso en las calles más concurridas.
El silencio que sentimos en la Bahía de Halong, uno de los lugares más bonitos que he visto en mi vida. El color verde del agua, los sampanes con sus velas amarillentas deslizándose lentamente entre los cientos de islotes que pueblan la bahía, el baño en sus aguas, el paseo en kayak, las conversaciones en la terraza del barco por la noche... y también la persecución y caza implacable de ciertos intrusos que había en el camarote.
Los días de descanso en Hoi An. Baños en un mar lleno de olas y fuerza, zumos y batidos, buena comida marina, masajes, compras, relax, paseos en bici, charlas con paisanos y extranjeros, ...
Las caritas de los niños, su mirada inocente con esos ojitos rasgados, mirándonos e intentando entendernos, sus sonrisas, su alegría, sus pies descalzos, sus juegos, sus preguntas ¿de dónde eres? Estás casada? Cuántos hermanos sois? Cuántos años tienes?... aún llevamos las pulseras que nos regalaron, y nos acordaremos siempre de ellos aún cuando no las tengamos en las manos.
Los intentos de entendernos en inglés, por señas, de cualquier manera. Cómo se reían cuando les decíamos en vietnamita cosas como “Ay, Dios mío” (Oi Choioi!), o les decíamos algo en su idioma “qué caro!” (Nam Cua), hola, adiós, etc.
El olor del Nuoc Mam. Habíamos oído que es un olor tan fuerte que los americanos durante la guerra les detectaban por ese olor... bueno, también que los vietnamitas les detectaban a ellos por el olor a tabaco y chicle. El Nuoc Mam es algo que echan en muchas comidas, y que está riquísimo, pero el olor es fortísimo y a algunos les resulta desagradable. La salsa se hace fermentando pescado muy salado en grandes cubas de cerámica durante doce meses. Ocupa el lugar de la sal en una mesa occidental.
Las pruebas en la sastrería, punto de encuentro diario. Enormes catálogos de moda de los que elegíamos modelos, telas, nos medían y en unas horas ya nos estábamos probando la ropa. Se convirtió en un ritual porque no sólo nos probábamos y comprábamos, sino que nos sentábamos a charlar tranquilamente y también nos encontrábamos allí con los españoles que habíamos ido conociendo.
Los templos de Angkor. Nos costó mucho dinero (entre visados y vuelos) y tiempo llegar hasta allí, pero fue la guinda del viaje. Absolutamente impresionante la vista de los templos con su piedra oscura contrastando con el verde de la selva de los alrededores, las enormes raíces de las ceibas abrazando a los templos. Un mundo mágico, una civilización riquísima, comparable a la inca en Machu Pichu y a la maya en Tikal, y a otras de importancia relevante.
LO MEJOR DEL VIAJE
Por supuesto mi compañera de viaje, Marina. No se nos agotaba la charla por muy cansadas que estuviéramos. Lo único malo de ella es que parecía que nunca se iba a acabar el libro de Graham Greene “El americano tranquilo” y yo ya había terminado el mío y no tenía nada para leer.
La comida. Parecía que al final estábamos ya cansadas de ella, pero al volver aquí estaba deseando volver a comer comida asiática, sobre todo mis adorados noodles (fideos chinos). Los “pho” o fideos de arroz, el “com” arroz, los “nem” o rollitos vietnamitas que se hacen con papel de arroz sin son fresh rellenándolos con verduras, pescado, gambas, setas, huevos, y los fritos. Según nuestra guía de viaje “si cocinar fuera pintar, Vietnam tendría una de las paletas más coloridas del mundo”.
Las personas que hemos conocido, paisanos y extranjeros. Las charlas, las risas, los baños, los trayectos en tren, en bus, en barco...
El conocer una cultura tan rica, con una arquitectura y un paisaje tan diferente.
La vida en las ciudades y en los pueblos. La gente vive cara a la calle, come allí, trabajan, sólo duermen dentro de las casas.
LO PEOR DEL VIAJE
Por supuesto, qué voy a decir yo, ... el agobiante calor. Mi mejor amigo, aparte de Marina, claro está, fue el abanico de papel y madera que nos regalaron a la entrada del Teatro de Marionetas de Hanoi. Llegó a Madrid destrozado, pero triunfante. El de Marina corrió peor suerte, se le debió caer al subir al autobús que nos llevó de Camboya a Bangkok. Nada más aterrizar en Hanoi el calor comenzó, aunque un tanto menguado por el agua que empezó a caer. Esto se unía a la gran contaminación que hay en la ciudad. El calor nos persiguió durante todo el viaje, altas temperaturas unidas a una humedad de 95%... sofocante. Nunca era suficiente el agua que bebíamos. Nos tirábamos a cualquier piscina, playa o ducha con ansia... aunque el alivio duraba poco. Hasta Marina llegó a quejarse del calor y había veces que nos teníamos que parar un rato a descansar porque parecía que nos iba a dar la pájara.
El Baile Camboyano, o sea, el trayecto en ¿bus? desde Siem Reap (Camboya) hasta Bangkok (Tailandia). Lo peor, el trayecto desde Camboya hasta la frontera tailandesa, casi 100 km de pista llena de baches y charcos provocados por las lluvias del monzón. Calor, sed, hambre, botes y golpes en las piernas con los estrechos asientos. Cuando vimos la frontera no veíamos el momento de llegar, aunque nos costó llegar al otro lado con tantas bolsas como íbamos. Al cruzar la frontera, la carretera era tan buena y la van en la que fuimos tan cómoda que hasta nos dormimos.
El vuelo Hanoi-Hué. Nunca había sentido tanto miedo en un avión. Estábamos deseando llegar y besar el suelo. Le debió afectar el tifón que había por la zona de Hanoi, que fue más grande de lo que pensábamos. Me dio mucha tristeza enterarme de las 50 personas que habían fallecido en la zona de las montañas cercanas a Sapa y Lao Cai, donde habíamos estado apenas tres días antes.
DIARIO DEL VIAJE
18.09.05 MADRID-BANGKOK-HANOI
Salida sin novedad con Thai Airways (930 € vuelo Madrid-Bangkok-Hanoi y Bangkok-Madrid). 12 horas hasta Bangkok y 1,50 h. hasta Hanoi. En total fueron 14 horas en las que no conseguimos dormir nada ninguna de las dos. Conocimos a 8 madrileños en el vuelo con los que coincidimos luego en otros sitios durante el viaje.
19.09.05 HANOI
Llegamos a Hanoi a las 10.30 am. Parece que llevamos la lluvia a donde aterrizamos, algo que se repitió en el resto del viaje, tanto en Hué, como en Ho Chi Minh, Siem Reap y Bangkok. Llovía a cántaros, aunque no por eso hacía frío, teníamos ya la sensación de calor húmedo que nos acompañó ya durante todo el viaje.
Cogimos un taxi hasta el Hotel Salute (7 Hang Dau St. Hanoi - tel 8448258003 - e-mail info@salutehotels.com, web www.salutehotels.com), que Marina había visto en Internet. No era barato, 25 $ la habitación doble, pero llegábamos tan cansadas que no nos importaba mucho y además era muy céntrico, situado muy cerca del Lago Hoan Kiem, en el Barrio Antiguo de Hanoi, lo que nos permitía movernos andando a casi cualquier sitio. Estaba situado en la zona de zapaterías, ya que todo el barrio esta dividido por sectores según la actividad.
Hanoi está situada junto al río Rojo (Song Hong), que se cruza por dos puentes. Y la zona del Barrio Antiguo está rodeando el Lago Hoan Kiem.
Las calles de la zona se denominan en función de la actividad que allí se desarrolla (zapaterías, joyerías, velas, ropa, tabaco, dulces, etc.).
El hotel tiene aire acondicionado, la habitación está muy bien y está muy limpio excepto cuando se nos inunda la habitación con la lluvia, claro está, porque nosotras dejamos la ventana abierta.
Salimos a buscar una agencia para contratar los tours a las montañas de Sapa y a la Bahía de Halong. Como nos habían recomendado la agencia Fansipan (pero la auténtica, ya que allí abren agencias con el mismo nombre, aprovechando la buena fama de estas, pero siempre hay una que es la original y es mejor encontrarla), nos encaminamos hacia allí en medio de un gran aguacero (Fansipan Tours - Pho Hang Bac, 24 - www.fansipantours.com.vn).
Decidimos contratar dos días en las montañas de Sapa (70$ con transporte, alojamiento con desayuno y trekking para los dos días incluidos), dos días en la Bahía de Halong (35$ con transporte en bus, transporte y alojamiento en el barco y comidas incluidas) y un día en Tam Coc (13$ con comida, transporte y barca incluidos).
Después nos fuimos a caminar por el Barrio Antiguo, para empezar a saborear la ciudad. La vida en la calle es alucinante. Cientos de motos, ciclotaxi (bicis con carrito delante para transportar uno o dos pasajeros) y bicis rodando sin el más mínimo orden, pero conseguimos cruzar unas cuantas calles sin que nos atropellen.
Bajo el diluvio apenas podíamos caminar por las aceras, invadidas por montones de motos aparcadas. Todo los ciclotaxi nos ofrecen sus servicios, pero no son insistentes y nos apetecía pasear.
Comimos en Little Hanoi (Ta Hién, 9 - tel.9260168) por 149.000 vnd. Rollitos vietnamitas de pescado con lechuga, pepino, tomate, piña, todo ello teníamos que envolverlo en papel de arroz y regarlo con una salsa agridulce picante, exquisito.
Tras la comida fuimos a dar una vuelta por el mercado junto al lago Hoan Kiem, lleno de flores, frutas exóticas, pescado, setas secas, verduras, etc., y luego sacamos las entradas para ir a ver el Teatro de las Marionetas de Agua (Dinh Tien Hoang St., 57B, Hanoi - tel. 008448249494), a las 6.30 pm (40000 vnd). Muy original y muy bonito, aunque íbamos tan cansadas que nos entraba bastante sueño, después del largo viaje sin dormir.
Teatro de las Marionetas de Agua
“Existen dos historias sobre su origen. Una cuenta que nació entre los agricultores del arroz que trabajaban los campos inundados y vieron el potencial del agua como escenario dinámico; la otra habla de que se adaptaron marionetas convencionales durante una inundación masiva del delta del río Rojo. Sea cual sea la historia real, este arte tiene como mínimo mil años de antigüedad.
Los agricultores tallaban las marionetas en madera de higuera dándoles el aspecto de sus vecinos, de los animales cercanos y de criaturas míticas. Las actuaciones solían hacerse en estanques, lagos o arrozales inundados.
Las representaciones actuales se hacen en un tanque cuadrado con agua hasta la cintura. Esta está turbia para ocultar los mecanismos de funcionamiento de las marionetas. Una banda toca la música, que es tan importante como la acción en la escena. Cada marioneta puede tener 50 cm de largo y pesar hasta 15 kg y están pintadas con una pintura brillante de origen vegetal. Cada títere dura 3 ó 4 meses, por lo que la producción de marionetas es una industria muy activa” (Guía Lonely Planet, 2005).
Después nos fuimos directas a la cama, para poder estar espabiladas al día siguiente y echar un vistazo más amplio a la ciudad.
20.09.05 HANOI
Aunque nos despertamos temprano, nos cuesta levantarnos de la cama, el viaje aún nos pesa en el cuerpo.
Desayunamos en el hotel pan con mermelada y mantequilla, recogemos las mochilas, porque las dejaremos custodiadas en el hotel hasta las 8.30 pm que nos vamos a Sapa en el tren litera nocturno.
Salimos a callejear, esta vez ya con un sol espléndido, por las calles llenas de tiendas y puestos callejeros de comida y después de andar un rato muertas de sed, aplacada por un buen zumo de sandía, decidimos coger un ciclotaxi para las dos para no agotarnos. La experiencia es alucinante, parece que nos vamos a chocar contra todo el tráfico, y hasta cerramos los ojos esperando el impacto, pero los conductores son muy hábiles y están muy acostumbrados al tráfico. Vamos al Templo de la Literatura, un lugar muy relajante y antiguamente la primera universidad. En el ciclo también vamos al Mausoleo de Ho Chi Minh, aunque lo encontramos ya cerrado.
Visitamos la Pagoda de un solo pilar, que yo esperaba que fuera diferente. Está sobre un estanque, es muy pequeña y la verdad es que me recordó más a un hórreo gallego o asturiano que a una pagoda.
Volvemos al centro y comemos junto a la agencia de viajes unos noodles con brotes de soja y cangrejo y otros con pescado.
Tras la comida, compramos en Ocean Tours (www.oceantoursvietnam.com, preguntar por Vuong Thi Thuy) el vuelo Hanoi-Hué (58$) para el lunes siguiente, cuando volviéramos de las 3 excursiones.
En ese momento empezamos ya con las compras, algo allí irresistible, y nos compramos unos zapatos de tacón bordados (175000 vnd), nos fuimos al hotel a por las mochilas y a cenar algo para pasar la noche en el tren (arroz con seafood y noodles con cangrejo). Tomamos un taxi hasta la estación de tren y montamos en el tren. Nos sorprendió lo bien que estaban los compartimentos de 4 literas blandas (hay cuatro clases: sillón blando y duro y literas blandas y duras), forrados de madera hasta con una mesita y lamparita, muy coquetos. Salimos de Hanoi a las 10.00 pm.
21.09.05 LAO CAI Y MONTAÑAS DE SA PA
Llegamos a Lao Cai a las 6.30 am con una temperatura mucho mejor que la de Hanoi. En una Van nos llevan a Sapa, viendo unos paisajes preciosos y al llegar nos alojamos en el hotel Royal (Cau May St., Sapa, Lao Cai - tel. 8420871313 - e-mail royalhotel_sapa@yahoo.com), con unas vistas estupendas de las montañas y allí ya desayunamos pan con jamón, tomate y pepino.
Sapa es un pueblo más grande de lo que esperábamos, y además en pleno desarrollo, aunque la actuación urbanística es pésima, como vimos durante el resto del viaje en otras poblaciones, se cargan el entorno. Nos viene a buscar nuestro guía Thanh para comenzar el trekking. Hoy hacemos el más corto, a Cat Cat, unos 6 km, cuesta arriba y cuesta abajo.
Primero empezamos descendiendo la montaña entre arrozales verdes (y enormes plantas de marihuana) donde nos encontramos de vez en cuando con casitas de las que salen niños sonrientes y guapísimos y llegamos hasta el curso de un río y unas cascadas. Nos encontramos constantemente con mujeres de la etnia hmong, que intentan vendernos manteles, fundas de cojín, bolsos, etc. todos hechos a mano y bordados en vivos colores. También venden pulseras, collares y pendientes. Después comenzamos la subida con una fuerte pendiente en la que tengo que parar de vez en cuando porque el calor es agobiante y el sol abrasador. Llegamos justo para comer un plato de carne, patatas fritas y arroz.
Por la tarde vamos a caminar a un jardín de flores con una variedad increíble de vegetación y montones de mariposas, a cual más bonita. Subimos hasta un mirador desde donde se puede divisar todo Sapa. Allí nos volvemos a encontrar con dos chicos que conocimos por la mañana, David y Alvaro, asturianos, con los que sorprendentemente nos fuimos encontrando durante todo el viaje.
A la vuelta, vamos al mercado local y compramos telas bordadas en vivos colores. Los tintes que emplean las mujeres de la zona para teñir las teles proceden de plantas. Están teñidas y bordadas a mano. Las mujeres hmong tienen las manos de color azul verdoso por esta sustancia. Todas las mujeres nos quieren vender y nos enseñan sus artículos, pero claro está, no podíamos comprar a todas, era una auténtica locura.
Después dimos una vuelta y cenamos con unos españoles de Logroño que habíamos conocido en Hanoi y con los que habíamos coincidido también en el tren. La comida es exquisita, aunque picante: jabalí, calamares, noodles con verduras y un postre riquísimo a base de plátano frito con chocolate por encima.
22.09.05 MONTAÑAS DE SA PA
Después del desayuno nos vamos a hacer un trekking de 17 km, más lejos que el día anterior, visitando aldeas entre montañas y arrozales. El paisaje es precioso, montañas verdes con plantaciones de arroz en terrazas, perfectamente trazadas e integradas en el entorno.
Niños de las aldeas hmong quieren vendernos pulseras de hilo y más cosas. Vemos mujeres trabajando en la recogida del arroz, es un trabajo muy duro y con este clima mucho más. Cuando el grano está listo para la recogida, cortan la planta y haciendo grandes ramos los golpean sobre un enorme cajón de madera para que caiga el grano.
Comemos bocadillos de tortilla francesa y tomate, pepino, plátanos, en una especie de tenderete que hay en el camino.
Volvemos al pueblo, nos duchamos y compramos más cosas en el mercado, bolsos, fulares y fundas de cojín, todo bordado por las mujeres de las montañas.
Cogemos un bus a las 7.00 pm dirección a Lao Cai de nuevo y mientras esperamos a que salga el tren cenamos unos noodles en un bar frente a la estación.
23.09.05 DE HANOI A HALONG BAY
El viaje en tren, en literas, hasta Hanoi dura 8 horas de nuevo. La mujer encargada de despertar a los pasajeros cuando llegáramos se queda dormida, así que casi no nos da tiempo ni a cambiarnos de ropa y quitarnos el pijama para bajarnos del tren.
Cogemos un taxi con los logroñeses hasta Hoam Kiem, donde vemos a los vietnamitas, bueno eran casi todo mujeres, haciendo gimnasia ¡a las 6 de la mañana! Una especie de gimnasia-taichi, increíble con el calor que hacía ya, aunque ni siquiera se veía aún el sol. A esas horas, con el cansancio, el peso que llevaba y el calor, yo sólo era capaz de apretar el botón de la cámara.
Nos despedimos de los españoles y, como teníamos un par de horas hasta que saliéramos a Halong Bay, aprovechamos para desayunar y para comprar una mochila de mano para Marina, porque ya llevábamos demasiadas cosas y empezaban a no cabernos en las que llevábamos. Además no podíamos llevar las mochilas grandes con nosotros a Halong y tuvimos que hacer un pequeño equipaje para esos dos días.
Cerca de las 9.00 am cogemos en la agencia un minibús que nos lleva hasta el puerto de Halong en 3 horas, con una parada incluida.
Al llegar al puerto vimos cientos de barcos de los típicos que recorren la bahía.
El nuestro es parecido a los demás, de madera, con una planta abajo con camarotes y el motor, otra planta encima con el restaurante y otra planta-terraza con hamacas desde donde se divisan las maravillosas vistas.
El camarote está forrado con madera de arriba abajo, tiene dos camas, baño dentro y ventana con vistas a la bahía.
Comemos mientras el barco comienza a alejarse del puerto: carne, arroz, pescado buenísimo y arroz, como postre fruta del dragón, una fruta muy típica de esa zona de Asia, muy exótica, de cáscara rosa fucsia y el interior blanco salpicado con semillas negras. Aún con ese aspecto, el sabor es bastante insípido.
Poco a poco nos adentramos entre islotes que llenan la Bahía de Halong. Nos quedamos asombradas ante aquel paisaje maravilloso. Habíamos visto muchas fotos, alucinado con las imágenes de la película “Indochina” y nos habían hablado de aquello... pero verlo es indescriptible. Hay más de tres mil islas y está situada en el golfo de Tonkín. Fue nombrada Patrimonio Mundial en 1994.
Leyenda de la Bahía de Halong:
“Halong se traduce como “donde el dragón se sumerge en el mar”. Según cuenta la leyenda todas las islas fueron creadas por un enorme dragón que vivía en las montañas. Según avanzaba hacia la costa, su cola se agitaba abriendo valles y grietas; cuando entró en el mar, las zonas creadas por la cola se llenaron de agua y dejaron sólo las tierras más altas a la vista” (Guía Lonely Planet, 2005).
Tras la estupenda comida, nos duchamos y nos vamos a remar en kayak para disfrutar de la bahía sin prisas. El paisaje que se desliza por nuestros ojos es espectacular, montones de atolones de piedra caliza con vegetación pueblan la bahía formando un enorme laberinto de islotes que parecen emerger de un sueño con tranquila agua verde esmeralda y en el que nos podríamos perder eternamente. Cada rincón es fascinante, y una fina neblina hace que el paisaje parezca aún más mágico.
Remando atravesamos una cueva y, al llegar al otro lado, las dos nos damos cuenta de que allí pasa algo muy extraño, y sobre todo poco habitual. El entorno es el mismo, el agua y las montañas parecidas, pero hay algo que es muy difícil sentir en este mundo que habitamos... el silencio. Las dos sentimos lo mismo y paramos de remar para inundarnos de él. Vemos medusas blancas, como pequeñas novias de la bahía meciéndose tranquilas en aquellas transparentes aguas.
A la vuelta nos cuesta bastante encontrar nuestro barco, ya que todos los que había allí eran muy parecidas. Desde uno nos saludan y cual es nuestra sorpresa cuando vemos que es David, uno de los chicos asturianos, compañeros de cada etapa de nuestro viaje.
Ya en el barco navegamos un poco más y desembarcamos en un pequeño puerto para visitar las cuevas de Hang Sung Sot, llenas de estalactitas y estalagmitas, bastante grandes y bien iluminadas, con algunas formas reconocibles perfectamente, como cierta parte del cuerpo masculino y un hombre llevando en brazos a una mujer (lo que yo comparé, no sé si bien o mal, con la Piedad de Miguel Ángel), entre otras que reconocemos peor, pero bueno sólo es cuestión de imaginación... y de iluminación.
Después cenamos muy bien: calamares con cebolla y zanahoria, arroz, pescado rebozado y rollitos vietnamitas.
Tras la cena, subimos a la terraza a contemplar la tranquilidad que puebla la bahía, salpicada por las luces de otros barcos que se reflejan en el agua. Vemos cómo se esconde el sol, muy rápido. Estuvimos hasta bastante tarde con nuestros compañeros de travesía: tres checoslovacos, una chica suiza, un italiano y una irlandesa.
Nos vamos a la cama y tras la caza de la cucaracha invasora de camas, nos quedamos dormidas, entre el ruido del ventilador y el de los motores, ya que tenemos el camarote justo al lado, mala suerte.
24.09.05 HALONG BAY Y VUELTA A HANOI
Madrugamos bastante y después de un buen desayuno, huevos fritos, tostadas, frutas varias, nos tiramos al agua, no sin pensárnoslo un poco antes porque desde la cubierta no parecía que había tanta distancia, pero al subirnos al borde el agua se veía bastante abajo. Mereció la pena nadar en aquellas aguas, una experiencia única y también uno de los momentos que con más nostalgia recuerdo del viaje.
Según volvemos hacia el puerto, recogemos a algunos turistas que iban a quedarse un día más, pero que debido al tifón que se esperaba para el día siguiente, tenían que ser evacuados y ningún barco podía navegar hasta que no remitiera.
La excursión terminó a las 12.00 h y comimos en un hotel junto al puerto: pescado rebozado, arroz, carne con verduras.
A nuestra llegada a Hanoi volvemos a dedicarnos a la búsqueda de hotel, aunque nos costó un poco porque al ser sábado la mayoría estaban completos. Encontramos el Classic I (Ta Hien St., Hanoi - tel. 8448266224 - e-mail clasic1hotel@yahoo.com web www.hanoiclassichotel.com - 18$ la doble c/desayuno), muy limpio, nada ruidoso, con ascensor y aire acondicionado, como todos en los que estuvimos, y con internet y desayuno incluidos.
Quedamos con David y Álvaro, con quien nos habíamos vuelto a encontrar de nuevo en las calles de Hanoi. Tomamos unas Bia Hoi (cerveza de barril vietnamita y lamás barata del mundo) y cenamos unos noodles con seafood en el Little Hanoi, donde ya habíamos comido el primer día (172000 vnd los cuatro).
25.09.05 TAM COC Y HANOI
Nos damos un buen madrugón para ir a la excursión de Tam Coc, y aún así, tenemos que esperar un montón al resto de la gente que venía.
Es un viaje de dos horas, con parada incluida como siempre en el típico sitio de turistas para que compremos algo, pero como siempre, sólo consiguen que compremos agua.
Primero nos llevan a ver dos pagodas y después llegamos al embarcadero de Tam Coc y comemos en un restaurante allí mismo.
A Tam Coc le llaman el Halong Bay del interior, ya que está lleno de formaciones parecidas y que se pueden ver navegando por un río tranquilo lleno de nenúfares, vegetación exuberante, patos, libélulas y mariposas de colores.
Marina y yo vamos en una barca en la que reman dos mujeres y a las que ayudo de vez en cuando, bueno, cuando no hago fotos o me abanico porque el sol pega bien fuerte y sólo mengua cuando atravesamos tres cuevas.
Una de ellas rema en la popa con dos remos, pero hacia delante y la otra en la mitad del barco, junto a mí con un solo remo. La barca es curiosamente de metal, con muy poco fondo, ya que en el recorrido las aguas tienen muy poca profundidad.
Un paisaje idílico si no hubiera sido por la masificación de gente que había. Era domingo y estaba lleno de grupos de niños con uniforme de colegio que nos saludaban y les encantaba que les saludáramos en su idioma. Y también habían llevado allí a los que por el tifón no habían podido ir a Halong Bay. Eso le quitó algo de encanto, bueno y también el constante acoso de vendedores fuera de la barca... y dentro, porque cuando llegamos al final del recorrido, pararon junto a una cueva y empezaron a sacar manteles y camisetas.
El viaje de vuelta en minibús duró dos horas y al llegar a Hanoi volvíamos a respirar la contaminación siempre presente allí, atmosférica y acústica, y sus calles siempre impregnadas de una humedad próxima al 100%.
Después de pasar por Ocean Tours para confirmar nuestro vuelo a Hué y pedir un taxi al aeropuerto callejeamos en busca de ropa.
Compramos un par de blusas de seda preciosas y luego fuimos a Little Hanoi, donde repetimos porque se come muy bien, sobre todo los rollitos vietnamitas frescos. Te ponen un plato grande de pescado frito, lechuga, pepino, hierbabuena y cebolla y al lado un plato con papel de arroz, que tuvimos que probar la primera vez porque no sabíamos si aquello se comía. Todos los ingredientes se envuelven en el papel de arroz, se cierra el rollito y se moja en una salsa algo picante, algo exquisito.
Después de un rato en internet nos fuimos a dormir, ya que nuestro vuelo a Hué salía a las 6.30 am y el taxi nos venía a recoger a las 4.30 am, en fin, otro madrugón. Ya vamos arrastrando cansancio, que sumado al calor hace que estemos deseando ir a Hoi An y quedarnos unos días en un mismo sitio.
26.09.05 DE HANOI A HUÉ, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Nos recoge puntual el taxi en el hotel y embarcamos y despegamos sin problemas en un pequeño avión de Vietnam Airlines. Nos dieron una especie de sandwich, y después llegamos a pensar que nos montaban en una atracción de feria de esas que te hacen saltar el estómago hasta lugares insospechados de la anatomía. El vuelo fue bastante movidito, y luego supimos que nos había tocado algo del tifón que ya arrasaba la zona de la costa y luego fue hacia el interior según nos enteramos por las noticias.
Conseguimos aterrizar muy bien finalmente, y en Hué nos esperaba la lluvia, algo que agradecimos después de tantos días de sol abrasador.
En el avión nos encontramos con los 8 madrileños con los que coincidimos en el vuelo desde España y como ellos ya tenían hotel reservado y les venían a buscar en un minibús, nos ofrecieron compartirlo para que no tuviéramos que coger un taxi y nos fuimos con ellos hasta la ciudad. Decidimos quedarnos en el mismo hotel, el Truong Siang Hotel (25 Doi Cung St., Hue City, tel. 8454826827. e-mail tghotel@dng.vnn.vn web www.truonggianghotel.com - 20$ habitación doble con desayuno), limpio, muy luminoso y con buenas vistas.
Acordamos con el hotel una visita en barco a las tumbas de la dinastía Nguyen, a las que se llega por el Río del Perfume (28$ el barco para los 10 + 55000 vnd la entrada a cada tumba).
Los barcos son grandes y coloridos, con sillas dentro, una mesa y con techo para la lluvia y el sol. Desde el embarcadero hasta la primera tumba hay una hora de navegación más o menos, durante la cual la mujer del barquero no para intentar vendernos postales, láminas y ropa. Al principio ninguno hace caso, pero cuando saca la ropa la mayoría deja de mirar el paisaje y empiezan a probarse y comprar pantalones Nike de imitación.
Cuando desembarcamos, como las tumbas están algo lejos del río, vamos en moto de paquete por 20.000 vnd cada uno.
Paramos en la tumba del emperador Tu Duc, grandiosa, en un entorno de un verde exuberante, con un río de aguas tranquilas. Fue construida en 3 años y el emperador no está realmente enterrado allí, sino en otro lugar secreto excepto para las personas que lo enterraron, 200 personas que fueron decapitadas para que se llevaran el secreto a la tumba y que nadie pudiera encontrar el cuerpo del emperador y los tesoros que enterraron con él.
A la vuelta, muertos de hambre fuimos al primer restaurante que vimos, bastante guiri pero estaba todo riquísimo: spagueti con seafood, zumo de mango y de banana con chocolate, rollitos vietnamitas y montones de patatas fritas (79000 vnd cada uno).
Dimos una vuelta por los alrededores de la ciudadela imperial en ciclotaxi hasta que anocheció y luego caminamos por la ciudad.
27.09.05 HUÉ Y CAMINO A PLAYA DE LANG CO Y HOI AN
Conseguimos dormir un poco más que los días anteriores. Desayunamos con los madrileños (huevos fritos, fruta variada y zumo de naranja).
Con el cielo nublado pero con mucho bochorno vamos a visitar la Ciudad Imperial (55000 vnd) en ciclotaxi. Nos deja en la entrada y recorremos todo lo que nos da tiempo, ya que la ciudad completa abarca aproximadamente 10 km2. Algunos lugares han sido bombardeados, pero los que se conservan poseen una gran belleza, adornada además por un entorno verde precioso.
Nos recoge en el hotel un minibús a los 10 por 54$ que nos llevará de Hué a Hoi An (2,5 horas), aunque tardamos más porque paramos a comer en la playa de Lang Co, una playa larguísima y paradisíaca de arena blanca y mar abierto.
Comemos allí en un resort, en una terraza junto a la playa (79000 vnd cada uno) noodles con seafood, leche de coco y cerveza. Después de un buen baño en el mar seguimos camino a Hoi An.
Al llegar a Hoi An, ellos se quedan en un Resort junto a la playa bastante caro, pero nosotras preferimos dormir en el casco histórico de la ciudad, en el hotel Thanh Van (16$). Está limpio, pero la ventana de la habitación da a un muro, algo claustrofóbico y falto de luz, por lo que decidimos cambiarnos a otro hotel al día siguiente. Si hubiera sido para una noche, nos daba lo mismo, pero pensábamos quedarnos allí más días y queríamos algo más luminoso y también con piscina como este. Después de mirar unos cuantos por la misma zona reservamos uno muy cerca por 25$ la noche, el Thuy Duong (Nhi Trung (New) St., Hoi An Town, Quang Nam, tel 0510916565, e-mail thuyduongco@dng.vnn.vn - web www.thuyduonghotel-hoian.com, absolutamente recomendable, el precio final fue 20$ c/desayuno, internet y piscina).
Damos una vuelta por la zona vieja de la ciudad, donde hacemos nuestra primera compra, un traje para mi sobrina en un puesto de ropa para bebés que llevan una pareja encantadora, Thuy y Hoá y su niño Bin, y nos volvemos a encontrar con David y Álvaro y nos vamos a cenar con ellos al Treats un sandwich, ya que no tenemos demasiado apetito y sí mucho sueño.
28.09.05 HOI AN
Después del desayuno nos cambiamos al otro hotel (Thuy Duong) y pedimos una habitación de 20$, que no tenía gran diferencia con la de 25$, supongo que sería porque estaba junto a la piscina, pero era un lujo ver el agua azul desde el ventanal de la habitación. Está limpio, la habitación es grande y nos encanta. Allí nos llegamos a sentir como en casa.
Salimos a dar una vuelta con la luz del día. El pueblo es de lo más animado, mucha vida en la calle, muchas tiendas, muchas motos (menos que en Hanoi, claro) y más bicis, calles semipeatonales, gente amable y sonriente, tranquilidad... lo que buscábamos para unos días de relax.
Ya sabíamos que Hoi An era famosa, aparte de por su belleza y tranquilidad, por la enorme cantidad de sastrerías en la que te haces ropa a medida de un día para otro.
La noche anterior habíamos conocido a Joaquín y Araceli, una pareja de Canarias, ambos encantadores. Nos dieron la dirección de una sastrería, Cao Minh (Trán Phú St., Hoi An - tel. 0510910696 - e-mail baongoc54@yahoo.com. Preguntar por Thai Dieu Hong), en la cual se habían hecho ropa a medida y les había gustado mucho, así que allí nos dirigimos... y fue una auténtica locura. Sólo habíamos entrado para echar un vistazo, pero por arte de magia ahí estábamos Marina y yo sentadas en los bancos de madera viendo enormes catálogos de ropa y eligiendo ya la ropa que nos queríamos hacer. Las paredes de la tienda estaban llenas de estanterías con telas de todos los tipos y colores perfectamente colocadas. Nos tomaron montones de medidas, hasta del ancho de manga y de la boca de los pantalones, alucinante, elegimos la ropa en los catálogos, luego elegimos las telas y los colores apropiados, y ya al día siguiente podíamos ir a probarnos para ver si tenían que hacernos algún arreglo.
Aquel lugar se convirtió en un lugar de reunión de españoles, ya que también fueron allí David y Álvaro, los 8 españoles y una pareja de catalanes que habíamos conocido en Sapa y que volvimos a encontrar allí. Todos se hicieron mucha ropa y allí nos probábamos todos nuestros modelitos y desfilábamos a ver qué tal nos quedaban. Marina y yo nos llegamos a hacer 5 pantalones, dos camisas de lino, dos faldas y un abrigo, todo de muy buena calidad.
Los sastres y sus ayudantes son unos artistas, trabajan día y noche porque hay gente que está sólo allí un par de días y quieren la ropa hecha en muy pocas horas. Nosotras no teníamos tanta prisa...
Después cogimos un taxi con David y Álvaro para ir a la playa. La playa es inmensa, 30 km de arena blanca y fina y un mar lleno de olas que se convirtió en un ingrediente más para que Hoi An se convirtiera en nuestro paraíso vietnamita. Es la prolongación de la Playa de China, famosa porque los soldados americanos durante la guerra iban a descansar allí, llamada en esta zona Playa de Cua Dai.
Por la playa están paseando a todas horas mujeres de todas las edades ofreciendo fruta y multitud de artículos, masajes y depilación... nos dieron masajes y a Marina le depilaron las piernas ¡sólo con un hilo! Es alucinante, depilan de raíz con un hilo de coser. Lo tensan y enrollan en la parte superior con una mano y con la otra van cogiendo el vello de raíz. Limpio y eficaz.
A la vuelta de la playa comimos en el pueblo, en el Bale Well (Trang Hung Dao St., 45/51, Hoi An Town - tel 864443), un lugar aparentemente cutre, pero con una comida estupenda y baratísimo. Comimos rollitos fritos con gambas, verdura y pollo, mojados en una salsa oscura riquísima (50000 vnd).
Después volvimos a las compras y encargamos unos zapatos de ante, nos bañamos en la piscina del hotel y quedamos en el Champa para cenar con Joaquín, Araceli, David y Álvaro.
Cenamos en Café des Amis (Rue Bach Dang, 52, Hoi An - tel. 0510861616), un lugar muy recomendado, un clásico junto al río. Comimos tiburón en tacos con cebolla, vegetales con calamares y gambas en una salsa riquísima, otro plato de pollo y noodles y una especie de sopa con piña y curry (70000 vnd cada uno).
29.09.05 HOI AN
Desayunamos en el hotel de buffet (tostadas, noodles, frutas variadas, creps con banana y chocolate, etc.) y nos vamos a pasear por el pueblo, que aún no hemos conseguido recorrer entero, ya que siempre nos íbamos parando en todos los sitios.
Vamos a ver el puente cubierto japonés, precioso y pasamos al otro lado del pueblo por él. Esa zona es bastante más tranquila, con tiendas de arte y una enorme librería de madera donde se compran y cambian libros.
Compramos regalos, regateando mucho, como siempre, y luego nos probamos la ropa en la sastrería. Excepto algunos arreglos en los pantalones, todo estaba perfecto. Encargamos entonces más pantalones y faldas.
Nos vamos a la playa y comemos allí con David y Álvaro en un chiringuito junto al mar. Pescado al grill con lemon grass, ajo y algo de picante, calamares y gambas a la plancha (100000 vnd cada uno).
Las mujeres de la playa nos dan masajes en la espalda, bueno a Marina le dan un masaje muy relajante, se quedaba frita, a mí me amasan como si fuera masa de empanada congelada.
A la vuelta y después de una ducha cenamos en el Treats un arroz con piña buenísimo y spagueti vongole y vamos a dormir.
30.09.05 HOI AN
Un día muy tranquilo. Paseamos por el pueblo y alquilamos unas bicis para ir a la playa que está a 4-5 km del pueblo. Ya tenemos bastante habilidad para movernos entre montones de motos y bicis.
Comemos con los españoles en la playa y por la tarde nos hacemos pruebas en el sastre y nos llevamos la ropa ya terminada.
Cenamos en Treats con Yolanda y Víctor, los catalanes que conocimos en Sapa.
01.10.05 HOI AN
Madrugamos, baño en la pisci del hotel y nos vamos al mercado que está junto al río. Es impresionante la cantidad de cosas que venden. Está dividido por sectores. Primero vemos la parte de fruta, verdura, arroz y especias, y luego el pescado que parece de plata y el marisco, ambos con mucha variedad.
Según subimos hacia el hotel de nuevo, pasamos por la tienda de ropa de bebé de Thuy y Hoá, donde habíamos encargado más trajes, y después de un rato de charla, como todos los días, nos invitan a pasar el domingo, que es su día de fiesta y descanso, en la casa de su padre, en una plantación de arroz en las afueras de Hoi An.
Alquilamos unas bicis, a las que nos cuesta adaptarnos, bueno al menos a mí, que me quedaba un poco pequeña y me hacía pedalear un tanto encogida, y nos vamos hacia la playa. Son sólo 4-5 km hasta allí, todo recto. Hay bastante tráfico, pero volvemos a desenvolvernos bastante bien, e incluso pitamos ya como ellos, o sea, constantemente.
En la playa se está genial, ya no nos hacemos masajes, porque en cuanto compramos algo ya se nos echan encima todas las vendedoras de la playa. Comemos allí noodles con seafood (los comíamos casi a diario porque están buenísimos, con calamares, gambas y verdura), gambones a la plancha y patatas fritas.
Volvemos al pueblo, nos duchamos y miramos maletas, ya que hemos comprado tantas cosas que no nos caben en las mochilas. Marina se compra la más grande y yo me lo pienso porque tengo que ver antes qué tamaño necesito.
Salimos a ver bolsos de seda en la parte del pueblo cruzando el puente japonés, y también miramos láminas y cuadros de papel de arroz. Compré un foulard de seda para mi madre.
Cenamos en Treats spagueti fruti di mare y alle vongole y nos vamos pronto al hotel donde nos dedicamos a colocar todo lo que habíamos comprado hasta entonces.
02.10.05 HOI AN
Thuy, Hoá y Bin nos recogen a las 9.00 am en la puerta del hotel en dos motos. Marina va con Thuy y yo con Hoá y Bin. Quién me lo iba a decir a mí, que tengo manía a las motos, que iba a montar con dos personas más y encima sin casco.
Salimos de Hoi An por la carretera que va a My Son (ruinas de templos semibombardeados en la guerra con los norteamericanos) y después de media hora nos salimos de la carretera principal y nos internamos en verdes plantaciones de arroz, donde esta la casa del padre de Hoá. Nos presentan a su madre, su hermano, cuñada, sobrina y más familia. Todos viven allí y en una pequeña casa, por llamarlo de alguna manera que hay al lado, su hermano, cuñada y sobrina.
Es una casa de una sola planta, con el suelo de cemento pulido y sin ventanas, sólo contraventanas de madera. Tienen muebles de madera y en la zona central, según se entra un enorme mueble con fotos e incienso, el altar de los antepasados que hay en todos los hogares vietnamitas. La cocina está al fondo, sólo consta de la zona del fuego, cocinan con leña y por baño sólo hay una letrina un poco más alejada, con una puerta. En la parte trasera tienen un pozo del que sacan el agua que beben. Cuando la sacan de allí la colocan en una especie de filtro para que se depositen todas las partículas y poder beberla. Tienen también un pequeño porche. Los campos están muy cuidados y toda la familia trabaja muchísimo, aunque se ve que económicamente no marchan muy bien.
Aún así, nos ofrecen todo lo que tienen. Llenan la mesa de comida, muy temprano para nosotras, a las 12.00 am, pollo, carne de ternera macerada, sopa, plátanos y una especie de miniberberechos con ajo laminado que comemos utilizando una especie de torta de maíz.
Sólo nos entendemos hablando con Thuy que sabe inglés, con los demás por señas y sonrisas. Nos cuenta cosas sobre su familia, nos enseña fotos de ellos y de su boda, un álbum de fotos lleno de corazones y flores, muy diferente a los álbumes de fotos españoles.
Pasamos todo el día allí y volvemos con ellos en la moto al hotel antes de que anochezca. Nos damos un baño en la piscina, compramos mi enorme bolsa de viaje, bolsos de seda y unos lienzos al óleo preciosos con una figura oriental.
Cenamos en Treats unos spaguetti vongole y arroz con piña, mi favorito allí (64000 vnd), regado con banana shake (batido de banana con leche).
03.10.05 HOI AN
Desayunamos, entramos en internet para reservar el hotel en Siem Reap, Camboya, y nos vamos a la playa alquilando de nuevo unas bicis.
Tomamos el sol, nos bañamos unas cuantas veces, aprovechando nuestro último día en nuestra playa vietnamita, y nos tumbamos a leer en las hamacas.
Comemos allí mismo, en las hamacas, contemplando el mar, como siempre, noodles con seafood y patatas fritas, por supuesto, mi capricho (145000 vnd las dos) y volvemos al pueblo antes de que anochezca, ya que no llevamos luces en las bicis, y además a esa hora hay muchísimo tráfico. Siempre pillamos las peores horas, o sea, la de las salidas de los colegios y supongo que de muchos trabajos porque aquello parecía una manifestación de dos ruedas.
Empezamos a despedirnos de la gente que habíamos tomado más cariño allí, o sea, de Thuy, Hoá y Bin su niño, de las de la sastrería y de la señora de la tienda de bolsos de seda (Minh Toán - Nguyen Thi Minh Khak St., 8B - tel 0510916683), que es un auténtico encanto.
Cenamos en un restaurante muy bonito junto al río (El Restaurante 96 - Bach Dang St., Hoi An - Quang Nam - tel. 0510910441 - e-mail MTHV2000@yahoo.com), pescado con ajo y lemon grass envuelto con hoja de banano, y banana shake (66000 vnd las dos).
A la vuelta al hotel toca hacer ya la maleta de nuevo, con mucha carga más que antes. Nos da mucha pena dejar Hoi An. Nos ha gustado tanto que en lugar de 3 días, como habíamos planeado inicialmente, nos quedamos siete. Tuvimos que sacrificar nuestra visita a Dalat y las Tierras Altas Centrales, con el magnífico y poco visitado parque nacional de Yok Don, y el parque de Cat Tien... pero decidimos dejarlo para otro viaje por aquel maravilloso país.
El sacrificio ha merecido la pena, porque hemos podido tener unos días de descanso después de la primera etapa del viaje, más dura, disfrutar de la playa, dormir. Estar más tiempo en un sitio te permite conocer un poco más a la gente sin tener que irte corriendo a visitar otro. Así no saborearíamos nunca ningún lugar.
Es una ciudad encantadora, tranquila, segura, silenciosa en comparación con Hanoi y otros lugares, con gentes amables y siempre con una sonrisa en los labios, una playa enorme y no demasiado turismo en esta época.
Cuestión aparte es la cantidad de compras que se pueden hacer a precios mucho más baratos que en España.
Mañana cogeremos un taxi hasta Danang, allí un avión hasta Ho Chi Minh (Saigón) y de allí otro a Siem Reap (Camboya) para visitar los templos de Angkor. Tenemos hecha por internet la reserva del Hotel Mekong Angkor Palace (25$), con piscina también. Nos espera un día duro de viaje y vuelos...
04.10.05 HOI AN. VUELO DANANG-SAIGÓN-SIEM REAP (CAMBOYA)
Nos levantamos a las 7.00 am y después del desayuno intentamos cambiar euros a dólares, misión imposible allí, así que tenemos que hacerlo en el aeropuerto de Saigón. Nos quedamos en la piscina hasta que viene el taxi a las 11.30 h. En 40 minutos llegamos al aeropuerto de Danang y a las 1.30 pm despegamos y llegamos en una hora a Saigón.
Nuestro vuelo desde allí a Siem Reap se retrasa dos horas, tiempo que pasamos en el aeropuerto leyendo y escribiendo.
Llegamos ya de noche a Siem Reap, nuestro destino camboyano, y nos espera un taxi para llevarnos al hotel (muchos hoteles tienen el servicio de transfer-taxi y te recogen en el aeropuerto sin coste alguno), que por el nombre prometía bastante, pero luego, a pesar de pagar 25$ por noche, nos dieron una habitación con un muro delante de la ventana (otra vez) y que en realidad no valía lo que habíamos pagado. Para colmo, habíamos reservado ese hotel porque tenía piscina, y claro que había... pero sin agua. Lo bueno, es que estaba en el centro de la ciudad y nos permitía movernos a pie a cualquier sitio.
Salimos a dar una vuelta para ver el panorama, aunque ya era tarde, y conocimos a Bontet, un conductor muy majo de tuc-tuc (moto que lleva un carrito detrás para 2-4 personas) al que prometimos llamar al día siguiente para recorrer los templos de Angkor.
05.10.05 TEMPLOS DE ANGKOR, CAMBOYA
Después de desayunar y cambiarnos a otra habitación mucho mejor en la planta de arriba, llamamos a Bontet para comenzar el recorrido (nos cobraba 8$ por todo el día, pero le dimos 10$ y le invitamos a comer, porque era encantador).
Salimos de Siem Reap y después de unos 4 km, entramos en el recinto de Angkor (20$ la entrada para un día, muy bien pagados).
El entorno es verde con zonas muy arboladas y está lleno de gente montada también en tuc-tuc visitando los templos.
La primera parada es en Angkor Watt, el más famoso y el que aparece en todas las fotos siempre. Nos deja junto al río y allí andamos sobre un puente. Nada más cruzarlo están las majestuosas puertas de entrada y, tras ellas, un paseo entre verdes explanadas y al fondo ya podemos ver Angkor Watt, espléndido, con sus piedras ennegrecidas por la humedad y el paso del tiempo.
Caminamos hacia allí y entramos en el templo. Es enorme. Hay un pasillo central y luego también laterales, perfectamente simétricos, algunos de ellos con figuras vestidas de Buda, de pie, flores e incienso suponemos que como ofrenda.
Llegamos a una especie de plaza central, donde emergen las torres altísimas de los templos, aquellas que veíamos a lo lejos y a las que pensábamos que no se podría subir.
Subimos a una de ellas por unos estrechos escalones, tanto que casi no nos cabían los pies, y tan empinados que cuando llegamos arriba y miramos hacia abajo parecía que habíamos subido por una pared casi vertical, y pensamos que no lograríamos descender con éxito.
Arriba también se comunican todas las torres y las vistas son preciosas. Recorremos toda la parte superior y conseguimos descender con éxito y superar la sensación de vértigo.
Cogemos el tuc-tuc hasta Angkor Thom. Hay una pequeña escalinata con figuras a los lados para poder acceder. En algunos tramos han puesto una plataforma de madera, ya que hay zonas casi totalmente destruidas, con piedras caídas por todos los lados. Es más pequeño que Angkor Watt, pero no menos alucinante y misterioso.
Todas las torres tienen en relieve cuatro rostros, uno por cada lado, bastante bien conservados y todo ello construido con bloques de piedra independientes, poco más grandes que ladrillos. Encajan a la perfección formando rostros y relieves.
Después nos encaminamos a lo que, al menos para mí, fue la estrella de todos, Ta Prohm...
Está en medio de la selva (vimos hasta una serpiente). Hay muchas zonas en ruinas y piedras caídas, pero es alucinante.
Enormes ceibas han crecido allí, como dueñas absolutas de la selva y los templos, y se han ido apoderando, a lo largo de los siglos de los templos, abrazándolos, penetrando en los muros con sus raíces, como para que nadie se los lleve y señalando su posesión.
La selva se torna dueña de la belleza allí construída y quiere que la belleza de los templos se funda con la suya propia y ser un solo ente.
Anduvimos mucho por allí, agotando las baterías de las cámaras y deleitándonos con cada imagen, cada sonido, cada olor.
Luego comimos allí, unos noodles con vegetales y cerdo algo picante. Volvimos para ver la puesta de sol, para lo cual tuvimos que subir a lo alto de un monte, y allí arriba nos volvimos a encontrar con los 8 españoles.
Ya de noche, volvimos a Siem Reap y nos pusimos a buscar un bus para ir al día siguiente a Bangkok, tarea difícil porque no encontramos buses grandes y rápidos, sólo furgonetas-van y mínimo 10-12 horas de viaje.
En una agencia que vendía billetes de avión nos enviaron a Mekong Express, donde después de preguntar nos dijeron que iríamos en un bus grande con baño y aire acondicionado y llegaríamos en 10 horas. Compramos los tickets (15$).
06.10.05 VIAJE AGOTADOR SIEM REAP-BANGKOK EN BUS
Estamos en la agencia a las 6.30 am y esperando al bus más de una hora. Finalmente viene una minivan, la que nosotros pensábamos que nos llevaría a ese bus grande y fresquito que nos habían dicho. Íbamos con un grupo de 8 chinos y dos chicas suizas, más la tripulación camboyana. Empezamos a circular y poco a poco vemos que nos alejamos de la ciudad... ¿dónde estaba ese gran bus que nos llevaría a Bangkok? Pues muy lejos debía andar, porque el viaje hasta la frontera tailandesa lo hicimos en la minivan. Los equipajes iban apiñados atrás, y nosotras íbamos pensando lo grandes que éramos que casi no cabíamos en los asientos. Un paisano que iba en el asiento detrás de mí me dijo que intentara dormir los primeros 25 km porque luego empezaría el “baile” ¡qué razón tuvo! Todo el camino hasta la frontera fue por un camino lleno de enormes baches e inundado por las lluvias del monzón. No creo que fuéramos a más de 15 km/h.
Para colmo no llevábamos más que 20 $ cada una y no queríamos tocarlos por si los necesitábamos para pagar visados de entrada o salida del país, así que es de imaginar el viajecito que tuvimos, racionando una pequeña botella de agua y comiendo en todo el día un par de galletas saladas que teníamos. La minivan paró dos veces, y más tiempo del que hubiéramos querido, ya que empezábamos a pensar que no llegaríamos a la frontera de Tailandia antes de las 18.30 h, que es la hora en la que cerraban.
El calor era insoportable, aunque compensado por el paisaje, que no tenía montañas, ni grandes extensiones de árboles, sólo extensiones muy verdes con pequeña vegetación, campos de arroz... muy bonito y tranquilo. Todo era verde, salpicado de vez en cuando por alguna pequeña y pobre aldea de la que surgían niños que nos saludaban y corrían detrás del bus.
En fin, tardamos casi ¡¡10 horas!! hasta Poipet, frontera con Tailandia. Allí menos mal que cambiamos de minivan, mucho mejor y con aire acondicionado. Las carreteras tailandesas no tenían nada que ver, fue un cambio total. De allí a Bangkok, unas 4 horas, o sea, unas 15 horas para hacer un trayecto de 450 km aproximadamente.
Cuando llegamos a Bangkok eran ya las 22.00 h y estaba diluviando. Llegamos agotadas y empapadas y fuimos directas a New Siam II Guesthouse (50 Trok Rong Mhai, Phra A-Thit Road, Chanasongkram, Bangkok 10200 - tel. 0066022822795 - web www.newsiam.net), que habíamos reservado previamente por internet, con piscina e Internet (850 Baht sin desayuno).
Sólo tuvimos ganas de ducharnos y cenar un plato de pasta cerca de la guesthouse. Nos fuimos a la cama muertas de cansancio.
07.10.05 BANGKOK
Después de un buen descanso y un buen desayuno, pasamos el día caminando por la zona de Khao San, punto de encuentro, de partida y de descanso de turistas de todo el mundo, y lugar ideal para hacer compras. Ropa, bisutería, souvenirs de todo tipo y con precios también regateables, como en Vietnam.
Compramos blusas, pantalones y algún vestido, bastante bien de precio.
Comimos por allí también un arroz con piña y arroz con curry y tofu, acompañados por rollitos vietnamitas.
08.10.05 BANGKOK Y VUELTA A CASA
Vamos a un mercado bastante lejos, al norte de la ciudad en taxi (2$), y compramos más cosas, floreros de madera, más ropa, sandalias, en fin, una locura.
Pasamos la tarde paseando, bañándonos en la piscina y descansando. A las 21.30 h vino un taxi para llevarnos al aeropuerto, al que tardamos en llegar poco más de media hora.
Allí tuvimos que apañarnos para que no nos pillaran la cantidad de equipaje de mano que llevábamos. Facturamos una bolsa cada una con 20 kg, y llevábamos con nosotras otros 13-15 kg. En el mostrador de facturación tuvimos que disimular para que no pareciera que llevábamos tanto peso, aunque no era fácil cargar y descargar las mochilas de mano con mucha soltura. Personalmente, yo me iba detrás de la bolsa cada vez que me la quitaba; por no hablar del gigante jarrón de madera de 1 metro de alto que compré a mi madre, y que llevaba también conmigo en el avión.
El viaje duró 13 horas y llegamos a Madrid a las 8 de la mañana del día siguiente, tristes porque ya se acababan las vacaciones, nos despedíamos después de 3 semanas juntas, y además al día siguiente había que volver al trabajo.