1º - 30 de junio: Madrid - Londres (Gatwick)
Tren hasta Victoria Station (9 ₤)
Bus nº 38 hasta el hostel (1,20 ₤)
Hostel Picadilly (19 ₤)
Un hora menos que en Madrid. El hostel estaba de reformas, un poco cutre, pero compensa porque tiene una ubicación estupenda. Además es fácil encontrar personal que hable en español. Un vuelta para comprobar lo pronto de cierran los pubs, compra de galletas y aguas, y a dormir.
2º - 1 de julio: Londres - Reykjavik
Paseo a Nothing Hill, resulta muy agradable, sin los agobios del mercado del sábado en Portobello. Comemos allí en el “Rice Tai” casi al final del mercado, unos noodles con pollo muy buenos y unas cervezas, 15 €, para ser Londres no está mal. Después un paseito por Hayd Park y cuando por fin encontramos el Spike Corner nos comentan que son los domingos cuando la gente lo utiliza para dar sus charletas, una pena. No pudimos recorrer parte del parque, ya que estaba vallado porque se celebraba un festival de música: Live Africa, y como teníamos que coger un avión esa misma tarde nos quedamos con la miel en los labios. Como ya no quedaba mucho tiempo volvemos al centro, a patear un poco Chinatown y de cabeza al metro hacia Heathrow. Un follón de viaje (nos costo una hora llegar), total para ver que nuestro avión salía con retraso.
Para utilizar el transporte publico compramos un ticket para todo el dia (3 ₤) y el billete hasta el aeropuerto costó 3,70 ₤ (mas o menos, que no lo apunte, y tiro de memoria).
Por fin llegamos a Keflavik (aeropuerto internacional de Islandia) a las 24,00 hora local (en España dos horas menos).
Después de pasar el control de pasaporte nos pusimos a buscar nuestra agencia de alquiler de coche, y nada no había manera, hasta que descubrimos un cartel con nuestro nombre. Resulta que no tienen oficinas en el aeropuerto, vienen con el coche, firmas los papelotes y recoges el coche en el parking (sin coste adicional por ser aeropuerto). La compañía es Ras Car (alquiler de coche 85.000 ISK/14 días).
No llega a ser de noche, pese a que esta nublado y llueve. Nos dirigimos hacia Reykjavik, y resulta fácil encontrar el hostel. El check-in de rigor y a dormir por primera vez con antifaz.
3º - 2 de julio: Reykjavik - Fljotsdalur
Primera ducha en Islandia para comprobar lo que ya habíamos leído, el agua huele a azufre, ufff…. la sensación no es de lo mas agradable, pero al menos el agua caliente y una buena presión hace más llevadera la experiencia. Esto se repetiría en muchos otros sitios, ya que en Islandia se aprovecha las aguas termales para abastecer a gran parte de la población. De hecho casi todos los pueblos tienen piscina publilca de agua caliente.
Salimos dirección a Pingvellir por la R.1 dirección norte, y luego por la 36.
Primer contacto con el paisaje y con las casas de colores que nos acompañarían durante todo el recorrido. Tardamos una hora en llegar al centro de información del parque, y ya se imponía una paradita a tomar café, donde empezamos a comprobar lo caro que resulta todo en este país.
Thingvellir junto con Geysir y Gullfoss es una de las zonas mas turísticas de Islandia, se le conoce como el Triangulo de Oro, y es de obligada visita por todo aquel que quiera recorrer el país. Aquí ya empiezas a disfrutar de todos los elementos del paisaje que serán una constante: la tierra, el fuego, el agua.
Thingvellir (llanuras del parlamento) esta a unos 50 km al noreste de Reykjavik, es uno de los parajes naturales e históricos más importantes de Islandia, donde los primeros colonizadores fundaron en 930 una asamblea general que constituye el parlamento nacional más antiguo del mundo. Durante nueves siglos el lugar de reunión del parlamento (Althing) fue en el anfiteatro de piedra formado por las paredes de la falla.
El paisaje se extiende a lo largo de una llanura rasgada por una impresionante grieta: una falla (Almannagja) que constituye los límites de las dos grandes placas tectónicas, la americana y la euroasiática; y que además están en movimiento.
Se puede recorrer toda la zona por una red de senderos, pero si no hay mucho tiempo se puede bajar desde el centro de información hasta la cascada Oxararfoss, siguiendo el curso de la falla hasta un mirador para disfrutar de las vistas sobre el lago Pingvallavatn. El paisaje desde aquí es espectacular, y como primer contacto con la salvaje naturaleza islandesa merece demorarse un tiempo y disfrutar de su tranquilidad, a la vez que fuerza. Por primera vez sientes que debajo de tus pies hay un mundo de energía a punto de estallar, en continuo movimiento, y que tú eres insignificante a lado de tanto poder y fuerza. Esa sensación te acompañara en gran parte del recorrido.
Pese a ser julio y uno de los lugares mas visitados de Islandia hay muy pocos turistas. Esto en general se repetirá en todo el viaje, disfrutando aun más de los paisajes solitarios y agrestes.
Las carreteras son aceptables, algún tramo de pista, con algunos baches de más, pero que no demora mucho la conducción.
El paisaje es suave, no se ven árboles, pero si muchos arbustos que cubren la llanura como si se tratara de una alfombra verde.
La siguiente parada es Geysir. Se encuentra a 57 km de Thingvellir, siempre que no esté cortada por la nieve la carretera 365 que enlaza ambos, o bien se puede completar el recorrido por las carreteras 36 y 37, que rodean la zona montañosa; eso sí, el trayecto se alarga hasta casi los 100 km.
Antes de llegar, desde la carretera ya se ven las altas chimeneas de vapor. Islandia, junto a Nueva Zelanda (Rotorua) y Estados Unidos (Yellowstone), tiene una de las zonas de mayor actividad de géiseres. Nada mas bajar del coche ya se aprecia el olor a azufre. Geysir es una pequeña zona surcada por pozas de agua hirviendo, donde te iras encontrando con charcos en ebullición (hay un par de pozas de color azul muy llamativas) y los mosaicos de colores formados por la acumulación de minerales, sales y sulfuros.
Allí se encontraba, desde el siglo XIII, el Gran Geysir, el mayor del mundo, con un surtidor que alcanzaba los 60 m, hasta que empezó a perder actividad a principios del siglo XX. Ahora el espectáculo lo ofrece Strokkur, que con una frecuencia de 4 a 5 minutos despide un chorro de agua y vapor a 20 m de altura, te puedes situar a escasos 4 ó 5 metros y el primero te hace retroceder porque da la sensación que el agua va a caer sobre ti, los siguientes ya los disfrutas con mayor tranquilidad.
Seguimos la ruta hacia Gullfoss (la Cascada Dorada) se encuentra a 10 km de Geysir, antes de llegar lo intuyes porque se aprecia una nebulosa de agua que se desprende de su salto de 32 mts, que ha excavado una poza de 70 metros de profundidad. Sin embargo nada te hace pensar en su fuerza y su belleza hasta que llegas. Los arcos iris son interminables, superponiéndose unos a otros, formándose cuando los rayos del sol atraviesan las cortinas de agua vaporizada. Desde su curso tranquilo el rio Hvitá, se despeña hacia un cañón en dos escalones, desde el primero, mas pequeño, hay una plataforma natural creada por una gran roca, que te permite “casi” meterte de lleno en la cascada, y desde el segundo, el salto mas alto, el río se precipita en un cañón rodeado de un manto verde y rematado por arcos iris.
Puedes llegar en coche hasta dos puntos: el primero que te encuentras desde la carretera a mano derecha te lleva directamente al camino de acceso a la cascada, donde desde un mirador puedes contemplarla en su totalidad. Y si continuas llegaras a otro parking donde se encuentra la cafetería, y desde donde bajando por un camino podrás tomar un sendero hacia la izquierda para tener una panorámica elevada de la cascada o bajar por unas escaleras para tomar el camino de la cascada. Merece la pena la vista desde los dos puntos.
La visitamos en verano, pero vimos fotos en invierno, rodeada de un manto blanco y rematada por flecos laterales que se forman cuando la cascada cristaliza en témpanos de hielo, que resultaban alucinantes.
El itinerario:
Pingvellir - Geysir: Ctra. nº 36, desvío a 365 y después a la nº 35.
Geysir - Gullfoss: Ctra. nº 35.
Es mejor seguir las carreteras por el número, ya que por los nombres resulta bastante difícil. De aquí bajamos a nuestro hostel: Fljotsdalur.
Antes aprovechamos para hacer una compra en un supermercado, y comprobamos lo caro que es todo, 4.000 Kr y apenas llenamos la bolsa.
Desde Gullfoss hasta el hostel bajamos por la 30 hasta el cruce con la 1, dirección Vik, donde comienza la sucesión de escenarios de cascajo y ceniza como consecuencia de la actividad del volcán Hekla (que los europeos de la Edad Media consideraban la puerta del infierno, nos iba acompañando a lo largo del camino, y que se puede apreciar mejor su perfecto cono desde algunas carreteras secundarias) y de los fenómenos glaciares que han erosionado sus laderas.
Y en Hvolsvollur tomamos el desvío por la 261, el último tramo bastante malo (con gravilla muy suelta).
El hostel estaba en una ladera de una montaña que terminaba en un valle desde donde se veían dos glaciares, una vez más el paisaje volvía a sorprenderte. Ubicado en una antigua cabaña, con tejado de turba, sus instalaciones eran muy sencillas, pero que había merecido totalmente la pena llegar hasta allí. Estábamos prácticamente en la mitad de la nada, y la paz y tranquilidad que se respiraba allí era inigualable.
Para hacerse una idea del paisaje de Islandia hay que tener en cuenta que los pilares donde se sustenta son el agua, el fuego y el hielo. La orografía esta marcada por los glaciares que esculpen las montañas y por los volcanes, cuyas erupciones modifican continuamente el aspecto del país. Ríos torrenciales alimentados por los hielos de cientos de glaciares erosionan un suelo formado a su vez por mares de lava. Esto nos da un país salpicado de cañones, lagos y cataratas. Éstas se desbordan desde el interior hacia el mar, con una altura media de 400 m, por los cuatro puntos cardinales.
Islandia está situada en la cresta de la cordillera submarina conocida como la dorsal atlántica que recorre el fondo del océano Atlántico de norte a sur, es una zona de una actividad continua y esto se traduce en campos de lava, géiseres, fuentes termales, grietas que despiden vapores y gases sulfurosos, pozos de barro hirviente... Y volcanes, más de doscientos, de los que al menos treinta han entrado en erupción alguna vez en los últimos años, y algunos de ellos con unos efectos devastadores aun se encuentran en activo.
4º día - 3 de julio: Fljotsdalur - Vik
Otro día que amanece lluvioso. Después de desayunar intentamos acercarnos al Hekla, las nubes están muy bajas, así que decidimos bajar por la 1.
Aunque no lo pudimos hacer, porque se necesita un vehiculo 4x4 (llevábamos un Toyota Yaris) ya que se tiene que cruzar cauces de ríos y caminos en mal estado, nos quedamos con las ganas de ir a Landmannalaugar. Este conjunto de montes desgastados, que alternan los grises de la lava (riolita) con brillantes tonos de amarillo y rojo, es uno de esos paisajes únicos que se pueden encontrar en Islandia, y a tenor de las fotografías y de lo que otros viajeros nos contaron uno de los lugares más especiales de Islandia.
Existen autobuses que hacen la ruta, pero solo merece la pena si haces noche en uno de los refugios de montaña. El autobús, ida y vuelta constaba alrededor de 72 € (en general el transporte es caro), y te deja muy poco tiempo para estar allí.
Así que la primera visita del día fue Seljalandsfoss. Una cascada de 60 mts. aprox. que te permite un recorrido por detrás del salto del agua por un entrante que hace la montaña.
En el km 150 de la Ring Road está Skógar, siguiente parada, desde allí se accede a pie o en coche a la impresionante cascada Skógafoss de 62 m de altura que secciona un verde acantilado. Esta situada cerca de Vík. Se puede subir por una escalera en la parte derecha de la cascada hasta el comienzo del salto, pero dado que el día estaba lluvioso lo dejamos para mejor ocasión. El espectáculo lo remata el atronador ruido del agua Aquí se puede visitar un museo que esta situado en unas cabañas típicas islandesas, la entrada cuesta unos 9 €.
A unos 30 km se encuentra Vík.
De aquí nos dirigimos hasta el Faro de Dyrhólaey. Poco después de Skógar, parte un camino de tierra (carretera 218) de 5 km que conduce hasta unas preciosas playas rodeadas de acantilados formados por rocas basálticas. El camino se prolonga hacia el faro situado en un acantilado de 110 m desde el cual se divisa el fabuloso arco natural de piedra, y que nuestro coche no pudo subir, pero que puedes llegar andando. Esta es unas de las fotografías más conocidas de Islandia. Siguiendo el camino hacia la playa dejas el sendero que sube al faro a la izquierda. Nos situamos en la parte oeste de la gran playa de arena negra, aquí unas rocas hacen a su vez de respiradero por donde saltan las olas de un mar bastante embravecido. Por primera vez vimos un frailecillo, un simpático pájaro autóctono de Islandia que volveríamos a encontrarnos en bastantes mas ocasiones.
Volviendo a la carretera, a poca distancia volvemos a tomar un desvío a la derecha (Gadar), para llegar al otro extremo de la playa de arena volcánica, aquí se ven desde muy cerca las tres rocas metidas en el mar, la más alta de 66 m de altura, cuya abrupta silueta constituye otro de los parajes más fotografiados del sur, y que según la tradición son tres trolls a los que le sorprendió el sol y se convirtieron en rocas. También se encuentra en la ladera de una montaña una formación de roca basáltica, que asemeja a un órgano de una iglesia. Hay una colonia bastante grande de frailecillos, y una cueva cuya bóveda esta compuesta de columnas de basalto cortadas, dando una sensación el techo de una decoración a base de una extraña mampostería.
Aquí vimos por segunda vez un círculo de piedras alrededor de una más grande situada en el centro, a semejanza de los círculos sagrados de los druidas.
Seguimos hasta Vik. Llegamos a nuestro hostel, situado en una colina a las afueras del pueblo. Es una construcción nueva y acogedora. La recepción tiene unas horas determinadas al día con personal para hacer el check-in. Como llegamos a destiempo nos fuimos a la playa, dirección Reynir. Con diferencia uno de los mejores paisajes de este día. La playa de arena negra, barrida por las olas de espuma blanca, y rodeada por laderas de montañas con un verde muy intenso. El sonido del mar, con las olas rompiendo contra las rocas era ensordecedor. Nos quedamos allí un buen rato disfrutando con este espectáculo.
Después de esto fuimos al hostel a dejar las cosas y repostar, bajonazo con el precio de la gasolina, nada menos que 109 ISK el litro de 95, una pasada.
Aprovechamos que las horas de luz son interminables para recorrer los alrededores. Siguiendo la Ring Road en dirección al este lo primero que te encuentras es Myrdalssandur, una llanura desértica azotada por las tormentas de arena, con una gama de colores que van desde el negro intenso de la lava, húmeda y brillante por los innumerables arroyos que la cruzan, al morado de una planta muy típica (Alaskaulpina) y que parece una alfombra que tapiza km. de llanura, al rojo de unas pequeñas espigas (desconozco el nombre), o el verde intenso del musgo..., y como marco a un lado el blanco del glaciar Myrdalsjökull, y al otro el mar, una pasada, sobre todo con la luz del atardecer.
A continuación nos encontramos con los extensos campos de lava de Eldharaum, uno de los paisajes más característicos y recurrentes de Islandia: campos de lava ondulados y cubiertos de musgo, que asemejan a enormes bolas verdes que se extiende varios km. siguiendo la Ring Road, encajonados entre las montañas y el mar. El problema, es que las carreteras no suelen tener arcén, así que no te puedes parar fácilmente para disfrutar de algunos paisajes. Justo antes de que comience este paraje hay un parking con piedras una encima de otras parecidas a las apachetas que hay en Perú.
Por su aislamiento, Islandia posee pocos animales nativos. El único anterior a la colonización es el zorro ártico que se puede encontrar en esta zona. Eso si, no vimos ni uno.
Después de esto vuelta al hostel a cenar y preparar el día siguiente.
5º día - 4 de julio: Vik - Hofn
El día esta planificado para ir hasta Skaftafell y Jokulsarlon. Volvemos a recorrer los mismos parajes, pero ya luz de la mañana no tamiza los colores como la del interminable atardecer del día anterior, y los colores no son tan intensos. Aun así nos metemos en un camino para ver mejor las formaciones de Eldharaum.
La primera población, Kirkjubaejarklaustur, se encuentra a 80 km. (en el km 268). Desde allí se empieza a vislumbrar una imponente masa blanca: el Vatnajökull; un gigante de hielo del que aun nos separan casi 80 km. y que es el mayor glaciar de Europa, de hecho, es mayor que todos sus glaciares juntos.
Ya no paramos hasta llegar al Parque Nacional Skaftafell. Es el segundo parque nacional de la isla por su tamaño, sólo ocupa una pequeña parte del Vatnajökul en su extremo sur, en el que se puede disfrutar de brazos helados originados por el glaciar, magníficas cataratas, entre las que destaca Svartifoss, zonas boscosas (una de las pocas de la isla) y exuberante vegetación, esbeltos picos y montañas, magníficas vistas de los glaciares y cumbres nevadas.
La primera parada es para ver los glaciares en un puente reconstruido después de que en 1996 la erupción del volcán Grímsvötn (uno de los volcanes que oculta el Vatnajökull debajo de sus hielos) desencadenara un aluvión de agua y hielo que arrasó la zona destruyendo los puentes que salvaban las inestables tierras de Skeidarársandur atravesadas por la 1 (Ring Road). El primero y más grande es el Skeidarjökull, que por su tamaño al principio cuesta identificarlo como un glaciar, es inmenso. Los que nos llamaron más la atención son dos que estaban separados por una montaña: el Skaftafellsjökull y el Sidojökull. El primero se puede visitar, el camino sale desde la oficina de información y es un paseo de media hora. Está bastante "sucio" por la cantidad de sedimentos de lava que arrastra. Otra excursión que sale de ese mismo punto, atravesando el camping, te conduce hasta Svartifoss (45 min.), cuyas aguas se precipitan en el centro de un anfiteatro natural de columnas de basalto con forma hexagonal formadas al enfriarse la lava de un volcán. Subes por la ladera de una montaña y bajas hasta el cauce del río. Aquí se puede hacer optar por dos rutas: solo hasta la cascada o una más larga, que te permite recorrer parte de la montaña y que también te lleva hasta Svartifoss. Como la tarde estaba lluviosa, solo llegamos hasta la cascada, pero merece la pena el paseo, es mas o menos un hora y media, y el camino esta bien señalizado.
Nos dirigimos por la 1 hacia nuestro hostel, pero aun queda el plato fuerte del día: Jökulsárlón (el lago del río glaciar), en el que muere el glaciar Breidamerkurjoküll, de sus laderas se desprenden enormes trozos de hielo, que se deslizan hacia el lago camino del mar. Estos icebergs, algunos de intenso azul turquesa, en medio de un mar helado es lo más parecido a un paisaje polar que puedas imaginar. Otros en cambio son negros debido la los sedimentos de lava que contiene. En este lago se han rodado secuencias de algunas películas.
Es impresionante, merece la pena el paseo en el anfibio (2.000 Kr.), te vas deslizando entre icebergs de distintos tamaños y tonalidades. La excursión dura algo menos de una hora, pero es una de las experiencias para no olvidar. Son muy llamativos los icebers negros (por la lava), y contrastan enormemente con los tonos azules y blancos purísimos.
Si mientras haces tiempo te tomas algo en la cafetería que hay, mira antes los precios, sobre todo si tomas un café con ron (700 kr.), se te puede atragantar.
Además del paseo en barca merece la pena aparcar el coche cerca del puente para ver como los icerbergs desembocan en el mar, rompiendo las olas contra esas moles de hielo en su camino por abrirse paso entre el agua helado, camino de mar abierto.
Después de esto llegamos a hostel, no hay nadie, y ya empieza a no sorprender. Después de la llamada de rigor para avisar de que hemos llegado, salimos a poner gasolina en el coche. Hay un pequeño surtidor cerca, pero no hay nadie por allí, solo un número de telef. para llamar. Cuando ya nos íbamos apareció un señor que nos atendió. Otro clavo, 4.200 Kr., empezamos a pensar que la gasolina en este país nos va a salir por un riñón.
Sigue lloviendo, pero pese a esto a las 23,40 se puede seguir escribiendo con la luz que entra por la ventana.
6º día - 5 julio: Hofn - Seydisfjordur
Salimos de camino hacia los fiordos del este. La primera parada es Hofn. El pueblo es pequeño, con puerto y algunos puntos de interés para los amantes de los pájaros. Aburridas ya de tanta lluvia compramos un traje de agua y seguimos camino. A partir de aquí es difícil señalar un punto en concreto mas destacable que otro. Simplemente disfrutar del paisaje. Empiezan los tramos sin asfaltar de la Ring Road y se suceden las montañas de riolita (cenizas volcánicas) que forman pendientes vertiginosas a la derecha de la carretera, acompañada a partir de ahora por el mar en sus dos versiones: playas de arena negra y acantilados. La carretera, de grava prensada, se mimetiza con el paisaje hasta el punto de pasar desapercibida.
Hay una zona donde anidan los cisnes blancos.
La costa es espectacular y las tonalidades de las montañas cambiantes.
Las llanuras alimentadas por las cenizas y restos volcánicos dan paso a los fiordos y acantilados en el Este, una de las zonas sin duda más salvajes de Islandia, y eso que los ferrys procedentes de Europa llegan hasta Seydisfjördur.
Enseguida empieza el primer fiordo: Berufjördur, dominado por el impresionante macizo piramidal del Búlastindur.
A partir de este punto las numerosas curvas ciegas, cambios de rasante y la grava del piso ralentizan la conducción; a cambio disfrutas de magníficos paisajes. Aquí se aprecia el respeto de los islandeses por el paisaje: la carretera se convierte en un ir y venir por las laderas de los fiordos, duplicando el trayecto, sin acortar el trayecto por puentes (así en todo el país, solo en las cercanías de Reykjavic han hecho un túnel que atraviesa un fiordo y que te evita rodearlo).
Hacemos una parada en el río Fossa, al lado de un salto de agua. Las laderas de las montañas parecen hechas de terrazas naturales. No se puede llegar a apreciar bien la profundidad del fiordo, ya que las nubes están muy bajas y no dejan apreciar la altura real de la montaña. Esto hace que nos decantemos por seguir la carretera hacia el interior, en vez de continuar bordeando el resto de los fiordos.
Desde de Breiddalsvík la carretera principal se separa del mar y se adentra en el interior camino de Egilsstadir. En el camino hay que subir el puerto de Breiddalsheidi, de sólo 470 m de altura, del que en distintos foros señalaban con un trazado complicado y con una pendiente de un 12 por ciento de desnivel. Aprovechamos para hacer una parada y comer (como de costumbre comida preparada en el hostel para tomarla con las mejores vistas, sin duda los mejores "restaurantes de toda Islandia"), las laderas de las montañas que rodean el valle se alzan suavemente en el inicio, para terminar como verdaderas paredes y no se llega a apreciar por donde serpentea la carretera y el punto por el que se cruza el puerto, ya que queda totalmente camuflada. Esto se debe en parte a que carece de asfalto, señales y protecciones laterales. Ya en la cima, el descenso se inicia de forma vertiginosa, las cuestas ciegas, los cambios de rasante y la pendiente acusada, junto con la pista de gravilla hacen que la conducción sea lenta, a cambio el imponente paisaje hace que no importe mucho, y que se agradezca "la obligación" de ir despacio. A partir de aquí y hasta llegar a Egilsstadir, a unos 45 km desde el puerto de montaña, se suceden los valles y picos suaves. Y una parte del recorrido a la vista de un gran lago.
Aunque el tramo de carretera fue el peor que encontramos hasta ese momento, mereció la pena por el paisaje. Que por otro lado fue una constante en todo el viaje.
Egilsstadir es una de las ciudades más importantes del país, ya que es una encrucijada para llegar a los lugares más importantes de Islandia, podéis encontrar de todo, es una ciudad bastante grande, teniendo en cuenta que estamos en Islandia. Es un buen punto de partida para recorrer los fiordos del este. Desde aquí tomamos la 93 hasta Seydisfjordur, donde íbamos a hacer noche. Este pueblo pequeño y tranquilo es la puerta de los barcos que llegan desde Dinamarca, Islas Feroe y Noruega. Hay una enorme fábrica de pescado que daba trabajo a esta población y que cerraron hace años, pero aun sigue ahí; una enorme mole que afea bastante este fiordo abierto, enclavado entre montañas que superan los 1.000 mts. Es curioso porque el pueblo se adapta al ritmo de llegada de los barcos, y los comercios tienen horarios extraños, abren en las horas centrales del día, y a las cinco ya esta todo cerrado. Pese a que es un pueblo pequeño dispone de cajero automático cerca de la gasolinera.
7º día - 6 julio: Seydisfjordur- Kopasker
El día de hoy se presenta con una ruta larga y con bastantes km. de pista. Salimos de Seydisfjordur y subimos el puerto, con una niebla que no deja ver apenas unos metros más allá. Sin embargo hasta llegar al puerto el paisaje una vez más te atrapa, con el fiordo a los pies, la carretera, con curvas cerradísimas, esta salpicada de continuos saltos de agua durante todo el trayecto. Salimos de la 93 y en Egilsstadir tomamos de nuevo la 1, dirección norte. Cruzamos Lagarfljot, un enorme lago, donde según la tradición habita un monstruo, con una historia similar al de Ness en Escocia.
Esta jornada es mejor que la comiences con el depósito de gasolina lleno, porque se atraviesa uno de los tramos de la ring road con menos estaciones de servicio.
Seguimos por la 1, es paisaje es muy agradable. Se suceden suaves montañas de color verde. Llegamos a un tramo sin asfaltar en una zona donde se supone está la mayor población de renos (unos 3.000 ejemplares, originarios de los países nórdicos y que actualmente viven en estas montañas del Este), pero no vimos ninguno. Gran parte del camino vamos recorriendo el cauce del Jokulsa A Dal, que arrastra toneladas de tierra al mar. El día sigue lluvioso, pero aun así podemos seguir disfrutando de estos paisajes porque hasta entonces las nubes no están muy bajas. Siguiendo la ring road te encuentras una zona espectacular (cerca de Dimmifjallgadur), parece que estés en la luna, es todo volcánico y los colores de las montañas y los contrastes preciosos, lo atravesamos con las nubes muy bajas, y el contraste con el blanco denso de las nuebes aun acentuaba más el negro intenso de sus laderas, no se como resultara con sol, pero con estas condiciones de luz es una maravilla.
Después de esta zona, pasados unos km., tomamos el desvío a la derecha hacia Detifoss dentro del Parque Nacional Jokulsárgljúfur, por la 864 (señalada tambien como la 85). Esta carretera es realmente una pista, sin ningún tramo asfaltado. Habíamos decidido llenar el deposito del coche aquí, porque hay señalado en el mapa una gasolinera. Lo único que encontramos fueron dos surtidores, y solo funcionaba el del fuel. Aprovechamos la parada para tomar café en un establecimiento donde también alquilan habitaciones, la "cafetería" es la cocina y te sirves tu misma el café a un módico precio de 3 euros, que parece ser el precio oficial.
Seguimos la pista, que de momento esta en bastante buen estado, lo que cada vez está pero es el tiempo. La mayor parte del camino las nubes están tan bajas que no se pude apreciar el paisaje. Por fin llegamos a Detifoss, sigue lloviendo, pero poco, asi que nos enfundamos en los "plásticos" y bajamos. Realmente nos es la cascada más bella que hemos visto, pero el ruido de sus miles de m3/seg. es impresionante. Es la catarata más caudalosa y con más fuerza de Europa.
El acceso puede estar limitado en invierno debido a la nieve. La zona se visita siguiendo durante 35 km el curso del río Jökulsá, el segundo más largo de Islandia, que ha excavado un impresionante cañón en su descenso desde la cara norte del Vatnajökull, con tramos, en esta zona, de unos 500 m de ancho y una profundidad de hasta 100 m en algunos puntos.
Seguimos por la orilla derecha unos hacia Selfoss, a estas alturas la lluvia ya no supone ningún problema para andar de un lado a otro. Esta catarata tiene menos fuerza y altura que Detifoss, sin embargo su arco es mucho más amplio, y tiene varias cortinas de agua. Si Detifoss tiene su mejor vista desde la orilla izquierda, Selfoss se aprecia mejor desde la derecha. La distancia entre una catarata y otra deben rondar entre 1,5 ó 2 km.
En la orilla izquierda hay un mirador, pero para acceder a él hay que seguir una pista de las clasificadas "F", solo aptas para 4x4 (bueno, conocimos a unos del mismo Bilbao que llegaron con un yaris, el problema es que si tienes algún problema mecánico el seguro no te cubre, y te puedes arruinar si tienes que costearlo de tu bolsillo). Seguimos dirección norte, aquí la pista esta en bastante peor estado, pero tal vez porque están de obras y hay mucha gravilla suelta. En cualquier caso apta totalmente para un turismo pequeño como el nuestro.
Llegamos a la intersección con la 85, y la tomamos dirección Akureyri, ya bordeando el mar de nuevo, para tantear un paseo por el cañón de Ásbyrgi, una de las pocas zonas con árboles del país. Como sigue lloviendo y ya hemos cubierto el cupo de horas bajo el agua, decidimos posponerlo para el día siguiente. Antes de ponernos de nuevo en ruta aprovechamos una parada en la cafetería de una estación de servicio para probar una típica sopa del día. Hoy tocaba de tomate, y la servían con unos triángulos de pan y un poco de mantequilla, todo ello al módico precio de 12 euros. Aquí descubrimos una nueva modalidad de estación de servicio, es automática, no tiene personal y tienes que pagar con una tarjeta de crédito, esperar a que te la acepten y después te pones la gasolina. Pasamos de tanta complicación (las instrucciones vienen en islandés) y seguimos ruta. La carretera 85 deja de estar asfaltada y pasa a ser pista de gravilla. Sigue lloviendo, a cambio el mar nos regala con un verde aguamarina que no esperábamos, mucho menos con un día donde los colores que predominan son los grises.
Llegamos a Kopasker, el pueblo es pequeño y el hostel que nos toca hoy muy acogedor. Es una pequeña casa donde se respira tranquilidad, hasta que fuimos invadidos por una familia de ingleses. Manda narices que luego la fama la tengamos los españoles. Esto nos decide salir de la casa a dar un paseo. Como el deposito de gasolina sigue bajo mínimos nos decidimos a probar la modalidad de pago con tarjeta, no es fácil entenderse con una maquina en islandés. Con un poco de ayuda de un paisano nos enteramos que se puede pagar con tarjeta de crédito o con unas tarjetas que vende ESSO, de distintos importes, y con las que puedes ir pagando hasta que se acabe el credito. Resultan muy cómodas, sobretodo porque se trata de la compañía con mas estaciones de servicio de todo el país.
Es curioso, aquí los espantapájaros no son solo una necesidad para los campos de cultivo, son una arte. Familias enteras de muñecos, a los que no le faltan ni un detalle pueblan los pastizales, resultan muy simpáticos, y muy necesarios, no he visto nunca un país con tanto pájaros.
8º día - 7 julio: Kopasker - Dalvik
Vale, hoy es San Fermín y sacamos nuestro pañuelo rojo para celebrarlo. Así empezamos el día.
Ponemos rumbo de nuevo a Ásbyrgi, nos detenemos en la gasolinera del día anterior y nos acercamos un poco caminando para ver de lejos la entrada del cañón. Tiene una pinta impresionante, con unas paredes cortadas que encierran el bosque, de los pocos de Islandia. Hoy la mañana está clara, y decidimos seguir porque el plan de hoy es llegar a Husavik y probar suerte con las ballenas. El cañón tendrá que esperar hasta la próxima visita.
El paisaje que nos vamos encontrando camino del oeste se repite, grandes llanuras de arena volcánica hasta el mar, agua y una multitud de pájaros sobrevolando todo aquello. En esta zona se nota la actividad del volcán Krafla.
Para llegar a Husavik hay que rodear la península de Tjornes. Paramos en un mirador, delante tenemos el Circulo polar Ártico, y en las laderas de los acantilados una colonia de frailecillos. ¡Que salaos son estos bichos!
Aunque la niebla se vuelve a cerrar, cuando llegamos a Husavik tenemos un cielo relativamente abierto, así que vamos a buscar un barco que nos lleve a ver ballenas. Hay dos empresas que te ofrecen la excursión, están frente a la iglesia. Optamos por Nordursigling (www.nordursigling.is). El precio 3.800 kr. Salimos a las 12,30. El recorrido es por la bahía, y la duración unas tres horas. Las primeras que vimos no se hicieron esperar, muy cerca de la costa. Un par que hicieron que todos no abalanzásemos al mismo lado del barco entre carreras. El barco da unos vaivenes enormes, porque para no asustar a las ballenas paran motores y lo dejan a la deriva. Después de esperar a que volvieran a aparecer en vano, pusieron rumbo hacia mar abierto y cruzamos hasta casi llegar a las montañas que cierran la bahía. Allí volvimos a avistar otros ejemplares. Resultó muy emocionante seguir sus pasos, ver como iban emergiendo y soltaban de golpe el aire reproduciendo el chorrito de agua que todos hemos dibujado de pequeños, para empezar a arquearse poco a poco, con movimientos muy lentos, hasta que en ultimo impulso se volvían a sumergir dejando como ultima imagen su gran cola, hasta desaparecer totalmente de nuevo bajo el agua. En total fueron unos 7 u 8 avistamientos, aunque probablemente alguno fuera de una misma ballena. Pasamos bastante frío, sobretodo en las manos por el empeño de hacer fotos. Aunque entre tanta carrera por el barco para coger el mejor sitio, sacar fotos, mirar por los prismáticos, mantener el equilibrio para no caer encima del que tenías al lado, se hizo muy llevadero, y se te olvidaba por momentos. Según el guía las ballenas que vimos eran Minkes y Humpback. A la vuelta ya las manos estaban insensibles, menos mal que nos tenían preparado un chocolate caliente que nos devolvió la sangre a los dedos.
Una constante para tener el mejor sitio para ver las ballenas: siempre a las eleven o’clok (en la proa). No es que siempre aparezcan ahí, claro, pero ya se encargara el patrón de poner el barco en esa dirección.
Húsavík tiene un índice de avistamientos de ballenas de los más altos del mundo. Es una pequeña población pesquera ubicada en una bahía preciosa cerrada por montañas nevadas.
Seguimos ruta hasta Godafoss, la “Catarata de los dioses” (Islandia abandonó el paganismo en el año 1000 para abrazar la religión cristiana, en un acto simbólico en el que arrojaron las imágenes paganas en Godafoss, la ‘Catarata de los dioses’), es una de las más vistosas y accesibles, casi al borde de la Ring Road entre el lago Myvatn y Akureyri. Primero seguimos por la 85 y luego por la 845 (que aunque en el mapa que llevábamos aparecía como pista, estaba totalmente asfaltada) hasta la 1, dirección Akureyri. Aunque ya no impresiona tanto como las primeras, sigue siendo una delicia aun, porque como sigue siendo la tónica, prácticamente no hay gente que te moleste.
Después de esta parada seguimos hacia Dalvik por la 1, hasta el desvió de la 82, pasado Akureyri. Nos alojamos por primera vez en una guesthouse, está muy bien pero el precio es prohibitivo, y no tiene derecho a cocina, así que también toca pagar desayuno (900 Kr por un café, un zumo y unas tostadas). Aprovechando que siempre hay luz hacemos una escapada antes de irnos a dormir por la 807, el valle es precioso, en forma de una perfecta “uve”, pero la carretera empieza a estropearse y decidimos volver. En esta zona hay bastantes mosquitos, aunque por suerte no nos pican.
9º día - 8 julio: Dalvik - Granja
Hoy es el día que vamos a atravesar el paralelo 66º. Amanece despejado (es un decir, porque nunca anochece), pero con un viento que nos hacer temer por el trayecto en barco. Después de una llamada desde la guesthouse nos confirman que si, que salen y nos vamos para el puerto.
El barco sale a las 9,00, bueno debería porque se retrasa, ya avisan en un cartel que el horario puede sufrir variaciones, así que quien avisa… Los billetes se pagan arriba, y se puede usar tarjeta de credito, el precio es de 4.000 Isk i/v y la duracion de unas 3,30 h. También se puede embarcar coches. La mañana es muy agradable asi que subimos a cubierta, y nos encontramos con un paisaje magnifico. Dalvik esta en un fiordo, y hasta que sales a mar abierto vas flanqueado de montañas, que aun mantienen sus cimas nevadas, en contraste con sus laderas oscuras salpicadas de verde.
Por fin llegamos a Grimsey, pero aun no hemos pasado el paralelo 66ª que marca el límite del Circulo Polar Artico. Para esto debemos tomar la carretera que lleva hasta el aeropuerto, y allí está: un cartel que marca las distancias con distintas capitales del mundo. El resto del tiempo lo dedicamos a pasear la isla, esta prácticamente deshabitada y es muy pequeña. Pero es un verdadero paraíso para los amantes de los pájaros, los hay a miles: pájaros bobo, gaviotas árticas, alcatraces y, sobre todo, frailecillos, un símbolo de Islandia. Es una de las reservas ornitológicas más importantes del mundo, junto con los acantilados de Látrabjarg . Especialmente habia una, preciosa, como una golondrina, pero más grande y mas blanca. Seguro que Hitckcok que inspiro aquí para su película “Los pájaros”, porque las asesinas caían en picado sobre nuestras cabezas, con un graznido que te ponía los pelos de punta.
A la vuelta a barco fuimos a por nuestro certificado de haber cruzado el paralelo 66º (300 Isk) que te lo hacen en el momento en una pequeña tienda, que hace las veces de cafetería y desde la que puedes enviar postales con el matasellos del Circulo Polar Ártico, de allí subimos al barco. Aunque había refrescado subimos a cubierta, y mereció la pena, porque según nos acercábamos al fiordo pudimos volver a avistar otra vez ballenas, hasta tres, y una de ellas bastante cerca.
Antes de regresar a Dalvik pasamos cerca de Isla De Hrísey, que según dicen es el mejor mirador para contemplar el sol de media noche.
Vuelta al coche, por la 82 hasta la 1, y en Akureyri tomamos la 821, cruzamos el río y por la 829 llegamos a nuestro hostel, que resulto una granja en plena producción, tanto que a las 00,30 todavía los tractores andaban de un lado a otro recogiendo hierba y demás labores.
10º día - 9 julio: Fellshlíô - Akureyri
Salimos de nuestro hostel esta vez por la 829 hasta la 1, dirección Myvatn. La carretera está totalmente asfaltada, aunque en nuestro mapa aparece un tramo de pista.
El lago Myvatn, el más importante del país, aunque no el más grande y constituye una gran reserva natural formada por el propio lago y sus alrededores, donde una vez mas se disfruta de un espectáculo de fuego, agua y tierra. Muy cerca se encuentra el volcán más activo del país, el Krafla, lo que convierte a los alrededores en la región volcánica más espectacular de la isla, y desde luego donde más lo sientes bajo tus pies.
Una vez que llegas al lago puedes ir hacia el norte por la 848 o seguir por la 1 dirección este. Empezamos el recorrido por Skútusladir, unos pseudocráteres parcialmente cubiertos por el agua. Sin embargo las imágenes más bonitas de esta zona del parque son aéreas, a pie de tierra solo se aprecia en parte. Seguimos por la carretera hasta Klasar, unas formaciones de rocas de lava junto al lago, y continuando por la carretera, a la derecha sale el desvío hacia Dimmuborgir (significa castillos negros), es un campo de lava, como casi todo en la zona, que se extiende en el lado este del lago y te muestra la gran depresión de 20 m de profundidad y casi un kilómetro de diámetro que hace 2.000 años estaba llena de lava fundida. El material, una vez frío, ha dado lugar a caprichosas formaciones rocosas que se pueden contemplar siguiendo dos recorridos. Optamos por el más corto, porque aun teníamos la idea de llegar por la tarde hasta Siglufjordur, un pueblecito pesquero no muy lejos de la zona. Con este paseo te puedes hacer una idea más o menos de esta parte del parque.
Desde ahí se puede tomar uno de los dos caminos para subir al Hverfjall (es un cráter volcánico con un cono de cenizas de más de 150 m. de diámetro): el más corto y más empinado. Pero preferimos la segunda opción, un poco más larga, pero también un poco mas suave. Para ello hay que volver a la carretera, y un poco mas adelante, sale un camino hacia la derecha, donde tienes que bajarte del coche para abrir una cancela, y continuar, pero con cuidado, el camino no esta en muy buenas condiciones, y cada dos por tres ves las típicas grietas en la tierra, producto de la actividad volcánica, algunas de ellas bastante anchas, otras apenas unos pocos centímetros, pero por lo negro que se veía cuando te asomabas, aparentemente bastante profundas.
La subida al cráter es durilla, y el ventarrón que hacía no ayudaba mucho, pero merece la pena el esfuerzo, desde ahí tienes la mejor panorámica de la zona, además de contemplar el interior de un cráter.
También se llega a apreciar las distintas tonalidades del Namafjall y las fumarolas del Krafla.
En esta zona se recomienda repelente para mosquitos, aunque como durante casi todo el día soplo un fuerte viento no lo necesitamos.
Bajamos y seguimos hasta Reykjalid, donde pusimos gasolina, y retomamos la 1 dirección Egilstadir hasta el desvío de la 863 para llegar al Krafla. Este volcán entró en erupción en 1.996, cuando la tierra estaba aún caliente por la lava arrojada unos años antes. Realmente no se trata de un típico volcán con forma piramidal, es más bien una montaña bastante chata, pero que da nombre al centro volcánico más activo del país. Antes de llegar se atraviesa una de las muchas plantas geotérmicas que hay en Islandia, desde donde se distribuye toda la energía para abastecer de agua caliente a gran parte de la zona. Al final de la carretera se llega al Viti, un cráter con un lago dentro, de un azul espectacular. Y desde aquí se tiene una estupenda perspectiva de la canalización de una de las fumarolas, y se ve como a través de una chimenea sale una inmensa columna de vapor.
Bajando por la misma carretera, a la derecha, te encuentras un parking para aparcar el coche si se quiere visitar Leirhnjukur, un interminable campo de lava. Hay varios recorridos, el que hicimos fue el mas corto, pero ya vale para hacerte una idea, vas prácticamente todo el recorrido paseando sobre restos volcánicos. Ya antes de poner el pie en él ves perfectamente delimitado el campo de lava, y hasta donde llegaron las lenguas de magma, irregulares en su recorrido y con una altura superior al metro en casi todo el frente. También vuelves a encontrarte grietas en la tierra, algunas bastante anchas.
Debido a que las últimas erupciones en la zona han sido bastante recientes se puede apreciar perfectamente las coladas de lava. Y se mantiene una delgada capa de lava ardiente asomando por su resquebrajada corteza junto con pequeñas columnas de vapor saliendo de entre las grietas, todo ello envuelto en un olor a azufre impregna todo el recorrido y que ya resulta a estas alturas del viaje muy familiar.
No te puedes ir de la zona sin recorrer al menos una parte de este campo. Con unos prismáticos desde algún punto elevado no llegas a vislumbrar el fin, la lava enfriada de la última erupción te envuelve prácticamente por todos los lados, debió de ser dantesco. El negro de la lava contrasta con el verde de las montañas que la rodean por un costado, el azul intenso del cielo y el impoluto blanco de las columnas de vapor expulsadas por las fumarolas hacen de esta zona un paraje único, y sin embargo muy amenazador con solo recordar lo que se mueve bajo tus pies. A veces daban ganas de saltar.
De vuelta a la 1, dirección a Akureyri, prácticamente nos damos de bruces con Námaskard (el desvío a la izquierda): una sucesión de colinas humeantes; y a sus pies, Hverarönd: coladas de lava, grietas humeantes, minerales volcánicos formando caprichosos mosaicos en el suelo de color rosa, naranja, ocre.., fumarolas, pozas de barro en tonos grises y ocres que dibujan densas pompas a causa de la ebullición…
De vuelta a Akureyri seguimos la 1 hasta Reyjolid, y tomamos la 87, hasta el desvío a la 848, para cerrar el recorrido del Myvatn. Los colores de este lago van del azul al verde, dependiendo del reflejo de la luz. Esta carretera recorre la cara oeste y vuelve a unirse con la 1.
En Akureyri teníamos el supermercado Bonus al lado del hostel que tiene fama de ser el mas barato, pero como esta cerrado nos vamos a avituallarnos a otro que esta en la parte alta de la ciudad y que abre hasta las 22,00.
Se nota que es una zona más turística, hay más tiendas, entre las que destacan las típicas de souvenir, y también los horarios son más amplios.
11º día - 10 julio: Akureyri - Korpudalur
La ruta de hoy es la más larga del viaje, casi 600 km., parte de ellos por carreteras no asfaltadas, hasta llegar a los fiordos del oeste.
El primer tramo de la Ring Road es fácil, si no fuera por un viento racheado que hace que el pobre Yaris vaya un tanto bamboleante por la carretera.
Salimos a las 10,00 de Akureyri y llegamos a Isafjordur sobre las 20,00.
El paisaje en esta parte del país es menos llamativo, las montañas son más bajas, y resulta más monótono, aunque siempre se mantiene el verde, los saltos de agua de los riachuelos, y las montañas de color oscuro que contrasta con el blanco de los neveros, el verde brillante del musgo, y tonos mas mates de la vegetación habitual, las granjas con sus caballos y ovejas…
La primera parada la hacemos en la granja Glaumbaer, a la altura de Varmahlid, se toma el desvío de la 75 y a los pocos km te encuentras con esta granja museo. Merece la pena la visita, esta muy bien conservada, aunque según en que zonas la restauración se “nota” demasiado. En la habitación de los huéspedes, una pareja vestida con trajes tradicionales te vende la entrada, junto con un folleto ¡en español!, donde te sitúa cada habitación y el uso al que se destinaba.
Dejamos la granja, sigue haciendo mucho viento y todavía no hemos dejado la 1, aun nos quedan más de 400 km. y ya llevamos dos horas de camino. Antes de tomar el desvío de la 61 hacemos una parada en Bru, para estirar las piernas y echar gasolina.
Nos encaminamos hacia el oeste de Islandia, y mirando el mapa se ve un perfil muy escarpado, especialmente en su zona norte: península de Vestfirdir, o Fiordos del Oeste, que se extienden hacia Groenlandia. También es la zona más deshabitada, si no tenemos en cuenta el centro del país. Existen grandes áreas completamente despobladas, como Hornstrandir, la zona situada más al norte, fue abandonada en 1950 por sus últimos habitantes. Esta península, declarada Reserva Nacional, es la zona más remota y agreste de los fiordos, sólo se puede acceder a pie o en barco. La entrada está casi cerrada el glaciar, el Drangajökull; detrás de él se encuentra una extensa zona desértica que termina abruptamente en el cortante precipicio de Hornbjarg.
Las carreteras son las peores que nos encontramos hasta el momento, pero los paisajes, con una sucesión de fiordos inacabable, son para recordar. No son tan estrechos, ni con paredes tan verticales como los de Noruega, aun así resultan muy impactantes. Esta zona, tan deshabitada, te da la sensación de recorrer territorios aun vírgenes. Hay bastantes tramos de carretera sin asfaltar, y encuentras muy pocos pueblos en el camino, por no decir que encuentras pocas casas y punto.
Los verdaderos reyes son los pájaros, los hay a millares, hasta el punto que te encuentras señales de trafico de peligro a causa de los pájaros, supongo que porque algún que otro accidente habrán provocado.
A partir de Raudamyrarfjall se separan las dos “penínsulas”, y la carretera siempre tiene a la vista uno de los paisajes más salvajes de Islandia. Lo peor es que las carreteras, como casi siempre, no tienen arcenes y apenas hay sitios para aparcar el coche y disfrutar de los paisajes. Con continuos cambios de rasante en las curvas, tramos de gravilla y acantilados, hacen de la conducción casi un deporte.
Antes de llegar a Isafjordur, hay un mirador con unas vistas espectaculares sobre Alftafjordur e Isafjardardjup. Hay paneles de información, y abajo se ve Sudavik, la primera población “grande” después de varias horas de conducción. Este pueblo se encuentra a 24 km. de Ísafjördur que es la población más importante de los fiordos del oeste y uno de los principales puertos pesqueros de Islandia. Se puede utilizar de base para recorrer la zona. Su casco antiguo concentra algunas de las construcciones de madera más bonitas del país, algunas de ellas son de finales del S. XIX y principios del S. XX, esto, junto el enclave, hace de este lugar una visita obligada.
Desde aquí tomamos la 60 y pasamos por un túnel muy curioso: en la bifurcación de Flateyri y Sudureyri el túnel se queda en un solo carril para las dos direcciones, con apartaderos cada pocos metros. Tiene unos 7 km de longitud y de ellos unos 4 km son de un solo carril, y resulta “curioso” cuando te encuentras un coche de frente y si es un camión…
A la salida del túnel pronto te encuentras con Onundarfjordur, justo antes del puente que lo cruza esta el desvió al hostal, 4 km. por un camino no muy bueno llegamos a Korpudalur. El lugar es como siempre estupendo, un valle en perfecta “V”, como todos los de la zona.
Desde aquí se puede observar el sol de medianoche, pero en días claros, y para variar las nubes no hacen posible que lo veamos.
Fuera de la casa todavía hay luz suficiente para apreciar el entorno, en uno de los anocheceres que no acaban nunca.