Diario de un viaje por Vietnam y Angkor

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Preparación del viaje:

Aparte de la imprescindible lonely planet, que este año tenía nueva edición, actualizada al 2005, buscamos mucha información a través de los foros, al principio los españoles, pero tuvimos que recurrir a los ingleses porque la zona de las Hihglands centrales no es muy visitada y apenas encontrábamos información en nuestro idioma. En inglés no encontramos mucha más, pero si lo suficiente para que personalmente, me sintiera fuertemente atraída por los parques de Yok Don y Cat Tien, cuyo punto de partida son Buon Ma Thuot y Ciudad Ho Chi Minh respectivamente. Dalat también era un punto importante.

Del norte y centro de Vietnam no hubo problemas para encontrar comentarios, es la parte más visitada del país, con sus montañas de Sa Pa, la Bahía de Halong, Hanoi, Tam Coc, Hue, Hoi An, el Mar de China, las playas de Lang Co...

Del Delta del Mekong y Ciudad Ho Chi Minh tampoco era complicado encontrar información.

Nuestro recorrido inicial nos llevaría a casi todos estos puntos, pero siempre con la mente abierta a cualquier improvisación y a dejarnos llevar por las esencias vietnamitas… y así fue, comenzamos por el norte y nunca llegamos a pasar de Hoi An, que nos atrapó con sus encantos y consiguió que sacrificáramos el sur de Vietnam, dejándolo para otro viaje, pero dándonos a cambio unas vivencias inolvidables y añadiendo la guinda de Angkor a nuestro viaje, que en un principio no estaba previsto.

Visado. Embajada de Vietnam en Madrid
http://www.embavietnam-madrid.org/htmls/espana/inicio.html
65 euros tramitar el visado. En un principio tardan una semana, pero si les dices que es urgente, puedes conseguirlo en un par de días.

A la salida del país, según del aeropuerto que salgas también hay que pagar tasas de visa, en el caso de Ciudad Ho Chi Minh fueron 12 $ (en Hanoi creo que son 20$)

Billete de avión. Mucho miramos y con tiempo. Finalmente volamos con la Thai, directamente a Bangkok desde Madrid y ahí cambiamos el vuelo para aterrizar en Hanoi. Precio del billete 939.94 euros
Ida: Madrid-Bangkok- Hanoi
Vuelta: Bangkok-Madrid
En nuestras manos estaba llegar a Bangkok el día señalado para volver, de esa manera podíamos improvisar el viaje y volver desde donde quisiéramos.

Seguro de viaje. La cosa ya no iba de unos pocos euros, así que después de alguna mala experiencia en viajes pasados, contratamos un seguro con Europea, que afortunadamente nunca tuvimos que utilizar. Precio 22 euros.

Equivalencia de moneda: 19.000 Dongs son aproximadamente 1 euro. Lo más fácil era calcularlo a 20.000.

Recorrido:
Hanoi
Sa Pa
Bahía de Halong
Tam Coc
Hue
Hoi An
Angkor
Bangkok

18- 19 DE SEPTIEMBRE. MADRID - HANOI

Salimos en vuelo directo Madrid-Bangkok a las 13.50, una hora muy difícil para tener sueño, así que no dormimos nada durante el largo vuelo de casi doce horas. Aterrizamos a las 06.30 hora local de Tailandia y tuvimos que esperar hasta las 8.25 para el enlace Bkk-Hanoi, aterrizando finalmente a las 10.15 de la mañana. Empezábamos el viaje sin haber pegado ojo en toda la noche, pero con tantas ganas de comernos el mundo que ni lo notábamos.
Al llegar al aeropuerto nos pareció ver dos tipos de taxis, los del aeropuerto y otros supongo que con los que se podría pactar precio más fácilmente. Por lo que fuera escogimos los del aeropuerto y ya nada más arrancar y decirle al conductor que 10 $, empezábamos mal, porque el tío paró y dijo que de eso nada, que 20…. Y ahí estábamos, parados en plena salida del aeropuerto, sin ponernos de acuerdo y dando la nota, pero negociando diplomáticamente el precio, que finalmente se quedó en 180.000 D
Fuimos directas al Hotel Salute, (7 Hang Dau Str. www.salutehotels.com, info@salutehotels.com) lo habían recomendado en los foros lonely planet ingleses y nos decantamos por este; situado en el barrio antiguo, en la zona del gremio de los zapateros, un poquito más caro que otros, pero al no haber dormido nada en toda la noche, decidimos darnos un pequeño lujo y pagamos por una doble 25 $. El hotel la verdad, estaba muy bien, habitación grande y baño completo. El precio incluía el desayuno. El personal del hotel era encantador, así que no nos pareció mal la elección.

Se pueden encontrar hoteles mucho más baratos.

Hanoi nos recibió con un tormentón de cuidado, ya nada más salir del hotel estrenamos el chubasquero, caían chuzos de punta, algo tremendo, pero no podíamos quedarnos paradas, queríamos pasear por las calles del barrio antiguo y comenzar a disfrutar de todo aquello que habíamos imaginado mientras preparábamos el viaje, así que, con nuestro chubasquero, salimos a pasear. Las calles estaban vacías de tráfico, ni un coche ni una moto y las tiendas todas abiertas y llenas de género, que en esta zona se especializan por calles, encontrando desde zapatos, sastrerías, lámparas y velas, hasta lápidas funerarias, puedes encontrar cualquier cosa que busques y necesites, todos los gremios están representados y es una gozada caminar descubriendo las ventas más dispares.

Los edificios no son altos y hay un desorden urbanístico que llama la atención, pero tiene su encanto. En general las fachadas son muy estrechas y te sorprende que en tan pocos metros de ancho de edificio se albergue un hotel, un restaurante o una vivienda.

La lluvia no paraba y ya empezábamos incluso a sentir fresco, íbamos un pelín mojadas, así que decidimos parar en un bar a tomar algo y esperar que escampara mientras nos secábamos. Fuimos a parar a un club de jazz, que sospecho que debe estar recomendado en la lonely, un sitio encantador y en el que a esas horas de la mañana estaban ensayando dos músicos mientras nosotras nos estrenábamos con un buen batido de frutas, el primero de los cientos que nos tomaríamos, mientras establecíamos un plan para el día.

Tras la tormenta tropical llegó la locura, cientos de miles de motos y bicis se lanzaron a la calle y la invadieron en cuestión de segundos, todas pitando al unísono creando un ruido tremebundo. No hay normas de tráfico, no se respetan los semáforos ni los pasos de cebra, sólo hay una ley, pitar para que todos sepan que estás ahí, así que todo el mundo pita y pita advirtiendo al resto de conductores. Apenas ves coches, sólo motos y bicis… pi pi pi pi, pi, pi….. una locura que te envuelve y atrapa, porque, al menos para mi, tenía su encanto, aunque dejan a su paso un ambiente un tanto polucionado, todo hay que decirlo, pero era divertido y emocionante y no había ninguna duda de que estábamos en otro mundo.

Cruzar las calles es genial, al principio crees que no sobrevivirás, pero es tan sencillo como poner un pie en la calzada y comenzar a caminar despacio... ellos ya se encargan de esquivarte. Si sigues esta regla, en diez minutos ya te habrás integrado en su caos.

Al lago Hoan Kiem llegas paseando, limita el barrio antiguo y es un sitio delicioso. Llegamos y de repente fue como salir del caos y llegar a la calma, las aguas del lago tranquilas y la gente paseando o dibujando. Es un sitio encantador y si cruzas el puente te lleva a una pequeña isla en la que hay una pagoda,Ngoc Son.

A las 18.30 nos esperaban las marionetas de agua (40.000 D en los asientos delanteros que pagamos muy gustosamente, 2€). El show dura una hora y el teatro es algo que hay que ver porque el escenario es una piscina en la que las marionetas de madera y buen tamaño actúan bajo el sonido de los músicos que están situados en un lateral. Precioso, pero el sueño era muy fuerte, demasiado tiempo sin dormir, así que vi el espectáculo a trozos, no podía evitar caer en los brazos de Morfeo.

Nos regalaron un abanico que se convirtió en nuestro inseparable talismán y compañero de viaje. Me dio mucha pena perderlo semanas después, cuando salimos de Camboya, me habría encantado guardarlo de recuerdo.

De las marionetas nos fuimos a dormir, ya eran casi 48 horas en pie y el cuerpo no daba para más, así que el Salute nos llamaba y placidamente descansamos para reponernos al día siguiente.

Algunos datos prácticos:
· Comer en el Little Hanoi los rollitos frescos de primavera hechos por ti mismo. Están buenísimos. Una buena comida rondará por persona unos 70.000 D por persona. Rollitos, calamares, gambas y bebidas: 149.000 D dos personas.
· Junto a la agencia Fansipan Vega Travel, hay un restaurante en el que también se come bien. Una comida a base de noodles con seafood, srimp y pancakes de chocolate para dos, costó 139.000 D. Una cena consistente en arroz frito, noodles y zumos de mango fueron 125.000 D entre dos.
· Las botellas de agua grandes en Hanoi rondaban los 10.000 D. Era difícil rebajarlas. Fuera de Hanoi las comprábamos por 5.000 D.

20 DE SEPTIEMBRE. HANOI

A pesar de dormir cerca de 12 horas, nos levantamos muy temprano, casi con el amanecer y salimos a recorrer la ciudad. Paseamos de nuevo por la ciudad antigua y descubrimos su mercado, una gozada, con todo tipo de verduras, pescados, carnes y frutas.

Para contratar las salidas a Sa Pa y Halong Bay, nos decantamos por Fansipan Vega Travel (http://www.vega-travel.com/ Hang Bac 24, en el barrio antiguo), ya la habían nombrado en http://www.viatgeaddictes.com/es/ . Llevábamos alguna más anotada y recomendada, pero esta la encontramos en seguida y con ella nos quedamos, adelanto ya, que satisfactoriamente. Con ellos contratamos:
Sa Pa: 70 $. Dos días, tres noches, dos en el tren y una de hotel. El precio incluía el tren, el hotel en pensión completa y un guía.
Halong Bay: 35 $. Dos días una noche en pensión completa.
Tam Coc: 13 $. Ir y volver en el día, incluía la comida.

Después cogimos un cyclo taxi para las dos y que nos llevara al Templo de la Literatura.

Circular por las calles de Hanoi en cyclo taxi es toda una experiencia, lo que ayer era un caos motorizado, hoy lo vivíamos plenamente integradas…. A ratos cerrabas los ojos pensando aquello de “ay dios mío, que nos la pegamos”, pero no, no te la pegas y encima te lo pasas genial.

Para ir al templo de la literatura recorres otra parte de Hanoi en la que disfrutas de edificios señoriales, de arquitectura francesa, con pequeños jardines algunos. Es en esta zona donde se ubican las embajadas, ya se ve el nivelazo.

La entrada al templo cuesta 5.000 D y es otro espacio en el que te envuelve la calma tras la locura del tráfico.

Jardines rodean la estructura construida en el 1070 y que albergó la primera universidad de Vietnam. De innegable influencia china, este lugar está lleno de historia.

De ahí fuimos al Mausoleo de Ho Chi Minh, pero ya estaba cerrado, así que nos quedamos sin verlo, pero francamente, a mi no me importó; si no me equivoco, Ho Chi Minh pidió expresamente ser incinerado a su muerte, pero el destino le ha llevado a ser una de las figuras embalsamadas más importantes de la historia de la humanidad. Vale la pena leer algo sobre la biografía tan fascinante de este político. Junto al mausoleo está la Pagoda Del Pilar Único, una pagoda mini, que recuerda a los hórreos por su construcción sobre pilares -en este caso sólo uno-, hecha de madera pero con su estilo vietnamita y su influencia china, que no hay que olvidar que los chinos estuvieron en Vietnam durante diez siglos.

Vuelta al barrio antiguo, que teníamos que prepararnos para ir al tren, no sin antes empezar a hacer nuestras primeras compras…. ¡casi nada!!!

El tren a Lao Cai salía a las 10.00 de la noche, pero en la agencia nos hicieron estar a las 8.30. Por lo visto hay que estar en la estación una hora antes, un poco curioso, como si fuera un avión….Nos llevaron en un taxi que estaba incluido en el precio. Ya habíamos advertido que queríamos los vagones de cama blanda, lo daban por hecho, supongo que directamente los cogen, pero por si acaso, más valía advertirlo. El compartimento era encantador, como si fuera el Orient Express, con cuatro camas en literas de a dos, una mesilla divisoria y su lamparita retro que daba una tenue luz, que podría ambientar perfectamente cualquier novela de Agatha Christie. Compartimos con un italiano y una irlandesa, parecen majos y en seguida entablamos conversación. También coincidimos en el tren con el grupo riojano que habíamos conocido aquella mañana en el Templo de la Literatura, ¡¡¡¡¡ que casualidad!!!! Sería la primera de muchas a lo largo del viaje. En el vagón tenemos agua y pan, no se olvidan de ningún detalle. Aunque cuando arranca, el meneo y el ruido son tremendos, no se si dormiré algo, intuyo que poco.

Información ferroviaria: Ratraco Group. Mail: ratraco@hn.vnn.vn

21 DE SEPTIEMBRE. SA PA

Llegamos a las 6 de la mañana. Hemos dormido poco y mal, mucha humedad y calor en el tren. Nos recoge un toyota junto con otros extranjeros. Entre Lao Cai y Sa Pa, tardamos aproximadamente una hora. El paisaje es precioso, nos rodean montañas tapizadas de exuberante verdor y envueltas por la bruma de la mañana. No parece que vaya a salir el sol.

Una vez en Sa Pa nos alojamos en el Hotel Royal (Cau May Str, royalhotel@yahoo.com). La habitación está fenomenal, con sus mosquiteras y todo y un balcón que da a la calle, nos gusta, y las vistas a la montaña las tenemos desde el comedor.

La verdad es que me esperaba una localidad pequeña en vías de desarrollo y lo que nos encontramos fue una ciudad con un boom urbanístico tremendo, me recordaba a las estaciones de esquí de cualquier ciudad europea, casitas bajas de montaña, hoteles por un tubo y de nuevo, el desorden urbanístico, porque da la sensación de que construyen donde les pilla, sin orden alguno, eso si, los hoteles son monísimos y hay un lago que la hace encantadora, por supuesto las montañas al fondo, magníficas y generosas de vegetación. Ojalá en España lloviera la mitad. Parece que durante la ocupación francesa, los franceses venían mucho a Sapa, y es por eso que la ciudad tiene ese toque europeo.

En la puerta del hotel hay unas cuantas mujeres Mhong, todas sonriendo y sacando sus artesanías para vendértelas. Una de ellas tiene una cara simpatiquísima, se llama Yaa (no se como se escribe). Nos rodean para que les compremos, pero acabamos de llegar y no queremos nada. Ellas no se ofenden y no insisten demasiado, supongo que saben que nos verán cada vez que entremos o salgamos del hotel y que algo acabaremos comprando.

Nuestro guía se llama Thanh, viene al hotel a buscarnos y en seguida nos damos cuenta de que es un encanto. Salimos a dar un paseo porque no puede decirse que sea una excursión o un trecking. Nuestro destino es Cat Cat, una aldea Mhong a unos 8 Km. Para entrar en el camino hay que pagar 5.000 D (que ya están incluidos en el precio con Fansipan Vega Travel). Bajamos un sendero sencillo y afortunadamente el sol comienza a despuntar salpicando de luz todo ese verde que nos rodea. En Cat Cat viven 18 familias entre arrozales y cáñamo. El paisaje es bonito pero debo admitir que no vamos alucinadas, salvo por el factor humano tribal y las charlas con Thanh, buen conversador, que nos fue explicando muchas cosas de la zona: las tribus Mhong hacen sus tejidos con cáñamos, nos explicó el proceso de teñido y nos enseñó las plantas de las que extraen los tintes, dejando buena prueba de ello en nuestras manos. Antes de llegar a Cat Cat, encontramos varias mujeres vendiendo manteles bordados y teñidos por ellas, unas maravillas, también hacen pulseras, pendientes, bolsos, todo artesanía. Thanh nos comenta que es más barato comprar en el mercado de Sapa, pero igualmente, es todo baratísimo.

El calor aprieta bastante y la humedad aún más, Olga lo pasa fatal, yo también, pero lo llevo mejor, a golpe de abanico.

En el camino hay una cascada por la que daríamos lo que fuera para poder meternos debajo de ella, pero no puede ser. Aquí hay una cabaña abierta donde puedes comprar cosas y donde conocemos a David y Álvaro, dos asturianos a los que nos encontraríamos el resto del viaje en los lugares más insospechados.

El valle está lleno de cultivos de arroz en forma de terrazas. En esta época las espigas están altísimas, verdes tornando a amarillas, es época de recogida. La vegetación es frondosa y tupida y a la vuelta, las cuestas no están mal, pero es un paseo corto tras el que, a la hora de comer vietnamita, estaremos de regreso en la ciudad.

Por el camino hemos encontrado muchas mujeres Mhong, las niñas son preciosas y las mayores conservan la belleza, pero el tipo de vida las envejece prematuramente. Tienen un color de piel tostado y suave, una envidia para nuestras pieles blancas, aunque son chiquiticas, pero muy sonrientes.

Así como la habitación del hotel está fenomenal, la comida es bastante floja, pero suficiente. Nos volvemos a encontrar con Yaa y charlamos con ella, es un encanto.

Thanh nos recoge a las 14.30 y emprendemos un nuevo paseo, esta vez al Stone Forest, un jardín de vegetación y piedra en la montaña de Ham Rong. El camino sale desde Sapa, de entre sus casas y antes de llegar a la montaña, hay un control en el que se vuelve a pagar (15.000 D). Esta montaña domina la ciudad y tiene sus buenas cuestas. Es un recorrido ajardinado, sobre todo al comienzo, como un jardín botánico, y según vas subiendo encuentras un pequeño zoo con avestruces. Más arriba el bosque se llena de formaciones de piedra porosa que le da un encanto especial, son negras, pero si rascas, debajo son blancas, así que puedes ver pinceladas blancas en el oscuro de las rocas a lo largo del camino, rodeadas a su vez de tanto árbol y vegetación. A pesar de ser un parque, a veces te encuentras entre pequeños cañones que son un respiro de frescor ante el calor tan brutal que soportamos, porque aunque estemos acostumbradas a esos grados, no tanto a la humedad, que es altísima y nos aplasta bastante a todos los turistas (tampoco vemos muchos, la verdad). Arriba del todo hay un mirador del que se disfruta de las mejores vistas de Sapa con el lago a sus pies y por fin somos capaces de dimensionar esta ciudad, bastante más grande de lo que pensábamos.

Ya al bajar, nos volvemos a encontrar con los asturianos y esta vez hacemos paradita en el camino para recuperarnos del calor. Parece mentira que siendo todo tan grande, nos vayamos encontrando por allá donde vamos, pero disfrutamos mucho de las charlas en cada encuentro.

Con Thanh estamos muy a gusto y nos va enseñando frases en vietnamita, de las que nunca estaremos lo suficientemente agradecida, pues las pusimos en práctica en cientos de ocasiones, facilitando enormemente nuestra comunicación con los vietnamitas.

Es un idioma complicadísimo, con cantidad de sonidos, que a veces no sabes ni como uno es capaz de crear sonidos así de extraños. Aprendemos lo justo, que es bastante complicado, pero mucho más que la mayoría de los guiris. Tuvimos un profesor fantástico y como alumnas, estuvimos muy aplicadas.

Regresamos sobre las 18.00 y directas al mercado, donde las mujeres e las tribus, mayoría Mhong, nos avasallan sabiendo que caeremos en la tentación de comprar alguna cosa. Nos rodean muchas mujeres y nos vuelven locas, es imposible poner orden a la situación, cada una trata de convencerte de que le compres a ella y, en el momento en que miras el género de otra, se te enfadan, te tiran del brazo para llamar de nuevo tu atención. Así un montón de ellas, y tu te sientes agobiada, porque tienes a más de diez mujeres rodeándote y tirando cada una de un brazo o de la camiseta o de donde sea que pillen, que el caso es que le compres a ella…. Y a ella, y a ella…. Una verdadera locura. Le cogemos el tranquillo y con lo que Thanh nos ha enseñado, empezamos a ponerlo en práctica: “dat cua, oi choioi” (¡que caro, ay dios mío!!!), y ellas se parten de risa y nos dan un respiro. Conseguimos poner orden y que cada una nos enseñe lo suyo; parece que hemos conseguido la calma, con tanta presión y falta de espacio, no se podía ver ni lo que nos querían vender, ¡increíble!. Hay una que me agobia más de la cuenta, sigue tirando de mi brazo y está empeñada en que le compre su mantel, insiste y se enfada cada vez que miro las telas de otra, no me puedo poner borde porque es mayor, no sabría calcularle los años, pero es de edad avanzada. Es muy difícil quedar bien con todas, pero no puedo comprar a cada una, y tampoco quiero comprar algo que no necesito o no quiero, así que trato de decirle que no, lo más educadamente posible y lo hice durante más de veinte ocasiones, pero ella seguía tirando de mi manga, son tremendas.

Finalmente compramos lo que nos gustó sin dejarnos presionar, fue difícil, pero lo conseguimos.

De nuevo nos encontramos con Dori y el grupo de riojanos y nos vamos todos a cenar al Gerbera, todo muy picantito pero muy rico: jabalí, pato, noodles, calamares…. Escogimos un plato por cabeza y a escote salió a 42.000 D con cervezas y postres (poco más de 2€). El plátano cake con chocolate está exquisito.

22 DE SEPTIEMBRE. SAPA

Desde nuestro balcón de la habitación podemos observar como llegan nuevos turistas, pero todo es muy ordenado y tranquilo, vienen en vans o furgonetas, como la que nos trajo a nosotras, y no son muchos. Me gusta ver la vida de las calles, aunque aquí también tienen práctica de pitar a su paso, menos mal que el sitio es tranquilo y sin tráfico.

Hoy la ruta es de trecking, 17 Km de recorrido. La ruta es Linh Ho - Lao Chai - Tan Van - Giang Ta Chai.

A las 9.30 de la mañana viene Thanh a buscarnos, ya llevamos despiertas algunas horas y hemos tenido nuestro rato de charleta con Yaa. Hoy vamos también con una pareja de australianos. Por el camino coincidimos con otra pareja de Barcelona, Victor, Yolanda y su guía, aunque pronto nos separamos.
El comienzo del camino es de bajada. Sa Pa está muy alto y enfilamos carretera de bajada. Tenemos suerte porque el día está soleado y se pueden ver las montañas, con el Fansipan al fondo, a nuestra espalda. Llegamos a un punto en el hacemos un descanso, compramos agua y tomamos un camino que sale de la carretera, el sendero está bien marcado, de bajada, y allá que vamos, camino del valle lleno de terrazas de arrozales. En esta época del año es temporada de recogida, los campos tienden hacia un verde con tintes amarillos, está precioso. Trabajan ellas sobre todo, las ves dobladas cortando los manojos del arroz y llevándolos a unas cubas de madera, donde los golpean para que los granos caigan dentro, los sacuden repetidamente y nos dejan intentarlo a nosotras, comprobando lo duro que es, miles y miles de manojos les quedan por delante.

Una vez extraído el grano lo vuelcan sobre unas lonas de plástico para su secado y posteriormente lo llevarán a un molino movido por el agua del riachuelo, donde un pequeño mortero lo golpeará y así despegar la cáscara del grano limpio.

En uno de los tramos nos encontramos con Yaa, que se alegra mucho de vernos y nosotras también, ya la hemos cogido cariño. Ella está guiando a una pareja de franceses muy majos, que también nos los volveríamos a encontrar en Hanoi más adelante.

El camino del valle es precioso, las montañas frondosas y a sus pies los arrozales y las mujeres de las etnias trabajándolos. Pertenecen a las black mhong y cuando pasamos por las aldeas, las niñas salen a recibirnos para intentar vendernos sus pendientes y bolsos tejidos artesanalmente.

Surge el conflicto de comprarles o no y decidimos que no queremos que los niños manejen dinero, pero tampoco tenemos nada para hacer trueque. Durante un largo camino nos rodean decenas de niñas, preciosas todas, tienen unas caras liadísimas y dulces. Ellas sonríen siempre, los niños no y estos apenas se acercan, excepto los más chiquitines. Comienzan con una lista de preguntas, todas por el mismo orden, muy curioso:
What’s your name?
How old are you?... ohh, very young… siempre eres very young
Are you married?
Have you got childrens?

Siempre en ese orden y en un inglés estupendo, compartiendo nuestro camino con sus sonrisas y su insistencia a que les compremos, confiando y seguras de que alguno de nosotros comparará, como así fue, los australianos acabaron cayendo en la tentación.

Cada vez tengo más claro que el dinero malea a los niños, según les pagó el australiano, a nosotras nos sacaron la lengua y se metieron con Tai Bah Nha (España).

Este tema siempre es un conflicto, vale que es su medio de vida y que desde muy chiquitinas aprenden el oficio del comercio, pero para mi son demasiado pequeñas y ya están acostumbradas a manejar dinero. Posiblemente pequeñas cantidades, pero yo me sentí fatal cuando nos despreciaron por no haberles comprado, no me pareció justo, puede que a ellas tampoco les parezca justo que no les compremos después de habernos seguido un buen trecho, pero ya desde el principio dijimos que no compraríamos nada porque lo teníamos muy claro y fuimos firmes desde el inicio. Además, teníamos la posibilidad de comprar a las adultas y de haber querido algo, a ellas habríamos acudido. No se si esto es lo adecuado o no….. me inclino hacia el sí.

El paisaje es magnífico. Paramos a comer en una de las aldeas y volvemos a encontrarnos con la pareja de catalanes. Entre los dos guías preparan la comida y al terminar, reanudamos la marcha, dividiéndonos de nuevo.

Los senderos están bien marcados, es sencillo y todo el tiempo ha sido de bajada. Puedes conseguir mapas de rutas en cualquiera de las agencias de Sapa. En nuestro hotel hay una en la recepción y de ahí tenemos un mapa, así que si alguno prefiere viajar a Sapa por libre, tiene infraestructura suficiente.

Antes de hacer el viaje, todos los foros nos recomendaban contratar la salida a Sapa desde las agencias de Hanoi, que el precio incluso podría ser más barato y era todo más cómodo. Efectivamente, estoy de acuerdo. Por lo que escuchamos, comprar un billete de tren para Lao Cai es bastante complicado y aunque no puedo afirmarlo, escuché en algún lado, que las literas de cama blanda las tenían reservadas para las agencias. La noche en el tren es durilla porque el traqueteo y el ruido no te dejan dormir apenas, pero si encima pillas cama dura, puedes llegar destrozado. Una vez llegado a Lao Cai, suponemos que no debe ser complicado contratar un taxi para que te lleve a Sapa, porque en la estación se ven muchos coches y vans, pero eso ya conlleva regateo y tiempo y la noche ha sido dura. Llegar a Sapa y buscar un hotel es sencillo, hay cientos de ellos. Y los treckings, preguntando en cualquier agencia u hotel, te haces con un mapa y decides, pero siempre ve bien informado

Llegamos al final del trecking, de nuevo en la carretera de asfalto, donde nos recoge un 4x4 para devolvernos a Sapa, y lo agradecemos bien, porque la subida es tremenda. Llegamos a las 16.00 y aún nos queda tiempo para ir al mercado y hacer algunas compras. Le hemos prometido a Yaa que le compraríamos cositas, pero no la vemos. A las otras mujeres mhong que están siempre en la puerta, les decimos que si ven a Yaa, que por favor le digan que estamos en el mercado y que volveremos a buscarla antes de irnos al tren.

Los precios son fantásticos, puedes comprar manteles de artesanía mhong por apenas 6 euros, bolsos, fundas de cojines, fulares, pulseras, un montón de cosas estupendas. Durante el viaje anduvimos cargadas con manteles, Olga despotricaba del mantel, pero yo le decía aquello del “ya verás como cuando lo veas en tu casa no te arrepientes y te encantará”; y así ha sido, es un verdadera maravilla de artesanía y no nos hemos arrepentido para nada.

El mercado de Sapa nos encanta, tiene dos plantas, la de arriba es nuestra favorita, con la artesanía, telares, abalorios y todo eso que te puede apetecer comprar de recuerdo; en la de abajo está la comida, una gozada de puestos repletos de verduras, frutas, carnes y puestos de comida. Lo que nos llama la atención y la verdad, estuve pendiente de verlo porque lo había leído, es un puesto que hay con carne de perro, muy utilizado en la cocina vietnamita, sobre todo en el norte. Por nuestra cultura, nos impacta……

Nos queda ya muy poco tiempo para que nos vengan a recoge y llevarnos al tren y por fin conseguimos ver a Yaa, le habíamos prometido que le compraríamos y cuando nos saca sus cositas, pendientes, bolsos.. le decimos que ponga el precio ella, que no la vamos a regatear… yo creo que no se lo creía y entre risitas y tímidamente, convencida de que le diríamos aquello del “dat cua, oi choioi!!!!”, nos dice una cantidad… y nosotras nos reímos y le decimos que si, ante su cara de sorpresa, porque aunque esté acostumbrada a comerciar, nos ha cogido cariño y nosotras a ella y no termina de creerse que le vamos a pagar lo que nos ha dicho… espera nuestro regateo, da la impresión de que se arrepiente de la cantidad y que está deseando que se la rebajemos, pero nosotras nos mantenemos en nuestro pacto de que un solo precio y marcado por ella. No os podéis imaginar la cara de sorpresa y alegría que había en su rostro, daba gusto, y encantadas de la vida, le pagamos, sabiendo que en ese momento estábamos haciendo feliz a nuestra entrañable amiga. Tenemos varias fotos con ella, que se las haremos llegar, porque ha sido de esas personas que te encuentras en un viaje y que nunca te olvidarás de ella. Tenía una mirada limpia y una sonrisa preciosa.

A las 19.00 nos recoge la van camino de Lao Cai, una hora de trayecto. Nos da tiempo a comer algo en los restaurantes cercanos a la estación y a las 21.15 sale el tren, donde nos volvemos a encontrar con Dori y su grupo de riojanos.

La noche la paso de pena, sin pegar ojo, el traquetreo es tremendo, a veces da la sensación de que vamos a descarrilar.

Llegamos a Hanoi a las 5.15 de la mañana

23 DE SEPTIEMBRE. HANOI- HALONG BAY

5.15 de la mañana y muertos de sueño. Compartimos taxi con los riojanos camino del lago Hoan Kiem para ver como cientos de vietnamitas hacen tai chi y sorpresa la nuestra cuando descubrimos que lo que impera es el aerobic y gimnasia de mantenimiento. Cientos y miles de vietnamitas han llenado el parque que rodea el lago y atentos a los movimientos de las monitoras y bajo el ritmo de la música, muy moderna, por cierto, realizan sus ejercicios aeróbicos. Hay altavoces y aquello está atestado de gente. El calor es impresionante y eso que el sol apenas ha salido, pero se evidencia que es la mejor hora para hacer ejercicio. También vemos a algunos haciendo footing, pero estamos atónitos ante el espectáculo aeróbico. Sólo en un rincón del parque, cercano al puente, vemos un grupo de abuelotes haciendo tai chi, alejados de los altavoces. Es impresionante.

8.30 de la mañana puntuales y desayunadas en la agencia Fansipan Vega Travel para salir con destino a Halong Bay. La furgoneta sale puntual y sólo hace una parada de veinte minutos en el camino. Llegamos a Halong a las 12.00.

El puerto está abarrotado de barcos, cientos de barcos de madera pegados unos a otros. Imposible averiguar cual es el nuestro. Seguimos a nuestro guía Ba y pasamos por un control de tiquets obligatorio para todos. Para llegar a nuestro barco tenemos que pasar a través de otro. Nos intriga saber si será bonito y descubrimos finalmente que si. Es de madera, en la planta baja están los camarotes, al centro el comedor rodeado de grandes ventanales y arriba la terraza con hamacas de madera. Nos encanta. Nuestro camarote es una monada aunque tiene una pega, nos ha tocado el que está junto al motor, lo que nos impedirá dormir bien, porque aunque en la noche no navegue, el generador se mantendrá encendido y es bastante ruidoso ... y no sólo eso, aquella noche también disfrutamos de la compañía de ciertas visitantes...

El barco comienza a navegar y todos empezamos a disfrutar con las vistas, cientos de miles de islotes emergen del mar y nos rodean, es un espectáculo y no hay apenas palabras para describir la belleza del paisaje. Rodeado de una ligera bruma que le da un aspecto aún más mágico, la elegante belleza de la panorámica nos sobrecoge y nos sentimos afortunadas de poder recrearnos con ella durante dos días.
Somos 11 en el barco, tres checo-eslovacos, el italiano y la irlandesa que ya conocimos en el tren a Sapa, una suiza, un occidental con dos asiáticas de los que no sabremos su procedencia, y nosotras dos.

La navegación es muy tranquila y relajante, disfrutamos plenamente de las vistas, hacemos fotos y videos, todo es bellísimo.

El barco atraca en una hermosa pequeña bahía, el objetivo es visitar una cueva -la más grande de Halong Bay-, es enorme y muy bonita, con juegos de luces de colores. Vemos que hay gente que toca las paredes, el personal no respeta nada, al igual que en el mar, que es una pena lo sucio que está, sobre todo cuanto más cerca de la costa: bolsas, tetrabricks, hay de todo y es bastante sangrante que un lugar tan magnífico como este no lo estén cuidando como un tesoro, porque esto es un tesoro para todos.

Tras la vista a la cueva, varios del grupo hacemos kayaking. Olga y yo compartimos nuestro kayak, camino de un puente natural de piedra, entre rocas, tras el que se abre una especie de bahía formada por otros islotes. Es una gozada ir con el kayak, todo es una maravilla y la armonía invade el entorno, se respira mucha paz. Pero la vuelta es complicada, hay muchos barcos y es difícil saber cual es el nuestro, son todos iguales o parecidos y el día va cayendo y todos se van juntando formando una especie de círculo que cuando anochece es una preciosidad por el circo de luces que formamos todos.

Lo mejor de todo fue cuando, algo nerviosas porque no encontrábamos nuestro barco, desde uno de ellos escuchamos que nos llaman en perfecto castellano….. Marina, Olga!!!!…. levantamos la vista, y sobre la cubierta de uno de los barcos vemos a los asturianos, David y Álvaro, que nos llaman… ¡menuda sorpresa!!!! Desde Sapa que no nos habíamos visto y aquí, de repente, en medio de la bahía más espectacular del mundo, están nuestros amigos viajeros. Nos reímos bastante, pero tenemos que encontrar nuestro barco; finalmente lo conseguimos.

Tanto la comida como la cena en el barco son fenomenales en abundancia y sabores. Tras la cena, todos excepto el occidental con las dos asiáticas, subimos a la terraza de cubierta, y disfrutamos de la noche bajo las estrellas amenizados por las charletas. Hacia las 11 nos vamos a dormir. Anocheció a las 18.30

24 DE SEPTIEMBRE. HALONG BAY

Amanecemos a las 6 de la mañana. El resto de los pasajeros también se van levantando pronto, seguimos embriagados del paisaje que nos rodea. La Bahía está preciosa y el sol nos acompaña, contemplándola se te pasa el tiempo ensimismado, no eres consciente del paso de las horas.... hasta que nos dicen que nos podemos bañar. El agua es verde esmeralda y da un poco de apuro porque no es cristalina y no se ve nada, pero la gente empieza a tirarse y a chapotear. Nos resistimos un rato porque ayer también vimos la cantidad de suciedad que había, pero al final ya no pudimos más, en esa zona el agua se veía limpia y ver al resto disfrutando fue irresistible, así que al final nos lanzamos al agua…. inolvidable

Nos cuentan que hay un tifón y que están recogiendo a todos los que están alojados en Cat Ba, así que a nuestro barco llegan un grupo de turistas que también se zambullen. Lo del tifón debe ser serio porque el gobierno ha dado orden de evacuación, todo el mundo debe regresar a tierra, con la mala pata de que todas las salidas a Halong se han cancelado y muchísima gente se ha atravesado medio mundo para verla y se sentirá frustrada e impotente porque su sueño no se cumplirá. Otros muchos cambiaron planes y ruta para poder regresar a la Bahía cuando el tifón se aleje.

Volvemos a tierra y según nos acercamos comprobamos que cuanto más cerca de la costa, más sucia está el agua, tremendo.

Comemos en Tien y media vuelta a Hanoi, donde nos alojamos en el Classic I Hotel (22 A Ta Hien Strr, www.hanoiclassichotel.com, classic1hotel@yahoo.com). Recomendable. Nos costón encontrar hotel, estaban todos llenos. Es fácil recorrerlos, están todos en la misma zona y aunque hubo muchos completos, al final en este tuvimos habitación por 18 $, con desayuno incluido e Internet gratis. Recomendable por la lonely y por nosotras.

De paseo para ir a cenar nos volvemos a encontrar con los asturianos ¡esto es la inaudito!!!!! Parece increíble que nos vayamos encontrando en todos los sitios, así que para celebrarlo, nos tomamos unas bia ahoy y luego al Little Hanoi de la acera de enfrente (en la misma calle hay dos, uno enfrentado al otro). Los cuatro nos cuesta 172.000 D y para los postres nos vamos al restaurante que hay junto a Fansipan Vega Travel: 119.000 los cuatro, casi lo mismo que la comida, pero nos damos ese homenaje ( un euro y medio por cabeza ;-))

25 DE SEPTIEMBRE. TAM COC

7.30 de la mañana en Fansipan, es la hora de ir a Tam Coc. No sabemos muy bien que pasó, pero por una confusión en los horarios, a las 7.30 no había nadie y nos hacen esperar. Es raro porque hasta ahora todo ha fluido con mucha puntualidad. Al rato nos llevan unas calles arriba donde nos vamos juntando con más guiris... esperamos más de una hora bajo un calor axfisiante y polucionado, cuesta llevar bien ese grado de humedad, incluso para mi, que adoro el calor. Por fin llega el minibús y nos ponemos en ruta. Paradita a mitad de camino para que compremos, nos mosqueó un poco porque Tam Coc está cerca y ya se va pasando la mañana.

Finalmente llegamos, pero no sin antes llevarnos a ver una pagoda, con un calor de mil demonios; la mañana pasa y no vemos la hora de empezar a ver naturaleza. Hasta la una del mediodía no “nos llevan” al embarcadero, pero aún nos tienen que dar de comer, en la excursión está incluido el precio de la comida y aunque no haya hambre toca paradita almuerzo, la comida es penosa y los puestos de agua venden esta a un precio desorbitado. Hoy estamos siendo víctimas del típico día guiri (por suerte el único en todo el viaje)
A las 14.30 por fin nos llevan a las barcas donde hacemos cola con otros cientos de personas que vienen de otras agencias y como además se han cancelado las salidas a Halong Bay, da la impresión de que todos los turistas estamos aquí, ni el metro en hora punta.

Ya por fin en las barcas... el paisaje es precioso, cientos de montañucas forradas de vegetación emergen en los márgenes de un río en el que apenas cubre pudiendo ver la vegetación submarina.... cientos de turistas lo navegamos.

El calor y el sol son abrasadores pero disfrutamos mucho del paisaje y de las anécdotas del camino. Pasamos bajo tres cuevas que aparte de ser bonitas, se agradecen mucho por la sombra.

Al llegar al final del recorrido de ida, desde otra barca , nos quieren vender latas de refrescos. Ya sabemos la táctica: te lían para que compres fantas y cocacolas para las barqueras por su duro esfuerzo, pero estas no las abrirán y las revenderán... así que tras un duro regateo, compramos un par de latas y antes de dárselas, las abrimos, a pesar de que intentan que no lo hagamos ¡menudo morro!!!! Luego viene la venta de manteles, de un baúl metálico comienzan a sacar manteles y camisetas, cual sombrero de mago, aquello no tiene fin y a pesar de nuestra negativa a comprar, la barca está inundada de metros y metros de tela. Es la primera vez en Vietnam que me agobian y me ponen de mala leche por el abuso y la insistencia desmesurada. No compramos nada.

Es una pena, Tam Coc es un sitio precioso, pero está demasiado explotado, el tratamiento que le dan no es nada sostenible y el ansia por vender es cargante. Compensa la belleza del lugar y aunque vayas por libre, no te libras de la presión por la venta. Pero merece la pena ir y disfrutar del entorno, armado de paciencia, pero vale la pena ir.

Respecto a la cantidad de turistas y gente que había, se entiende. Suponemos que con Halong Bay evacuado y siendo domingo, ahí nos hemos juntado guiris, vietnamitas y excursiones de colegio, cientos de chavales también disfrutan del paisaje desde las barcas y cuando nos cruzamos con ellos, nos saludamos unos a otros con grandes sonrisas..... sobre todo cuando les decimos “Xin chao dep” (hola guapos), y se parten cuando chocamos y soltamos aquello del “oi choioi!!!!”

Volvemos a Hanoi y última noche, mañana sale nuestro vuelo a las 6.30 para Hue. El billete lo compramos en Ocean Tours (www.oceantoursvietnam.com en la calle Hang Be) y la chica que nos atendió es encantadora. El precio del billete son 45$ más 10 de taxi, muy bien.
Última cena en el Little Hanoi, rollitos y noodles por 80.000 D (4 euros entre las dos)

26 DE SEPTIEMBRE. HUE

Madrugón; a las 4.30 de la mañana el taxi nos espera puntual. En el aeropuerto nos encontramos con el grupo de Madrid que conocimos en el viaje desde España. El vuelo está bastante movidito, no se si por los efectos del tifón que dejamos atrás, pero hay bastantes turbulencias y la gente está nerviosa, las azafatas también se sientan y se atan, lo que me faltaba para alimentar mi viejo pánico al avión. Olga no se atreve a decirme que también está nerviosa, pero se lo noto, el meneo es de samba e incluso se escuchan risitas nerviosas de la parte de los de cola. Pero llegamos intactos entre nubes cargaditas de agua, se nota que ha llovido bien y aún chispea. Todas las ciudades nos reciben con agua, se agradece porque refresca tanto calor y este año apenas hemos visto lluvia con la sequía tan seria que venimos aguantando en la Piel de Toro.
Los madrileños han reservado en el Truong Giang y como vale 20$ la doble, nos vamos en el shuttle con ellos. El hotel está muy bien, absolutamente recomendable. Dejamos las cosas y nos ponemos en marcha.

Para visitar las tumbas reales decidimos ir vía barco (también puedes ir en taxi), que parece que será entretenido navegar el río Perfume y disfrutar del paisaje. El precio son 28$ entre los diez y la barca es perfecta en espacio, estamos amplios. La barca la lleva un matrimonio, probablemente viven ahí con su bebé, una criatura simpatiquísima que nos tuvo a todos entusiasmados. Se tarda un buen rato en llegar, pero entre charletas, el bebé y la exposición de pantalones que nos sacan para vendernos, se nos pasa más o menos rápido. En la barca, si quieres te ofrecen comida, pero nosotros no quisimos, ya comeremos en tierra, que es pronto y no tenemos hambre.

La entrada a las tumbas cuesta 55.000 D cada una; decidimos visitar Tu Duc y Minh Mang.

Para llegar a Tu Duc, la barca te deja en un pequeño muelle y allí tienes que pactar un precio con los motoristas que te llevarán hasta la tumba en un recorrido muy agradable desde el que vas viendo más tumbas a lo lejos. Si no recuerdo mal pactamos 10.000 D por moto.

Cada tumba constituye un recinto lo suficientemente grande donde los mausoleos son verdaderos palacetes con sus templos, patios, jardines y sepulcros donde fueron enterrados los emperadores de la dinastía Nguyen (1802-1945)

La tumba de Tu Duc es una joya majestuosa y pasearla es un placer. El sol aún anda tímido y a pesar del calor hoy es un respiro que haya nubes y chispee a ratos. Hay un lago que antecede al recinto y mientras subes la escalinata puedes disfrutar del entorno y su estructura. Unos guerreros tallados en piedra parece que protejan el templo, llaman la atención por su corta estatura.

Regresamos a la barca y ponemos rumbo a la tumba Minh Mang, (55.000 D) otra maravilla, al menos según mi opinión, me están gustando mucho. Esta segunda está rodeada de un estanque lleno de nenúfares y las edificaciones son magníficas y preciosas en sus formas, colores y entorno en el que están..

Volvemos al barco. A esta hora se nos empieza a hacer un poco lento el trayecto de vuelta, apenas hemos dormido y empezamos a tener hambre, se nos ve agotados y hasta las cinco de la tarde no comimos, o mejor dicho, devoramos, porque teníamos un hambre canina. Nada más bajar de la barca, el embarcadero da a la calle Le Loi, cruzando el primer paso de cebra a mano izquierda, hay un restaurante con sabor occidental donde nos comimos unos spaguetti buenísimos y nos hartamos a zumos (79.000D por persona), nos pusimos hasta arriba, patatas fritas incluídas.

La tarde la pasamos paseando con un cyclo por el exterior de la Ciudadela, ya era tarde y estaba cerrada, pero nuestro conductor nos fue explicando cosas, la gente de Vietnam es encantadora.
Finalizamos el día con un paseo corto.

27 DE SEPTIEMBRE. HUE- LANG CO- HOI AN

Ayer estábamos tan petadas que a las 10 ya dormíamos y hoy a las 6.30 ya estaba desayunando. A las 8 habíamos quedado con los de Madrid, pero hasta las 9 no nos pusimos en marcha para visitar la Ciudadela (55.000 D).

Olga y yo fuimos en cyclo. Muy chulo pasearla y a pesar del calor que hace, se soporta más que en Hanoi, agota menos, o eso parecía a primera vista.

El recinto de la Ciudadela es enorme, ocupa una extensión de 10 km2 y data del 1804. Hay zonas en las que las edificaciones están bien conservadas, pero otras son en la actualidad campos de cebollas y otros vegetales, este es el resultado de los bombardeos que destrozaron gran parte de este tesoro histórico; algunas zonas se ven peladas donde en su día debió de haber magníficos salones, templetes y palacios; otras conservan pequeñas estructuras melladas. Este es el resultado visible de los estragos de una guerra, pero afortunadamente quedan zonas intactas donde te puedes hacer una idea de cómo fue la vida en este recinto imperial.
En una de las edificaciones hay una maqueta de todo el recinto que vale la pena ver. Buscando las salas de las reinas, algunos nos perdimos y nos costó bastante encontrar la salida en la que habíamos quedado.

A las 12 de la mañana salíamos en un minibús (54$ entre los diez, 75.000 D por persona) camino de Hoi An . A mitad de camino hay una enorme playa, Lang Co, un sitio perfecto para hacer un alto y disfrutar del mar. Antes de llegar, desde la carretera, el conductor nos paró para enseñarnos las vistas. Estamos en lo alto de un pequeño puerto de montaña y podemos ver como esta se desliza terminando en el mar, donde se forma la playa. Las vistas son estupendas, y allá vamos a comer. Al terminar el camino llegamos a una población, se ve pequeña pero hay algunos chiringuitos para comer. Vamos a uno que tiene vistas a la playa. El sitio es una gozada y aparte de disfrutar de la comida, nos damos nuestro primer baño en el Mar de la China Meridional. La paradita la gozamos de lo lindo durante tres horas.

El trayecto de Hue a Hoi An no es largo, pero como hicimos este alto en el camino, llegamos anochecido el día a nuestro destino, donde nos separamos de los madrileños. Ellos se alojaron en un resort en la playa (Dong An Beach Hotel www.donganbeachhotel.com por 50$ la doble, que según nos dijeron estaba muy bien). Nosotras preferíamos alojarnos en la town, habíamos leído demasiadas cosas bonitas sobre la ciudad y nos atraía mucho vivirla de cerca, así que fuimos al hotel Thanh Van (15$ la doble, 78 Tran Hung Dao, www.hotelthanhvan.com) porque nos lo habían recomendado los del hotel de Hue, pero no nos gustó nada y decidimos cambiarnos al día siguiente. La habitación tenía vistas a un muro, era bastante claustrofóbica, así que según dejamos las mochilas, salimos a pasear y a preguntar en otros hoteles. Junto al nuestro había unos cuantos más, fue fácil recorrerlos, compararlos y decidir cual nos quedábamos.
Pasamos por el Thanh Binh II . Hai Ba Ttrung. vothihong@dng.vnn.vn entre 12-15$ la doble con el desayuno incluido. No nos gustó, el mobiliario era muy oscuro y abigarrado, un punto siniestro desde mi punto de vista.
El Than Binh III. Calle Ba Trieu, vothihong@dng.vnnn.vn Pedían 25$, pero sabíamos que regateando se podía llegar a 15$. Bastante mejor que el anterior, pero estaba lleno.

Finalmente, el Thuy Duong 3, calle Nhi Trung, www.thuyduonghotel-hoian.com. Definitivamente, el mejor de todos: tiene habitaciones amplias, enormes camas individuales, buffete para desayunar, el personal de recepción, comedor, etc...encantadores; la piscina, fantástica, luz por un tubo, y el precio 20$ la doble. Nos lo quedamos sin dudar, era el mejor. Hubo que regatear. Mañana nos trasladaremos a nuestro palacete.

Se pueden encontrar hoteles por la mitad de precio, pero nosotras en este viaje decidimos que nos valía la pena estar más cómodas, pasábamos mucho calor durante el día y el cuerpo nos pedía un hotel con piscina y aire acondicionado a tope y ya no nos iba por 4 ó 5 € al día.

En todos los foros los viajeros comentaban que Hoi An era una ciudad para quedarse, que tenía algo especial, así que en cuanto nos duchamos y a pesar de que ya había anochecido, salimos a dar un paseo y descubrir un ápice de lo que nos iba a ofrecer esta ciudad.

A los pocos minutos de empezar a caminar ¡menuda sorpresa!!!! Nuestros amigos los asturianos ¡¡¡no nos veíamos desde Hanoi!!!! El mundo es un pañuelo, y para celebrar el reencuentro, nos fuimos a cenar al Treats, es un buen sitio. Los asturianos habían conocido a una canaria y un madrileño, Araceli y Joaquín, así que nos juntamos todos y estos dos últimos nos recomendaron una sastrería donde poder hacer nuestros encargos. Mañana iremos.

28 DE SEPTIEMBRE. HOI AN

Hoi An ya había comenzado a ofrecernos sus encantos, las calles de la ciudad, en la parte antigua, tienen prohibido el tráfico y eso se nota en seguida, puedes pasear sin tener que andar esquivando obstáculos y sin que se oigan pitidos a todas horas, las calles son de los peatones y son tranquilas, de casitas bajas, algunas de madera muy antiguas, cuyos tejados están cubiertos de plantas y flores, muchas buganvillas y más plantas en las puertas de las tienditas, que no tienen escaparate como aquí, están directamente abiertas al visitante sin necesidad de antesala, ya desde la calle ves lo que ofrecen y si te despistas, sus dueñas se encargan de llamar tu atención. Las calles son una preciosidad, entre la calma, los colores de las plantas y las flores, las fachadas del color del albero entre mezcladas con las oscuras de madera, las sonrisas de sus gentes, los bolsos de sedas, los farolillos de colores, los artesanos tallando la madera, los turistas que se ve que están relajados y disfrutando de esta bella ciudad, que casi es como un pueblo, porque es pequeñita y en cuanto llevas dos días ya te conocen y te saludan y te paras a charlar, porque no tienes otra cosas que hacer, así que vas haciendo amistad con unos y con otros, porque aquí la gente es cordial y hospitalaria; no parece que tengan prisa.

Hoi An es una joya, y en un día nos cautivó, por su gente, por su playa, por sus calles, por su calma, por su comida, por sus compras, por todo, desplegó todas sus armas seductoras y caímos en ellas embriagadas de sus encantos.

Después de un desayuno a base de café, pancakes de banana, tostadas, fruta, zumos... y tras un baño en la piscina, nos pusimos en marcha hacia la parte antigua. El hotel está en una zona que no es peatonal, pero dos calles hacia el río y ya estamos dentro de la parte antigua, que no es muy grande. Vamos camino de la sastrería, bajando por la calle Nhi Trung, en teoría en cinco minutos llegamos, si no fuera porque nos paramos a mirar una tiendita muy chica de ropa de niños, ao dais del tamaño de bebes, ¡que lindo todo!!!! Olga no puede resistirse, dentro de poco será tía y no puede evitar la tentación de comprar algo. Miramos la ropa con gusto, ya quisiéramos esos modelos de nuestra talla, porque son monísimos. La dueña Tuy es un encanto y su niño, Bin, está para comérselo. Nos quedamos un buen rato en la tienda charlando con ella, en inglés, parece una buena persona, tiene una sonrisa preciosa y una mirada muy limpia. El crío es una monada, nos ve mirando modelitos y él mismo se los pone y se los prueba y se mira delante del espejo.... ¡y no tiene nada más que un par de añitos!!!!! Nos hace reír un montón y se lo pasa pipa.

Tras un largo rato, nos ponemos rumbo de la sastrería, Cao Minnh, en la calle Tran Phu.
Es muy fácil orientarse en Hoi An, aparte de su pequeño tamaño, hay dos, tres calles, que son los ejes, y estas dos podrían ser perfectamente tales.

La sastrería: allí nos reencontramos con los asturianos y los canarios, unos van y otros vienen. Quedamos en vernos en la playa. Alvaro y David están encargándose trajes y camisas, Joaquín y Araceli se han hecho las pruebas. A nosotras nos sacan un montón de revistas, y alrededor de la mesa, desplegamos las fotos y nos emocionamos, sabiendo que podemos encargar casi cualquier cosa que veamos en las revistas... ¡madre mía!!! ¡oi choi oi!!!!!! Que estresssss!!!!!!! Pues no se por donde empezar, quizás por unos pantalones largos, si, yo creo que si, pero no se cuales, quizás estos, señalo la página con un posit, sigo mirando y señalo otras páginas. ¡madre mía!!! Creo que me voy a volver loca, Olga está igual. He visto un abrigo que me encanta, pregunto el precio, 50$ ¿50$ este abrigo? ¡está tirado!!! Lo quiero, en negro. Paso a ver las telas y elijo la que me gusta, un paño negro de una calidad estupenda.

Olga se pide unos piratas, joer, tienen buena pinta, yo también los quiero ¿color? Pues el mismo, que son chulos.... ¿y unas camisas? Yo creo que si, no me vendrán nada mal, ando fatal de ropa y renovar el vestuario me vendría genial, que comparado con España, aquí los precios son un chollo.... balance del primer día: Tres pantalones (uno largo y dos piratas), una falda, dos camisas y un abrigo: 150$. Y acabamos de empezar, primer día y empezamos así, no quiero ni pensar lo que nos esperará mañana. La sastre es fenómena.
Volvemos para ir hacia la playa, de nuevo nuestros planes se ralentizan por el atractivo de las tiendas, pasamos delante de una zapatería, y que si miro, que si me pruebo, que si los queremos en otro color nos los hacen en 24 h....... ¡el desastre!!!! Encargamos zapatos por 6$. (Tin, 06 Nih Trung, la verdad que no nos gustó el resultado, pero Araceli también encargó en otra tienda (Trang TIR en 3 Phan Dinh Phung y tampoco salió satisfecha)

Por fin hacia la playa de Cua Dai, 30 kilómetros de playa nos esperan. Hoy cogimos un taxi que entre los cuatro nos cuesta 37.000 D, pero con el taxímetro ronda los 35.000 D. La playa está a unos 5 km y es un paraíso con palmeras, las olas tienen fuerza, es un mar con mucha personalidad. Vemos a lo lejos a Elena y Araceli, rodeadas de vietnamitas, que en cuanto nos ven nos abordan ofreciéndonos manicuras, pedicuras, depilaciones al hilo, fruta, agua..... Caigo de pleno en la tentación, aunque la depilación empieza a ser algo más que eso. Con una especie de tiza húmeda, te la pasan por la pierna, se supone que así será más fácil pasar el hilo... y lo del hilo, esto ya es un espectáculo, hacen una especie de lazo y te lo van pasando por las piernas, dejándotelas más lisas que el culito de un bebé..... ninguna epilady es tan eficaz, higiénica e indolora como este sistema artesanal y manual, y por sólo, creo que fueron 30.000 D (igual algo menos). Masaje en la espalda por 30.000 D.... y así todo. Es una trampa, todo es tan barato que te dejas llevar y el primer día lo quieres todo: masaje, manicura, pedicura, mientras miras al mar disfrutando del sabor de un dulce mango, te sientes como una reina disfrutando de los cuidados más exquisitos en un lugar inigualable... Hoi An sigue desplegando sus artes cautivadoras, y nosotras vamos cayendo en sus redes a la velocidad de la luz.

Después de un día tan agitado y antes de que caiga la tarde, volvemos a la town, aún no hemos comido, pero estamos dentro del típico horario español veraniego, serán las tres ó las cuatro y vamos en busca del Bale Well (45/51 Tran Hung Dao), un restaurante que nos han recomendado que dicen que es dónde mejor está el Cao Lao, un plato típico de Hoy An. Es el típico restaurante vietnamita auténtico, no está preparado para guiris y la dueña yo creo que está algo chiflada. Cuando nos sentamos, ella se sentó con nosotros y empezaron a traer platos. Nosotros no habíamos pedido nada, pero no importaba, ella daba la orden y nos instruyó sobre lo que debíamos hacer. Trajeron varios ingredientes, se trataba de comer unos rollitos que preparábamos nosotros mismos y que luego mojaríamos en una salsa de la casa..... aquello estaba exquisito, buenísimo.... llevaban repollo, zanahoria, cerdo (como adobado), a veces te lo hacías de tortilla de camarones.... y así uno detrás de otro, mojándolo en aquella salsa que estaba de muerte. La dueña siguió sentada con nosotros y se debió de encariñar con David, porque se empeñó en prepararle ella misma los rollitos y dárselos de comer, como si fuera un niño pequeño, sus intenciones eran de madraza total y el pobre David apenas tenía tiempo de masticar, no había terminado de tragar cuando se encontraba que tenía que dar otro bocado..... estuvo divertido... pero aún tenía que ejercer de mamá con todos, porque al terminar de comer, nos levantó uno a uno, y nos llevó a lavarnos las manos, el panorama era genial, ella nos fue lavando las manos uno por uno y nosotros debíamos sentirnos como unos críos, porque nos dejábamos encantados.
El precio de la comida fue de 50.000 D por persona (2.5 €)

Por la tarde continuaron las compras, las dos ya estábamos desatadas, y sólo era el primer día......

Quedamos todos para cenar en el Café Des Amis, fue una cena super abundante y todo buenísimo, especialmente los noodles con seafood y el tiburón. Hubo mucha comida y de nuevo, mientras cenábamos, pasaron delante el grupo de riojanos, ¡esto ya es el colmo de las casualidades!!!! En ese momento estábamos casi todos los españoles, los de Madrid, los asturianos, los canarios, el gallego, y los riojanos... sólo faltaba la pareja de catalanes que conocimos en Sapa, pero no tardaríamos mucho en reencontrarnos, estaba claro que Vietnam nos iba juntando a cada paso. El precio de la cena fue de 80.000 D por persona y pedimos un mix de todo para compartir entre todos.

29 DE SEPTIEMBRE. HOI AN

Totalmente abducidas por la ciudad y con una agenda super apretada.
Después de un tremendo desayuno, donde me ponía las botas y rematando con un bañito en la piscina, salíamos a hacer nuestras pruebas de sastrería, todo perfecto, excepto pequeños arreglos en los pantalones... y de paso encargábamos más prendas, lo que ya os digo, estábamos totalmente desatadas.

El siguiente plan era ir a la playa, donde habíamos quedado con nuestros amigos los asturianos, ya éramos como una familia y nuestra vida social era de lo más agitada. No recuerdo en que chiringuito de la playa comimos, pero nos pusimos morados de calamares, gambas y pescaito al grill, eso si, esta vez la comida salió más cara, demasiado lujo, 100.000 D cada uno (5€).

Luego venía la hora del masaje... un avispero de mujeres vietnamitas, las mismas que ayer, venían a ofrecerte sus artes, pero sólo queríamos un masaje, no fruta, no agua, no pedicura, no manicura.... se hacían las locas y trataban de convencerte, pero no, hoy no, sólo un masaje, que tampoco necesito depilación, que ayer me dejaron divina. Hay algunas abuelitas que llaman mucho nuestra atención. No sabría cuantos años echarles, pero yo diría que tienen muchísimos, están muy arrugaditas y delgaditas, pero van muy tiesas con esas enormes bandejas redondas cargadas de fruta. Intentábamos comprarles siempre el agua a ellas y nos duele el alma que estas mujeres no estén disfrutando de una jubilación y anden playa arriba y abajo vendiendo fruta, tabaco, agua y lo que sea que le pidas, que si no lo tiene, irán a buscarlo. Una de ellas, la primera vez que le compramos agua, dejó la bandeja a nuestro lado, bajo nuestro cuidado y se marchó a uno de los chiringuitos, donde tenían agua, porque no pueden ir cargando con tanto peso. La veíamos caminar hacia el chiringo y nos sentíamos fatal, el paso de la abuelita era lento pero constante. Cuando llegó donde nosotras, no pudimos evitarlo, y le pagamos un poquito más por el agua, y cuando le ayudé a levantar la bandeja.... ¡madre mía!!! No os podéis imaginar lo que pesaba, muchos kilos para una ancianita, y ahí la veías, como si nada, apoyando aquello en su cadera, dando la sensación de que era liviano lo que cargaba. Los vietnamitas parece poquita cosa, pero son mucho más fuertes y resistentes de lo que aparentan.

El resto del día, es fácil de imaginar, relax en la playa tratando de lidiar con las vietnamitas, intentando leer, pero es casi imposible, porque no es que te ofrezcan masaje, es que se sientan a tu lado y no se marchan, una detrás de otra, estás todo el tiempo rodeada y diciendo que no... llega a ser un poco cansado, porque insisten más de lo que nosotros podemos estar acostumbrados y ya no sabemos como hacer para que nos dejen unos minutos para leer o charlar o adormilarnos con el sonido del mar. Mañana habrá que buscar una táctica para que todo este proceso sea más rápido, tendremos que espabilar.

Esta noche es la última que compartimos Vietnam con David y Álvaro y hacemos la cena de despedida en el Treats, que ya es como nuestra segunda casa. Por fin pruebo el Cao Lao y está bastante bueno. Espero que nos volvamos todos a ver, ha sido un placer compartir momentos viajeros con ellos.

30 DE SEPTIEMBRE. HOI AN

Seguimos con nuestra agenda tan apretada, como cada día, antes de ir a la playa nos damos un paseo por la zona antigua y tenemos nuestras charletas habituales con Tuy y su marido (Hoa) y los juegos infantiles con Bin, que ya nos ha cogido cariño y nos lo pasamos pipa con él. Son muchas las veces que hemos pasado por su tienda en el tiempo que llevamos en Hoi An y siempre paramos para hablar un rato, les estamos cogiendo cariño y son encantadores.

Hoy nos hemos propuesto llegar al mercado, no se que nos pasa, que nos paramos a hablar con todo el mundo y no conseguimos llegar al mercado, y sólo está a tres calles. Parece increíble, pero la vida allí es muy tranquila y nunca hay prisa, sin que te des cuenta, se te ha pasado la mañana entre charlas con unos y con otros, que ya nos van conociendo. Pero hoy no es el día, tampoco llegaremos al mercado.... no importa, Hoi An ya nos ha terminado de embrujar, estamos tan a gusto que cambiamos todos los planes de viaje. Si viajando encuentras un sitio que te atrapa ¿por qué resistirte a ello? Está claro que tendremos que volver a Vietnam, yo me he quedado con ganas de conocer las Highlands centrales, Buon Ma Thuot y el parque de Yok Don, Dalat, el parque de Cat Tien, las dunas de Mui Ne, el Delta del Mekong y Ciudad Ho Chi Minh, aunque me gusta más llamarle Saigón. Igualmente lo habríamos visitado muy rápido, pero en el camino apareció Hoi An y todo cambió. Habrá que volver, empezar desde el sur y terminar en Hoi An para descansar, porque aquí volveré. Fue un sacrificio pero a cambio tuvimos mucho más de lo que podíamos desear, y nuestro camino pasaría por las ruinas de Angkor, pero eso viene más adelante.

El cambio de planes implica sacar billetes de avión. La Vietnam airlines tiene tarifas estandar que no varían de una agencia a otra, así que reservamos todo desde el hotel:
Avión de Danang a Ciudad Ho Chi Minh: 55$
Avión de Ciudad Ho Chi Minh a Siem Reap: 120 $
Taxi al aeropuerto: 10/8 $ (Danang está a 30 km, pero se tarda alrededor de una hora).

1 DE OCTUBRE. HOI AN

La vida que llevamos es muy parecida cada día, paseos, charletas, playa, compras, todo a un ritmo veraniego, seguimos disfrutando como locas y encantadas con la decisión de quedarnos y disfrutar al máximo de nuestra estancia en este pequeño y delicioso paraíso.

Como novedad, alquilamos unas bicis. 10.000 D y son una patata, muy malas, novatada y para colmo casi llegando a la playa nos obligan a dejar las bicis en un parking. Estamos indignadas porque vemos como los vietnamitas llegan con sus bicis y sus motos hasta la misma playa, pero a nosotros nos enseñan un cartel que dice que está prohibido. Esta claro que hacen negocio descaradamente, pero no hay manera de que nos dejen pasar y no nos queda otra que dejar las bicis ahí, por supuesto previo pago, todos los guiris lo hacen. Estamos negras del cabreo, de la jeta que le echan, pero no hay opción. Nos piden 1.000 D por el parking (0.05€), no es el dinero, es el morro que tienen.

Ya nos hemos reencontrado con la pareja de catalanes, y nos cuentan lo mismo con las bicis, pero a ellos les han pedido 20.000 D por bici ¡menudos sinvergüenzas!!!! . Suponemos que nuestro cabreo fue tan monumental que por eso nos pidieron sólo 1.000 D.

Tenemos por costumbre comer cada día en el chiringuito nº 4, se llama Hoa, pero ellos se numeran para que sea más fácil reconocerlos. El chaval que trabaja aquí es un crío muy despierto y atento, nunca te falta de nada, está muy pendiente de que tengas bebidas y lo que necesites, es un magnífico relaciones públicas y así se saca buenas propinas, aunque a veces te cuenta cosas muy fuertes mientras comes y en alguna ocasión lo pasamos mal al llevarnos un bocado a la boca, pero este chico llegará lejos, ojalá que dentro de unos años esté llevando su propio restaurante.

Tuy y su marido nos quieren invitar a comer mañana en casa de su familia. Aceptamos encantadas, les hemos cogido mucho cariño y son ya muchas las horas de charleta compartidas en su tienda.

2 DE OCTUBRE. HOI AN

Nos levantamos pronto para ir a comprar algún detalle para la familia de Tuy. En la recepción del hotel nos sugieren que unas flores siempre quedan bien, está claro que las flores son bonitas en cualquier parte del mundo. Salimos a la calle a la busca y captura de la floristería, pero no vemos ninguna y el tiempo se nos empieza a echar encima. Conseguimos comprar una de esas tortas de cacahuete que son típicas de Hoi An, al menos ya tenemos un postre, porque tampoco hemos encontrado una pastelería. Por fin encontramos una de esas mujeres que van portando cestas llenas de flores y por fin podemos comprarlas; emocionadas, nos llevamos tres ramilletes de flores amarillas, las únicas que tiene.

Al llegar al hotel les enseñamos nuestros obsequios a los de recepción para que nos den el visto bueno, y por sus caras parece que no estamos muy acertadas, es evidente que algo hemos hecho mal. Las flores que hemos comprado son para los muertos, seguro que estamos a punto de ser el hazmerreír del personal del hotel, pero son encantadores y delicadísimos con nuestra torpe ignorancia. Dicen que aún así podríamos llevarlas, que lo entenderán, pero no estamos muy convencidas, así que decidimos dejarlas en la habitación y en recepción nos dan la aprobación, con la torta de cacahuetes quedaremos bien también.

Ya llega Tuy en moto y su marido y Bin en otra, cada una nos subimos de paquete con ellos y salimos a la carretera, alejándonos de la ciudad dirección a My Son. El viaje dura casi una hora.

La casa del padre de él está junto a los arrozales. Amabilísimos todos. Los padres son muy delgaditos y pequeñines, nos sentimos enormes, como Gulliver en Liliput. Nos recibieron con mucho cariño. También está la sobrina, que tiene 10 años y es muy tímida al principio, es deliciosa, y se va confiando poco a poco hasta que llega una hora en la que está todo el rato con nosotras. A mi me encanta la cría, es una ternura.

No se muy bien como describiros una típica casa de allí, pero la observación de Olga es muy acertada: está más cuidado el campo que la casa. Es cierto, viven de cara al exterior y en el interior da un poco lo mismo la higiene y la limpieza. La distribución en realidad no nos es tan lejana, asemeja a una antigua casa de campo. Una cocina apartada de la casa principal, de leña claro, está junto a un patio en el que hay un pozo de agua de uso privado del que cuando extraen el agua la vierten sobre una cuba de barro con piedras y paños en el fondo que sirve de filtro y a través de un pequeño canal llega “limpia” a otra cuba.
El baño también está afuera y es el típico agujero con grifo y cubo en un lateral, muy habitual en Vietnam.

El resto de la casa es una edificación plana, con un salón-comedor en el que también hay dispuesta una cama y un altar con fotos de familiares, velas y ramitas de incienso, en otro compartimiento hay otra cama que es una sencilla estructura de, quizás, bambú, sin colchón, muy duras para lo que nosotros estamos acostumbrados, pero para ellos es normal. Hay ventiladores, afortunadamente, porque el calor es brutal.

Me acerco a la cocina para ver como cocina Tuy. Está haciendo algo que parecen como berberechos en miniatura, curioseo las especias que echa y le voy preguntando y oliendo lo que utiliza para sazonar, hasta que por fin aparece el famoso nuoc mam, huele fortísimo, pero el recuerdo del olor no es desagradable. Le echa unas pocas cucharadas. Este plato estaba buenísimo.

A las 12 ya está la mesa puesta y nosotras sin hambre, se nota que somos españolas y además hemos desayunado bien, no estamos acostumbradas a comer tan pronto y no tenemos apetito así que tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para comer todo lo que sacaron, que fue bastante.
Los extraños berberechos se comen con una especie de torta de trigo fina y crujiente, como cuando comes guacamole, pero en vietnamita. También hay pollo cocido y un plato con ternera que parece cruda pero más bien está macerada. Esta carne se mezcla con unas hiervas tipo menta y por otro lado con una salsa que ya alguna vez había probado desde que llegamos a Vietnam, está muy bueno, pero seguimos sin apenas hambre, así que comemos despacito. Finalmente traen plátanos, que están muy ricos, son muy chiquitines y para nuestra sorpresa, nosotras ya convencidas de que era el postre... tremendo error, algo faltaba todavía, la fruta no es lo último, al final venía el arroz así que traen un bol para cada una con sopa de arroz, que no sabemos que hacer para no comerla porque si al principio no teníamos apetito, al final menos todavía y menos aún después del plátano, pero no es posible rechazarlo , no queremos quedar mal, y el caso es que está rico, pero nos la comemos sin ganas.

Hacía las 15.00 habíamos quedado en la playa, ellos lo sabían y de hecho nos dijeron que volveríamos a esa hora sin problemas para poder cumplir con otros compromisos, pero tras la comida se echan todos la siesta, menos nosotras, que se nos pone un poco cara de pardillas y nos aburrimos un poquito... y también nos agobiamos, porque nos tememos que no vamos a poder llegar a tiempo. Todos duermen, no sabemos que hacer, Olga coge su diario y escribe y yo la lonely planet para leer un rato. Son todos encantadores, pero no entendemos porque nos dicen que nos dejarán en la playa a la hora pactada y cuando llega el momento de marchar se hacen los locos y Tuy se ríe como si nada. Creo que aquí debimos sufrir choque cultural o que se yo, porque no entendíamos nada. Nos pasamos la tarde viendo como todos dormían. Cuando se despiertan, de merienda sopa de arroz, la tarde se va acabando y la luz se va perdiendo.

La niña es una gozada, un solete y muy chiquitina para su edad, se hace querer.
Cuando nos despedimos de todos, Tuy nos dice que le demos 10.000 D a la niña, para chucherías.... y obedientes, se lo damos. No nos sentimos mal por ello, también los adultos nos daban monedillas para chuches cuando nosotras éramos pequeñas, y en este caso, entendemos que no contribuimos a malear.

Llegamos al hotel de noche. A mi me ha encantado vivir este día porque es lo más cerca que hemos estado del verdadero Vietnam. A Tuy y a su familia les estamos muy agradecidos por ello y por el cariño que les hemos cogido y el que nos han dado.
Desde la distancia del espacio y del tiempo, recuerdo a Tuy y a su familia con un afecto muy especial.

Cuando llegamos a Hoi An , ya de noche, salimos a dar una vuelta con la intención de encontrar a Yolanda y Victor, no tenemos sus direcciones de España y sería una pena no poder contactar con ellos a la vuelta.
Cenamos en el Treats pero no vemos a los catalanes. Afortunadamente, de regreso al hotel ellos nos han dejado una nota, así que mantendremos el contacto.

3 DE OCTUBRE. HOI AN

Es nuestro último día y queremos disfrutarlo a nuestra manera. Alquilamos las bicis por 5.000 D en el puesto de tabacos de nuestro amigo al que cada día le habíamos comprado tabaco y agua y nos atendía con una amplia y sincera sonrisa, en la acera de enfrente del hotel, casi a la altura del ciber. La idea es pasar el día en la playa, una gozada.

Coincidimos allí con una chilena con la que entablamos buena conversación. También ha parado en Hoi An, como nosotras, y se ha embrujado por la ciudad. Llega un grupo de españolas y las vietnamitas de la playa salen tras ellas a ofrecerles sus masajes y frutas, agua, etc, etc. El baile de precios es tremendo, así que les adelantamos a nuestras compatriotas que a nosotras por la depilación nos cobraron 30.000 D, cuando les están pidiendo 130.000 D.... consiguen negociarlo a 40.000 D, muy bien.

Comemos donde siempre, en el nº 4 “Hoa”, noodles con seafood, que están muy buenos, y patatas fritas.

Disfrutamos de un fantástico día de playa, hasta que cae el sol. Salimos a tiempo de coger la bice y llegar a la piscina del hotel con luz, para darnos un bañito refrescante.

Por fin después de dos días, nos confirman por mail nuestro hotel en Siem Reap: Mekong Angkor Palace guesthouse, habitaciones luminosas con piscina por 25$, ha sido difícil encontrar algo más barato por internet, da la sensación de que todo será más caro.

Cenamos en el “Café 96”, frente al río, una pena no haberlo descubierto antes, la cocina es realmente buena, pedimos un pescado que estaba delicioso.

Damos nuestra última vuelta por Hoi An con las bicis. Primera parada, la tienda de Tuy, donde nos estamos un rato de charleta y la despedida se hace triste.
La sastrería, también parada obligada, queremos despedirnos de las chicas. Por el camino recorremos las calles, Le Loi, Tran Phu, Bach Dang...... todas tan nuestras y tantas veces paseadas.... incluso el mercado se ha convertido en un espacio familiar; será dura la despedida de esta ciudad tan única y especial que tan bien nos acogió y adoptó y que, sospecho, nunca olvidaremos.

Restaurant café 96: 96 Bach Dang St.
Tienda de bolsos Ninh Toan. Totalmente recomendable y la dueña encantadora. Los bolsos son preciosos, de seda y tienen muchos modelos. Precios entre 2, 3.. $. Calle Nguyen Thi Minh Khai, junto al puente japonés, nada más cruzarlo, es una tienda pequeñita.
Kymonos de seda en nuestra sastrería: 34$
Cuadros típicos: rondan los 10$
Chancletas: 1.5$

4 DE OCTUBRE. HOI AN - ANGKOR

Hasta las 11.30 tenemos tiempo. A Olga le hace falta una maleta nueva, con tanta compra no le caben las cosas, así que tenemos que salir a comprar una (9 $ una imitación Salomón enorme). Aún podemos darnos un último baño en la piscina.
Despedida del personal del hotel, nos han hecho sentirnos como en casa y se han portado genial con nosotras.

Taxi hasta Danang. Vuelo normal, sin turbulencias a Saigon. 4 horas de espera en el aeropuerto, han cancelado nuestro vuelo y nos meten en el de las 19.10. El aeropuerto es carísimo, una cocacola 3 $.

Tasas de salida: 12$.

Llegamos a Siem Reap de noche y el pick up nos espera. Muy majete el conductor, pero se empeña en que mañana vayamos a Angkor con él y nosotras preferimos un tuc tuc por aquello de ir al aire libre.

Al llegar al hotel descubrimos que tenemos un muro en la ventana de la “habitación luminosa” y pedimos un cambio, pero hasta mañana no nos cambiarán. La piscina está vacía sin agua, aunque nos da igual.
La percepción de Camboya es muy diferente. Ya en el aeropuerto todo es muy distinto a Vietnam. Los camboyanos son de piel más oscura y aunque son más pequeños que nosotras, se les va más corpulencia respecto de los vietnamitas, sus caras son más redondas.
Entre las primeras observaciones, destaca la escasez de asfalto y de luz. También parece que el calor aprieta menos. Tendremos que desprendernos de las vivencias de Vietnam y ser conscientes de que estamos en un país muy diferente, no es difícil, pero no ha pasado ni 10 horas entre un país y el otro y el cambio es notable.

Llueve toda la noche. Hoy apenas hemos comido, más bien hemos guarreado con galletas y unos bollos, pero estamos muertas de cansancio y nos vamos a la cama.

Mekong Angkor Palace: 21 Sivatha Road.
mekongleak@hotmail.com

5 DE OCTUBRE. ANGKOR

Ayer noche, en la puerta del hotel, un tuc tuc que traía a un pasajero nos ofreció llevarnos a Angkor, negociamos 8$ y por la mañana a las 10 en punto salíamos rumbo a las ruinas, que están no muy lejos, pero se tarda una media hora. Las calles están inundadas. Según salimos de la zona urbana el paisaje es verde y arbolado.

La entrada a Angkor si el pase es de un día cuesta 20$, pero si quieres el de tres vale 40$. Compramos el de un día porque a malas estaremos sólo dos y nos costaría lo mismo.

No se como describir aquello, es algo único en el mundo, una maravilla entre las maravillas.... mas de trescientos templos espectaculares, misteriosos, mágicos, elegantes y majestuosos..... Angkor Wat, el que conocemos, el emblemático, es tremendo, señorial y espectacular, una gozada recorrerlo, impregnarte de su ambiente, contemplarlo .... y pasa el tiempo sin que te des cuenta, todos los sentidos no dejan de admirar y la batería de la cámara está a punto de agotarse...... Angkor Tohm, magnífico y misterioso, con todas esas caras talladas en piedra que le dan un aire mágico, y sigue pasando el tiempo mientras estamos embobadas y sobrecogidas por el magnetismo de sus ruinas...... Ta Prohm, impresionante, la inspiración del libro de la selva, y como la jungla desborda al humano y sus raíces entran y crecen en la piedra formando un paisaje único y genial, quizás el que mas nos gusto.... sin quizás..... y con el tuc tuc paseando por toda esa maravilla, contemplando el gran espectáculo de lo que fue un imperio, sin palabras.....

Angkor es el templo religioso más grande del mundo, en su día llegó a albergar más de un millón de habitantes. Hay cantidad de datos interesantes para contar, tanto de su pasado como de su presente, su historia es fascinante y lo que queda de ello es grandioso, admiración de los miles de turistas que viajan hasta allí sólo para postrarse ante su grandeza.

Bon Tep, nuestro tuc tuc (absolutamente recomendable tlf 011.21.29.25) nos lleva a ver la puesta de sol, hay que subir una cuesta bastante empinada para alcanzar el templo desde el que disfrutaremos del ocaso del día. No estamos solos, hay cientos de turistas, está lleno, el desnivel es durillo pero llegamos a tiempo. Trillones de turistas se agolpan tratando de sacar fotos de la puesta de sol, pero no es un atardecer especialmente bonito y la masificación contribuye a desmejorarlo. Momento de turismo insostenible.

Regresamos a Siem Reap y buscamos una agencia para coger el bus a Bangkok. Siem Reap es pequeño y muy destartalado, sólo vemos puestos en la calle con venta de billetes de bus. En unos nos lo venden a 20$, en otros a 13$, preguntamos en la única agencia con local comercial y nos envían a Angkor Express, una caseta en la calle. Estos al menos te dicen que no vas en una furgoneta, sino en un bus y no habrá problemas con las maletas (no os podéis imaginar los bultos que llevábamos)... primera trola. También nos hablan de que hay un baño en el bus... segunda mentira, aunque esta era fácil de no creerla. Nos citan a las 6.30 de la mañana (al principio a las 6). Nos cuentan que una van nos recoge a las 6.30 y nos lleva a la estación de autobuses a coger nuestro bus..... tercera.... Precio del billete 15$.
Lo malo no son las malas condiciones, lo malo son las mentiras.

Nos han cambiado de habitación y ya no tenemos un muro en la ventana, es otra cosa y estamos bien.
Apenas hemos visto nada de Camboya, nos quedamos con ganas de mas, pero nuestro viaje va llegando a su fin. Angkor nos ha sabido a poco, a muy poco. Pensábamos que con un día nos quedaríamos bien, pero nos hemos quedado con ganas de más.

6 DE OCTUBRE. ANGKOR - BANGKOK

Antes de las 6.30 ya estamos allí, bajo un calor aplastante y una humedad tremenda. Pasa el tiempo y nada. Hasta las 7.15 no llega la dichosa furgoneta, empezamos mal... los asientos son enanos y colocan nuestros enormes bultos en los asientos de atrás que afortunadamente caben, pero no lo teníamos muy claro. El aire acondicionado no existe, es un aire tan flojito que no llega. Sube un grupo de chinos y me toca compartir asiento con uno de ellos, que es más tonto que picio, le entraba el sueño y me invadía mi mini espacio constantemente ¡menudo viajecito!!! En más de una ocasión me intentó utilizar como almohada.
La carretera no es tal, es una pista llena de socavones de tamaños desmesurados, embarrados en muchas ocasiones. Llama mucho la atención la constante advertencia de minas antipersona, señales oxidadas y a veces con los dibujos difuminados, pero el mensaje es clarísimo... todo el camino hasta Tailandia está señalizado con estos avisos, impresiona, aunque al cabo de unas horas ya te habitúas, crees que el camino está limpio, por la cantidad de tráfico que lo recorre, pero con los campos no lo tienes tan claro y cuando piensas en ello se te ponen los pelos de punta.

El viaje es duro, ciento y poco kilómetros que tardaremos nueve horas en recorrer.... recordaba uno de los trayectos que hice en Myanmar como una pesadilla insuperable.... que equivocada estaba, podría ser peor... sin agua y sin comida, bueno, unas galletas saladas y dos dedos de agua que tuvimos que racionar durante todo el día , con 20 dólares en el bolsillo, que no nos atrevíamos a gastar por si nos cobraban visado de salida.

El viaje fue un infierno.

Llegamos a Poipet, con una sensación de suciedad indecente y sudando constantemente, con hambre y sed, un desastre, y para colmo, cargando como mulas con nuestros trastos bajo un sol abrasador. Rellenamos el formulario camboyano y pasamos atravesando el pasillo diplomático. Pasamos también el puesto tailandés sin tener que pagar en ningún lado.

Nos hacen esperar un rato, pero por fin podemos comer plátanos y beber agua. En todo el día apenas nos hemos alimentado. Hay mucha diferencia del lado camboyano al tailandés, aquí abundan los puestos de comida a la par que la cantidad de vehículos, hasta el movimiento de la gente parece diferente, más ágil, pero esta última observación no es real ya que estamos molidas y sin energía.

A eso de las 5.30 salimos, esta vez en una van con aire acondicionado y espacio suficiente para nuestro culo y piernas.... aún nos esperan 4 horas más de viaje, una amplia autopista nos llevará hasta Bangkok.

Llegamos a Kao San a las 9.30 bajo una tormenta tremenda... que pena que no haya foto del momento, nuestros aspectos eran de lo más lamentable... ¿Te acuerdas Olga? Daría lo que fuera por volver a vivirlo... a pesar de los socavones camboyanos que eran de tal calibre que en varias ocasiones me golpee la cabeza en la ventana haciéndome bastante daño.

Derechas a la New Seam, la guest house que después de varios viajes por el sudeste se ha convertido como en una casa familiar para mi, aunque han subido los precios y ya no es el chollo que era.

Tras una larga ducha que nos recompone y nos devuelve a un estado más digno, salimos a dar un paseo. La tormenta ha parado y nuestro paseo se limita a las calles limítrofes donde mis recuerdos de otros años y otros viajes me agolpan y los comparto con Olga.

Esa noche dormimos como bebés.

7 DE OCTUBRE. BANGKOK

Paseamos por Kao San y zona de alrededor. Trato de convencer a Olga para ir al Palacio Real, pero no le apetece. Ayer fue un día duro y hoy prefiere paseos cortos y mercadillo. Lo entiendo, la verdad es que estamos molidas, así que nos tomamos el día con mucha calma.

En nuestro paseo por las calles adyacentes a Kao San curioseamos otras guest house, la New Seam empieza a ser algo cara y queremos otras alternativas para los próximos viajes al sudeste. Encontramos la Rambuttri Village Inn, en la 95 Soi Rambuttri, Chakkra Pong Rd

8 DE OCTUBRE

Pasamos la mayor parte del día en el Chatuchak, el gran mercado de fin de semana de Bangkok, inmenso. Es nuestro último día y nuestros instintos compradores de nuevo se desatan. Sabemos que en España volveremos a la economía de guerra, así que decidimos aprovechar y aprovisionarnos de ropa y calzado que en casa no nos podremos permitir, los euros nos tienen agobiadas pero los baths nos dan un respiro.
Pasamos el día tranquilamente en el Chatuchak y cuando se acerca la hora volvemos a Kao San para dirigirnos al aeropuerto. El viaje se acaba. Que sensación tan rara cuando sabes que a partir de ahora nuestras vidas volverán a ser bastante previsibles.... afortunadamente Itaca nos espera, “llegar allí, he aquí tu destino. Más no hagas con prisa tu camino...”

Tasa de salida: 500 baths
Transfer al aeropuerto desde la New Seam: 140 baths dos personas (no estoy muy segura de este dato)

Fecha: 
October 2005
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Comentarios

Imagen de Andyer

tain

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