


Esta pequeña escapada se gestó en la escapada a Londres de enero de 2005. Hablamos, por encima, de la posibilidad de ir a la Oktoberfest. Para que no se quedara en nada, y con la intención de que salieran más baratos, a lo largo de febrero empecé a mirar vuelos. Finalmente, el 28 de septiembre nos dimos cita en el Johann Strauss de Munich con los vuelos de regreso para el día 4 de noviembre. Mireia salió de Barcelona, con Lufthansa en vuelo directo, JaviVi salió de Madrid y, como es el más original, llegó a Munich vía Milán, volando con Alitalia, que parece que le molan mucho los padrinos; Olga Donosti, Vicent y yo salimos desde Bilbao, vía París, Chelo venía en vuelo directo desde Alicante y Raúl Sam también en vuelo directo desde Madrid.
28 de septiembre’05.- Aeropuerto-Munich-Aeropuerto-Augsburg
La primera en llegar fue Mireia, que esperó más de lo previsto hasta encontrarse con JaviVi porque las autoridades aeroportuarias bávaras tenían ciertas dudas con la nacionalidad o, al menos, con la apariencia de nuestro amigo madrileño. Ambos recogieron el vehículo previamente contratado por JaviVi que acabó siendo un Mercedes gasolina automático. (Para datos prácticos, consultar los links al final).
Hacia el mediodía llegamos los tres viajeros de Donosti. En ese momento nos damos cuenta de que necesitaremos el segundo coche antes de que, a la tarde, llegue Chelo, y también empezamos a ser conscientes de la imposibilidad de conseguirlo. Ay, Señor! Estamos en pleno Oktoberfest y en el aeropuerto de Munich se han agotado todos, absolutamente todos, los vehículos de alquiler.
Hacemos los treinta kilómetros que nos permiten acercarnos a Munich con la intención de comer y tratar de encontrar un segundo vehículo y, aunque dejamos el coche al azar, en una calle cualquiera, mi primera impresión es que se trata de una ciudad amable. No hay problemas para aparcar aunque haya que pagar parquímetro; la cantidad de vehículos por m2 no parece alta; se ven muchas bicicletas aparcadas y el tránsito por los carriles-bici es continuado pero no agobiante. Las calles son anchas pero no impersonales, a lo que contribuye el sistema de alumbrado, que les da un punto de calle de barrio: inmensos cables tendidos de lado a lado y a cierta altura del suelo, del centro de los cuales cuelga el rectángulo que ilumina. Ese sistema de alumbrado será una constante en toda la Baviera que visitamos; un cableado nada modernista, que convive con el de los tranvías en profusa amalgama, que quita un punto a esa imagen que tenemos profundamente interiorizada de precisión germánica y lo añade a la recién nacida imagen de amabilidad, alegría y buen humor que se me va aposentando a medida que miro a mi alrededor. Imagen que seguirá creciendo y reforzándose durante todo el tiempo que dure mi viaje.
Es evidente que estamos en un barrio estudiante por la profusión de librerías, edificios de enseñanza y restaurantes económicos. Antes de volver al coche para ir a recoger a Chelo aprovechamos para ver un arco o una puerta de la ciudad y siento deciros que no recuerdo cómo se llama aunque he dado la vuelta a internet sin encontrarlo.
El problema del vehículo se ha hecho acuciante. No hay forma de alquilarlo y decidimos que, a grandes males, grandes remedios. Yo me quedo en el aeropuerto esperando a Chelo, que llega a media tarde, y Olga, Mireia, JaviVi y Vicent se van a Augsburg con todos los equipajes. Las dos chicas se encargarán de cumplir con las formalidades del hotel, acomodar los equipajes e intentar alquilar allí un vehículo. Son unos 90 km y esperamos que la influencia del Oktoberfest no haya llegado hasta allí. Entre tanto, JaviVi y Vicent vuelven al Aeropuerto a recogernos.
Las largas horas de espera en el aeropuerto se notan menos porque la conversación surge fácilmente con Chelo. Finalmente, hacia las 8:30 de la tarde, aparecen nuestros chicos que nos llevan al hotel a todo gas porque, como la experiencia es un grado, la cuarta vez que pasan por la misma carretera en una tarde les sirve para tutear a curvas y señales. Nos cuentan que ha sido sencillo dar con el hotel pues prácticamente les ha salido al encuentro y eso, teniendo en cuenta que Augsburg tiene más de 100.000 habitantes, es un punto importante a su favor. O a favor de nuestra querida itakeña Dorina, que es quien ofició la tramitación de la reserva. Las chicas nos informan de que han alquilado un segundo vehículo, un Smart gasoil automático que recogeremos al día siguiente a primera hora.
Con la tranquilidad de tener resueltas todas las contingencias surgidas en ese primer día y de sabernos juntos y dispuestos a disfrutar, inspeccionamos habitaciones, acomodamos equipajes, nos aseamos un poco y salimos en busca de nuestra primera cerveza alemana con mayúsculas, es decir, una cerveza reposada, tranquila, que acompañe a una buena compañía y a una suculenta cena.
No tenemos que alejarnos mucho del hotel porque encontramos un local muy familiar en una calle paralela. Allí tomamos la primera salchicha con chukrut y empiezan a decantarse nuestros gustos cerveceros, que, con algún momento más o menos glorioso, se mantendrán hasta el final. JaviVi se da cuenta de que la cerveza weissbier, una cerveza de trigo, es la que más le gusta a falta de la franziskaner, y yo pido tímidamente mi primera cerveza dunkel (cerveza negra). Que he tenido que volver a casa y mirar un poco un diccionario para enterarme de que dunkel no es una marca sino que quiere decir oscuro. Mireia nos descubre su gran afición al alcohol ya desde la primera comida en Munich se agarra al vaso de coca-cola y no lo soltará más que en esos momentos gloriosos de que he hablado antes. La cena nos sirve para acordar la hora de salida del día siguiente que nos permita llegar al aeropuerto a tiempo para recoger a Raúl Sam. No queremos hacer planes turísticos hasta estar todos juntos pues sabemos que Raúl se lo ha trabajado un montón.
29 de septiembre’05.- Augsburg-Aeropuerto-Landshut-Regensburg-Augsburg
Así, tras un abundante desayuno, nos pusimos en marcha los dos coches para recoger al último de la expedición. Una vez acomodados Raúl Sam y su equipaje, nos dirigimos hacia Landshut ya que nadie queríamos perder ni un minuto y Raúl se tenía el tema muy estudiado.
Landshut
Situada 70 km al nordeste de Munich, y 40 km pasado el aeropuerto, es la capital de la Baja Baviera desde 1.839 y tiene una historia de más de ocho siglos. La primera imagen que transmite es de un pueblo con una calle larga a cuyos lados se desarrolla la vida y donde se concentran las principales curiosidades. Es la primera vez que nos encontramos con las típicas casas alemanas, con la geometría puntiaguda de sus tejados y sus maravillosas fachadas. Cientos de ventanas de madera con sus inseparables macetas rebosantes de flores, insertas en preciosas fachadas coloridas. No son ostentosas, no son austeras, no son humildes. Son únicas. El revoco de las fachadas se dignifica e individualiza por los colores con que las pintan. La abundancia de madera, tanto en ventanas como en vigas de sostén insertas en la fachada, o en aleros y soportes, no nos enseña la buena calidad de las maderas sino el trabajo añadido en tallas y colores. ¡Y las flores!. ¿Cómo decir?. A finales de septiembre y en un clima tan frío, ¿cómo es posible tal abundancia y colorido?. Los tres elementos juntos: el color en el revoco, las tallas en la madera y las flores en las ventanas, son los que individualizan las fachadas alemanas, son lo que se nos quedará grabado en la retina. Y, curiosamente, los tres elementos son sencillos, no son caros ni ostentosos.
A lo largo de la calle Altstadt encontramos la preciosa plaza principal, con sus casas de aguilones a ambos lados. El Rathaus (Ayuntamiento) con la Rathausprinksaal (Sala de ceremonias), donde se representa cada año, en una fiesta folklórica, la famosa boda de Landshut. Cuando nosotros subimos estaban preparando unos decorados. Verdaderamente bella y riquísima sala, aunque también son dignas de mención las vidrieras de las escaleras de acceso.
En la misma calle, ¡cómo no¡, se encuentra la St. Martinskirche (Iglesia de San Martín) y frente a su porche está situada la fachada de la Landschftshaus, donde aparece pintado el árbol genealógico de la familia Wittelsbach desde 1.598. La iglesia de San Martín se distingue en todo Landshut por su campanario de 131 m de altura. Es la torre más alta del mundo construida con ladrillos. Dentro, es digna de mención la altura de la nave. La impresionante gran cruz colgada data de finales del siglo XV y mide 8 m de altura.
En el mismo Rathaus se encuentra la Oficina de Turismo donde nos aprovisionamos de la documentación necesaria, parte de ella en castellano. Por esa vía sabemos de la existencia de una fortaleza, un recinto amurallado, un palacio y unos jardines. Estos elementos, con alguna que otra variante, serán una constante en todos los pueblos de Baviera.
Nosotros decidimos que sería agradable tomar una cervecita y dejamos jardines, fortaleza y palacio para otro viaje, cuando luzca el sol, mientras nos encaminamos hacia un restaurante con apariencia agradable, donde terminaremos comiendo.
A la tarde volvemos a los coches y nos encaminamos hacia Regensburg, la histórica Ratisbona. La verdad es que escribo frases que me asombran a mí misma. “La histórica Ratisbona”. Si me pongo a pensar (y antes de leerme el mogollón de folletos y guías que tengo a mi lado para escribir esta crónica) resulta que no tengo ni pajolera idea de por qué es histórica. Que me suena sí, pero el motivo…
En fin, voy a seguir haciendo alarde de mi capacidad de cortar, pegar y desvirtuar los folletos turísticos que me acompañan.
Regensburg (Ratisbona)
Con sus 2.000 años, fue la primera capital de Baviera. En su casco histórico hay más de 1.200 edificios históricos. Era una ciudad cercada por murallas y fosos que convirtió, hace unos 200 años, en parques, jardines y avenidas. Esta ciudad apenas sufrió bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, con lo que mantiene su autenticidad.
Regensburg se identifica por el Danubio, el puente de piedra (Steinerne Brücke), la catedral de San Pedro (Dom) y el coro de niños cantores (Domspatzen). Es claro, entonces, que lo que hay que hacer es dar una vuelta en barco por el Danubio (Strudelfagrten), pasear sin rumbo por sus orillas y sus islas, disfrutando del puente de piedra, desde donde hay unas bonitas vistas de la ciudad y del río, visitar en domingo la Catedral de San Pedro observando sus magníficas vidrieras medievales, para tener ocasión de escuchar, durante la misa, a uno de los coros de niños cantores más famosos del mundo, y acabar deambulando un rato por sus calles para acercarnos al restaurante más antiguo de Alemania o encontrar el albergue donde se sirven salchichas a la parrilla desde hace 850 años.
En nuestra visita, bajamos a la orilla del Danubio para fotografiarnos ante el famoso puente, construido a principios del siglo XII y que está considerado como una proeza arquitectónica. Comprobamos que está abombado en el centro y vimos la antigua puerta de la ciudad por la que se accede al puente. A su lado se encuentra el restaurante más antiguo de Alemania (Historische Wrustkürche).
Nos faltó dar un paseo a lo largo de los muelles que nos hubiera permitido ver el encanto del viejo puerto de la ciudad (Keplerstrasse) y el mercado de pescado (Fischmarkt), pero el tiempo no acompañaba y nos decidimos por hacer alguna compra. Mi impresión es que Regensburg es la cuidad más cara de todas las que visitamos. Los juguetes, en cualquiera de sus manifestaciones, son típicos en toda Alemania. Pero los objetos navideños y las muñecas de porcelana son el buque insignia. En Regensburg compramos algunas muñecas. Había unos increíbles escaparates en los que pegábamos nuestras naricillas como niños de anuncio porque parecían representar un mundo mágico. Mientras unos cuantos tomábamos decisiones en cuanto a qué muñecas comprar, otros disfrutaban frente a una escultura de cuerpo entero de Carlos V en la que, a la vez que unos atributos masculinos un tanto magnificados por el escultor, una fresca rosa roja reposaba a sus pies. Tras las compras y los chistes de rigor, callejeamos hasta llegar a la plaza del Alter Rathaus y el Teatro que se encuentra en la Rathausplatz. La oficina de turismo está al lado del viejo Ayuntamiento (Alter Rathaus). Unos tímidos rayos de sol aparecieron en el cielo dando colorido y presencia a los edificios que habían pasado casi inadvertidos.
Regensburg puede ser el punto de partida para excursiones de varios días a los numerosos parques naturales que bordean la frontera checa: La Bayerischer Wald (bosque bávaro), al sureste de Regensburg, todavía está habitada por lobos y osos en determinadas zonas protegidas. Al noreste de Regensburg se extiende, a lo largo de más de 150 km, la Oberpfälzer Wald (parque natural del Alto Palatinado), conocido principalmente por sus innumerables estanques que los monjes cistercienses construyeron en el siglo XIII.
No quiero acabar la referencia a Regensburg sin indicar que, aunque nosotros no lo vimos, cuenta con la construcción más antigua de Alemania: la Porta Praetoria, del año 179, que limitaba al norte el Campamento de las Legiones Romanas.
Tras tomar unos helados en una moderna y coqueta plazuela, observando continuamente el cielo porque amenazaba tormenta, decidimos regresar a Augsburg y cenar en el mismo sitio de la noche anterior, en parte porque Raúl Sam no lo conocía, en parte porque nos había encantado el trato familiar y acogedor de la señora responsable y en parte, también, porque tenía grandes mesas rodeadas de bancos corridos y una de ellas nos vendría muy bien para extender los mapas y planificar las actividades del próximo día y los siguiente.
Esta planificación, basada fundamentalmente en las previsiones meteorológicas, nos llevó al destino del siguiente día.
30 de septiembre 2005: Augsburg - Oberammergau - Linderhof - Castillo de Linderhof - Reutte - Lago Plansee - Füssen - Schwangau - Hohenschwangau - Neuschwanstein - Füssen - Augsburg.-
Así es que, a la mañana siguiente, tempranito, estábamos ya en nuestros coches, dispuestos a conocer los maravillosos Alpes, la zona del Tirol y los famosos castillos del rey loco.
Oberammergau
Situado a 1 h de Munich por autopista, y al pie de los Alpes, este pequeño pueblo, formado por granjas, albergues, maravillosas casas alpinas, hoteles y casas burguesas, es uno de los más originales y encantadores de Baviera. Su originalidad reside en las fachadas pintadas (Lüftlmalerei) que decoran todas sus casas. En un alarde del más espectacular trampantojo, y junto a refranes o citas, podemos ver representaciones de los cuentos fantásticos que nos acompañaron en la infancia y, así, nos daremos de bruces con los tres cerditos y el lobo feroz, o con la bruja y la casita de chocolate. Por supuesto, hay toda una imaginería religiosa, siendo la Pilatushaus la obra más representativa e interesante, que data del siglo XVIII.
La tradición dice que en 1633, los vecinos que se libraron de la peste que diezmó la población, prometieron interpretar, cada 10 años y durante 5 meses, las escenas de la Pasión, y los vecinos actuales mantienen la promesa, que atrae a muchísimo público y que se representa en el Teatro de la Pasión. (Joer con la precisión y la definición de los alemanes. No les vale decir que lo harán cada varios años, no. Ellos tienen que decir que cada 10 años y además, durante 5 meses, pa’ que nos enteremos).
Resulta evidente que es obligado dedicarle el tiempo necesario a un paseo por sus increíbles calles. Todas sus fachadas son interesantes y atractivas aunque las más bonitas están en el centro. Pero no se nos olvide que estamos en los Alpes: merece la pena el viaje para ver y pasear entre las magníficas casas de montaña, recubiertas de madera, con sus puntiagudos tejados y sus ventanas apoyadas sobre profusión de florecillas de colores.
En Oberammergau hay un telesilla que sube a 1.270 m sobre el nivel del mar en 20 minutos y un magnífico teleférico, con maravillosas vistas panorámicas de las montañas Wilder Kaiser, Karwendel, Wetterstein y Allgäu, así como de los lagos Staffelsee y Ammersee. En ambos recorridos puede hacerse un alto para tomar una cerveza o un almuerzo.
Es en este pueblo donde encontramos las compras típicas más baratas de toda la ruta. Los sombreros tiroleres, los trajes típicos, los objetos decorativos… Los comercios en Oberammergau son más baratos que en la Ruta Romántica y, por supuesto, mucho más que en Regensburg. Destacan especialmente los trajes típicos y los sombreros tiroleres, que pueden encontrarse en cualquier comercio del pueblo, con un gran abanico de precios y calidades. También a tener en cuenta la ropa deportiva, pues no debemos olvidar que nos encontramos a los pies de los Alpes.
Linderhof y Castillo de Linderhof
Antes de hablar de nuestra visita a Linderhof y su castillo, hay que hacer una pequeña introducción sobre los castillos del Rey Loco.
Los castillos de Luis II de Baviera son tren: Neuschwanstein, Linderhot y Herrenchiemsee. Pero se suele añadir un cuarto al circuito: Hohenschwangau, un castillo situado al pie de Neuschwanstein, donde Luis II pasó su infancia. La tradición exige realizar las visitas siguiendo el orden cronológico de la construcción de los castillos, para poder seguir mejor la biografía del más famoso de los reyes bávaros: Hohenschwangau, donde pasó su infancia; Neuschwanstein, mandado construir al inicio de su reinado, una de sus primeras locuras; Linderhof, una imitación de la forma de vida de la corte francesa; y Herrenchiemsee, un Versalles en miniatura. El castillo más famoso, el que aparece en las postales y en los cuentos de hadas, es el castillo de Neuschwanstein. Las visitas a todos estos castillos son guiadas. Os recomiendo firmemente evitar acudir en fin de semana, en especial si se trata de un día festivo y hace buen tiempo, pues estará atestado de alemanes.
De Oberammergau a Linderhor hay tan solo 12 km, en dirección a Ettal o Garmisch-Partenkirchen. Es aquí donde ya no está muy claro si te encuentras en Alemania o en Austria porque las fronteras son imprecisas, los pasos continuados y el Tirol se impone sobre ambas divisiones administrativas, ganando presencia y dominándolo todo. Pequeños pueblos y valles, montañas y lagos, carreteras y pasos a nivel, conforman el paisaje. La carretera, estrecha, bordeada de árboles, con múltiples curvas, nos va llevando, sin darnos cuenta, hasta la entrada del castillo de Linderhof, con su magnífico parque, donde se encuentra el aparcamiento obligatorio y de pago. En invierno sólo está abierto al público el castillo. La entrada al castillo permite también el acceso al resto de instalaciones, todas ellas con visita guiada. (7€ y guía en inglés, aunque tuvimos la suerte de poder escuchar las explicaciones en español que emitía un cassette estratégicamente escondido en cada habitación).
Linderhof era el castillo preferido de Luis II de Baviera, mandado construir en 1874, tras una de sus visitas a Versalles. Su nombre resulta de lo más evocador, “Meicost-Ettal” (el estado soy yo). Sólo vivió en este castillo, pasando aquí 15 días al mes durante ocho años. En sus últimos años no soportaba el contacto con la gente y por ello, en el comedor puede verse una mesa instalada sobre una plataforma y comunicada con la cocina, que queda en el piso inferior, de modo que pueda ser bajada, servida y elevada sin contacto directo con él.
En la parte norte del parque que rodea al castillo se encuentra la Cueva de Venus. Con una longitud superior a 100 m es la cueva artificial más grande de Europa y era utilizada para hacer representaciones de la ópera Thannhäuser de Wagner. Tiene un lago artificial con cascadas igualmente artificiales y ha estado iluminada con luz eléctrica desde que se construyó. En el centro del lago hay una barca con forma de concha, donde Luis II se acomodaba para escuchar su música preferida.
En el mismo parque, y encaminándonos hacia la salida, se encuentra el Pabellón Moruno, que había formado parte de las instalaciones de la Exposición Universal de París de 1867 y que fue comprado por Luis II para trasladarlo al parque de Linderhof.
En la parte más baja del parque está el Refugio de Hunding, cabaña tímidamente alemana totalmente construida en madera alrededor de un inmenso árbol vivo y su ramaje.
Oberammergau - Reutte - Lago / Plansee - Füssen - Schwangau / Hohenschwangau - Neuschwanstein - Füssen
En la búsqueda de los otros castillos de Luis II de Baviera, esta ruta es muy recomendable. Saliendo de Oberammergau con dirección a Reutte, (Austria), bordeamos el lago Plansee (Austria), para volver a entrar en Alemania en Füssen, ciudad que pertenece a la Ruta Romántica. De aquí a Schwangau hay unos pocos kilómetros y allí podemos ver el Neuschwanstein y el Hohenschwangau. El primero es el más fantástico de los castillos de Luis II de Baviera y el segundo, mucho más humilde, es el castillo en el que pasó gran parte de su infancia.
Füssen
Se encuentra muy próxima a los dos castillos y a la frontera con Austria y es una parada habitual. Tiene un casco antiguo encantador y se halla rodeada de numerosos lagos. Es una ciudad con una gran oferta hotelera lo que facilita la visita a sus magníficos alrededores. Hay que conocer alguno de sus maravillosos lagos en visitas de medio día o incluso caminando, almorzando en sus inmediaciones, y ver la cascada del río Lech, o el Bad Faulenbach (barrio balneario).
Los castillos
Atención: Hohenschwangau es el nombre de uno de los dos castillos pero también es el nombre del pueblo que se halla a sus pies.
Estos dos castillos están situados en la cima de una colina, en pleno bosque (cada uno en una). A sus pies Hohenschwangau, pueblo turístico con aparcamientos de pago y obligatorios, restaurantes caros, tiendas y oficina de información. Hay una consigna para mochilas, una oficina de correos, cabinas telefónicas y lavabos de pago. Poca información pero en varios idiomas. Las taquillas de Neuschwanstein cierran a las 5 de la tarde y las de Hohenschwangau a las 5,30. Las entradas se compran en el Ticket Center de Hohenschwangau pueblo, donde deben dejarse los coches obligatoriamente en el parking de pago. Las visitas son con guía obligatoria en alemán o en inglés pero hay una audioguía gratuita en varios idiomas. Si se desea, hay que pedirlo al comprar las entradas. Pueden adquirirse las entradas de víspera y dedicar el día completo a las visitas.
Una opción muy interesante es subir al Tefelbergbahn en telecabina. Se encuentra a 1 km de Hohenschwangau, en la carretera de Schongau. Funciona de 8:30 a 17h. Sube por la parte izquierda del castillo de Neuschwanstein hasta 1729 m., única forma de poder verlo en todo su esplendor pues la perspectiva entre montañas siempre es difícil de conseguir. De un modo u otro, es conveniente plantearse dormir en la zona para poder disfrutar de un día completo.
Hohenschwangau
Se puede llegar al castillo en calesa, que se toma en el Hotel Müller, o a pie, con un recorrido de unos diez minutos. Este castillo se construyó en 1832 por Maximiliano II, padre de Luis II, y fue donde el Rey Loco pasó su infancia. Pueden visitarse varias salas siendo las más interesantes las de los Héroes, la del Caballero del Cisne y la habitación de la Reina.
Neuschwanstein
Se pude llegar al castillo en calesa, que se toma en el Hotel Müller, en autobús o a pie. Hay un precioso paseo por el bosque que conduce al puente Marienbrücke. Puente de cuerdas tendido sobre el río… desde donde el panorama es espectacular. Nosotros coincidimos con un día en que, tras el castillo, un globo se mecía tranquilamente en el aire mientras la tarde caía. El lago, situado tras ambos castillos, también es un atractivo y pueden alquilarse pequeñas embarcaciones.
Este es el castillo maravilloso de los cuentos de hadas, construido en la punta de una roca, rodeado de magníficos montes nevados y perdido entre abetos y lagos. No llegó a terminarse nunca. El interior es digno de visitar, sobre todo por el estilo bizantino de la decoración de la Sala del Trono.
Desde este castillo podemos ver el Hohenschwangau y un lago tras él.
Esa noche cenamos en Füssen, en Franziskaner Stüberl, situado en Kemptener-Ritter Str., 1, un estupendo restaurante bávaro, pues seguíamos las indicaciones de Dorina y nos habíamos percatado de que son, efectivamente, de precios accesibles y comida abundante y bien cocinada, como demostramos dando buena cuenta de todo lo que nos sirvieron y regándolo con una media de casi 1 litro de cerveza por persona, eso sí, respetando la omnipresente coca-cola de Mireia y descontándola de los cálculos. En esta ocasión inauguramos la cata de licores, tomando unos jägermeister que cumplieron con las espectativas.
1 de octubre de 2005.- Augsburg - Prien - Lago Chiemsee (Herren insel y Frauen insel) - Salzburg
Augsburg
También este día madrugamos con la intención de disfrutar de la última mañana que nos acompañaría el sol, según los informes meteorológicos, y pusimos rumbo al Lago Chiemsee. Este recorrido corresponde a la Ruta de los Alpes. Se encuentra al sudeste de Munich, dejando a un lado la autovía de Salzburg.
Esta región es una de las primeras zonas turísticas de Alemania por la belleza natural de sus montañas y numerosos lagos, su perfecta situación geográfica, entre Munich y Salzburg, el magnífico Inn, que permite infinidad de paseos en barco, y la gran oferta de alojamiento.
Prien
La pequeña ciudad de Prien constituye la puerta natural al lago Chiemsee. En su embarcadero, Stock, que está a 2 km. de Prien, se puede dejar el coche en aparcamiento de pago y hasta allí se puede acceder en un tren centenario desde la estación de Prien. Hay barcos para las dos islas desde las 7:30 hasta las 19:30 cada 20 minutos en temporada alta. Es posible combinar las dos islas o elegir solo una.
El lago Chiemsee
Es el lago interior más grande de Alemania motivo por el que también recibe el nombre de “Mar de Baviera” con unos 80 km2, que en verano es un objetivo para los deportes náuticos y en invierno fascina a los visitantes por el maravilloso panorama que ofrecen las montañas nevadas que lo rodean y el azul intenso del agua, que contrasta con el paisaje blanco. Pero este lago es famoso por sus dos magníficas islas. Herreninsel (isla de los hombres) y Fraueninsel (isla de las mujeres). Entre ellas está la pequeña Krautinsel, de tan solo 3,5 ha. En la Herreninsel se encuentra el tercer castillo del Rey Loco, el Herrenchiemsee, un Versalles en miniatura.
Alrededor del lago, seis embarcaderos ofrecen sus servicios, aunque el de Prien funciona todo el año, ofrece más posibilidades y es el más cercano.
Herreninsel y el castillo de Herrenchiemsee
Esta isla es la más grande de las tres, con 240 ha. y en ella se encuentra el Palacio de Herrenchiemsee. Este palacio es el tercer castillo mandado construir por Luis II de Baviera. Su semejanza con Versalles se advierte, sobre todo, en la Galería de los Espejos, de casi 100 m de longitud que se iluminaba con cerca de 2.000 velas.
Puede visitarse el parque, pasear por los caminos, ver los juegos acuáticos y las figuras mitológicas. Hay un sendero que, en unos 20 minutos, nos lleva desde el embarcadero hasta los jardines del palacio. También existe la posibilidad de tomar una carroza en las cercanías del embarcadero. En el trayecto desde Prien hay un momento en que puede verse, desde el agua, la simetría de los jardines versallescos que descienden hasta la orilla con el palacio como fondo.
Fraüeninsel
La encantadora isla de las Damas es, sin ninguna duda, el mayor atractivo del lago Chiemsee. De apenas 1,5 km, tiene un pueblo pesquero, cuidadísimo pero al descuido, es decir, con unos jardines preciosos pero de apariencia natural, nada artificiales, y con abundantísimas flores a primeros de noviembre y en un clima en el que no abunda el sol. Nos maravillaba pensar cómo lo harían. Casa preciosas, barcas retiradas del agua. Patos nadando en las orillas y recorriendo el césped, como contrapunto perfecto al lago y para hacernos recordar que no es el mar, que a los de costa nos cuesta un poco ser conscientes de eso. Y unos restaurantes que mejor dejamos para la guía Michelín. El plato que yo tomé, que era algo así como Pescado del Lago Chiemsee, resultó exquisito. Fui capaz de distinguir la patata, la col, la zanahoria y, bajo una salsa blanca riquísima, un pescado en salazón. Buenísimo.
La isla Fraueninsel podría calificarse como el perfecto contrapunto a la suntuosidad de Herrenchiemsee. Todavía hoy las monjas benedictinas viven en el convento construido en el año 782, lo que le dio su nombre. Su curioso campanario oriental, sus maravillosos restaurantes con jardín o su milenario tilo, son atractivos a tener en cuenta.
Se accede a esta isla bien desde Herreninsel o directamente desde Prien/Stock (en 25 minutos) o desde Gstadt (10 minutos). Nosotros llegamos procedentes de Herreninsel y fue el retorno a Prien lo que nos resultó un tanto dificultoso pues decidimos, como buenos itakeños, irnos en el último barco pero lo esperamos en el muelle equivocado. Gracias a la amabilidad de los bávaros y a sus sistemas de comunicación conseguimos volver a Prien esa tarde, aunque eso supuso que nuestro barco nos esperase por más de diez minutos, gran ultraje a la mítica precisión alemana.
Una vez a salvo y en tierra decidimos que llegarnos a Salzburg sería el colofón ideal para ese día así es que enfilamos hacia Austria. En esa zona las fronteras están bastante entremezcladas y Salzburg nos esperaba allí cerquita.
Salzburg
Llegamos a Salzburg de noche y sólo pudimos intuir la belleza que se alza a orillas del Danubio. Con la baja iluminación nocturna nos valía para comprender que aquello era como un cuento de hadas: la catedral, la Fuente de la Residencia, el Castillo de Mirabell, la fortaleza de Hohensalzburg, los magníficos relojes coloridos que, al igual que en Baviera, decoran todas las torres de iglesias.
Aunque era de noche, hicimos el paseo obligado por la Getreidegasse, la calle más bonita y famosa de Salzburg, disfrutando de las estrechas casas prácticamente pegadas a la roca. Aunque no pudimos comprar sus famosos chocolates, vimos la casa natal de Mozart y nos fijamos en que, muchas de esas casas, tienen escrita en su fachada la fecha de construcción y la fecha de rehabilitación.
Personalmente lamenté mucho no haber estado en Salzburg con luz diurna para haber subido al Convento de Nenberg, que está junto a la Fortaleza, y disfrutar de las vistas panorámicas de Salzburg que, todo el mundo dice que son impresionantes, tanto es así que en ese Convento se rodaron las escenas de Salzburg de “Sonrisas y Lágrimas”. Pero queda como tarea pendiente para el próximo viaje.
Por el contrario, dimos varias vueltas por las calles comerciales y dejamos que nuestras naricillas se quedaran pegadas a los cristales, como si tuvieran un imán. Qué maravilla de escaparatismo!. Es digno de ver y lo mismo da que el comercio sea de bebidas, chocolates, gafas graduadas, sombreros o lo que se os ocurra.
Salzburg se mostró esquiva para enseñarnos su belleza pero eso mismo resulta ser su mejor reclamo para el retorno.
Regresamos a Augsburg y, los más pendejos nos fuimos a tomar algo mientras la gente formal se acostaba. Eso nos sirvió para entrar en conversación con una camarera que, mientras Mireia se tomaba un fastfood de primera (recordemos que esto es Alemania y aquí la comida es cosa seria) nos informó de que, si queríamos ir a la Octoberfest al día siguiente, mejor sería que estuviéramos allí a las 9 de la mañana porque, en caso contrario, sería difícil que pudiéramos encontrar medio metro de banco corrido en el que sentarnos a tomar una cerveza.
2 de octubre de 2005.- Munich Oktoberfest.- Dachau.- Augsburg.-
Oktoberfest
Y como somos muy formales y obedientes, a las 8 de la mañana estábamos en la carretera camino de Munich. Que temblase la Theresienwiese porque allí íbamos nosotros dispuestos a agotar existencias. El día estaba gris y medio lluvioso pero, tras los aparcamientos imposibles, miramos a nuestro alrededor y literalmente vimos una marea humana que se dirigía hacia el recinto. Hay una boca de metro muy próxima a la entrada y veíamos cómo salía la gente, en un porcentaje alto vestida con el típico traje bávaro. No podíamos distinguir cuándo acababa de salir la gente de un metro y cuándo empezaba la del siguiente porque la procesión era continua. Solo ver a la gente con sus vestidos ya era un espectáculo. Y eso a las 9 de la mañana!
¿Sabéis el origen de la Oktoberfest?. Merece la pena hablar un poquito de ello. En octubre de 1.810, el futuro Luis I de Baviera se casó con la princesa Teresa de Sajonia. A las celebraciones de la boda se invitó a toda la población de Munich por lo que se hicieron en un prado de las afueras y que empezó a llamarse “el prado de Teresa”, es decir, Theresienwiese. Durante aquellas celebraciones hubo carreras de caballos que, en adelante, se celebrarían todos los años. Como consecuencia, y desde entonces, surgió la celebración de la Fiesta de Octubre. Hoy en día la Theresienwiese es un gran recinto ferial donde se montan las innumerables y gigantescas carpas, en el mismo sitio desde 1.810.
Sin entrar en detalles de nuestro peregrinaje por las diversas carpas y nuestras conversaciones con vigilantes, guardas de seguridad, camareras y demás, pasaré a deciros que a las 9,30 pudimos sentarnos en una mesa central, rodeada de un banco corrido, en una carpa que abría las 10. Sí, sí. Lo dicho. Y menos mal porque, de otro modo, creo que nos hubiéramos quedado con las ganas. En algunos sitios nos dijeron que la gente reserva las mesas con meses de antelación.
Pero, de un modo u otro, a las 10 de la mañana teníamos frente a nosotros una cerveza de medio litro y un par de bandejas de brezel. Hasta Mireia dejó la coca-cola por una vez, claro que no creo que tiene mucho mérito porque al camarero ni se le ocurrió preguntarnos qué queríamos. Allí solo se bebe cerveza ¿marca?, la que patrocina la carpa; ¿clase?, sólo hay una. Así no hay problemas. Somos 7, pues 7 cervezas y hasta la siguiente ronda. El brezel es un pan blanco salado, con forma de nudo, que sabe buenísimo y estimula la ingesta de cerveza, que no saben nada estos alemanes.
¿Quizá os parece raro que estemos a las diez de la mañana bebiendo cerveza y comiendo pan? Pues no os extrañéis porque esto es sólo el principio. A las diez y media estábamos dando cuenta de unas monumentales raciones de salchichas, codillos, pollos asados y cosas similares. Hasta nosotros mismos estábamos un poco alucinados del comportamiento de nuestros estómagos, que no protestaban en absoluto, y de nuestros cerebros, que parecían responder a una sensación de hambre africana, cosa totalmente incomprensible porque los desayunos en el hotel eran pantagruélicos y apenas hacía 3 horas que habíamos desayunado.
En resumen, que cerveza va, cerveza viene, recién empezada la tarde salimos de allí, con la sensación de deber cumplido. Era la disculpa de nuestro viaje y, aunque no se trataba de la cosa más interesante, sí que era el símbolo por excelencia. Teníamos que hacerlo y debo reconocer que la experiencia es singular.
Visitamos la Marienplatz, donde vimos la Mariensäle, columna de María, la virgen patrona de Baviera. Vimos la fachada de la Neues Rathaus (nuevo Ayuntamiento) donde está el famoso monaguillo símbolo de la ciudad (Münchner Kindkl) y el carillón de la torre (Glockenspiel) aunque no pudimos verlo en funcionamiento (JaviVi y Mireia tuvieron más suerte y lo disfrutaron el último día, cuando el resto de los sufridores ya habíamos despegado de Alemania rumbo a nuestras casas). Estos autómatas representan un torneo y una danza llamada de los toneleros.
Algunos subimos a la Rathausturmes y disfrutamos las vías aéreas de la Marienplatz, el Viejo Ayuntamiento y las innumerables cúpulas de la ciudad, entre ellas, cómo no, las dos torres redondas de la Catedral.
Poco más tarde estábamos tomando alcohol en un tailandés y decidiendo la actividad de la tarde, que resultó ser la única en la que dividimos fuerzas porque se dividían intereses. Así, JaviVi, Mireia, Vicent y yo nos fuimos a visitar el campo de concentración de Dachau, y Raúl, Chelo y Olga se fueron a visitar un convento de frailes donde, según pone en los papeles, se elabora la mejor cerveza de Alemania.
Dachau es un tema del que no me apetece mucho hablar porque hasta la lluvia continuada contribuía a darle un aspecto fantasmagórico. Y sobre el convento tampoco hay mucho que decir porque, al parecer, estaba cerrado.
Augsburg
El primer grupo el llegar a Augsburg fuimos nosotros y, como era domingo, prácticamente todo estaba cerrado. Conseguimos encontrar un restaurante donde, a fuerza de esperar, nos facilitaron una mesa. En eso nos benefició el hecho de ser tan trasnochadores porque el restaurante estaba lleno a las 7 de la tarde y, aunque seguía lleno a las 10, que es cuando nos sentamos, y las 12 o la 1 de la mañana, que es cuando nos fuimos, como alemanes hay para todos los gustos tuvimos la ocasión de ocupar los asientos de algunos madrugadores.
Creo que todos estamos de acuerdo en que resultó ser el restaurante que más nos gustó de todos los que conocimos. Está en el centro histórico de Augsburg, en la Maxilimianstrasse, y se llama Flanders Köning. Con una decoración típicamente alemana, tiene bastantes salas, a distintas alturas. En todas ellas, grandes mesas de madera y bancos corridos. Allí probamos la Alligator, la cerveza con más grado que hemos tomado en Alemania. En ambiente era muy agradable y animado. Desde nuestra mutua incomprensión, intercambiamos cuatro frases y ocho risas con unos teutones sentados en la mesa de al lado. Nos medimos el índice de alcoholemia que llevábamos cada uno en el cuerpo, con resultados sorprendentes. En fin, lo normal.
Aquí tengo que hacer una confesión y es que apenas tuvimos tiempo de ver Augsburg porque salíamos por la mañana y no regresábamos hasta la noche. Y las guías dicen que hay cosas muy interesantes que ver, cosas que se quedan para ese próximo e imprescindible viaje.
En Augsburg establecimos nuestro cuartel general por hallarse geográficamente bien localizado para los recorridos que teníamos previstos. Resultó imposible conseguir habitaciones en el albergue y, finalmente, se hizo la reserva en el Jakoberhof, Jakoberstr., 41 con un precio de 39 € noche/habitación doble y desayuno incluido, con un baño por planta y lavabo en cada habitación. Los desayunos muy agradables, variados y abundantes. El acceso a las habitaciones es cómodo y la localización del hostal es buena, fácil de encontrar y con sitio para aparcar.
Entre ellas, y aunque apenas lo vislumbramos, no puedo dejar de citar la “Parte Baja donde encontraremos una ciudad dentro de la ciudad, que pasa inadvertida para quien sube por Maximilianstrasse y no presta atención a las escaleras que descienden hacia lo desconocido. Bajo esta gran avenida de lujo se oculta un barrio medieval con callejuelas sombrías, pequeños restaurantes y cafés, surcado en diversos puntos por encantadores canales por donde fluye el Lech”.¿Os ha gustado lo que promete este párrafo?. Creo que también a mí me gustará. En realidad, el párrafo está copiado textualmente de una guía que habla sobre Augsburg. No pudimos verlo pero forma parte de la lista de pendientes
3 de octubre de 2005.- Augsburg.- Nördlingen.- Dinkelsbühl.- Rothenburg ob der Tauber.- Würzburg.- Augsburg
La ruta romántica atraviesa Baviera de norte a sur, desde el Meno hasta los Alpes, a lo largo de más de 350 km, donde comienza la ruta de los Alpes. Algunas guías incluyen la ciudad de Würzburg como el inicio de la Ruta Romántica, pero hay elementos diferenciadores, como que Würzburg es una zona vinícola, cosa que se aprecia a simple vista, y que pertenece a la Baja Franconia, cosa que sólo pudimos conocer leyendo las guías y planos. Es decir, que la mayoría de las guías turísticas ponen el inicio de la Ruta Romántica en la ciudad de Rothenburg ob der Tauber y que nosotros partimos de esa idea. Y desde Rothenburg hasta Füssen pasamos por infinidad de pueblos, más o menos grandes, que componen esa maravillosa ruta. Todos ellos tienen atractivos que enseñar al turista; todos ellos son medievales; todos ellos comparten una estética y una cultura, y eso también está al alcance de los ojos del turista más despistado; todos ellos merecen la pena y son dignos de demorarse entre sus calles y callejas. Nosotros seleccionamos Füssen, Augsburg, Dinkelsbühl, Nördlingen y Rothenburg, quizá los más destacados, unos por su estado de conservación, otros por la singularidad de sus edificios y otros por su oferta específica. No en vano Rothenburg es el pueblo de la Navidad.
Nosotros hicimos el recorrido al revés: de sur a norte. Empezamos por Nördlingen y acabamos con una pequeña incursión en Würzburg.
Nördlingen
Como ya habíamos estado en Füssen, nos dirigimos a Nördlingen con la intención de ir subiendo. Se encuentra a 75 km al sudeste de Rothenburg. La característica más destacable de este pueblo totalmente amurallado es que tiene una forma redonda que resulta llamativa vista desde el aire. Ello es debido a que está asentado en el centro de un cráter provocado por un meteorito que cayó hace unos 15 millones de años. Algunas misiones espaciales americanas han venido a Nördlingen como parte de su entrenamiento.
Dinkelsbühl
Esta ciudad amurallada y medieval tiene la suerte, o la desgracia, de haber sobrevivido a todas las guerras. El buen estado de conservación de la ciudad hace que los turistas fluyan durante todo el año. Lo más interesante, por tanto, es un recorrido por el camino de ronda de sus murallas.
Todos los años, a mediados de julio, se celebra la Dinkelsbühler Kinderzeche, festejo que nos permite ver magníficos trajes de época, sobre todo de los niños, que son los protagonistas de la celebración que conmemora un asedio sufrido durante la Guerra de los Treinta Años.
Esta pequeña ciudad medieval, protegida por imponentes murallas desde el siglo XIV, ha sobrevivido a muchas guerras. 18 torres dominan las calles floridas y las coloristas casas del centro. En la actualidad, los turistas vienen de todas partes. Víctima de su encanto y del estado de conservación de sus muros, Dinkelsbühl se ha convertido, poco a poco, en una especie de ciudad-museo. No obstante, continúa siendo muy agradable fuera de temporada.
Es atractivo descubrir el casco antiguo a partir del “camino de ronda” con el “vigilante de noche”. Se hace todos los días (Oficina de turismo).
Cada año, a mediados de julio, la Dinkelsbühler Kinderzeche conmemora la liberación durante la guerra de los Treinta Años. Asediada y hambrienta, la ciudad se recuperó gracias a las súplicas de los niños. Una ocasión para ver los trajes de la época.
Rothenburg ob der Tauber
Tal como dicen las guías, merece la pena tragarse los kilómetros que sean necesarios para pasar un día en esta ciudad, recorriendo todas y cada una de sus calles y rodeando toda la ciudad por lo alto de la muralla, con sus doce torres en perfecto estado. La guía Trotamundos nos dice que esta pequeña ciudad, situada entre Würzburg y Dinkelsbühl, es el lugar más visitado de la Ruta Romántica. Está dominada por el zigzagueante curso del río Tauber (de ahí su nombre). Se recomienda visitar en primavera o en otoño la que muchos turistas consideran la pequeña ciudad más bonita de Alemania.
Durante la Guerra de los Treinta años, la ciudad se vio asediada por la armada imperial, cuya intención era arrasarla. Pero, después de probar el vino de Franconia, su mandatario lanzó una apuesta disparatada: si un habitante de Rothenburg conseguía beberse de un trago una jarra de 3,25 l de este vino, la ciudad sería redimida. El alcalde de la época aceptó el desafío (y levantó el codo): se bebió todo el contenido de un “magistral trago” (Meistertrunk) y la ciudad se salvó.
Tras esto, Rothenburg se fue empobreciendo progresivamente. Y fue una suerte para sus descendientes, ya que la propia pobreza de la ciudad impidió que se destruyesen las murallas y las casas, debido a la falta de dinero para invertir en los paseos o en las nuevas construcciones. A partir de 1871 empezaron a llegar los turistas sorprendidos por un decorado que todavía no era de postal. Destruida en un 40% durante la Segunda Guerra Mundial, Rothenburg fue reconstruida tal y como era entre 1950 y 1970.
En la actualidad el turismo constituye el principal recurso de la ciudad. Aquí es donde hay que realizar las compras navideñas, pues esta es su especialidad.
Es imprescindible el paseo por el casco antiguo y, sobre todo, la subida a la torre del Rathaus desde donde se observan sobrecogedoras vistas de la ciudad. Abstenerse quienes sientan vértigo. Es una de las pocas salidas que conozco directamente al aire. Espectacular y magnífico.
Y también, cómo no, estar en la Markplatz a las horas enteras para ver los autómatas asomados a las ventanas del Ayuntamiento, repitiendo eternamente el trago de vino que hizo libre a la ciudad.
Por supuesto, hay que ir a la tienda o, al menos, al museo de la Navidad de Käthe Wohlfahrt pues es toda una experiencia sumergirse en el mundo mágico y colorido de la navidad. A estas alturas de nuestro viaje ya sabemos que Alemania tiene una industria potente de juguetería, pero una juguetería especial, llamémosla romántica para hacernos una idea. No vimos juguetes de plástico, réplicas de robots o cosas similares, pero por todas partes hay juguetes de madera, increíbles muñecas de porcelana, delicados peluches, barros y porcelanas. Todo ese mundo y mucho más puede encontrarse dentro de las instalaciones de la inmensa tienda de Käthe Wohlfahrt. Una recomendación: si queréis hacer fotografías (que querréis, porque es espectacular) procurad llevar la cámara donde no esté a la vista porque están prohibidas.
Würzburg
Ya con la tarde muy avanzada llegamos a Würzburg. Apenas dimos una vuelta por sus calles, cruzando el magnífico puente que enlaza las dos partes de la ciudad. La noche avanzaba y el siguiente día debíamos ir al aeropuerto pronto, así es que decidimos despedirnos de la ruta romántica e ir a hacer las maletas.
Resumen
Y poco más queda por decir de un país que me resultó sorprendentemente encantador. Comimos y bebimos de un modo placentero, con largas sobremesas y entretenidas tertulias. Pateamos calles estrechas, medievales, increíbles… con edificios de madera y grandes macizos de flores saludándonos desde todos los balcones y ventanas imaginables. Vimos inmensos montes de picos nevados y preciosos lagos reflejando los azules del cielo. Llenamos nuestros ojos de paisajes y construcciones maravillosos, de una estética reconocible porque nos trasladó, de una forma más o menos consciente, a los paisajes y valores que impregnaron nuestra infancia, la de todos nosotros, a través de los cuentos infantiles o de los paisajes de puzzles juveniles, o fotos de calendario, o tarjetas postales que vivían en el fondo de los cajones de casa y que mirábamos maravillados con ojos infantiles y aún capaces de sorprenderse.
Sólo una advertencia: Hay tantas cosas para ver, tantos paisajes para andar, tantas calles para pasear, tantos rincones para mirar, tantas mesas en las que tomar una cerveza, que te hacen sentir que pasas por encima, que apenas vislumbras, que apenas sientes. A mí me generó una necesidad de volver pronto que, a veces, se me hace apremiante.
DATOS ÚTILES:
Compañías aéreas:
Mireia. Vuelo directo con Lufthansa BCN-MCH, con un costo de 235 €.
Olga Donosti, Vicent y Ane: BIO-Paris, con AirFrance; una hora de enlace en el Charles DeGaulle y París-MCH con AirFrance, con un costo total de 212 €.
JaviVi: Madrid-Milán-Munich, con Alitalia, con un costo de 170 €.
Vehículos:
Mercedes 180 Kompressor, gasolina, automático, alquilado a través de Dollar, en una compañía próxima al aeropuerto (se desplaza una persona con un vehículo hasta el aeropuerto para llevarse a sus instalaciones a recoger el coche y formalizar el contrato). Desde las 11:00 del día 28/09/05 hasta las 09:00 del día 4/10/05, con un costo de 291 € (vehículo entregado en el aeropuerto). Condiciones: Devolver el coche con el depósito lleno y, o bien pagar una fianza o bien contratar un seguro.
Smart For Four, gasoil, automático, alquilado en la compañía Europ Car de Augsburg. Desde las 08:30 del día 29/09/05 hasta las 09:30 del día 04/10/05, con un costo de 199 €. (vehículo entregado en el aeropuerto).
Hostal en Augsburg:
Hotel Jakoberhof: Jakoberstrasse, 39. Muy bien situado, a 50 m de la Fuggerei. Gran edificio con torrecillas y fachada totalmente verde, que alberga un hotel-pensión de lo más familiar. Decoración muy alemana. Alquiler de bicicletas.
Oberammergau:
Información de la ciudad y de las casas pintadas. info@oberammergau.de
Teatro de la pasión. passionstheater@oberammergau.de
Inmenso Belén. museum@oberammergau.de
Telesilla. kolbensesselbahn@oberammergau.de
Teleférico. laber-bergbahn@t-online.de
Cuentos de Grimm, en Ettaler Strasse, 41.
Füssen:
Comedia Musical de Ludwig II, el “musical”.- www.ludwigmusical.com
Hohenschwangau:
Calesa de acceso: 3,50 € subir y 1,50 € bajar.
Neuschwanstein:
Calesa de acceso; 5€ subir y 2,5€ bajar.
Autobús: 1,80€ subir y 1€ bajar.
München:
www.alemania-online.de
Thailandés: “Thaifoon”, Frauenplatz, 7.
www.thaifoon.de
Ane Belén Urretxu