Fuerte San Miguel y las viboras

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Chuy es cuanto menos un lugar curioso aunque no tenga el mas mínimo encanto. Administrativamente esta formado por dos pueblos Chuy en Uruguay y Chui en Brasil, pero en la practica constituyen uno solo.

La avenida principal es la que separa los dos países y se puede pasar de uno a otro con solo cruzar dicha avenida.

Llego a Chuy desde Cabo Polonio después de tomar varios autobuses que me llevan sucesivamente a Barra de Valizas, Castillos y por fin Chuy. El autobús me deja en la plaza principal de la parte Uruguaya solo a una manzana de la avenida y por tanto del Brasil. Mi intención es ir a Fuerte San Miguel una pequeña fortificación que construyeron los españoles en el siglo XVIII para defender sus territorios del ansia expansionista de los portugueses.

Pregunto por algún autobús que me acerque hasta el fuerte pero la amable señora de la compañía de autobuses me indica que hay otra compañía que sale antes hacia allí. Me indica la dirección. Esta muy cercana y me voy caminando.

Al llegar consulto los posibles autobuses para la vuelta expresando que voy a visitar el fuerte y mi deseo de volver en una o dos horas como mucho. Entonces la señora que despacha los billetes empieza a ponerme pegas. Que si hay que caminar mucho desde la parada del autobús.Que si no tienen autobuses de vuelta y lo peor de todo: que es muy peligroso caminar por allí porque aquello esta lleno de víboras.

Lo de caminar no me preocupa. Estoy muy acostumbrado, pero que no haya ningún autobús después y sobre todo lo de las víboras si que es preocupante.

Vuelvo a las oficinas de la compañía de autobuses en la que había estado anteriormente para comprobar posibles autobuses de vuelta y le comento a la señora que esta allí lo de las víboras y la gran distancia a caminar. Me tranquiliza sobre ambos extremos. No esta tan lejos y solo hay que caminar con cuidado. Me voy a tomar el autobús que parte a los pocos minutos. Este me deja en un pequeño puesto aduana de la frontera y allí pregunto por el camino que lleva al fuerte.

Camino con cuidado mirando hacia uno y otro lado. Cuido que ninguna de mis pisadas pueda producir la ira de las víboras que por allí moran.

El fuerte esta muy cercano y, afortunadamente, no he visto ninguna víbora. Esta muy cuidado y las restauraciones de las que ha sido objeto no han alterado en absoluto su aspecto ni su solera.

Entro en el interior. Desde las partes mas altas se divisa un río y una llanura inconmensurable. Son las tierras del Brasil. Luego, al rodear el fuerte, descubro un antiguo cementerio de cierto encanto. Continuo caminando con el máximo cuidado aunque cada vez estoy mas tranquilo al no divisar ninguna víbora. Vuelvo a la carretera. Allí en el puesto de aduana me reconoce un hombre que me ha oído hablar en las oficinas de la compañía de autobuses de Chuy.

Me saluda y les comenta a los oficiales de la aduana que soy español. Aunque son brasileños hablan un castellano perfecto y sin acento. Les comento lo de las víboras y me dicen que efectivamente hay muchas víboras en la zona y que ellos, algunas veces, han disparado sobre alguna pero que ahora, al ser invierno, las víboras están aletargadas invernando y que solo son activas en verano.

Al parecer existe un tipo de víbora de color negro y de entre un metro y medio y dos metros de longitud que afortunadamente ataca al resto que son las venenosas.

Son cerca de las seis de la tarde y falta muy poco para que se ponga el sol. Les pregunto si hay algún autobús de vuelta o a algún pueblo donde me pueda alojar.

Al poco pasa un viajo autobús americano de esos amarillos con ese letrero característico en el frente: SCHOOL BUS. El oficial de aduana se acerca y le dice al conductor:

- Este señor es ciudadano español. ¿Le podría acercar a Chuy?

El conductor asiente con la cabeza y me introduzco en el el bus después de de darle cortésmente las gracias.

Unos cuantos adolescentes viajan en dicho autobús.

Entonces pienso en lo interesante que hubiese sido encontrarme con una víbora. Mi mente, a veces demasiado infantil, me imagina luchando con la víbora y por supuesto venciéndola pero ¡que fácil es pensar así ahora sentado cómodamente en el School Bus que me conduce a Chuy!

Aunque hubiese sido algo para contar a los nietos prefiero no haberme topado con ninguna víbora.

Fecha: 
September 2005
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