La isla es grande, más de lo que pensábamos, es la segunda en tamaño de Italia después de Sicilia. Así que nos limitamos a rodar por las cercanías de Alghero y norte de la Isla.
Si algo nos ha sorprendido en este viaje a Cerdeña que hemos realizado han sido sin duda, la infinidad de tonalidades azules del mar...
A pesar de que el tiempo no ha acompañado excesivamente, encontramos un paisaje poco usual, en una isla de playas y paisajes soleados. Hemos tenido de todo, sol, lluvia, viento y casicasi nieve, sí hemos podido degustar de numerosos rinconcitos, calas, acantilados, playitas de blanca arena y de agua azul turquesa...
Sorprende el contraste de la vegetación, la montaña y el mar, que en pocos kilómetros va cambiando de orografía y de colorido...
Tras aterrizar en el aeropuerto de Alghero con la compañía de viajes chollo www.ryanair.com , cogimos el coche de alquiler www.hertz.com y fuimos directamente, (y casi como de costumbre, "sin perdernos",) a buscar el bed and breakfast catalán http://www.bed-and-breakfast-alghero.com/ económico y excelentemente atendido por Loredana y su mamá, que nos proporcionaron información valiosísima para conocer diferentes rincones de la isla; esa noche solo nos dió tiempo a tomar un tentempié y beber una cervecita, comprobando "in situ", que la prohibición de fumar en locales públicos la siguen a rajatabla...
La primera mañana, tras un desayuno reponedor empezamos ruta hacia el norte, siguiendo las recomendaciones de la simpática Loredana...cruzando una de las grandes ciudades, Sassari, en la que no nos entretuvimos demasiado, viendo el caos circulatorio reinante... (La verdad es que queríamos un poco más de tranquilidad), así llegamos a Castelsardo a unos 60 kilómetros...aparcando en el mismísimo centro nos dimos un paseíllo por el casco antiguo. Castelsardo es un pueblo pintoresco, con un castillo rodeado de bonitas fortificaciones. La fortaleza, las iglesias y las callejuelas...todo de un austero estilo medieval. Si algo sorprende es la amabilidad de la gente, te saludan por la calle y te dan conversación...hasta para vender sus cestitas típicas artesanales, son tremendamente respetuosos...
Quizás no hay tanto arte como en la bota italiana, pero no se puede negar que el pueblecito tiene su encanto...Y las vistas desde el castillo son impresionantes.
El paisaje, rocas, y agua...azul y el continuo griterío de las gaviotas, es la imagen permanente de todo el viaje... También nos llaman la atención las casitas de los pueblos, coloreadas en diferentes tonos pastel.
Ya pensando en la hora de comer, nos acercamos a un pequeño pueblecito llamado Lu bagnu, a 5 kilómetros y acudimos bajo consejo, al restaurante Ampuries donde nos dimos el gustazo de comer unos "espagetti a la marinera", pero la especialidad sarda es “al cartocho”, y vienen envueltos en papel de aluminio, y unos "tallarinni con funghi" y cigalas que nos harían prácticamente ver el cielo...y por si aún no habíamos llegado, el licorcito sardo "mirto", ya sí nos permitiría hablar con dios de tu a tú...
Por la tarde estuvimos en uno de los lugares más bonitos Stintino situado en el noroeste de la isla, que aunque es lugar de veraneo y por tanto estaba vacío, sí se podía admirar las bonitas playas con una arena blanquísima y una cristalina agua con tonalidades de azul turquesa fantásticas... ese paisaje y esa tranquilidad, prácticamente invitaba al relax y al recogimiento...
Llegamos hasta el Capo Falcone, es un lugar con vistas increíbles, rocas, pequeñas playas de arena muy blanca. Curiosamente enfrente está la islita Asinara (parque natural) donde según unas muchachas veterinarias que conocimos, se localiza una especie única de "burros albinos"...
Esa noche, nos esperaba pizza...en un bonito local llamado poco-loco, nos zampamos medio metro de pizza, pues servían "a metros", amenizado con una actuación en vivo de jazz moderno...
El segundo día, escogimos la ruta sur...costeando, fuimos admirando la belleza de un paisaje singular, acantilados, montaña llena de una verde vegetación y el mar...con un trazado lleno de curvas, fuimos transitando prácticamente solos por la carretera, entre nubes y claros llegamos al bonito pueblo de Bossa, un pueblecito de pescadores, con un casco antiguo, no especialmente bonito, pero sí, típico, con sus comercios y sus cafeterías...evidentemente allí nos esperaba un capuchino, para reponernos del frío...aprovechamos para comprar unos vinitos y unos licorcitos sardos...
Cruzando por el interior comimos en Macomer, un pueblo sin ningún interés, excepto el restaurant donde comimos exquisitas especialidades sardas y fantásticamente atendidos por un simpatiquísimo camarero, que a parte del Mirto, el licocirto sardo que ya siempre tomábamos después de comer o cenar, también nos hizo degustar otro licor, de regaliz, no era sardo, pero sí una especialidad italiana, concretamente de Calabria.
Continuamos ruta por el interior de la isla, en dirección a Alguero, y seguimos disfrutando de paisajes verdes, (más de lo que pensábamos, al tratarse de una isla mediterránea), valles, montañas, lagos......preciosos paisajes...
Llegamos a Alguero justos para disfrutar de una espectacular puesta de sol, desde las murallas que rodean la ciudad, en el casco antiguo. Hicimos unas fotos muy bonitas. Después dimos un paseo por el centro histórico. Cabe destacar de Alguero, que es una pequeña ciudad, con un puerto bonito, no demasiado grande. Con un precioso casco antiguo, con un paseo marítimo digno de ver, en la muralla costera que rodea la ciudad, con unas vistas espléndidas hacia el mar y con varias torres de vigilancia a través del paseo.
Por la noche volvimos al casco antiguo, a pasear por esas calles empedradas. Encontramos una pizzería, decorada de un verde intenso, Pizzería Passaparola, y allí cenamos, unas pizzas exquisitas, y nos tomamos unas cervezas. Un sitio muy recomendable, riquísimas pizzas, y muy bien de precio. En realidad, todos los sitios donde hemos comido y cenado son muy recomendables.
Curiosidad de Alguero, hablan un dialecto del catalán..... por lo que algunos, como las señoras que atendían el B&B donde nos alojábamos, entendían el catalán, y hablaban ese curioso dialecto......
El último día nos acercamos hacia la que nos habían dicho era una de las maravillas locales, las cuevas de Neptuno en el Capo Caccia parece ser que son unas grutas muy bonitas llenas de estalactitas y estalagmitas. Hemos dicho, "parece ser", por que nosotros no llegamos a entrar, entre otras cosas por que el mar estaba un poco movidito y porque a Silvia no le hacen mucha gracia los espacios cerrados...pero vaya, el exterior también valía lo suyo...
El Capo Caccia se encuentra muy cerca de Alguero, entrando en la Penisola Cristallo.
Los paisajes por esa zona son bellísimos, tanto en la costa como el interior.... La carretera se iba elevando sobre el nivel del mar y cada vez era más alta y montañosa, disfrutando así de unas vistas impresionantes. Fuimos parando junto a la carretera para disfrutar de los paisajes. Casi al final de la carretera, seguimos las indicaciones de una señal que decía “panorámica” y allí descubrimos una vista impresionante hacia el mar abierto, un acantilado de vértigo, y frente un islote rocoso que rompía el mar. Esto con un viento imponente. ¡¡Menos mal que no nos lo perdimos!!
A comer iríamos a buscar el nombrado vechio molino a degustar el famoso ericci (erizo de mar)...después de callejear, tuvimos la mala suerte de encontrarlo cerrado... (nos quedamos sin ese manjar, por que parece ser que solo lo sirven ahí...y sólo puedes comerlos en enero y febrero) bueno, ya tenemos excusa para volver...
Comeríamos de todas formas en osteria maquiavello un menú riquísimo marinero, bañado con vino de la casa y rematado como no, con mirto y grappa, otro famosísimo licor sardo, de casi 50º, que casi no fui capaz de probar.
El sol nos obsequió con una bonita puesta en el último atardecer de alghero...
Ya de vuelta por la noche, nos esperaría "a las tantas" un nuevo plato de "espaguettis con aglio", que nos preparó Aldo, nuestro amigo italiano, en su casa ya en Gerona...y vuelta para casa, con la "grata sorpresa" de encontrarlo todo nevadito y la "mala sorpresa" de anulaciones de vuelos, retrasos para llegar a Sevilla y la perdida de la maleta de Silvia, que puso la nota algo negativa ...pero vaya, a fin de cuentas, un bonito viaje, si señor...
Destacaríamos, a parte de su excelente comida, es la arena tan blanquísima de sus playas, ya que no la había visto por estas latitudes, únicamente en algunas playas del caribe. También el color turquesa del mar, la luz en esta época del año, esas nubes de algodón, que parecían estar pintadas en un cuadro, y las tonalidades en general.....azules, turquesas, grisáceos..... preciosa Cerdeña...