Crónica del Nordeste de Brasil

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RIO DE JANEIRO

La expedición a Brasil estaba compuesta por itaqueños y no itaqueños. El primero en llegar era Julio, que aterrizó una semana antes y con el que sólo compartiríamos unos días del viaje, pues tenía que volver antes.
Carmen y Montse volaron con Air Madrid y llegaron al aeropuerto unas tres horas antes que nosotros. Olga, Susi, Carlos y yo volamos con Iberia, canjeando puntos de la tarjeta travel club, 3.000 puntos y 172 euros fue el coste de nuestro vuelo a Río ida y vuelta.

Julio vino a buscarnos a todos al aeropuerto y cuando ya nos reunimos todo el grupo, no se sabe muy bien como fue, pero por cosas que pasan del destino, en vez de coger taxis, nos subimos al bus del aeropuerto con destino a Flamengo y nos sentamos en los asientos más próximos al fondo.

Muchas horas de vuelo, cada uno además vivimos en ciudades distintas, así que en el bus íbamos todos de charla poniéndonos al día y sacando cámaras para inmortalizar ese momento del reencuentro.
Yo estaba incorporada hablando con Montse y Carmen que iban sentadas delante de mi, cuando veo en la entrada del bus como un tipo con gorra está apuntando a una rubia con una pistola. Mi cabeza rápidamente empezó a pensar y lo primero de todo fue advertir a mis amigos. Empecé por Montse y Carmen, que era con las que estaba hablando en ese momento: “chicas, ahí delante hay un pavo apuntando a una rubia con una pistola”. Seguido me senté muy despacio en mi asiento y le pase esa misma información a Carlos, que me miró muy serio y me dio la sensación de que su cabeza también empezó a procesar rápidamente la información. Al otro lado del pasillo estaban Olga, Susi y Julio, sacando cámaras para hacernos fotos de nuestros primeros momentos en Brasil. Discretamente, les transmito la información del pavo apuntando a la rubia con una pistola, pensé que me escucharon. En ese instante, el pavo ya estaba a nuestra altura.

Sobre mis piernas tenía una pequeña mochila con todo lo importante y Olga sobre las suyas tenía una gran mochila, que saltaba a la vista que era mucho más gorda y llena que la mía. El asaltador vió las cámaras en las manos de las chicas y sin dudarlo se las quitó de las manos y se las colgó del hombro. Miró mi mochila, miró la de Olga y tampoco dudó, la agarró y tiró de ella, pero Olga la seguía sosteniendo con sus manos y tiró hacia si de ella........ en esos momentos mi cabeza debió pensar ¡dásela, por el amor de dios, dásela ya mismo!!!!!!!!!!!!!!!! Olga me miró, yo la miré y le transmití eso mismo sin palabras: dásela, dásela, dásela, sin dudar, y Olga la soltó........ufffff , menos mal, el pavo no se había alterado ni nada, tiró de la mochila nuevamente y se la colgó al hombro. Continuó hacia los asientos de atrás y mientras Carlos y yo guardábamos nuestras cosas más importantes en los lugares más recónditos, de manera que si volvía a pasar, yo le daría mi bolso, pero evidentemente, sin nada importante.

El atracador volvió sobre sus pasos, miró mi asiento, supongo que recordaba haber visto algún bolso, pero Olga le interceptó, y a mi casi me da un ataque, porque no hacía más que ser espectadora del enorme peligro al que Olga se sometía, pues bien, le interceptó y le pidió por favor que le diera el pasaporte, eso le distrajo de la visión de mi mochila, se quedó dudando unos segundos y después continuó hacia el comienzo del autobús sin llevarse nada más.

Una vez se bajó, montó en un coche que nos estuvo persiguiendo durante un buen rato hasta que nos perdió.
Parece ser que mientras todo este atraco sucedía, había otro individuo apuntando al conductor del autobús con otra pistola, a ese no llegué a verlo.

Después de esto, el resto fue visita a la comisaría, llamadas al consulado, a la compañía aérea. El robo fue bastante sustancioso: cámaras de fotos, lentillas, tarjetas de cámaras, libros, dinero, documentación, ropa y los siete billetes de avión air pass de todos.

El seguro de robo lo teníamos contratado, habíamos visto demasiados comentarios en los foros de viaje y por primera vez, muchos nos hacíamos un seguro. Fue con Seguros Elvia, de Mondial Assistance a través de viajes Iberia y desde luego, no se lo recomiendo a nadie. Contratamos la póliza de cobertura más amplia (36 €) y mira tu por donde la letra pequeña sólo incluye el 50% de las cámaras de fotos y no cubre: tarjetas de crédito, billetes de transporte, dinero metálico, títulos valores, llaves, material deportivo, material profesional, gafas, lentillas, prótesis y similares, teléfonos, aparatos electrónicos e informáticos.

En definitiva, en caso de robo como fue esta situación, no cubrió prácticamente nada, por no hablar de la demora en el pago de la indemnización.

Respecto al miedo, lo cierto es que ninguno tuvo miedo mientras se desarrollaban los hechos, era como estar inmerso en una película que no sabes muy bien de que va y no te da apenas tiempo a tener emociones. En mi caso mi cabeza iba funcionando a mil por hora, y la conclusión fue clarísima desde el instante en el que vi al pavo apuntando a la rubia con una pistola: lo más importante es la vida, el resto sólo son cosas, te indignarás, te cabrearás y la rabia te invadirá, pero podrás sentir todo eso y contarlo, y eso es lo importante, que puedas contarlo.

Después de pasar bastante tiempo en la comisaría, nos fuimos para el hotel Regina, y cuando me metí en la cama tras una ducha y una vez apagada la luz, en ese momento llamé a Montse, que dormía en la cama de al lado y le dije: Montse, ahora es cuando tengo miedo, no hago más que ver a Olga tirando de la mochila y diciéndole al pavo de la pistola que no.... y ahora pienso en lo que podría haber pasado y es ahora cuando tengo miedo. A ella le pasaba también.

Lo de los precios de las habitaciones en Brasil tiene guasa. Te dan habitaciones de tropecientas camas a veces, pero te cobran por persona, no por habitación, así que dos habitaciones iguales pues no valían lo mismo.

Hotel Regina.
Rua Ferreira Viana 29
Flamengo
Tlf. (21) 2556.1647
hotelregina@hotelregina.com.br
www.hotelregina.com.br

La división del grupo fue por roncadores y no roncadores. Parecía que al principio iban a ser 5 leones de la metro y 2 silenciosas y así nos repartimos.

La habitación de los 5 costó 200 R$ y la de las 2 (que también tenía 5 camas) costó 116 R$. La media fueron de 45 R$ por persona.

El desayuno muy abundante.

El robo de los airpass tuvo su guasa. A primera hora de la mañana nos plantamos en el aeropuerto en el mostrador de la Vasp, con nuestra denuncia y el pasaporte de Olga en forma de fotocopia (en el consulado español le dijeron que no había problema y que si la compañía aérea le ponía pegas, que llamáramos al consulado)

Lo de la Vasp era kafkiano, nuestros nombres estaban en sus ordenadores, nosotros llevábamos encima los recibos de los pagos de los billetes, el fax de la compañía en el que nos habían autorizado los vuelos y toda la documentación habida y por haber, pero los del mostrador no nos dejaban volar, simplemente nos decían que no y nosotros no entendíamos nada, ¡estábamos en sus ordenadores!!!! Llamamos a la Vasp en España, porque ahí nos habían atendido genial, pero no conseguíamos nada. De repente, y sin saber porqué, nos dijeron que adelante, que embarcáramos corriendo que el avión salía..... inexplicable. Ahora que ha pasado el tiempo, igual era que esperaban una “mordida”, pero ninguno de nosotros pensamos en ello, simplemente no entendíamos que saliendo en sus ordenadores y con toda la documentación que llevábamos, no nos dejaran volar.

SALVADOR DE BAHÍA

ALOJAMIENTO
Pousada Colonial
Rua Direita do Stº Antônio 368
Centro histórico
Tlf.fax 0055 (71) 243.3329 - 8817.2724
www.colonialpousada.com
reservas@colonialpousada.com

Era muy bonita, pero un poco cara. Después de lo del atraco andábamos algo descolocados y no mirábamos mucho los precios. En Salvador de Bahía gastamos mucho, no mirábamos demasiado por el presupuesto, menos mal que al poco tiempo nos centramos más y ya encontramos alojamientos bastante más baratos. Pero la pousada, hay que reconocer que era preciosa, muy bien cuidada.
Cogimos dos habitaciones con baño. Una de 4 personas y otra de 3. Dos noches 700 R$ (50 R$ p/p la noche)

DATOS DE INTERÉS

Cena en la plaza Terreiro de Jesús. Francamente, para mi de las cenas más sosas y malas. Bastante guiri, pero como ya he comentado antes, íbamos algo empanados. Costó 185 R$ (26.4 p/p). Al menos tuvimos música en vivo que nos amenizó bastante y algunos del grupo incluso salieron a bailar. Yo pasé un frío de mil pares, pero disfrutamos bastante a pesar de que la cena no era muy allá.
· Restaurante Mama bahía
Rua das Portas do Carmo, 21. Pelourinho
www.mamabahia.com.br
Tlf (71) 321.4397
Comer 5 personas costó 139.92 R$ (28 P/P) Resultó que venía en la lonely, pero hay que admitir que comimos bastante bien. La carne estaba en su punto, algo muy raro a lo largo de todo el viaje. En la costa nordeste de Brasil es difícil comer carne bien hecha, tierna y sin demasiada sal, y aquí al menos fue un acierto, algo caro, pero valió la pena.
· Taxi, pues si necesitáis una Van allá van los datos de un taxista con el que nos movimos: Joao de Jesús. Tlf (71) 9136.1821. Mail joaodedeussstranstur@ig.com.br
· Noches de martes. Música en vivo por todas las calles. Coincidimos con la fiesta de la primavera, así que había escenarios por todas las plazas con grupos tocando por doquier, las escuelas de samba, ensayando por las calles a toque de tambor, muy chulo.

MORRO DE SAO PAULO

A sólo dos horas en catamarán desde Salvador de Bahía, está esta isla tan bonita y marchosa cuyas playas no tienen nombres y se las conoce por su número, la primera, la segunda, la tercera y la cuarta. ...bueno, algunas si tienen nombre, pero son las menos conocidas y concurridas. Cuanto más bajo es el número de la playa, más ruidosas son las pousadas, si te vas alejando vas encontrando más tranquilidad y lo cierto es que andando están todas bien cerca y vale la pena alojarse lejos, que para salir de marcha sólo hay que dar un pequeño paseo.
El precio del catamarán ida y vuelta por persona fue de 90 R$ y la entrada a la isla 1 R$.

ALOJAMIENTO
Aquí ya empezamos a actuar con sensatez, llevábamos un ritmo de gasto bastante fuerte y el viaje acababa de empezar. Miramos algunas pousadas y nos decidimos por la Pousada Genova/Tia Lita. Bastante elemental, pero suficiente para nosotros. Costó 80 R$ el alojamiento de 5 personas (16 R$ P/P menuda diferencia con Salvador de Bahía) desayuno incluido y baño en la habitación, internet gratis y a unos pasos de la playa. Es probable que suban algo el precio porque estaban de reformas.

RECIFE / OLINDA

Las dos ciudades están seguidas. Olinda es una preciosidad y es donde decidimos alojarnos.

ALOJAMIENTO
Albergue de Olinda.
Rua do Sol, 233 -Carmo 53120-010 - Olinda - PE Fone: xx-81- 3429.1592 Fax: xx-81- 3439.1913
www.alberguedeolinda.com.br
alberguedeolinda@alberguedeolinda.com.br

Para mi, fantástico. Las habitaciones sencillas, cogimos dos, una tenía baño y la otra no, pero como el albergue estaba casi vacío, teníamos a nuestra disposición todos los baños. Nos fue muy bien. Lo mejor de todo el jardín y su piscina, una preciosidad, y la guinda, pues como no, las hamacas, donde nos podíamos tirar horas.
El precio, aquí ya nos habíamos espabilado y francamente, se pueden encontrar alojamientos buenos, bonitos y baratos. Costó 19 R$ P/P con el carnet de alberguista.
El chico de la recepción, un encanto.
Fue uno de los sitios en los que más a gusto me encontré.

COMER

· Saliendo del albergue hacia la derecha, caminando unos metros en la acera de la izquierda y casi llegando a la plaza Do Carmo, donde confluyen la Rua do Sol y la Rua do Farol, hay una terraza a la que nos hicimos asiduos por lo bien que cenábamos y lo barato
· Comer en Recife. Restaurante Donatario. Nos lo recomendaron unos brasileños que estaban en el albergue: un gran acierto, comimos de cine. Rua do Bon Jesus 237. Tlf 3424.9591. Muy abundante, el sitio bonito, comimos genial, sabroso y en cantidad: camarones, pescadito, mejillones… de todo. Eso si, algo caro, unos 8€ p/p, con aperitivos, principales, café y postres pero lo valieron y nos apetecía un homenaje (comparado con España es baratísimo). Altamente recomendable.

OTROS DATOS

Nuestro taxista Cid (pronunciado Side) Una de las personas más entrañables que conocimos en Brasil, un hombre fantástico y majo de verdad. Al principio lo cogimos para recorrer Recife más rápido porque íbamos algo justos de tiempo, pero nos encariñamos mucho con él y acabamos haciendo varios trayectos y compartimos momentos inolvidables del viaje.

Ya os digo que al principio nuestra intención era hacer un recorrido rápido por Recife para poder llegar a tiempo a Olaria de Brennan. Se portó genial y nos lo pasamos en grande con él. Negociamos 65 R$ toda la tarde, pero fue un día tan divertido que al final le pagamos el precio que nos había pedido de salida.
Al día siguiente fuimos a Porto Galinhas con él también por 140 R$.
Al aeropuerto: 25 R$
Estos son sus datos:
Cid
Movil: 9972.0226
Particular: 3439.0917

PORTO GALINHAS

Una playa espectacular y altamente recomendable. Exquisitas las cremas de camarón, marisco y atún con salsa de crema de coco que vendían los ambulantes por la playa a 3 R$ un cuenco abundante. Si no hubiera sido por Cid, seguramente que ni las habríamos probado, pero nos pusimos morados.

FORTALEZA

Aquí estuvimos sólo de paso una noche. Llegamos en un vuelo a última hora del día y fuimos directamente al albergue Atalaya del H.I.. Los precios rondan entre 25 y 30 R$ dependiendo de si es cuarto o habitación con baño.
Ubicada en Av. Beira Mar 814 - Praia de Iracema
Tlf. (85) 219.0658
Mail: contato@alberguedajuvenudeatalaia.com.br
pousada@pousadaatalaia.com.br
www.alberguedajuventudeatalaia.com.br

Por la mañana cogimos el bus a Jijoca, que es la ciudad más cercana a Jericoacoara. Se cogen los buses a las 9.30 de la mañana en el paseo marítimo a 30''5 R$ por persona.
De Jijoca a Jeri, se cambia de tipo de vehículo, una jardinera, que va incluída en el precio.

JERICOACOARA

Lo primero y muy importante a tener en cuenta, es que en Jeri no hay cajeros, ni bancos ni nada, tampoco en Jijoca, así que más vale ser prevenidos y llegar con pasta. Nosotros tuvimos auténticos problemas, afortunadamente Susi y Carlos llevaban euros y dólares y pudimos cambiarlos en el restaurante Sabor a Terra, que es el único sitio de Jeri donde te cambian y a una tarifa que no es precisamente la mejor (3.10 el euro, cuando normalmente eran 3.3)

ALOJAMIENTO
Nos alojamos en la Pousada de Peixe D’Ouro, un sitio realmente agradable. Los dueños son una pareja de italianos encantadores, que nos hicieron la estancia muy familiar. La Pousada tenía una mini piscina, fantástica para un último baño del día, era chiquitica como una bañera. El comedor está en el jardín. La verdad es que estuvimos fenomenal. Nos costó 20 R$ por persona (tener en cuenta que en temporada alta los precios suben)
En estos momentos están cambiando la web, pero en cuanto la tenga la pondré.
Esta es la dirección:
Rua Novo Jeri 54
Telefax (88) 669 2212
Y el mail: meri_furlan@yahoo.it

Jeri es muy pequeñito, así que todo está cerca. Las calles no están asfaltadas, todas son de arena de playa, pero todo el mundo va calzado, así que donde vayas haz lo que vieras.

La primera mañana, algunos se la tomaron de relax y otros nos marchamos de trecking por la playa, porque caminar por la costa tenía tela... a ver la Pedra Furada, que es uno de los puntos emblemáticos de Jeri.

El segundo día cogimos un par de buggys (los bugueiros nos los recomendaron en la Pousada) para hacer un recorrido por el Mangue Seco y la Lagoa de Tatajuba, que empezó con las dunas de Jeri y la playa, inmensa playa. Llegamos a uno de los brazos de mar que tuvimos que cruzar en un transbordador bastante rudimentario. La verdad es que había bastante corriente. Después de cruzarlo continuamos por más dunas hasta llegar a un punto donde nos dirigimos hacía el interior cambiando el paisaje de las dunas por manglares secos que poco a poco se convertían en vegetación viva. Hasta que nos encontramos con el barquero en la orilla de otro brazo de mar donde había manglares en ambas orillas. Hicimos una excursión con la barca, que lo pasamos en grande, viendo caballitos de mar, manglares y donde al final pudimos pegarnos un chapuzón, pero sólo los más valientes o los más locos, porque la corriente tiraba bastante y subir a la barca era toda una aventura.
Finalmente regresamos al buggy para terminar en la Lagoa de Tatajuba, donde nos pusimos de pescado grillado hasta arriba.
En cada buggy íbamos tres y el precio fue de 155 R$ por buggy (125 el buggy y 10 por persona la barca)
La comida en Tatajuba al pie del lago fueron unos 97 R$ entre los seis, incluida una langosta.

El tercer día hicimos excursión con los mismos buggeiros al Lagoa Azul y al Lagoa Paraíso, dos lagos espectaculares. También comenzaba por un paseo por las dunas, algunas enormes, que daba miedo bajarlas, era casi como la montaña rusa. El precio del buggy fueron 30 R$ por persona (180 en total los seis)
En la Lagoa Azul, hay una parte de playa que parece que estés en el paraíso, con un color de agua azul precioso y una arena blanca de ensueño. Allí estuvimos un buen rato bañándonos y de charleta, disfrutando de un regalo de la naturaleza.
En el Lagoa Paraíso estuvimos comiendo a la sombra, que el sol ya zumbaba demasiado. Se nos acercó una chica vendiendo ropa, y nos volvimos medio locos, casi le compramos todo el género que llevaba, unas cosas monísimas, tops y faldas y vestidos de punto a unos precios fantásticos. Comimos bien, pescadito y el precio fueron de 125 R$ los seis.

Respecto a los bugueiros, intentar que no sean piratas, que estén asociados (allí muchos gremios funcionan asociados y los conductores de buggys también, al menos en Jeri).

RESTAURANTES JERICOACOARA
El sitio que nos recomendaban por todas partes era el restaurante Sabor a Terra y la verdad es que comimos genial, muy abundante y muy bueno y para variar volvió a sobrar comida. Nos costó una cena 140 R$ los seis.
Otro día probamos en el Cárcara, que también nos lo habían recomendado. Era menos abundante, pero también estaba bien. El coste fue de 138 R$.
Pero si tuviera que elegir, me quedo con el primero.

CAMINO A BARREIRINHAS

A partir de aquí los seis nos dividimos. Carmen y Montse salieron para Fortaleza para después ir a Iguazú y Olga, Susi, Carlos y yo nos dirigíamos a los Lençois Maranhenses, camino que no era fácil, pues algunos tramos no son de carretera y no hay ningún transporte directo. El viaje duró un día y una mañana. Antes de ir, todo lo que leíamos sobre este trayecto nos llevaba a un viaje de dos días, pero conseguimos acortarlo.

JERICOACOARA - CAMOCIN- PARNAIBA-TUTOIA-SAN PAULINO NEVES.

Salimos a las 8 de la mañana con nuestro buggeiro de cada día (180 R$ los cuatro). Atravesando las dunas y la playa, camino de Tatajuba, pero terminando esta vez en Camocim. La mala pata de que en Camocim era fiesta local y no había autobuses a Parnaiba, que era el siguiente punto. Pero como ya estaba previsto, el buggeiro había contactado el día anterior con un colega taxista que nos llevaría por el tramo Camocim-Parnaiba.
A Camocim llegamos a las 10 de la mañana y el taxi ya nos estaba esperando al otro lado del brazo de mar, que nos costó 130 R$ entre los cuatro y fueron otras dos horas de trayecto por una carretera llena de agujeros y un calor de espanto.

Llegamos a Parnaiba a las 12 de la mañana y el Ómnibus a Tutoia no salía hasta las 16.30 de la tarde (a 9.50 R$ p/p), así que eso significaba retrasar bastante la llegada a Barreirinhas, y teníamos intención de conseguir llegar a última hora del día. Así que negociamos con uno de los taxistas de la estación de autobuses para que nos llevara a Tutoia. La verdad es que negociamos bastante mal, pero bueno, no todos los días está uno inspirado. El precio fueron 130 R$ los cuatro (era la misma distancia que a Camocim).

La llegada a Tutoia: Nos encantó, era un pueblo con muchísima vida, nos hubiéramos quedado una noche al menos porque nos llamó mucho la atención, pero justo salía un Toyota al rato camino a Paulino Neves (a 5 R$ por persona). Este trayecto duró una hora y media, pero fue tremebundo.... el Toyota tenía bancos de madera y allí ni carretera ni nada, caminos llenos de agujeros que hacían que tu culo se golpeara con el asiento de madera constantemente... Cuando llegamos apenas nos podíamos sentar del dolor de trasero que teníamos.

Finalmente llegamos a San Paulino Neves y nos alojamos en la Pousada Oasis Dos Lençois, bastante elemental, muchos mosquitos y una mosquitera llena de agujeros. No parecía del todo muy limpia, pero bueno, nos adaptábamos a todo y era lo que había. Sólo hay otra pousada en el pueblo, y dado la hora que llegamos, pues no teníamos muchas ganas de investigarla.
El precio de la habitación fueron 35 R$ y sin agua caliente. Frente a la pousada había un restaurante donde cenamos por 47.50 R$ los cuatro, el servicio bastante lento, pero cenamos bien.

Lo que más nos gustó de Paulino Neves fue un largo puente de madera sobre el río que cruza esta localidad, bajo la luz de la luna llena.... ¡magnificas vistas!!!

SAN PAULINO NEVES- BARREIRINHAS

A las seis de la mañana nos recogía la Toyota que nos llevaría a Barreirinhas, otro transporte destroza culos, también con asientos de madera y hasta la bandera de gente. El coste fueron 48 R$ los cuatro, y algunas ampollas en el trasero.
En un par de horas largas ya estábamos en Barreirinhas, así que teníamos todo el día por delante.

BARREIRINHAS. LENÇOIS MARANHESES

Nos instalamos en la Pousada Do Porto, que estaba bastante bien y costaba 20 R$ por persona (la negociación fue dura).

Cuando llegamos a Barreirinhas, nos asaltó un lugareño, Leandro, que se empeñó en llevarnos aquí y allá. Intentamos ignorarle pero no había forma. Siempre que llegábamos a un sitio, algunos del grupo se quedaban con las mochilas y el resto salíamos en busca de pousada. Pues bien, Leandro nos acompañó a cada una que fuimos, no hubo forma de quitárnosle de encima. Así que una vez instalados en la pousada que decidimos nosotros, nos ofreció excursión a los Lençois. Negociamos que fueran 100 R$ los cuatro.

Lo curioso de los Lençois: Antes de hacer el viaje, nos habíamos informado por muchas fuentes de que eran los Lençois, y bien, aparte de que el espectáculo es impresionante, una de las cosas que más te llama la atención es lo inmenso que es este parque natural (155 mil hectáreas), así que uno se imagina que necesita varios días para verlo. Pues bien, cuando llegamos a Barreirinhas, en todas partes nos decían que había dos excursiones al día, una de mañana y otra de tarde.... ¿pero como era posible verlo en sólo unas horas? Bueno, efectivamente es imposible y de hecho existe la posibilidad de adentrarte en el parque y hacer noche o noches, pero lo bueno cuando no dispones de ese tiempo, es que Barreirinhas está ubicado al comienzo del parque, y es justo en el comienzo del parque donde se sitúan las mayores lagoas.

A las 4.30 quedamos y nos subimos a la camioneta de la agencia de Leandro. No éramos muchos turistas, igual unos 10 ó 12. El camino a los Lençois es campo a través y poco a poco vas viendo como la arena se lo come todo. La furgoneta nos dejó al pie del parque, que comenzaba con una gran duna de arena blanca que relucía por el sol, espectacular. Subimos a pie esa duna, y luego otra más grande, y ahí vino lo mejor de todo, un horizonte infinito de dunas blancas, que nada tienen que ver con las del desierto de Marruecos. Los Lençois son de color blanco como los polvos de talco y entre duna y duna, sobre todo en época que ha llovido, están los lagos de agua azul transparente.... es todo un parque de dunas blancas y agua azul, algo inaudito.
En la época en que fuimos, los lagos ya se estaban secando y muchos de ellos eran sólo el surco húmedo de lo que habían sido, pero continuamos subiendo y bajando dunas hasta llegar al Lagoa del Peixe, al Lagoa Azul, la Lagoa Bonita y otros..... enormes Lagos de agua limpia y lleno de peces. El que estaba más lleno era el Lagoa del Peixe, que para sorprendernos aún más, en la orilla nacía un montón de vegetación. Fue de lo más bonito, junto con Jericoacoara, que vimos a lo largo del viaje.
Pudimos darnos un montón de baños y secarnos al sol y tumbarnos en aquella arena, parecía un sueño. Si te quedabas quieto en el agua, los peces se acercaban a tus piernas, era alucinante.

Terminamos viendo la puesta de sol y regresando de nuevo a Barreirinhas con una sensación de bienestar y satisfacción que era una gozada.

Aquella noche era la última de la campaña electoral, así que para nuestra sorpresa, cuando salimos a cenar nos encontramos con que la plaza, en muy poco tiempo se llenó de gente hasta la bandera. Habían instalado casetas de tiro con perdigones, puestos de comida (pinchos morunos, patatas fritas y cosas del estilo).

Desde Salvador de Bahía a Barreirinhas, la raza de brasileños fue cambiando. En Bahía predominaban los mulatos y los negros, todos a cual más bello. Pero según íbamos subiendo la cosa iba cambiando y se iba transformando en indígena. En Barreirinhas la raza era absolutamente indígena, chaparritos y de ojos muy juntos. Me llamó mucho la atención que la mayoría de los niños eran bizcos y según se iban haciendo mayores, se les corregía un poco, pero aún así seguían teniendo los ojos muy juntos. Supongo que debe ser algo genético.

Esa noche de elecciones fue muy curiosa. Cenamos por dos chavos en los puestos que había ambulantes y nos sentamos en una de las terrazas de la plaza. Nos llamó la atención que casi nadie se sentaba y dedujimos que éramos sólo unos pocos los que nos tomábamos unas cervezas, porque la mayoría de allí no dispone de dinero suficiente. Igual nos equivocamos, pero casi nadie consumía nada, al menos en las mesas, más tarde si que vimos por la calle a más de uno botella en mano y haciendo eses.
Es verdadera devoción la que tienen por los políticos, aquello era noche de elecciones y en cambio parecía noche de verbena y fiestas populares. En la plaza estaba el partido de Lula y en el puerto el de la oposición.... la mayoría estaban en la plaza.

El segundo día de Barreirinhas hicimos una excursión por el Río Preguiça (140 R$ los cuatro de 8.30 de la mañana a 16.00 de la tarde). También fue uno de los mejores días, porque las vistas y el paisaje eran algo fuera de lo común.

Nuestra pousada tenía un pequeño muelle, así que la lancha vino a buscarnos a casa. Comenzamos bajando el anchísimo río del que antes de empezar a preparar el viaje, no habíamos oído hablar nunca y es difícil de encontrar en los mapas, pero se trata de un río, que aunque no se todavía si pertenece a la zona de influencia amazónica, podría serlo perfectamente, por la anchura y el gran caudal de agua que lleva.
La bajada por el río era otra gozada, vegetación exuberante a ambos márgenes durante un buen rato. Íbamos camino del faro de Mandacaru y según íbamos llegando, la margen del lado derecho se tornó de color verde al color blanco de las dunas del parque de los Lençois, algo increíble e impensable. La margen izquierda verde a rebosar de vegetación y la margen derecha, blanca limpia de grandes dunas de arena, y en medio, nosotros navegando.

Paramos en el faro y subimos para disfrutar de una de las mejores vistas del viaje: el río delimitado por las dunas y tras ellas el Océano Atlántico..... no tengo palabras....

De regreso paramos en Caburé, una pequeñísima aldea donde pudimos comer, pero antes, caminamos unos minutos para dirigirnos al Océano, aquello había que verlo. Anduvimos unos minutos por arena sin poder ver que había al otro lado, cuando de repente el horizonte se abrió ante nosotros y nos recibió con una playa inmensa donde disfrutamos del paisaje y de un buen baño.

Después marchamos hacía Caburé de nuevo para comer algo, que ya había hambre. La comida en el único restaurante fue regular, pero también barata (más o menos 70 R$ los cuatro).

Y a la tarde y sin prisas, volvimos a la lancha y regresamos a la pousada, disfrutando nuevamente del contraste de colores y paisajes tan distintos de las márgenes del río Preguiça, que creo que nunca lo olvidaremos.

SAO LUIS

De Barreirinhas hay autobuses que hacen el trayecto por 18 R$ por persona y dura cuatro horas y media. Salimos a última hora de la tarde, así que llegamos a Sao Luis ya de noche y fuimos directamente al Albergue del H.I. por 15 R$ que nos costó el taxi.

El Albergue se llama Solar das Pedras y cuesta 25 R$ la doble sin baño. El edificio es bonito, pero las habitaciones fatal: sin ventanas y sin ventilación, mucho calor y los ventiladores son muy ruidosos, y para rematar, el desayuno escaso. Así que ante esto, decidimos mudarnos y darnos un homenaje, así que nos instalamos en la Pousada Portas da Amazonas, a 80 R$ la doble con baño, aire acondicionado, nevera, habitaciones muy amplias y acogedoras... aunque sólo por sentarnos nos cargamos dos camas.... la estructura es bastante endeble, pero como en Brasil las habitaciones están llenas de camas, pues no había problema para elegir otras o tirar el colchón al suelo.
La pousada está en Rua do Giz 129, en el centro histórico de Sao Luis.
Tlf (00 55 98) 222.9937
Mail: portasdaamazonia@hotmail.com

La verdad es que el sitio era muy bonito, nos gustó mucho. Junto a la pousada había una tienda de artesanía que estaba muy bien y que vendía cosas muy chulas. Se llama Mão na Massa, en el 117 de la Rua do Giz

Pasear por el casco histórico de Sao Luis es muy agradable, está bastante restaurado y llama mucho la atención las fachadas revestidas de azulejos portugueses. Sao Luis es patrimonio de la humanidad y se lo merece, el centro está lleno de calles coloniales de colores, todas ellas preciosas, pero lo que más nos llamó la atención y no nos gustó tanto, es que esta parte de la ciudad está sin vida. Los balcones están cerrados al igual que las ventanas, apenas ves paseantes por la calle, no hay vida ni en los edificios ni en sus calles, es como una maqueta. Tal y como es, te la imaginas llena de vida bohemia y artesanal, pero no, apenas algunas tiendas para guiris que no tienen mucho interés, alguna galería de arte vacía y poca cosa más, el resto, edificios coloniales bellísimos, pero vacíos. A pesar de ello, los paseos que dimos nos gustaron mucho, y la primera mañana conocimos a un francés que hablaba español perfectamente y con el que compartimos camino y charlas que dieron un poco más de vida a las calles de la ciudad. Pero las sorpresas nos estaban esperando...

Fuimos a comer al mercado, que aparte de que personalmente me encantan los mercados, al menos aquí había más vidilla. Hay un par de bares con terraza y allí nos sentamos. Pedimos, siempre intentando quedarnos cortos porque a pesar de ello, casi siempre sobraba comida por la cantidad de complementos que te sirven. Y otra vez más, volvió a sobrar. Junto a nuestra mesa nos rondaba un perrillo y Olga, que es una gran amante de los animales, no pudo evitar darle un trocito de pollo para alimentar al famélico can, con la mala pata, que lo vio un niño y rápidamente se acercó a nuestra mesa a pedirnos algunos reales. Nos quedamos bastante cortados y nos sentimos un poco violentos, no era justo dar de comer a un perro y sentirnos impasibles ante la mirada de aquel niño, y el problema de conciencia nos invadió a todos; darle dinero, ni de coña, porque la consigna es no hacerlo nunca en los viajes, así que decidimos que si quería tomar algo, que lo pidiera. El crío se pidió un refresco de maracuyá y con mucha educación nos pidió permiso para sentarse en nuestra mesa y nosotros, encantados de su presencia, le hicimos un hueco. ¡con que carilla tan rica se bebía el refresco!!! aún sentíamos una extraña desazón interior, le insistimos de nuevo sobre si quería comer algo, a lo que el chaval se animó por fin y se pidió un pollo asado, que en Brasil siempre lo acompañan y en abundancia, con arroz, alubias, ensalada y ya no recuerdo si algo más, pero seguro que si. El chaval empezó a mezclar todo en el plato y a comer con una avidez y velocidad que era una gozada ver como estaba disfrutando, tanto, que nosotros también disfrutamos con él, mientras nos tomábamos los cafés. El niño tenía 13 años y era un encanto, educadísimo y amable. Cuando terminó nos dio las gracias y se marchó. Al cabo de un rato y cuando ya pagamos la cuenta (46 R$ los cinco) y nos marchamos, el chaval nos estaba esperando a la salida del mercado y nuevamente nos dio las gracias. Fue un momento muy especial.

Esa noche salimos a pasear y nos tomamos unas birras en una terraza en la que estaban tocando unos músicos. Las bebidas fueron caras, pero es que en Brasil, si te tomas algo en un bar donde tocan orquestas o músicos, te aplican en la cuenta el impuesto musical, que no es por nada, pero teniendo en cuenta los precios de allí, lo cobran caro. Luego seguimos paseando y terminamos en un puesto ambulante con mesas en la calle donde vendían perritos calientes. Allí nos sentamos y nos pedimos uno cada uno. A Susi no le gustó mucho el perrito, la verdad es que muy buenos no estaban, pero ella no pudo terminarlo y dejó la mitad en la bandeja sobre la mesa. Al minuto pasó un chaval y nos pidió las sobras.... Esta vez si que nos sentimos mal de verdad, nos estaba pidiendo los restos de nuestras comidas y eso te llega muy dentro de la conciencia, además el crío tenía todo el aspecto de ser un niño de la calle, mal alimentado. Decidimos unánimemente, preguntarle si quería uno para él y asintió rápidamente. En seguida nos dimos cuenta de que no estaba sólo, que iba con un amigo, así que pedimos dos y antes de que empezaran a prepararlo, resultó que eran cuatro amigos, los otros dos estaban algo apartados y estos si que tenían la imagen de chavales desamparados y con una mirada perdida en un mundo extraño que nos hizo pensar que aparte de que sus vidas no eran nada fáciles, probablemente ya estaban metidos en el mundo del pegamento, aquellas miradas no eran las de unos niños.
Los cuatro se sentaron en la mesa de al lado y devoraron los perritos bañados en mahonesa y ketchup. Fue un momento muy intenso y complicado. Por un lado, los vendedores de los perritos, yo sospecho que no aprobaron muy bien nuestro gesto, pero nosotros no podíamos quedarnos sin hacer nada. Ya sabemos que hacer este tipo de cosas quizás no sea bueno y con ello incentivemos a que los críos pidan a los turistas, pero es que si vierais sus caras, era imposible no hacer nada, sus ojos decían demasiadas cosas y era muy fácil intuir el tipo de vida que llevan, y si encima piensas que cada perrito no vale un chavo... es imposible quedarte impasible.

...... Aún a día de hoy sigo dudando sobre cual debe ser la conducta más adecuada, pero creo que nunca seré capaz de negarle comida a un chaval.

ALCÁNTARA

Al día siguiente cogimos una lancha para visitar Alcántara. El muelle está junto al casco histórico de Sao Luis, de donde salen las barcas para esta localidad por 10 R$ por persona y hora y media de trayecto. Antes de salir, un tipo nos intentó convencer que fuéramos en catamarán, pero como la experiencia de Morro no había sido muy buena, yo no me atreví mucho, no fuera que otra vez acabara vomitando, así que declinamos su oferta y fuimos en la lancha (Diamantina). Esta vez no me maree ni nada, pero a mi alrededor unos cuantos tuvieron que echar mano de las bolsas típicas para casos de nauseas.

El viaje fue tranquilo y llegamos a Alcántara cuando el sol zumbaba de lo lindo y probablemente la temperatura rondara los 40º.

Pasear por Alcántara es otra delicia, antigua ciudad colonial de calles empedradas, donde parece que el tiempo se paró hace algunos siglos y que a diferencia de Sao Luis, rezuma vida por todas sus esquinas, o igual es que tuvimos la suerte de coincidir con el día de las elecciones, pero las calles estaban abarrotadas de lugareños que salían a votar, a pasear o a lo que fuere. Repleta de casitas coloniales, algunas pintadas de colores, fue un placer pasar el día por allí a pesar del calor. Junto a las casas en buen estado vas encontrando ruinas de lo que en su día probablemente fueran edificios soberbios, que ahora son sólo piedras pero que le dan a la ciudad un encanto único. Y como no, su Pelourinho, que para el que no sepa lo que es, es un poste o palo de tortura para los esclavos que traían de Africa.

Fue otro día muy agradable que dedicamos a pasear y a pasar bastante calor, y a participar, como espectadores el día de las elecciones.

A la vuelta tomamos el catamarán, también 10 R$. El viaje fue divertido y con su dosis de adrenalina, al menos para mi, porque el oleaje, pues la verdad, aquello no era una balsa de aceite precisamente. Lo del catamarán, está bien, muy entretenido, pero hay que tener en cuenta que cuando nos bajamos, íbamos calados hasta arriba.

Lo más curioso de todo: a la ida, salimos del muelle de Sao Luis, con lo que, evidentemente, a la vuelta se supone que te dejan en el mismo muelle... pues mira tu por donde, que a lo lejos lo veíamos, pero el catamarán se desviaba hacia una playa de Sao Luis, y nosotros con un mosqueo de mil pares.... ¡pero bueno, que eso de que nos dejen aquí tirados!!! Nos dio incluso mal rollito. Nos dijeron que era porque la marea estaba baja.... ¡ya ves, y yo voy y me lo creo!!!! Pues con esas, nos desembarcaron en una playa y con un cabreo tremendo cogimos un taxi para la pousada. Y cuando llegamos, desde nuestra calle pudimos comprobar que efectivamente nos habían dicho la verdad, la marea había bajado tanto a esa hora, que era imposible atracar allí, no había agua, nada, sólo el fondo de arena húmeda en una extensión bastante amplia ¿curioso, no?

Esa noche, a altas horas de la madrugada, cogeríamos un vuelo para Río de Janeiro, donde nos reencotraríamos con Carmen y Montse en la rodoviaria para coger un bus a Paraty
PARATY

Y así fue, a las doce de la mañana ya estábamos todos juntos de nuevo cogiendo el bus a Paraty y pasando de largo por Río, lugar que no nos traía buenos recuerdos.. El coste del bus fueron 28.66 R cada uno. Una vez llegamos, unos se quedaron guardando las mochilas y un par de brigadas salimos a buscar pousada, y de todas las que vimos nos quedamos en la Pousada Magnus a 27.5 R. por persona (Rua José Vieira Ramos 78), muy cerca del centro. Paraty es un poquito más caro que otros sitios, se ha convertido en un sitio bastante turístico, pero está muy bien cuidado y es un gusto pasear por sus calles empedradas. Hay muchos comercios, pero se ve que es para guiris, aunque no le resta belleza a las calles. Es una localidad muy agradable, aunque nos hizo algo de fresco, por las noches nos poníamos jersey y durante el día tuvimos que volver a la pousada a cambiarnos de ropa, porque en cuanto vino una nube a tapar el sol, las temperaturas bajaron un poquito y refrescaba.

Paseando por el morro, paramos en una Pousada que nos llamó mucho la atención por lo magníficas de sus vistas. Se llama Pousada Morro do Forte, en la Rua Orlando Carpinelli 21. Era preciosa y nos habría encantado alojarnos allí, aunque la nuestra estaba muy bien , pero esta estaba estratégicamente en uno de los mejores sitios y era muy elegante y bonita. El precio no era nada caro: 95 R una habitación doble estandar y 120 R una doble de lujo.

ILHA GRANDE

Desde Paraty es muy sencillo llegar a Ilha Grande. Se coge el bus con destino a Angra dos Reis por 19R cada uno. En Angra dos Reis hay un montón de bancos, así que corriendo, desde que nos dejó el bus, hasta que salía el barco a Ilha Grande, nos dio tiempo a ir a los cajeros a por dinero. El barco costó 5 R cada uno..
La Isla es bastante grande y a mi desde el primer momento me recordó a una isla pirata, es la auténtica imagen de una isla del tesoro y evoca todas esas películas de piratas que hemos visto desde niños: barcos, patapalos, baules llenos de joyas y monedas de oro, barriles de ron y efectivamente no estuve equivocada , parece ser que siglos ha, ese fue su destino.

El núcleo principal es chiquitín, pero está lleno de pousadas con encanto y de todos los precios. Nosotros nos decantamos por la Pousada Juliana, a unos 28 R por cabeza.

El clima no fue el esperado, por las noches refrescaba bastante más que en Paraty, llegamos a pasar frío y todo, por no hablar de que encima tuvimos la mala pata de que nada más llegar nos llovió, pero al día siguiente y durante las horas de sol, podíamos hacer vida tropical.

Fuimos a la mítica playa de Lopes Mendes. El barco (15R p/p) te deja en una playa pequeña donde comienzas un sendero que está marcado, y tras caminar unos veinte minutos llegas a la larga Lopes Mendes donde pudimos dar un larguísimo paseo y comer unos bocatas que nos habíamos preparado.

Al día siguiente contratamos a través de Ilhagrande Advenuture (www.ilhagrandeadventure.com ) una lancha para hacer un recorrido por la isla que nos costó 240 R entre seis (40 cada uno), y fue una excursión magnífica visitando una primera playa donde algunos se quedaron tomando el sol y otros partimos sendero arriba en busca de una cascada. Más tarde nos llevaron por toda la costa a visitar varias pequeñas playas, disfrutando como locos del viaje en la lancha mientras veíamos como la isla emerge imponente en un limpísimo mar azul y como esconde entre sus recovecos pequeñas playas de arena limpia y suave. Es lo que cualquiera podría imaginarse como un paraíso. Y aunque por las noches nos teníamos que abrigar porque hacía fresquete del bueno, durante el día disfrutamos de lo lindo con los cuerpazos al sol.

Fueron estupendos los días de Brasil, pero había que volver a casa y a Río de Janeiro, a la mayoría no les hacía mucha gracia volver a los miedos de los atracos, desde hacía muchos días que estábamos muy relajados. Pero es bueno enfrentarse a los miedos y hay que superarlos.

Para regresar a Río desde Ilha Grande, cogimos un barco a Mangaratiba y allí un bus que nos dejaba en la rodoviaria de Río. Y de allí taxi directo al Hotel Bandeirantes, en pleno Copacabana y la verdad que estaba bastante bien. Lo habíamos reservado con Ilhagrande Adventure (www.ilhagrandeadventure.com) porque aparte de que las excursiones con ellos nos gustaron, también nos hacían mejor precio a través de ellos, no llegaba a 70 R por persona

Hotel Bandeirantes.
Rua Barata Ribeiro 548
Copacabana
Tlf (21) 2548.6252
www.hotelbandeirantes.com.br
reservas@hotelbandeirantes.com.br

Una vez instalados en el hotel había que cenar, pero como ya comentaba antes, el grupo andaba algo alterado con los miedos, algunos no querían ni moverse y otros por nada del mundo querían quedarse en la habitación. Es bueno enfrentarse a los miedos y tratar de superarlos, así que todo el grupo salimos a cenar paseando por Copacabana, camino del “Sindicato”, un restaurante con terraza donde nos pusimos hasta arriba por no muchos reales (no recuerdo el precio pero si la abundancia de la cena y lo bueno que estaba todo). Volvimos al hotel nuevamente paseando unas cuantas manzanas y no nos pasó absolutamente nada.

Al día siguiente el tiempo corría en contra nuestra, Montse y Carmen salían vuelta a España a primera hora de la tarde, así que para poder movernos con agilidad, contratamos un par de taxis para ir al Corcovado y al Pan de Azucar.

No sabría decir cuales de las dos vistas me gustaron más, las dos son increíbles. Desde el Corcovado lo ves todo, estás muy alto y tienes toda la ciudad a tus pies, con sus playas, sus morros, el maracaná, todo en pequeñito, toda la ciudad a tus pies, el lujo y la pobreza, la ciudad que representa la fiesta, el carnaval, el calor, y también el símbolo de las desigualdades sociales.

Desde el Pan de Azucar las vistas también son tremendas, aunque no tiene la perspectiva del Corcovado, tiene la belleza de ver todo más de cerca, la ciudad sigue a tus pies y aquí te das cuenta de que la playa de Botafogo no tiene ni un bañista y el porqué, pues evidentemente por la contaminación de sus aguas.

La despedida de Montse y Carmen para mi fue muy emotiva, se marcharon antes que nosotros y tengo esa imagen muy grabada en mi retina. La tarde la pasamos haciendo las últimas compras y la noche volando vuelta a casa. No os voy a contar la despedida con el resto porque sólo de pensarlo me entra una morriña que me emociono y se me saltan las lágrimas. Desde esta crónica les envió a todos un beso enorme. Me lo pasé genial y fue un viaje inolvidable. Estoy segura de que a Brasil volveré en cuanto pueda.

Precio de 1 €: 3.30 R$
Precio de 1 R$: 0.30 €
Para los que aún se manejan en pts, pues más o menos 1 R$ no llegan a 50 pts

Fecha: 
September 2004
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Comentarios

Imagen de Andyer

tian

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