Película de aventuras que nos permite recrearnos con los fantásticos paisajes del norte de Australia. Aunque la envoltura es de película para toda la familia --argumentos y situaciones un tanto simplonas, buenos buenísimos y malos malísimos-- merece la pena verla por los magíficos exteriores australianos, un guión relativamente bien tramado y una Nicole Kidman que, como siempre, justifica cualquier película.
La película se rodó entre la ciudad de Darwin y el parque nacional de Kakadu. Nos regala con magníficas escenas exteriores de la conducción de una manada por un salvaje y semidesértico paisaje que, poco a poco, se va cubriendo de verdor. También se puede disfrutar de alguna magnífica puesta de sol, que hace de carabina enter Nicole Kidman y Hugh Jackman.
Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), una aristócrata inglesa, se ha pasado la vida persiguiendo la perfección superficial, pero un matrimonio sin amor y sin hijos le ha privado de cualquier cosa importante que no sea su cuadra de caballos. Convencida de que su marido le es infiel, la empecinada Sarah viaja desde Londres hasta el remoto reducto tropical de Darwin (Australia) para enfrentarse a él. Su reacio guía a través del inmenso e inmisericorde terreno del territorio septentrional es Drover (Hugh Jackman), un ganadero tan tosco y basto como refinada es Sarah. Su profunda antipatía mutua se ve aminorada por la tragedia cuando Sarah, de repente, se halla cuidando a un encantador y joven huérfano llamado Nullah (Brandon Walters), un muchacho mestizo a la deriva en una sociedad segregada que le trata como un paria.