Como ya comenté a primeros de julio, tras mi primera quedada ha venido mi primer viaje itaqueño. Aunque se ha gestado más bien por debajo, quiero compartir con vosotros mis impresiones posteriores, lo que he visto y lo que no he visto (menos lo que se me olvide).
Se trata de un paquete ofertado por la mayorista Royal Vacaciones, organizado quizá por la tunecina Air Beach: 5 días de tour en 4x4 (¿agencia Nómades?) más dos días de semiestancia en Hammamet.
Primer día: de casa a Sousse/Susa
Llegamos al aeropuerto de Monastir de madrugada (por haber elegido la opción chárter), entre pasar lista, traslado hotel y reparto de habitaciones, se nos hacen las tantas, y al día siguiente salíamos a las 7. Tras dormir unas pocas horas, me asomo a la ventana-balconcito del hotel (siempre lo hago), me extraña ver que a las 5:45 de la madrugada ya hay bastante gente en la playa, algunos dentro del agua. Pese a la hora, tampoco hace el fresco habitual en otras partes, ¿nos asaremos de calor? Al otro lado veo un recinto amurallado, me hubiese gustado patearlo; luego sabría que los que eligieron la opción vuelo regular sí pudieron.
Segundo día: de Susa a Matmata
Tras el desayuno van saliendo los diferentes tours, el nuestro sale el último, nos tienen que repartir entre los 4x4 y atar las maletas al techo. Como el folleto recomendaba equipaje flexible, elegí una bolsa de deporte/viaje un poco cutre; al ser pequeña cabe detrás de los asientos; arriba sólo van dos maletas y otra bolsa. En el 4x4 vamos 6 viajeros (uno delante, nosotras tres en medio, y una pareja detrás) y el conductor; en medio se va cómodo. Salimos formando una pequeña caravana de cinco 4x4. Campos y campos de olivos, si no fuera tan llano, diríamos que estamos en Jaén; chumberas y piteras para separarlos. Paramos en El Jem; nos llevan a ver su anfiteatro romano. Entre la parada de los 4x4 y la entrada, varios tenderetes ofreciendo, principalmente, pañuelos. Hay que pagar un dinar para poder hacer fotos (aquí y en todos los monumentos visitados). Entre agruparnos, explicación en castellano e italiano (nos acompañan 6 italianos) y cola en el WC no nos queda mucho tiempo para recorrerlo. A la salida, los pañuelos han bajado de precio, debería haberme comprado uno, me llevé un sombrerito para el sol, pero sudaba, me caía; más adelante compré dos pañuelos bastante más caros y pasé del sombrerito. En El Jem también hay un museo, pero no nos llevan a verlo. Subimos al 4x4 y más olivos (y algún almendro).
Llegamos a Gabes, nos paran frente a una mezquita con un minarete muy curioso, pero lo que veníamos a visitar es el llamado "mercado de las especias", un mercadillo como tantos que iremos viendo a lo largo del tour. Me estreno en el regateo: siguiendo consejos que vi por Internet, empiezo ofreciendo la mitad de lo que me piden y termino con la sensación de que me han estafado. En otro tenderete, por algo que no me interesaba, empiezan pidiéndome 30 DT y terminan ofreciéndomelo a 4 o 5 DT. Yo, ahora, recomendaría no ofrecer más de la quinta parte de lo que te piden o, mejor aún, dejar que sean ellos los que vayan bajando, aunque no siempre lo hacen (sobre todo cuando te interesa comprar).
Comemos aquí y seguimos hacia Matmata. Desaparecen los olivos, substituidos por alguna palmera y pequeños matorrales, estamos a un paso del desierto, si no ya en su principio; también se ondula el paisaje. Visitamos una casa "troglodita", excavada en la tierra, sirvieron como escondrijo y para evitar el calor. Nos dicen que aún viven en ellas, tengo mis dudas (recuerdo una película, "El paraíso ya no es lo que era", en la que se ve claramente que no). De aquí, al hotel, Diar Berber, con aspecto un tanto troglodita, también está bajo tierra, las habitaciones se distribuyen alrededor de 3 patios. Tiempo en la piscina, cena, hace fresco, nos venden las excursiones opcionales y a dormir, que estamos reventadas.
Antes de acostarme aún me tengo que pelear con dos cucarachas que se paseaban por mi cuarto de baño y sábanas de una de las camas. Después de matarlas y tranquilizarme un poco, inspecciono la otra cama, la pulverizo con el repelente de insectos y me acuesto un poco rígida, poco a poco se fue aflojando la tensión y dormí hasta las ocho, el único día del tour que nos levantamos tarde.
Tercer día: de Matmata a Ksar Ghilane
Día de las "ghorfas" (origen de la palabra catalana "golfes"), visitamos las de Medenine (creo), con mercadillo incluido, y de Ksar Hadada. Son construcciones curiosas fortificadas, que usaban los nómadas a modo de graneros. Medenine no está en el programa del tour, pero vimos ghorfas en dos sitios; por el mapa y fotos de http://www.lexicorient.com/tunisia/index.htm deduzco que el primero sería Medenine. Cerca de ambos conjuntos de ghorfas, minaretes interesantes sobre los que no se nos cuenta nada, en el segundo oímos la oración del mediodía.
Continuamos hacia Chenini, pueblo camuflado/excavado en una colina, otro modo de esconderse. El camino ya es montañoso y la carretera en obras, no sé si hubiésemos llegado en autobús. Así como Chenini está en alto, pasamos por arriba de otro pueblecito que parecía semiabandonado y encantador (tampoco sé el nombre). Un guía local nos llevó Chenini arriba a ver poca cosa más que piedras.
Comemos y tenemos un rato de piscina en un hotel a las afueras de no sé dónde. Luego vamos a otro pueblecito donde no había nada más que tiendas (Tataouine, dice el programa); nos lo podíamos haber ahorrado para llegar antes al campamento. Ksar Ghilane es un oasis en medio de la nada, sólo accesible en 4x4; por el camino empezamos a ver la finísima arena del Sáhara. Llegamos al atardecer y salimos hacia las 6; poco tiempo y poca luz para verlo. Cenamos, nos llevan a unas dunas a contemplar un cielo completamente estrellado, en el cual destaca claramente la vía láctea, y luego a una especie de piscina natural de aguas termales, donde algunos se bañan; otros tomamos una pipa de agua (chicha, la llaman ellos). Dormimos en tiendas de 6 camas, no es la típica haima de los bereberes, pero... Los servicios están muy lejos y algunos ya no tenemos el sistema urinario para aguantar muchas horas (bueno, tampoco dormimos mucho).
Cuarto día: de Ksar Ghilane a Tozeur
El paisaje de Ksar Ghilane a Douz poco después de amanecer me parece precioso: una planicie de matojos verdes entre la arena, con una gran duna anaranjada al fondo. Llegamos a Douz, la puerta del desierto, pero nosotros ya venimos del desierto. La puerta no es sólo figurada, tienen una especie de fachada, a un lado de la cual está la carretera y un palmeral, al otro lado, sólo arena (¿ha quedado claro hasta ahora que el desierto no es sólo arena? hay mucho matojo entre la arena). Allí nos esperan los dromedarios para darnos una vueltecita por la arena. Y donde nos paran, los típicos chicos con la coca-cola, los caballos, un zorrito del desierto... sacadineros, vaya. Me chocó ver dos restos de botellón, en uno de ellos las botellas y latas de cerveza estaban enteras, en el otro estaban rotas, pobres dromedarios si las pisan. Después del paseíto, al mercadillo. En una postal que he comprado se ve un castillo muy mono entre la arena, que, obviamente, no vimos. Atravesamos Chott el Jerid camino de Tozeur. Del primero dicen que es un lago salado, será cuando llueve, a finales de julio es una llanura salada con charquitos de colores (dependiendo de las sales que más abunden en la zona); nos paran frente a uno rojizo, con chiringuito y WC al otro lado de la carretera.
Tozeur es la ciudad del tour que más me gustó, con sus fachadas adornadas con ladrillos, la patearíamos un poco al día siguiente. Nos llevan al hotel a comer, nosotras nos alojamos en el Palmyre (también mi hotel preferido), pero comemos enfrente. Nadamos un poco en la piscina, desde la cual se divisa un campo de golf en pleno desierto, y hacia Nefta, donde nos enseñan la "cesta" desde arriba (las palmeras están como en una hondonada, en forma de cesta) y nos pasean en calesa (pagando, que era excursión opcional) por el oasis hasta una plantación de palmeras, que nos enseña un guía local. Muy agradable el paseo, en la plantación nos darán a probar (y comprar) dátiles, una especie de jugo de palmera (sabe como horchata, no lo venden, pues fermenta y... sería peligroso en un país musulmán) y una pipita de tabaco y palma. Acabamos el día con una cena folclórica en Tozeur y charleta hasta las dos al lado de la piscina del hotel.
Nos deberíamos haber asado de calor, según las previsiones, pero yo lo encontré normal. Bueno, comparando paisaje y temperaturas, casi diría que Alicante es "la pequeña Túnez". Aquí hay pinos, más matojos por metro cuadrado y tierra en lugar de arena.
Quinto día: Oasis de montaña
Salimos hacia las montañas que nos separan de Argelia, muy buenas vistas mientras subimos, no nos paran para apreciarlas mejor. Llegamos a Tamerza, en la cual sólo vemos una cascada de la cual nace un pequeño curso de agua, después de pasar por varios tenderetes (estos tunecinos, ¿sólo saben vender?); está lleno de turistas mojándose los pies o el cuerpo entero bajo la cascada, hay que hacer cola para la foto, pero es bonito.
Volvemos atrás para visitar Chebika, con guía local, otra pequeña cascada entre palmeras y pesados tunecinos intentando sacarte dinares por cualquier tontería. Subimos entre piedras desnudas para ver el viejo pueblo destrozado por unas lluvias torrenciales. Nos tomamos un riquísimo té a la menta y otra vez al 4x4 para visitar Tozeur, donde vemos algunos edificios por la calle, y más tiendas.
Después de comer y otro rato en la piscina, nos llevan de rally por el desierto (esta excursión opcional no estaba en nuestro programa). Subimos y bajamos varias dunas, como en una montaña rusa de arena de consistencias varias. Destacar una colina con forma de camello donde dicen que rodaron "El paciente inglés", un campo de mica, que sobresale de la arena (en algún tenderete nos la habrán intentado vender, aquí la recogemos), un decorado de cartón piedra de "La guerra de las galaxias" y el atardecer entre las dunas. Tras la cena, más piscina, pero nos acostamos relativamente pronto, que hay que madrugar.
Sexto día: de Tozeur a Hammamet
De tan poco dormir, estoy hecha polvo; me siento delante en el 4x4 (más ancho que en medio y mucho más que detrás). Intento leer, pero se me cierran los ojos, así que duermo la mayor parte del camino hasta Sbeitla. Aquí hay un enorme recinto de ruinas romanas, del cual creo que no vemos ni la mitad, especialmente no vemos de cerca un arco de triunfo, ni tampoco "la bañera" (o lo que sea) que ilustra el circuito en el folleto de la mayorista. Dice el guía que no hay tiempo (ya podrían cambiar la foto en el folleto, o quitar la posterior visita a la cooperativa de alfombras).
Seguimos hacia Kairouan, donde nos llevan a ver: Los estanques aglabitas, tres cilindros de piedra llenos de agua, que vemos desde una torre. La gran mezquita, única a la que nos dejan entrar, aunque sólo al patio y ver la sala de oración desde él; dicen que sólo los creyentes pueden entrar en las mezquitas (quizá ocultando la cámara y disfrazándose un poco más de lo que íbamos...); nos hablan del minarete, parece ser que el más viejo que se conserva, no le niego su valor histórico, pero a lo largo del país los he visto más bonitos. El mausoleo del barbero de Mahoma (uno que guardó tres pelos de la barba del profeta), edificio de estilo andalusí, precioso. De aquí nos llevan en el 4x4 a una cooperativa de alfombras que estaba a un paso, no entiendo por qué no vamos a pie.
Llegamos a Hammamet, final del circuito, sobre las 5. Nos despedimos de los conductores, que deben volver a Tozeur. Nos venden la excursión del día siguiente y nos dan las habitaciones. Yo me hubiese echado a dormir hasta la hora de la cena, pero mi habitación no estaba preparada aún. A las 7, harta de esperar, me voy con parte del grupo al pueblo, donde vemos... más tiendas. El hotel, Excel, está en el quinto coño (con perdón), así que aguanto con ellos hasta después de cenar, aunque me caigo de sueño.
A la vuelta mi habitación está más o menos arreglada, si no tenemos en cuenta la colilla del balconcito, ni la avispa, mosquito y telaraña del retrete: les echo un poco de repelente, cierro la puerta y, a dormir, que también me toca madrugar. Alguna de las 4 estrellas que tiene este hotel se las habrá encontrado en la calle (tampoco los que se quedaron a cenar estaban contentos con la cena).
Séptimo día: Excursión a Túnez-Cartago-Sidi Bou Said
Fui la única de las tres que se apuntó a esta excursión, pero como ya conocía al resto del grupo, no me sentí sola. Una ventaja de los viajes organizados es la gente que conoces por unos días (que normalmente no vuelves a ver).
En Túnez nos llevan a la Medina (más tiendas, reconozco que este zoco parece bonito, pero yo ya estaba saturada), podríamos haber entrado al patio de la mezquita, pero nos lo desaconsejan. De aquí teníamos que ir al Museo del Bardo, una de las razones por las que me apunté a la excursión, pero al presidente de la república se le había ocurrido visitarlo justo ese día y estaba cerrado. Nos lo cambian por una casa-museo en Sidi Bou Said, pueblecito blanco con cuestas y buenas vistas al mar, de éstos tenemos muchos en España, sólo que allí hay comerciantes tunecinos y puertas y ventanas azules (esto último es típico de todo el país).
Comemos en Cartago y nos enseñan lo que queda de sus puertos púnicos, unas lápidas de niños sacrificados (ambas cosas desde el autobús, ¿no les gusta caminar a estos guías tunecinos?) y las ruinas de las mayores termas romanas, aquí entramos y pagamos el derecho a foto, pese a lo cual hay que tener cuidado de no fotografiar la valla blanca coronada de árboles tras la cual vive el que nos ha impedido ver el museo (bueno, si consigues que una piedra te tape al de la garita, creo que no hay problema; claro que yo sólo vi una garita, ¿habría más?). Y vuelta al hotel.
No creo que en estas ciudades no haya mucho que ver (razón por la que algunos no se apuntaron a la excursión), más bien es que no te lo enseñan. Desde el autobús vi una catedral en una colina y una mezquita grande, moderna y bastante interesantes (me interesa mucho más la arquitectura que el comercio, ¿se nota?)
Por la tarde vemos por fuera Cartaghe-land, una especie de parque temático a unos pasos del hotel y nos vamos a cenar, tras pasear otro poco por la medina-zoco de Hammamet (por lo visto, soy la única del grupo que está hasta el gorro de los tunecinos regateadores).
Octavo día: de Hammamet a Barcelona.
Los que eligieron vuelo regular salen de madrugada del hotel, a nosotras nos queda medio día: Vemos dos playas, unas galeras piratas que quizá paseen turistas por la bahía, otro paseo por el zoco de Hammamet, ahora con luz natural, comemos y, antes de volver a nuestro hotel para coger el bus que nos llevará al aeropuerto, visitamos otro hotel que es una preciosidad, por dentro y por fuera: se llama Iberostar Lalla Baya y es de 5 estrellas (seguro que en él no hay bichos).
Llegamos a Barcelona con una hora de retraso, justo cuando debía salir el avión de los siguientes, que allí estaban esperando. Estos no duermen en Susa, no tendrán tiempo. Al día siguiente vuelvo a casa.