Viaje a los Balcanes

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Llegamos a Venecia de noche. Cogimos el autobús de la compañía ACTV (1,5€) que nos acercó a la Piazzale Roma (entrada de Venecia) desde el aeropuerto. Posteriormente cogimos la línea 1 de los vaporettos (3€) hasta Arsenale (donde teníamos el Hostel). Este primer contacto fue bastante positivo, ya que la navegación nocturna por canal central, con la iluminación de los palacios al borde del mismo, resultaba de gran belleza.

Siguiendo las indicaciones del propio Hostel Ca Venezia, llegamos al mismo, situado cercano a la plaza de San Marco. Este Hostel (34€ pax noche) nos asignó una habitación que tenía cocina, baño, y un pequeño cuarto de estar, amén del dormitorio (preparado para 6 camas), pero solo ocupado en esta ocasión por Amalia y por mi. Limpio en general.

A la mañana siguiente, iniciamos temprano nuestra visita de Venecia. Guía en mano, marcamos un recorrido circular pasando por los puntos más destacados. A primera hora, las calles están tranquilas y es un gustazo pasear por ellas. Nos adentramos por un entramado de plazas con encanto, iglesias monumentales (¡¡muchas!!) y canales. Hacia el mediodía llegamos a la confluencia del puente Rialto, abarrotado de gente. Comimos y seguimos nuestro paseo que finalizó, como no en la Plaza de San Marco sobre las 15 horas. Las colas para visitar la catedral y la torre eran considerables. Nosotros decidimos sentarnos en uno de los cafés de la plaza, en el que un quarteto interpretaba temas clásicos (¡menuda clavada el cafetito de marras!).

Como veíamos que todavía teníamos tiempo, y ya nos habíamos recorrido la mayor parte de la isla de Venecia, decidimos acercarnos a la isla de Murano en el correspondiente Vaporeto. Allí hicimos unas horas más, entre las numerosas tiendas de cristal. Finalmente, cogimos otro vaporeto a la isla de Lido, donde paseamos por la playa (y sus características casetas para cambiarse) para terminar visitando (esta vez por obligaciones fisiológicas) el Hotel Des Bains.

Vuelta en el Vaporetto a Venecia, mientras atardecía. Nos bajamos con la esperanza de poder probar también las góndolas, aunque fuese en un Traguetto (servicio de Góndolas que te pasan de un lado a otro del Gran Canal) más barato que la Góndola (regateando nos la llegaron a ofrecer por 60 Euros). Viendo que a esta hora tardía los Traguettos ya habían recogido, decidimos pegarnos un homenaje (la Lasaña buenísima) en un restaurante de los muchos que existen en las encantadoras plazas de Venecia. Para volver, callejeamos por la zona de San Marco, y llegamos al Hostel tras disfrutar de la plaza de San Marco por la noche, de las orquestas que tocan en
sus cafés, y de la tranquilidad en la misma a estás horas.

DIVACA-SKOCJAN CAVES (ESLOVENIA)

Inicialmente habíamos planeado visitar las cuevas de Postojna, sin embargo, los comentarios en la Lonely Planet, nos convencieron de que era imprescindible ver las SKOCJAN CAVES, cerca de Divaca, a poco de cruzar la frontera de Italia con Eslovenia.

Llegar a este punto en transporte público fue un pelín azaroso. Primero cogimos el tren de Venecia a Trieste (8€) (hay servicios cada hora más o menos). Luego, un autobús (2€) de Trieste a Sezana (ya en Eslovenia), y en Sezana un tren (excelentes trenes en Eslovenia) a Divaca. En Divaca dejamos las mochilas en las taquillas de la estación, y preguntamos como llegar a las cuevas (más por signos, ya que el inglés no es muy dominado en estos pueblos). Nos indicaron que teníamos un paseo de una hora. A poco de empezar el camino, la misma persona que nos dio las indicaciones apareció con su coche y nos acercó (¡¡¡gracias a dios!!! Una hora caminando podía haber acabado con nosotros).

Antes de empezar la visita, nos acercamos a los miradores cercanos (bonito paisaje) y a un museo local (no vale mucho). Las cuevas son impresionantes. Imaginaros un cañón formado por un río, caminando por las paredes del mismo, todo ello dentro de una gruta. En Lonely Planet decían que era el paisaje perfecto para una película de James Bond.

Al terminar la visita, conseguimos que una pareja Eslovena nos acercase de vuelta a la estación en su coche. Ellos mismos nos confirmaron que las cuevas de Postojna son lo típico (estalactitas) y que estas son mejores. En la estación cogimos el primer tren que paso camino de Ljubljana.

LJUBLJANA (ESLOVENIA)

Al llegar a la estación de noche, teníamos localizados por internet un par de sitios cercanos. El Celica en primera opción y el Hotel Park en segunda. En una caminata de 10 minutos estábamos sentados a escasos metros del Celica saboreando una pivo (cerveza). El Celica es un lugar con ambiente estudiantil, muy movido y abierto. Cuando llegamos se estaba improvisando una especia de Jam Sessíon entre un guitarrista y alguien que tocaba unos tambores. No había habitación, por lo que nos fuimos unos metros más adelante al Hotel Park (27€ pax noche), que estaba bastante limpio, e incluía el desayuno buffet en el precio.

Madrugamos, y al igual que en Venecia, guía en mano, iniciamos el paseo para recorrer los sitios más destacados de Ljubljana. Ljubljana responde al diseño de una ciudad europea media. Situados en la intersección del puente triple se puede recorrer a pie en unas horas. El castillo, no tiene gran cosa. Si acaso la vista desde la torre. La rivera del río Ljublanica tiene también gran encanto. Los precios están un pelín por debajo a los que tenemos nosotros.

Al mediodía, tras comer algo, nos dirigimos a la estación para coger un tren con destino a Zagreb.

ZAGREB (CROACIA)

Llegamos a Zagreb a primera hora de la tarde (2 horas en tren desde Ljubljana). Zagreb es una ciudad con una gran vida, mucha gente, más tipo gran ciudad, bonitas iglesias (San Marcos y San Nicolás sobre todo), una ciudad alta (a la que se puede acceder andando o en teleférico). A última hora de la tarde las terrazas de las plazas céntricas (sobre todo en la Petra Pedrarovica) se ponen hasta arriba de gente. Nosotros estuvimos un martes y estaban llenas a las 20 horas. Precios similares a los de España.

SARAJEVO (BOSNIA)

A las 22 horas cogimos un autobús (de calidad igual a los españoles) en la estación de Zagreb, que nos dejaría a las 6:00 horas en Sarajevo.

Al llegar empezó el espectáculo de la guerra. Edificios enteros con fachadas derruidas, o agujereadas por los tiroteos, todavía son la imagen de la entrada en Sarajevo. Incluso, más tarde, cuando nos dirigimos al centro, este paisaje macabro, resto del pasado, aparecía esporádicamente.

Sin embargo, en Sarajevo, paseando por el centro, descubrimos una ciudad, contraste de culturas musulmana y ortodoxa, mezquitas junto a iglesias, zocos junto a calles comerciales, todo ello, limpio, y muy cuidado, posiblemente recién reconstruido. Nos encantó esta mezcla, la imponente catedral, junto a imponentes mezquitas.

A la hora del desayuno (precios ligeramente inferiores a España), los cafés del centro se llenan de gente. Esta es una constante que nos sorprendió gratamente en este viaje. La abundancia de terrazas, lo concurridas que están y la calidad de las mismas.

Una vez acabada la visita, cogimos un tranvía a la estación de autobuses, donde tomamos un autobús (de excelente calidad) con destino a Mostar. El viajecito duraba 3 horas, para recorrerse apenas 140 Kilómetros. Sin embargo, las carreteras sin estar muy mal, son carreteras de montaña, con numerosas curvas que impiden una circulación más rápida (el límite está en 80, 40 en zonas urbanas), y propensión a las colas de vehículos.

MOSTAR (BOSNIA)

No teníamos muy claro donde dormiríamos en Mostar,pero todas nuestras dudas se despejaron cuando, nada más bajar del autobús, un señor se acercó a nosotros y nos ofreció pasar la noche por 15€ pax. Decidimos acompañarle aunque con cierto recelo por la calidad de las habitaciones. Al llegar al sitio quedamos convencidos gratamente por una habitación limpia y un cuarto de baño en perfecto estado.

Con respecto al tema del alojamiento, puntualizar que entrando en Mostar se encuentran letreros ofreciendo camas, como la que nos ofrecieron a nosotros.

Y Mostar, pues, nos encantó. Igual que en Sarajevo, muchas casas tiroteadas, fachadas destrozadas, pero el centro recién reconstruido (al igual que su puente, cuya inauguración es este finde), es precioso, con su mezquita junto al río Neretva de aguas verdes, con su puente de roca blanca, con su zoco empedrado y limpio, con su lado ortodoxo y la torre altísima de una reconstruida iglesia. La cena en los restaurantes junto al rió muy agradable (precios como en España).

Se nos ocurrió visitar la casa turca, y allí nos encontramos con otros españoles y sus amigos bosnios, que nos intentaron explicar que es lo que había pasado en la guerra. Yo creo que ni ellos mismos lo entienden.

DUBROVNIK (CROACIA)

Salimos de Mostar a las 7 en autobús con destino a Dubrovnik. La sensación del viaje es que bajas del país de las montañas al país de la costa. El viaje lleva casi 3 horas y media, en parte por las carreteras, en parte por los pasos de aduana, en los que llegamos a perder hasta 1 hora.

En Dubrovnik estábamos en las mismas que en Mostar. No sabíamos donde dormir, pero al bajar del autobús varias personas se nos acercaron ofreciéndonos alojamiento. Al final nos decidimos por el más barato, a la par que más simpático, y mejor inglés hablado. (publicidad) Se llama IVO KLAIC y su móvil es el +385 (0) 917384673. Nos recogió en su coche, nos llevó a su casa, nos facilitó la habitación (limpia y bien cuidada, baño grande común), yo le di ropa para lavar que me lavó sin cargo, nos acercó a la estación de ferries al finalizar nuestra estancia en su casa, y nos cobro unos 15€ pax. Su casa está situada cerca de la Ciudad Vieja de Dubrovnik (cuidado con esto, Dubrovnik está dividido en dos partes)

Tras dejar las cosas en casa de Ivo, bajamos las escaleras que unían su casa con la Ciudad Vieja de Dubrovnik. La ciudad vieja, es una ciudad de piedra, con casas de piedra, suelos de piedra, monasterios, iglesias, catedral de piedra, palacios, calles estrechas, murallas rodeándola y un pequeño puerto marítimo. La calle principal está abarrotada de gente, turistas sobre todo, mucho español, pero el callejeo por las otras calles es agradable. Sentarse a tomar un "pivo" en alguna de las terrazas ocultas en este entramado también tiene su encanto. Podéis acercaros al puerto marítimo a descansar, incluso a bañaros, o recorrer las murallas, observando las islas del Adriático.

Por la tarde decidimos ir a la otra parte de Dubrovnik, el puerto. Para que os hagáis una idea, la ciudad vieja está en un recoveco de la tierra sobre el mar. Tras ella, las casas de los habitantes de Dubrovnik, pueblan la ladera de la montaña que da al mar. Saliendo de la ciudad vieja, una pequeña colina, separa esta del puerto. Caminando esto supone unos sesenta minutos.

El puerto es bonito, con sus ferries, sus barcos, alguna terracita, o el restaurante en el que cenamos (precios tipo España), y sus vistas de la Bahía. De este puerto salen, los autobuses, los ferries hacia el norte. Del puertecito de la Ciudad Vieja salen los ferries a las islas cercanas a Dubrovnik. Los ferries salen con regularidad, y puedes cogerlos e ir y volver por tu cuenta o contratar un tour de un día y ver varias.Nosotros no elegimos ninguna de estas opciones ya que pensábamos coger el ferry que va de Dubrovnik a Split navegando a través de las islas. Este ferry no sale todos los días. Nosotros lo cogimos un Domingo, y, por ejemplo, el sábado no salía.

PERAST-KOTOR-BUVBA-STEVI STEFAN (MONTENEGRO)

El día siguiente alquilamos un coche en Dubrovnik (gracias a las gestiones de nuestro anfitrión Ivo), y nos dirigimos al fiordo de Kotor. El viaje se inició según lo previsto aunque pudimos comprobar la dificultad que supone conducir por Croacia (y Montenegro). El límite máximo se situá en 80 km/h, y muchas zonas, con curvas, urbanas, el límite está en 60, 50 o incluso 40. Las carreteras tiene numerosas curvas, y sin ser terriblemente malas, yo diría que equivalen a una comarcal de España. Imaginaros conduciendo por la costa de Asturias en verano. Pues eso es Croacia. Por otro lado en las inmediaciones de las ciudades/pueblos aparecen numerosos carteles ofreciendo camas, e incluso personas apostadas al borde de la carretera.

Al llegar a la frontera, tras una hora para hacerse 43 Km, estuvimos en una cola durante una hora y media. Finalmente, entramos en Montenegro, y respetando los límites de velocidad al máximo, nos fuimos acercando, siguiendo la carretera principal al fiordo de Kotor.

La primera imagen ya impacta por su belleza. Enormes montañas caen sobre los entrantes del mar, que en este punto parece un lago verde y transparente. En la orilla se divisa un pueblo con su campanario. En medio, unas islitas con edificios, al parecer monasterios. Aunque existía un trasbordador, decidimos rodear todo el fiordo siguiendo la línea de costa. No había playas, pero si cantidad de lugares donde parar a bañarse.

Perast fue la primera parada en Montenegro, donde la moneda es el Euro. Un paseo por sus calles, o la orilla del mar, o en lancha a las islitas con los monasterios. Mar adentro, yates deportivos, veleros, algo habitual en la costa del Adriático.

Kotor al final del fiordo es más grande y consta de una ciudad amurallada, de casas de piedra, iglesias de piedra, suelos de piedra, como tantos otros pueblos de Montenegro y Croacia. Comimos en un restaurante donde un antiguo marinero montenegrino, ahora camarero, nos saludo con cariño, recordando los tiempos en los que compartía viajes con marineros españoles, y a ciudades españolas.

Buvba es un lugar con una parte muy turística (estaba lleno de gente de veraneo) y una ciudad vieja amurallada. El interior de la ciudad vieja es un entramado de tiendas y terrazas para el disfrute de los turistas.

La estrella de las ciudades amuralladas es Stevi Stefan, un poco más allá de Buvba. En este caso, las murallas están sobre el perímetro de una islita, en cuyo interior se han construido las casas. Un paseo une la islita con tierra. Visitar el pueblo es un atractivo turístico (bien explotado por los montenegrinos) y cuesta 6 euros.

Con estas tres visitas hicimos el día (nos hubiera gustado llegar hasta el cañón del río Tara, pero eso será en otra visita), y a las 20 horas iniciamos el regreso a Dubrovnik. Esta vez decidimos coger el Ferry (3,50€) que une la carretera al principio del fiordo y ahorrarnos recorrer la orilla de nuevo. Aunque ya era de noche me recordó las sensaciones que sentí cuando visité Noruega y sus fiordos, navegando por las tranquilas aguas, rodeado de montañas enormes (en aquel caso de nevadas cumbres). A las 23 horas llegábamos a Dubrovnik.

KORCULA-STARI GRAD-SPLIT (CROACIA)

A las 9:30 de la mañana, Ivo (más bien su mujer) nos acercó al puerto para coger nuestro Ferry (16€ Dubrovnik Split). Sabíamos que este ferry navegaba entre las islas del sur hasta llegar a Split. Los ferries no tienen asientos asignados, por lo que la ley que imperaba era la de pillar un hueco y ocuparlo. El viaje duraba 8 horas, y hasta las 18:00 horas no estaríamos en Split.

Lo primero la navegación era tranquila, el barco apenás se balanceaba, el paisaje era bonito, enormes islas a ambos lados del barco, muchos yates, muchos veleros, mucha gente haciendo surf (en todas sus variantes). De vez en cuando nos sorprendían pequeñas islas con en faro en medio. Otras veces nos cruzábamos con otro ferry. A veces una lancha nos echaba una carrera. Entre medias, paseábamos de una cubierta a otra, tomábamos algo en la cafetería, buscábamos un sitio para dormir. Numerosos barquitos y yates buscaban recónditos lugares en la costa de las islas para atracar en parajes de su uso exclusivo. ¡¡¡Quien tuviera un barquito para perderse de rinconcito en rinconcito, de isla en isla!!!

El ferry paró en Korcula (bonita ciudad vieja) y Stari Grad (recónditamente escondido en otro entrante del Adriático). Finalmente llegamos a Split en el horario previsto.

Nada más bajar del ferry varias personas se acercaron a nosotros y nos ofrecieron alojamiento. Por otros 15 Euros pax nos fuimos a casa de una mujer, la cual nos acercó con su coche también a su casa (a unos 20 minutos andando del centro de Split).

Split es una ciudad aparentemente sin encanto, pero con un precioso tesoro, el palacio de Diocleciano. Este palacio está situado junto al mar, y a partir de él se ha ido expandiendo la ciudad (por lo demás moderna y escasamente atractiva). Nosotros visitamos este palacio (que ahora forma parte del entramado de calles de la zona vieja) por la noche, y fue una experiencia bonita. A la tranquilidad de las calles a esta hora, se une la animación de las terrazas ubicadas en rincones recónditos, acompañado todo ello de la monumentalidad romana de algunos de sus edificios, arcos, puertas.

TROGIR-ZADAR (CROACIA)

Nos quedaba un día, y aunque nuestra idea era aprovecharlo para visitar Plitvicke, el mismo agente al que solicitamos información sobre alquiler de coche nos disuadió. 8 horas no eran suficientes para ir a Plitvicke desde Split, visitarlo y luego bajar a Rijeka (o Venecia). Por ello decidimos descartarlo.

Así que visitamosTrogir. Cogimos una autobús (los hay cada media hora). Después de haber visto tantas ciudades de piedra amuralladas, Trogir bella y bien conservada, no nos impresionó tanto. Por eso, a medio día decidimos coger el autobús hacia Zadar (con frecuencias prácticamente horarias)

En esta ocasión tuve la suerte de sentarme en el primer asiento del autobús, por lo que podía ver sin dificultad el paisaje a ambos lados de la carretera. Y francamente, eché de menos no ir en mi coche a mi aire. A diferencia de el sur donde las islas eran enormes, aquí eran pequeños cayos, que encerraban al mar, dando la sensación de que nos movíamos por la orilla de un lago de aguas cristalinas. Cada 500 metros aparecía un sitio de esos para echar el coche a un lado de la carretera y pararse a tomar un baño (eso si, ni una playa).

Al llegar a Zadar, sabía que existían unos tours a las islas de la zona de Zadar (más pequeñas y llamativas). Es lo que llaman Kornati. Lamentablemente los tours duran un día entero. El puerto está lleno de agencias ofreciendo el servicio. Nosotros no tuvimos opción ya que era nuestro último día.

El paseo por Zadar fue agradable. La ciudad responde a los estándares croatas. Ciudad vieja de piedra, bonito paseo marítimo.

A la 1 de la madrugada pasaba el autobús (20€) que nos dejaría en Trieste a la mañana siguiente (6:30).

TRIESTE (ITALIA)

Lo primero al llegar a Trieste era desayunar. Las conexiones con Venecia son numerosas por tren, y dado que nuestro avión no salía hasta por la tarde, teníamos tiempo para una visita.

Trieste es una ciudad con enormes iglesias, y edificios (como el ayuntamiento y todos los de la plaza principal) y un teatro romano que no lo parece. Para los más resistentes, se puede subir a un castillo, con la catedral al lado, desde el que se tiene una buena panorámica del puerto, la bahía y la ciudad. Gustavo González Miranda

Fecha: 
January 2009
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Comentarios

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