Guatemala, alma de la tierra

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Apenas hace unas horas que he regresado de Guatemala y ya siento que se apodera de mi esa emoción ambivalente que me recorre tras cada viaje. Por un lado, alegría y felicidad por haber disfrutado tanto y descubierto tanto y tan profundamente; por haber tenido el privilegio y el honor de conocer y palpar otro país, otra cultura, otras gentes; y por haber podido regresar a casa y abrazar a los seres queridos, con el alma plena de momentos maravillosos, de rincones extraordinarios, de sonrisas cómplices que rompen fronteras, de imágenes y sonidos inigualables que quedaran para siempre en la memoria.

... un sueño largamente anhelado comenzó y llegó a su fin, como todo lo verdaderamente bueno, valioso y autentico...

Por otro, una tristeza nostálgica, una añoranza profunda, porque ya no estoy allí, sino aquí, de vuelta a la rutina y la pelea diarias, en este extraño mundo y mal llamado mundo “desarrollado” que nos hemos construido, al que llamamos libertad y progreso, y que sin embargo nos esclaviza a un trabajo y a una hipoteca, cuando no también a otras ataduras muchas veces sin sentido. Y porque un sueño largamente anhelado comenzó y llegó a su fin, como todo lo verdaderamente bueno, valioso y autentico, pero que a pesar de todo permanece extraña y poderosamente en nuestro ser para siempre.

Si ya estaba enamorada de Guatemala en la distancia, vivirla ha sido confirmar y profundizar un amor clavado ahora en mi interior, que me “obliga" a regresar algún día de nuevo a sus brazos.

Y aun me cuesta creerlo, una vez mas, un viaje mas. Un sueño que esta vez conllevaba un riesgo mayor: el de viajar con altísimas expectativas a un país del que había oído y leído maravillas y que no me podía decepcionar. Y por suerte, no lo hizo. Al contrario. Si ya estaba enamorada de Guatemala en la distancia, vivirla ha sido confirmar y profundizar un amor clavado ahora en mi interior, que me “obliga" a regresar algún día de nuevo a sus brazos, no se cuando ni como ni de que manera, pero algún día de mi vida.

Para pasear de nuevo feliz por las bellas callejuelas de Antigua con sus casitas bañadas de colores y sus gentes amables y encantadoras. Para llorar emocionada al descubrir ante mis ojos el maravilloso lago Atitlán y sus tres volcanes, tan majestuoso como lo había imaginado y tan azul como lo había esperado, incluso más, un paraíso que jamás podré olvidar...

...subir al volcán Pacaya y sentir la roca caliente de lava petrificada, extasiada ante un paisaje lunar bajo el que corren ríos de fuego, preparados para estallar en cualquier momento...

Y para vivir el eterno instante en que el sol se despierta y acaricia las imponentes ruinas mayas de Tikal, convirtiendo de inmediato la oscuridad en verde selva, entre el atronador y divertido cántico de los monos aulladores y el molesto aunque esperado picotazo de los mosquitos y el persistente sudor recorriendo el cuerpo bajo el infernal calor tropical... Tendré que volver. Para subir al volcán Pacaya y sentir la roca caliente de lava petrificada, extasiada ante un paisaje lunar bajo el que corren ríos de fuego, preparados para estallar en cualquier momento... Y también, sin duda, para recrear tantos instantes en los que tu mirada "extranjera" se cruza con otros ojos tan distintos a los tuyos y sin embargo tan iguales cuando la sonrisa sincera, abierta y humilde despierta la suya y las fronteras entonces se derrumban, para mostrar al desnudo lo único que realmente hay: un ser humano descubriendo a otro ser humano con el alma igualita bajo una piel distinta y una cultura diferente...

Sin duda volveré, para divisar las montañas gigantes del Triangulo Ixil y para disfrutar de esta tierra bendecida por la Madre Naturaleza -montes y valles, lagos y lagunas, mares y arenas, selvas y prados..., incluida la maravilla de Semuc Champey-, en la que el árbol de la ceiba crece hasta el infinito y se desparrama en extrañas ramas peludas y donde florecen múltiples orquídeas de todo color y forma, con el canto misterioso y no escuchado todavía del Quetzal, lo que me obligará a volver en su busca.

Seguramente regresaré. Para surcar Rio Dulce transportada de pronto a un paraíso donde arboles y arbustos rozan el agua con los pies y los pelícanos pescan lanzándose en picado, para llegar enseguida a las musicales playas del Caribe en Livingston, trocando en un momento el calor pesado de sus calles a ritmo de “punta” y con olor africano al frescor increíble de unas pozas escondidas en la selva, Siete Altares.

...el arco iris de los vestidos indígenas mayas -con el siempre diferente tocado en los peinados de las mujeres y los divertidos pantalones a rayas de algunos hombres-...

Sin olvidar, por supuesto, el increíble ajetreo del mercado de Chichi entre telas, perolos y gallinas, el curioso Maximon rodeado de cigarros, ron y velas en Santiago Atitlan, las indescriptibles pinturas zutuhil, la arquitectura colonial y la maya, con sus iglesias coloridas y sorprendentes y grandiosas estelas de Quiriguá, la armonía a orillas del lago Petén Itza en El Remate, el arco iris de los vestidos indígenas mayas -con el siempre diferente tocado en los peinados de las mujeres y los divertidos pantalones a rayas de algunos hombres-, la mirada entre sorprendida, asustada y divertida de los niños, la amabilidad tranquila -a veces, ay, demasiado- de los chapines, los carcajeantes carteles y anuncios publicitarios -como el, a doquier, “pinchazo”-, el caótico trafico entre carros, motos, pick-up, microbuses, coloridos buses locales, bicicletas y hasta diminutos carros-motos de tres ruedas, o el sabroso plátano frito junto al lomito o los camarones, la fresca y rica limonada o naranjada con soda, junto al olor penetrante mezcla de incienso y ron quemado y el sonido dulce de la marimba y otros muchísimos momentos y rincones...

Y cómo no, para volver a disfrutar de la magnífica compañía de otros viajeros y otras viajeras con quienes he compartido tantas risas y alegrías y tantos instantes cargados de magia, y también, por supuesto, lógicos roces convivenciales, siempre superados por el cariño, amigos, a quienes espero no haber dado demasiado la lata y a los que agradezco infinitamente y de corazón que me hayan permitido disfrutar junto a ellos y con ellos de este sueño al que espero regresar, algún día de mi vida.

Guatemala, volveré, sin duda.

Fecha: 
August 2008
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