África Austral era un destino deseado desde hace años y por fin este verano nos habíamos puesto de acuerdo para poder recorrerlo por nuestra cuenta. Compramos los billetes con puntos travel, costando el trayecto Madrid- Johannesburgo 533.34 €, que no estaba nada mal teniendo en cuenta que las tarifas más baratas eran por internet y no bajaban de 900 euros.
Billete en mano comenzó la tarea de contactar con las agencias locales para alquilar vehículo y aquí empezaron los inconvenientes. La mayoría de las agencias locales no nos facilitaba camión, nos decían que todo lo tenían cogido con las agencias de viaje de aquí (kananga, años luz, marco polo, etc, etc) o nos daban precios prohibitivos. También miramos alquilar 4x4 y los precios eran disparatados, se nos iba de las manos. La idea de viajar por nuestra cuenta sólo parecía posible a golpe de miles de euros... que no teníamos. Todas las agencias nos remitían a las de aquí. A la vista del panorama empezamos a contactar con las agencias españolas para hacer un viaje a medida..... no había manera, o bien nos decían que nos vendían sus paquetes completos (con lo que nuestros billetes no servían para nada) o bien nos decían que al ser fuera de sus fechas, el camión que nos podrían facilitar no iba a ser muy adecuado.... tampoco hacían viajes a medida para el mes de agosto..... La cosa se complicaba, sobre todo porque ya teníamos nuestros billetes de avión.
Finalmente hablamos con Marco Polo y era la única que en su paquete Namibia-Botswana su salida coincidía con la de nuestros vuelos y nos descontaban el importe de estos. También su ruta era la misma que nosotros queríamos hacer. Decidimos contratar con ellos. El camión que ponían a nuestra disposición era de 20 plazas... así que intentamos completar el resto de asientos entre nuestra gente.....siendo al final un grupo de 16 itakeños, los otros cuatro componentes los puso la agencia..
PRESUPUESTO:
Billete travel 533,34 €
Marcopolo 1.335,00 €
Billete LVI-JHN 290,00 €
Billete JHN-WHK 147,93 €
Vacunas 35,00 €
Billete MAD-BCN 134,80 €
euros 250,00 €
dolares 400,00 €
TOTAL 3.126,07 €
Los primeros en salir y pasando unos días antes por Sudáfrica: Charo, Susi, Yosune, Jose Luis y Luz
4 DE AGOSTO. BARCELONA-MADRID-JOHANNESBURGO-WINDHOEK, NAMIBIA
Silvia y yo vuelo de las 16.30 Barcelona- Madrid.... Los capullos de iberia, tras haber tomado el aeropuerto unos días antes, como si de una república bananera se tratara, aún se dedicaban a fastidiar de forma encubierta y continuaron con la huelga a su manera, así que de la cinta de equipajes, unos llegaron a Madrid y otros no... por lo visto mi mochila fue sacada de la cinta transportadora y cuando llegué a Barajas me encontré con el disgusto de no tenerla. Previsora que es una, tanto la ropa, botiquín y neceser vuelan siempre conmigo, si o si, y en el equipaje facturado llevaba cosas grandes que en caso de tener que reponer me fuera sencilla la compra (saco de dormir, zapatillas de deporte y algún que otro material no del todo imprescindible de manera inmediata). Reclamación de turno, cabreo monumental y encomendamiento a todo el santoral para que antes de la noche llegara en otro vuelo.... cosa que no sucedió.
Durante la tarde nos juntamos con Berta y Olga y a las 00.30 volábamos en el Madrid-Johannesburgo. Diez horas de vuelo nos quedaban por delante.
Al día siguiente salía de Madrid otra tanda de nuestra expedición. Pilar fue al aeropuerto con más tiempo del habitual para buscar mi mochila, que afortunadamente apareció entre muchos otros equipajes, eso si, todos sin registrar y perdidos en una sala abandonada. Pilar reconoció el mío entre todo aquel follón y pudo traérmela en su vuelo.
El vuelo lo pasamos medio durmiendo y sin complicaciones. Llegamos a Johannesburgo según lo previsto, aún teníamos unas 5 horas de espera para el enlace con Windhoek, que se alargaron algo más por retrasos. Tras casi dos horas de vuelo aterrizamos en Windhoek donde el shuttle nos esperaba.
Nos alojamos en el Arrebush, en dos habitaciones si baño por 569.74 N$ (unos 33€ la doble)
1€ equivale aprox a 8.6 N$
Las duchas eran las comunitarias de la zona de acampada. Todo muy limpio y la habitación correcta, aunque por la noche hizo bastante frío.
5 AGOSTO. LA REUNIFICACIÓN.
Nos levantamos muy pronto, pusimos nuestras cosas en orden, desayunamos abundantemente (40$ p/p), nos tomamos nuestro primer lariam y nos pusimos en marcha camino de la ciudad.
El Arrebush está en las afueras, así que tuvimos que coger un taxi para ir a la ciudad, que a la ida nos costó 80 N$ y a la vuelta la mitad.
Visita a la casa de cambios... cerrada.... a los bancos... cerrados..... y nosotras sin namibios.... y sin poder pagar al taxista, hasta que vimos un cajero y se pudo sacar dinero.
La ciudad no tiene nada de interés, son cuatro calles de edificios apenas significativos, salvo una iglesia que es la que sale en todas las fotos y una pequeña torre con reloj. Por mi parte, nada especial, excepto por ser el punto de partida de un viaje alucinante.
Los precios del supermercado son como los de aquí.
Comimos en una especie de fast food americano, tipo el hollywood, las cuatro nos salió por 307.40 N$, bastante bien de precio y nos pusimos hasta arriba.
Ya teníamos ganas de ver al resto de la tropa, los que venían de Sudáfrica y los que llegaban desde España, nada más y nada menos nos juntábamos 16 itakeños, una locura. Siempre diciendo que nunca viajaría con tanta peña y allí me encontraba, con más de una docena, como si fuera una kdd.... era de locos. Y efectivamente, nos reencontramos como si estuviera en los Monegros o en Urdaibai o en .... cualquier kdd itakeña, mogollón de amigos con la ilusión a tope y la alegría de reencontrarnos..... incluida mi mochila. Gracias Pilar, te debo una.
Aparecían en escena Jesús, Javi, Nani, Iván, Jose Luis, Luz, Charo, Pilar, Rakel, Vicente, Susi y Yosune... besos, abrazos, anécdotas por contar, alegría de venos y miedo de ser tantos compartiendo viaje, pero con ilusión y con la certeza de que saldrá bien y la convivencia será inmejorable. Era una apuesta, segura, pero una apuesta al fin y al cabo.... que volvería a repetir con los ojos cerrados. Nunca imaginé que sería tan fácil convivir con todos ellos y que cuando se acabara el viaje les iba a echar tanto de menos.
Encuentro con nuestro camión y con nuestro guía y cocinero: James y Riley, dos tipos fantásticos, muy profesionales que hicieron que este viaje fuera único, inolvidable e inigualable.
Todos a cenar y a ponernos al día y a la cama pronto que el agotamiento hace mella.... y del lariam ni un efecto secundario.... ni acordarnos.
6 AGOSTO. WINHOEK - SESRIEM
Madrugamos, desayunamos y cargamos el equipaje al camión. Parada en el super y en el banco y a las once menos cuarto rumbo a nuestro destino, al que llegaríamos a las cinco de la tarde.
Nos acoplamos en los asientos, 350 km nos esperaban por delante disfrutando de un paisaje desértico, a lo lejos montañas muy erosionadas, que más bien se diría monte. Me vienen recuerdos de Marruecos, aunque esto es más plano. Se ven acacias pequeñas. El camino no está asfaltado, pero a pesar de ser pista con algunos baches, es bastante transitable. Se levanta mucho polvo y hace un calor tremendo, el polvo se mete por todas partes pero lo toleramos muy bien, no es exagerado, se nota que la mayoría ya están viajados y el personal se adapta a todo.
Paramos sobre las tres para comer unos sandwiches (atún, tomate, cebolla, mahonesa, queso, pepino y algo de embutido).
Hemos comprado mucho agua y hemos hecho bien, el clima es muy seco y se nota en la piel, en la garganta e incluso en los ojos, por lo que conviene hidratarse, llevamos muchos litros de agua, de hecho toda la que había en el supermercado... no dejamos ni una botella, los de la caja debieron alucinar.
Llegamos al campamento (Campsite Sesreim) y nos enseñan a montar las tiendas, cada día habremos de hacerlo. Es muy fácil y entre dos se puede hacer. En cinco minutos se montan. Son altas, dentro se puede estar de pie. Hemos acampado alrededor de un árbol. El camping tiene cierta infraestructura, cuartos de baño y una pequeña tienda. Las duchas son de agua fría, pero la temperatura aún es agradable y se lleva bien... más entrada la noche ya no será lo mismo.
También tenemos enchufes, hemos traído varias regletas y en seguida ya hemos montado una torre de baterías, vídeos, cámaras y móviles, todos cargando a la vez, hay que aprovechar siempre que tengamos luz. James y Riley nos recomiendan echar un ojo a toda esa tecnología, no suele pasar nada, pero hay otros grupos y no sería la primera vez que algo desaparece, así que durante algunas horas montamos turnos para hacer guardia.
La cena está fenomenal, carne y patatas a la brasa y unas calabacitas hervidas que están de muerte. Desde la primera noche hacemos uso del frontal, a partir de ahora será imprescindible en cuanto caiga el sol (sobre las seis de la tarde).
Según avanza la noche, la temperatura cae muchos grados, hemos pasado de estar asfixiados durante el día a abrigarnos con forro polar en la noche, hace mucho frío. Los que llevaron saco de dormir de primavera lo sufrirán casi todo el camino. Es recomendable llevar uno de alta montaña, de invierno.
Por lo visto hay chacales e hienas, pero duermo del tirón y no me entero de nada.
7 DE AGOSTO. DUNA 45 Y DESIERTO DEL NAMIB
5,15 de la mañana y todos en pie. A las 5,45 salimos rumbo a la Duna 45. Aún no ha amanecido, hace un frío que pela, estamos destemplados y con sueño. Sin desayunar nos ponemos en marcha, todos al camión. A la salida del camping hay cola de camiones y coches, eso retrasa algo la llegada a la duna. Al menos tardamos unos 20 minutos en coger velocidad. Después el trayecto no es muy lago y vamos disfrutando del valle amarilleado por las espigas, flanqueadas a lo lejos por las dunas ocres, el contraste de colores es muy bonito.
Por lo visto este año ha llovido bastante.
La subida es dura, te hundes en la arena, pero las vistas son espectaculares. No avanzas apenas, pasan los minutos y sólo has recorrido escasos metros, pero los juegos de colores, luces y sombras que refleja el sol sobre el rojizo de las dunas es un paisaje único y maravilloso.
Llegamos a la Duna 45 y se ve una larga fila de gente subiéndola, mucha gente, es como un hormiguero, todos haciendo cola, en orden y en silencio. Subir requiere mucho esfuerzo, parece que no, pero es agotador. A casi todos nos empieza a doler el pecho y nos cuesta bastante respirar. El clima es muy seco y se sufre en la piel, también en la nariz. La subida es dura, te hundes en la arena, pero las vistas son espectaculares. No avanzas apenas, pasan los minutos y sólo has recorrido escasos metros, pero los juegos de colores, luces y sombras que refleja el sol sobre el rojizo de las dunas es un paisaje único y maravilloso, las tonalidades son aterciopeladas y a pesar del frío y de lo difícil del ascenso, vale la pena. Las acacias al pie de dunas son la guinda del espectáculo. Es impresionante.
Se tarda bastante en subir, pero una vez que decides bajar, se hace rapidísimo, disfrutando de la sensación de hundir los pies en la arena sin que esta vez suponga esfuerzo, las acacias nos esperan abajo.
Todos nos hemos dispersado y cuando llegamos al camión nos reunificamos alrededor de un desayuno (scramble eggs, rebanadas de pan, margarina y mermeladas, yogures, zumos... y chorrito de aceite de oliva en el pan) que nos lo hemos ganado y bien merecido.
Tras reponernos vamos a SOSSUSVLEI y DEATHVLEI. Cogemos la lanzadera (80 N$) para no hacer el paseo de 5 km, estamos cansados y volver a caminar sobre la arena no es muy buena idea.
Primero vamos a Sossusvlei, donde las dunas rodean un lago de agua nada cristalina, pero no por ello menos bonito, pues su opacidad adquiere gamas y reflejos verdes que colorean aún más el paisaje Subimos otra duna para ver mejor la panorámica. ¡Qué espectáculo! un mar de dunas nos rodean, impresionante, brutal, inhóspito y duro a la vez que bello. Disfrutamos arriba durante un rato, sentados y recuperando aire. El agua se aprecia, bebemos constantemente, la atmósfera es tan seca que hasta el que habitualmente no bebe agua, en esta ocasión la toma por litros. Al menos cada uno debió beber un litro o más.
Volvemos al punto de encuentro para ir a Deathvlei. El sol cae en picado y cuesta caminar, el agua escasea pero el camino no es largo. Los calurosos lo llevan fatal, en mi caso bien, soy de las frioleras y me aclimato al desierto con más facilidad.
Al final del camino se abren las dunas descubriendo un circo de fondo blanco, lo que debió ser un lago y ahora está seco. Lo más bonito y asombroso del paisaje son los árboles que emergen, acacias estériles y marchitas, estirando sus ramas semienterradas junto a unos trocos que yacen agostados . La escena es de cuento, irreal y divino.
Cuesta aguantar el calor y la mayoría se retiran rápido. Regresamos y ya no hay agua, es durillo. Nos reunificamos y volvemos al campamento para ducharnos, estamos de polvo y arena hasta arriba.
A las 16.00 quedamos para ir al CAÑÓN DE SESSRIEM. No está muy lejos, una media hora. Es un cañón formado en la roca sobre un paisaje de desierto. Bajar es fácil y el paseo es una gozada. Muchos itakeños caminando y charlando, se nos pasa el tiempo volando y volvemos tarde. Es como en las kedadas, remolones, de jolgorio, trepando por aquí y por allá, haciendo el chorra y paliqueando..... nos dan las tantas sin ser conscientes de la hora, estamos disfrutando como niños y el tiempo no está en nuestras mentes.
Regresamos al campamento y Riley prepara la cena, una especie de estofado con arroz, está buenísimo y se ha aprovechado la carne que sobró del día anterior, que aquí no se tira nada y mucho menos la comida. Fantástica la cena.
Se forman grupos de cuatro para fregar y recoger, cada día le tocará a un grupo. En el mío estamos Jose Luis, Luz, Silvia y yo, los 4x4, pero todavía no nos toca, habremos de esperar algunos días más.
La alimentación que estamos llevando no es muy mediterránea que digamos. El desayuno es bueno y abundante, en el pan sustituyo la margarina por aceite de oliva y tenemos fruta y yogures. Comemos verdura, pero el pescado escaseará durante el camino, y aunque lo iremos encontrando, no con la frecuencia a la que, en mi caso, estoy habituada. Tras el desayuno, el resto del día aguantamos con un almuerzo a base de sandwiches, hasta la cena, que es la comida más fuerte.... al revés de lo que estamos acostumbrados, que unido a las horas de camión que haremos y el poco ejercicio resultaron que los estreñimientos empezaron a ser la tónica habitual desde el segundo día. Es recomendable llevar algo de fibra en el botiquín y comer mucha fruta, que la hay (mandarinas y manzanas).
8 DE AGOSTO. DE SESSRIEM A SWAKOPMUND
Madrugón y levantar el campamento. Desayuno y en marcha. Hoy es día de ruta. La carretera no está asfaltada, es pista y se sufren los baches. Los cardenales afloran en nuestros cuerpos. Empiezo a tener las manos fatal, con la piel levantada y alguna zona a punto de cuartearse, duele, me duele utilizar las manos, menos mal que Silvia me ha dejado unos guantes y puedo protegerlas. Todo el día las tendré que hiperhidratar. Algunos tienen la nariz con pequeñas heridas, el clima es extremo, muy seco, con temperaturas que van de 35 grados a 5 en cuestión de pocas horas. Las cremas que llevamos no combaten bien las inclemencias de este clima, pero en una farmacia me recomendaron una “the skin doctor, Ingram’s, camphor cream”, es muy fácil de encontrar, incluso en los supermercados, y dio muy buen resultado.
El día transcurre en ruta, unos charlan, otros duermen, otros miran el desértico paisaje, otros escuchan música y yo a ratos un poco de todo. A veces leo el libro que he traído, Ebano, de Ryszard Kapuscinski, una lectura perfecta para este continente.
Por el camino paramos a ver el KUISEB CANYON, precioso, es una parada corta pero las vistas son magníficas.
Continuamos el viaje hasta WALVIS BAY sonde paramos a almorzar. Una foca se ha posado en el paseo marítimo, morirá. No tiene grasa apenas y está flaquita, no sobrevivirá, que penita.
Llegamos a SWAKOPMUND. El camping es lamentable, está en las afueras y su aspecto es fantasmagórico. James y Riley nos llevan a otro que está muy bien, el Altebrucke, donde acampamos sobre césped y los baños están fenomenal, duchas de agua caliente.
Cenamos genial, sopa de pescado y unas bandejas enormes de gambas, calamares, mejillones.... por 120 N$ cada uno.
Salimos a cenar y en esta ciudad aprovechamos para comer pescadito, que será de los pocos días que podamos hacerlo. Vemos a Riley y a James en el Ocean Basket, así que una parte del grupo nos animamos a entrar también. Cenamos genial, sopa de pescado y unas bandejas enormes de gambas, calamares, mejillones.... por 120 N$ cada uno, pero el servicio es un poco lento, tardaron más de dos horas en traernos la cena. La espera fue bastante cabreante, porque cuando llegamos, muchas mesas estaban vacías, poco a poco el restaurante se fue llenando y fuimos observando como servían a todas las mesas menos a las nuestras. Nos quejamos en varias ocasiones. La cena estaba buenísima, pero la espera fue lamentable.
9 DE AGOSTO. SWAKOPMUND.
Hoy es día de actividades. Unos cuantos no nos animamos a apuntarnos a nada y preferimos pasear y disfrutar de los encantos de la ciudad, que la verdad, es muy agradable.
Primera parada en el Out of África para tomarnos un café con cafeína y como la tentación fue tremenda, también unos bizcochos de chocolate que estaban buenísimos. Aprovechamos para poner al día nuestros diarios de viaje, leer y charlar.
El resto del grupo andaba divido en diversas actividades. Estos son algunas de las opciones y precios:
Vuelo escénico: 1.360 N$
Quads: 400 N$
Caída libre: preguntar a Rakel y Jose Luis
Sandboarding: 200 N$, con tabla 300 N$
En la ciudad hay un mercadillo, pero apenas compramos nada. En varias ocasiones nos habían comentado que valía la pena esperar hasta Victoria, así que solo tantemos precios y curioseamos.
Comimos en el Lighthouse disfrutando del atardecer. Tiene una terraza con vistas al mar que son una gozada. Comimos muy bien, en mi caso un pescado al grill con patata asada por 64 N$, buenísimo.
Primera lavandería. Muy cerca del campamento había una lavandería, así que todos hicimos nuestro petate y dejamos las cosas por la mañana, el polvo del camino ya había ensuciado casi toda nuestra ropa. Mis 4 kg. Costaron 44 N$
Internet costó 10 N$ media hora.
Por la tarde fueron llegando todos y nos iban contando sus actividades. Los que no hicimos fue o bien porque era caro o bien no nos motivaba la oferta. En mi caso no había actividad que me apeteciera y tampoco los precios eran ninguna ganga. Casi todas eran deportes de riesgo o de tipo individual. Eché de menos la opción buggies de cuatro plazas porque dan para compartir risas y no es arriesgado, pero lo que había era para ir tu sólo con el conductor. Puede que hubiera alguna opción más en otras agencias, pero pinta que todo era del estilo y nos faltaron opciones a los caguetas y comodones.
Disfruté mucho escuchando las experiencias de los demás, daba gusto oírles.
La noche es muy fría, nos abrigamos muchísimo y aún así nos vamos retirando a dormir pronto porque el frío se hace duro y la humedad es tremenda.
10 DE AGOSTO. SPITZKOPPE
En pie a las 7, en principio podemos ir con calma porque hasta las 9 no saldremos, pero a las 8.30 ya estamos en marcha. Los estreñimientos ya son conversación habitual.
Nos dirigimos a Spitzkoppe, donde llegaremos sobre las 14.00. Son las primeras montañas, nos acercamos a zona de más alturas, es precioso el paisaje, las montañas están formadas por enormes bloques de tonos ocres y redondeados, impresionante. El atardecer es una maravilla, la luz intensifica los rojos y el resto de colores, los amarillos de las espigas, los verdes de las acacias y el azul intenso del cielo.
Cada día es un regalo ver el amanecer y el atardecer, son magníficos, cortos pero intensos. Y las noches estrelladas son únicas, jamás en la vida he visto un cielo tan habitado de estrellas, limpio y brillante, infinito y luminoso
Hay teorías que dicen que las pinturas rupestres son de miles de años, pero otras que dicen que sólo tienen unos cientos. Se puede ver el dibujo de un rinoceronte... o quizás sea un elefante, también hay unos cazadores y algunos animales.
Al llegar al campamento y después de montar las tiendas, algunos nos tomamos un descanso a la sombra, el sol aprieta demasiado y nos deja algo chafados, así que nos acomodamos en las sillas y nos quedamos una horita de palique y risas, hasta que el sol baje un poco. Cuando la temperatura nos dio cuartelillo emprendimos un primer paseo camino de las pinturas rupestres. James nos explica que no están fehacientemente datadas, que hay teorías que dicen que son de miles de años, pero otras que dicen que sólo tienen unos cientos. Se puede ver el dibujo de un rinoceronte... o quizás sea un elefante, también hay unos cazadores y algunos animales. Hay más pinturas en otras rocas, pero están vetados a los visitantes para proteger su conservación. El paseo es una gozada, el juego de colores y las formaciones rocosas son un deleite.
Regresamos al campamento y emprendemos de nuevo otro paseo hacia otra zona de rocas que entre ellas dibujan un puente natural. La escalada es sencilla aunque conviene subir con cuidado. Una vez arriba pudimos observar vida animal, roedores, una familia de rock dassies, correteando por las rocas. El sol comienza a bajar y desde donde estábamos disfrutamos de un ocaso privilegiado, lentamente en las montañas los colores subieron de tono y los contrastes de luces y sombras nos dejaron un recuerdo imborrable. Spitzkoppe nos ha seducido para siempre.
Tenemos que regresar antes de que anochezca. Las tiendas las debemos dejar bien cerradas, hay serpientes y otros bichos, por no hablar de las hienas y chacales. Riley nos da instrucciones al respecto, sobre todo dejar las tiendas siempre cerradas.
Durante la noche no escuché nada, muchos nos despertamos varias veces pero no se oía nada, sólo los ronquidos de algunos de los nuestros, que para animales, los humanos.
11 DE AGOSTO. SESSFONTAINE
Gran madrugón, lo habitual... hay mucho sueño, pero el amanecer bien merece la pena , ver subir el sol sobre los paisajes por los que vamos pasando, es uno de los mayores placeres de este viaje.
Día de ruta, camión por un tubo, siestas, lecturas, música, charlas y risas, baches por doquier, más que otros días. Los cardenales, íntimos amigos. Al final del camino comenzamos a ver nuestros primeros baobas.
Hoy el almuerzo lo hacemos en un estupendo lodge al aire libre.
Continuamos hasta llegar al campamento, algo más debajo de nuestra zona de acampada corre un riachuelo que en un corto tramo de su curso forma una pequeña piscina natural, limpia y fresquita, lo mejor del día, tras montar las tiendas corremos a ella a refrescarnos y sacarnos el polvo del camino, una gozada. Teóricamente no deberíamos bañarnos, o al menos eso nos dirían en cualquier centro de vacunación y enfermedades tropicales, pero la verdad, llegados a ese punto del viaje, todo te importa un bledo y te dejas llevar por lo que te pide el cuerpo, y en este caso nos pedía un chapoteo como el que nos dimos ¡inmejorable!!!! Lo mejor del día y un regalo bien merecido.
Riley nos prepara pollo asado con boniato, calabazas y ensalada, la cena de hoy ha volado, estaba exquisita.
La gente se retira pronto y quedamos unos pocos alrededor del fuego, contando historias de África y poniendo al día nuestros cuadernos de bitácora. Hay mosquitos.
Charo y yo dormiremos afuera con una mosquitera que nos ha prestado Riley. Se nos ha antojado hacer bivac, el lugar lo pide y no hay peligro de reptiles. La noche refresca, pero ya es más agradable la temperatura. Se nota que vamos hacia el norte.
12 DE AGOSTO. EPUPA FALLS
Me despierto muy pronto, con la luna todavía en el cielo, aunque ya empieza a aclarar la luz. Ha sido una gozada dormir al ras bajo las estrellas. No he pasado nada de frío y he dormido fenomenal, del tirón. Charo también. El cubo de basura está volcado y revuelto, han debido ser los chacales, pero no nos hemos enterado, han cenado a escasos metros de nosotras y no hemos oído nada.
En una ocasión tenemos que bajarnos todos del camión porque sino no sube. La subidita se las trae y mientras ascendemos a pie vemos unos hombres junto a un camión volcado en la carretera.
Nos espabilamos rápido, hoy también es largo día de ruta. La carretera está llena de polvo y atravesamos una zona de empinadas subidas o pequeños puertos, ligeros repechos que diría Julen. En una ocasión tenemos que bajarnos todos del camión porque sino no sube. La subidita se las trae y mientras ascendemos a pie vemos unos hombres junto a un camión volcado en la carretera. Nos cuentan que el incidente sucedió hace horas y sólo están esperando ayuda para remolcar, pero que todos están bien, no parece que haya habido heridos, de hecho sólo están custodiando el vehículo y sus pertenencias, los ocupantes salieron hace horas. Caminamos un buen tramo, hasta que el camino deja de tener tanta pendiente y volvemos al camión.
Nani nos presta a Berta y a mi su música, se agradece, no se porqué pero hoy se me estaba haciendo algo pesado el viaje, apetece escuchar un rato a Sabina. En el camión hace mucho calor y los que van en el lado del sol lo sufren aún más.
Hoy Jose Luis casi pierde su gorro de indiana, con las ventanas abiertas, un golpe de aire se lo ha arrebatado y ha salido volando fuera del camión. Le hacemos parar a James y en una carrera lo recupera.
Es día de lariam y hay que beber mucho agua, por lo que los pipistop son constantes.
Los baobabs son enormes, según avanzamos camino aumentan de tamaño, son preciosos, de gran personalidad.
Hoy hemos visto una escena muy curiosa, en la parada que hemos hecho en Opuwo, en la cola del supermercado había una miscelánea de razas y tribus fantástica, compartíamos espacio los guiris europeos, los hereros y los himbas, cada uno con sus vestimentas, a cual más dispar de las otras.
Llegamos al camping de Epupa, da la sensación de que hemos llegado a un oasis y después de montar las tiendas salimos a dar un paseo y ver las cascadas..... es una gozada, después de tragar tanto polvo es impresionante ver tanta agua, montones de cascadas fluyen sobre un paisaje pleno de verdor y asentado en el rojizo de las rocas. Realmente es un oasis, incluso hay palmeras conviviendo en perfecta armonía con los baobabs. Hay una zona de piscinas naturales pero da “nosequé” bañarse. Se nota que estamos en territorio himba, no se puede decir que sea la etnia mayoritaria, pero abundan y se les ve tanto por los caminos como en algunos tenderetes de mercadillo que hay junto a las cascadas.
El paisaje de Epupa es impresionante, divino. Al otro lado del río Kunene está Angola donde se puede observar que de nuevo las montañas tornan secas y peladas.
Otro atardecer que nos embriaga, cada noche es un espectáculo y cada noche lo disfrutamos con tanta emoción como si fuera la primera vez que vemos un sol rojo y unos colores tan intensos.
Hoy la noche está musical, cantamos y jugamos. James y Riley flipan, pero se les ve contentos de vernos disfrutar. Cenamos chuletas, batatas, patatas y calabacitas. Nos lo estamos pasando como enanos, el grupo está conviviendo de maravilla y el cachondeo aumenta según avanzan los días.
13 DE AGOSTO. KAOKOLAND, EPUPA FALLS Y LOS HIMBAS
Me levanto la primera, he dormido genial. James también está despierto y preparando la mesa, así que ayudo y rompo unos 50 huevos o más para hacer scramble eggs. Poco a poco se va levantando el resto.
Aquí ya no hace nada de frío, con una camiseta de manga larga se está bien y eso que todavía no ha salido el sol.
El camping “Hot Springs” está en buen sitio pero no tenemos electricidad.
A las 8 estamos listos para dar un paseo guiado y ver cocodrilos (30 N$ cada uno). Sabemos que veremos cocodrilos más adelante, incluso James dice que no vale la pena, pero nos apetece hacer caminata antes de que apriete el sol. Algunos se quedan en el campamento y otros se van por otro lado.
El paseo es agradable pero nada del otro mundo, en realidad no hace falta ni guía, pero tampoco nos importa, no es una mala opción contribuir a la economía local contratando un guía, que en este caso es oficial y hoy hace el agosto, ya que vamos trece y a 30 N$ cada uno es un buen pico. Igual debimos negociar, pero somos tantos que la dinámica de grupo impide hacer ciertas cosas, los unos por los otros... no es sencillo.
Vemos tres cocodrilos, no está mal.
Regresamos al campamento y toca tiempo de calma. A las 13.00 comemos el almuerzo de cada día.
Es una etnia absolutamente indígena y primitiva, ellas utilizan una especie de crema a base de manteca y polvo extraído de unas piedras del color de la arcilla, que bien mezcladas se transforma en un ungüento que se extienden sobre todo su cuerpo y cabello, dejándoles ese color tan ocre y terroso en la piel, a la vez que un olor extraño que durante algunos días tuve impregnado en mi nariz.
15.00 es la hora para salir hacia el poblado himba, está cerca y se tarda en llegar más o menos 20 minutos de camión.
Los himbas son una tribu que en su día eran pastores nómadas y ahora se están asentando más. Una vez al año se trasladaran con su ganado a otras zonas, probablemente hacia Angola, que está apenas unos kilómetros de aquí, al otro lado del río. Es una etnia absolutamente indígena y primitiva, ellas utilizan una especie de crema a base de manteca y polvo extraído de unas piedras del color de la arcilla, que bien mezcladas se transforma en un ungüento que se extienden, a modo de maquillaje y con el objetivo de mantenerse bellas y jóvenes, sobre todo su cuerpo y cabello, dejándoles ese color tan ocre y terroso en la piel, a la vez que un olor extraño que durante algunos días tuve impregnado en mi nariz. Los tocados del pelo son muy curiosos, recubren sus tirabuzones con esa pasta, dejándoles una especie de rastas que quedarán del mismo color de la piel.
Las chozas se construyen con barro y estiércol y se distribuyen formando un círculo. La casa principal está orientada de cara al fuego sagrado del poblado y el camino entre este y aquella lo tenemos expresamente prohibido pisar, profanaríamos sus costumbres.
Les llevamos comida a modo de obsequio (arroz, sal, etc) y a los niños pinturas, cuadernos y globos, pero quizás habría sido más acertado llevar un balón o unas combas. Con los globos se lo pasan pipa.... y nosotros también.
Como cada noche, la cena es a base de carne, echo de menos las cenas ligeras, hoy el menú consiste en estofado con arroz, que está buenísimo, eso si.
Se nota que mañana toca madrugón salvaje, llevamos escrito en la frente las 5 de la mañana, así que la mayoría se retira pronto a dormir.
14 DE AGOSTO. OTJITOTONGWE Y LOS CHEETAS
Diana a las 5 y salimos a las 6, el viaje hasta Otjitotongwe será largo, objetivo, llegar al “Cheeta Park” a las 15.00 para ver a los guepardos. Amanece cuando estamos en ruta
La carretera es durilla, gravilla, polvo y algunos imprevistos. Llegamos a un tramo donde la pista se convierte en arena y un coche está embarrancado, no se puede transitar apenas, así que bajamos todos para echar una mano y sacarlo del banco de arena. Es fácil, pero salen de unos y se meten en otros. El tramo arenoso no es largo, aunque el avance es lento.
James consigue pasarlo de tirón, conduce de coña, mientras nosotros quedamos como meros espectadores. Hemos tenido mucha suerte con él y con Riley.
De nuevo en ruta y el cachondeo es fantástico, nos lo pasamos como enanos en el camión, cualquier juego de grupo, por simple que sea, nos da para sacarle jugo y pasar unos momentos inolvidables. Ya nos vamos conociendo bien y la integración de unos con otros es fantástica.
De nuevo otro imprevisto, paramos en la clásica pipistop y a los minutos de arrancar y abandonar el improvisado toilette, Charo se da cuenta de que ha olvidado sus gafas sobre un tronco..... James dice que es imposible encontrarlas, todo el paisaje es igual... pero le insistimos, convencidos de que las encontraremos y le hacemos dar media vuelta. El tío es un hacha, no sabemos como lo hizo, pero llegó hasta ellas cuando el resto ya las dábamos por perdidas, probablemente recordara alguna referencia del lugar, pero a nuestros ojos era improbable, ya que no habíamos sido capaces de retener con precisión el escenario en un paisaje tan monótono... aunque no por ello menos bonito.
Empezamos a pensar que no llegaremos a ver los guepardos a tiempo, el viaje es largo.
Siempre hemos llegado a destino antes de lo previsto, sospechamos que cada día James nos da un cálculo con 2 horas extras de más para imprevistos, porque a pesar de que hoy hemos perdido mucho tiempo en el camino, finalmente llegamos a la hora prevista y en punto al Cheeta Park, para ver a los guepardos. Impresionante el comportamiento de estos animales, es elegantísima su figura y movimientos, como grandes gatos estilizados, con clase y una delicadeza impecable.
En esta granja tienen algunos ejemplares domesticados a los que podemos acariciar mientras ronronean de placer, es tremenda la experiencia de poder tocar a semejantes animales, impresiona.
Vemos a lo lejos como vienen caminando un grupo de guepardos, primero dos, luego tres, cuatro, cinco..... pierdo la cuenta. Son preciosos, finos y elegantes, se acercan silenciosos, conocen al guía, se nota y saben que van a recibir comida.
Vamos al campamento, montamos las tiendas y disfrutamos de un game drive, un paseo en coche abierto para ver guepardos en libertad.... sin palabras. Desde la carretera accedemos a un recinto vallado del que desconocemos sus dimensiones, pero probablemente sea enorme. El guía baja, abre la verja y entramos. Aún no sabemos qué pasará. La camioneta continua y finalmente se detiene, el guía baja con una vara en la mano y es cuando vemos a lo lejos como vienen caminando un grupo de guepardos, primero dos, luego tres, cuatro, cinco..... pierdo la cuenta. Son preciosos, finos y elegantes, se acercan silenciosos, conocen al guía, se nota y saben que van a recibir comida. Es impresionante, están a menos de cinco metros. El guía abre un baúl lleno de carne. Se ponen nerviosos y se acercan demasiado, con la vara les mantiene alejados. Saca un enorme pedazo de carne y lo lanza lejos.... y varios guepardos salen corriendo en busca del regalo, vuelve a lanzar otro y sucede lo mismo. Nos preguntamos por su instinto cazador, creemos que si les alimentan lo perderán, pero nos cuentan que no todos los días se les facilita comida, sólo a veces, cuando viene algún grupo como nosotros. Uno de los guepardos tiene un ojo ciego, no llega nunca a la carne, se la arrebatan sus compañeros, aquí nadie comparte nada. El guía ya procura que todos tengan lo suyo y al final conseguimos ver como puede llevarse un buen trozo y disfrutarlo. Es emocionante verles caminar o correr tras la carne, ver como se relacionan entre ellos, como se miran. Sorprende el sonido de sus maullidos, es como el de pequeños gatitos, incluso mi gata tiene la voz más ronca... echo de menos a mi gatita.
Hoy cenamos macarrones con carne, buenísimos. Nos toca fregar unos perolos enormes a la luz de los frontales, el cachondeo del fregoteo se las trae, entre que no hay agua caliente y lo mal que se limpia la grasa, nos entra la risa aunque finalmente lo dejamos todo como una patena, eso si.
Charleta en el fuego y mucho frío, hemos vuelto al sur y las temperaturas han bajado de nuevo. Charo, Silvia y yo nos retiramos a la cama pasando primero por el baño y acabamos teniendo una tertulia la mar de maja y divertida... y al rato se ameniza con más itakeños, formando un cachondeo en el lavabo que nos hace trasnochar.
15 DE AGOSTO. ETOSHA. OKAUKUEJO
En pie a eso de las 6 para salir pronto camino Etosha, al campamento de Okaukuejo. Antes de llegar al campamento ya vemos los primeros animales, una familia de leones tumbados en la sombra de un árbol, una jirafa, elefantes..... todos alucinamos. Los leones son majestuosos, vemos varios machos con sus melenas, es increíble, siendo estos tan difíciles de ver y nada más acercarnos a Etosha conseguimos disfrutar de su presencia. James para el camión para que podamos observarles y fotografiarles, estamos absortos y boquiabiertos.
Llegamos al campsite y montamos las tiendas. Este campamento tiene muy buena infraestructura, a la entrada hay supermercado, internet y una torre de observación. Está vallado, pero los chacales pasean a sus anchas, conviene no acercarse a ellos. También hay piscina donde podemos refrescarnos, el agua está congelada pero te deja como nuevo. Y por la noche podremos cenar un buffete libre pues también dispone de restaurante. Es un campamento bastante grande, nosotros nos instalamos en la zona de tiendas de campaña, pero según avanzas, puedes ver los bungalows, ya más cerca de la charca...... LA CHARCA......
Poco a poco ves a lo lejos algo, movimiento, un reflejo de luz sobre un remanso de agua y allí están ellos, el paraíso, orix, cebras, chacales, gacelas, cientos de animales, todos en armonía, en silencio, mojando sus patitas y hocicos en el charco.....
Cuando montas las tiendas hay jaleo, las varillas que chocan entre si, las conversaciones, las cremalleras, el trajín de trasladar mochilas, colchones, vaciar la nevera, limpiarla un poco y volver a llenarla para tener bebidas frescas a la noche, montar la torre de cargadores y baterías, ruido por aquí, ruido por allá, otro camión que llega, también sus ocupantes se instalan. Nosotros ya hemos terminado y podemos empezar a disfrutar.... te alejas de las parcelas de campamento en dirección a la charca y el ruido se va quedando atrás, cada vez se escucha más lejano el ajetreo, vas entrando en el silencio, te cruzas con otros viajeros pero nadie habla, poco a poco ves a lo lejos algo, movimiento, un reflejo de luz sobre un remanso de agua y allí están ellos, el paraíso, orix, cebras, chacales, gacelas, cientos de animales, todos en armonía, en silencio, mojando sus patitas y hocicos en el charco..... indescriptible, la naturaleza a lo bestia ante tus ojos, conmueve brutalmente, tantos animales bebiendo a sólo escasos metros de ti. Una valla que nos divide, los humanos a un lado y la naturaleza al otro. Nosotros en silencio, absoluto e inviolable, la emoción te sube las lagrimas, jamás en tu vida cotidiana sientes algo semejante, estás dentro de un documental y eres parte de él, miras a todos esos animales, tan distintos unos de otros pero compartiendo en armonía su agua. Te sientes turbado, junto a la admiración a mi también se me mezclaba una sensación de violar su intimidad, porque ellos no nos miran, se comportan con indiferencia hacia nosotros y eso me hizo sentir algo rara, pero era una escena tan espectacular y mágica, que te sientas en un banco a seguir mirando, con cara de idiota, de placer, parecido a un flechazo de amor, porque no puedes dejar de mirar, de observar sus movimientos, de admirar sus formas, su comportamiento, como se relacionan entre ellos...... y cuando llega el elefante, el rey de la selva, al que todos temen, y la jirafa, que le respeta pero es valiente... no hay palabras, no se puede explicar esto con palabras, el arca de Noe existe y está en África, pero si quieres saber lo que se siente, tendrás que ir a verlo con tus ojos, porque la naturaleza en esencia no se puede contar, hay que vivirla, poner los sentidos y dejar que se te meta dentro, que te abra los ojos y te lleve a tus orígenes... cruzar el espejo.
El sol cae como una esfera roja acercándose a la línea del horizonte, las sombras de los animales se reflejan en la charca, siguen ahí, bebiendo, pasan horas y no te mueves, no puedes, algo te retiene, no puedes dejar de observar. Hace frío, cae bruscamente la temperatura, atardece en rojo, como cada día y cada día te sigue sorprendiendo. Hay un elefante bebiendo, está sólo. A lo lejos una jirafa, ahora dos, se acercan, una más que otra, es valiente, poco a poco; pasan los minutos y apenas avanza, en realidad igual llevamos más de una hora, pero al final la jirafa está en la orilla. El elefante la mira, la observa, no le dice que no, pero tampoco que si, ella tantea, paso a paso, él la vigila, pero no se opone..... tras mucho rato ambos quedan enfrentados, cada uno a un extremo de la charca. Sin el permiso del elefante la jirafa no se habría arrimado a beber, o al menos eso parece. La otra no ha avanzado, se quedó lejana, tuvo miedo o no tuvo sed, quien sabe.
Hace frío, mucho, vamos a tener que volver al campamento, es el cumpleaños de Jose Luis y es hora de ir preparando la cena sorpresa. Desde España cada uno ha traído algo especial: chorizo ibérico, jamón serrano, longanizas, patés... un poco de todo. Hacía tiempo que lo habíamos confabulado y todos nos ocupamos de llevar en nuestro equipaje una pequeña delicatessen. También en el super hemos comprado cosas, a escondidas, aunque es evidente que algo se notó, sobre todo cuando para tener distraído a Jose Luis, le dimos las instrucciones de los fideos chinos para que nos las tradujese, así, como si nada..... discretitos, no se notó, no.... ¡que va!!!!
Y en pleno ajetreo de fiesta sorpresa, no faltó de nada en la mesa, vino, ibéricos, pan con tomate, un poco de esto y un poco de aquello, y unas chuletas para hacer a la brasa.
¡¡¡¡Cenamos como dios!!!! Nos pusimos morados y creo que le dimos una alegría al homenajeado... para la historia queda un video tremendo de cómo unos itakeños pueden transformarse en los teleñecos
http://www.youtube.com/watch?v=jGDDcvwPjjg
Los guardias del parque nos llamaron la atención, lo cierto es que algo escandalosos si que fuimos, pero es que una tropa de españoles celebrando un cumpleaños... es difícil mantenerlos en silencio... Creo que los leones debieron alejarse algunos metros aquella noche, y para nosotros quedó en el imborrable recuerdo desde el corazón de Namibia.
16 DE AGOSTO. ETOSHA
Hoy amanecemos aún más pronto de lo habitual, a las 5.30, queremos ir a la charca porque dicen que los leones van a primera hora. Aún es de noche y nos acomodamos en la zona de la grada. Hay gente durmiendo en sacos, no me extraña, quieren que su primera visión recién despiertos sea ese paraíso de animales. Hace mucho frío y tenemos mucho sueño, pero no hay leones, ni siquiera antílopes ni cebras. Nuestro gozo en un pozo, pero poco a poco despunta el sol , ya sólo por eso vale la pena el esfuerzo del madrugón.
Hoy el plan es disfrutar de un game drive o safari fotográfico. En cuanto salimos del campamento lo primero que vimos fue una fila india de leones, todos mantenían la misma distancia entre ellos, paralelos a la carretera, alucinante. James para el camión para que podamos observarles, es un espectáculo, los pelos de punta. Es difícil mantener el silencio en el camión. Se intenta, pero estamos locos de emoción. Los leones son cuatro machos, al fondo se ve una manada de ñues, se observan unos y otros... es indescriptible, como estar dentro de un documental. Hay más coches, en uno de ellos sus ocupantes han sacado por la ventana los objetivos más grandes que he visto en mi vida, seguro que son profesionales de algún medio, como poco del national geographic.
Los animales se mueven muy despacio, estamos un buen rato.
Continuamos ruta y seguimos viendo un montón de animales, avestruces, cebras, gacelas, kudus.... un pájaro secretario provoca la curiosidad de todos, por lo particular de su caminar y su figura, como si llevara tacones.
Entramos en un pequeño recinto vallado, es un merendero donde preparamos el brunch. James nos hace un sofrito de bacon con pimiento, tomate y cebolla, unos scramble egs, junto con el pan y demás viandas para disfrutar de un consistente almuerzo.
Continuamos con el safari y disfrutamos de los elefantes, son enormes, muy diferentes a los asiáticos, con unas orejas inmensas, como sábanas y los ojillos muy a los lados de la cara, tienen colmillos, pero por lo visto se los cortan para evitar la caza furtiva.
Es un día emocionante, vemos animales constantemente y la ilusión se percibe en nuestras caras.
Regresamos al campamento poco antes del cierre de la verja y pasamos el resto de la tarde observando la charca.
Cenamos en el restaurante del campamento, buffete libre por 110 N$. La idea era una cena ligerita, pero había tanta abundancia que nos pusimos ciegos.... la emoción del día había que alimentarla.
Como todas las noches, charleta alrededor del fuego, se agradece la hoguera.
17 DE AGOSTO. ETOSHA, NAMUTONI
En pie bien pronto y recogemos el campamento, hoy nos trasladamos a Namutoni, es otro campamento en Etosha que aprovecha lo que fue un antiguo fuerte.
Durante el camino vemos un montón de animales, empezamos a estar acostumbrados a las cebras, los impalas y los orix, y al mismo tiempo aún nos exaltamos cuando vemos un elefante o una jirafa.
Paramos en Halali, otro campamento del parque, en total son tres, Okaukuejo, Halali y Namutoni.
Vamos a la charca, se llama Maringa, es más pequeña que la de Okaukuejo y a esta hora está vacía, no hay ningún animal, salvo algún pajarito.
En la zona de comedor James nos prepara el brunch, la especie de pisto de ayer estaba muy buena y hoy repetimos, también hay salchichas y el resto, lo habitual. Nos ponemos morados y continuamos la ruta.
Llegamos a Namutoni, montamos las tiendas y Jesús, Javi, Nani, Yosune y yo vamos a toda leche a darnos un baño en la piscina, no tenemos mucho tiempo. Un chapuzón y corriendo a las tiendas a cambiarme, que salimos de safari otra vez, son las 16.00.
A Yosune no le ha dado tiempo a cambiarse y como si de una estrella de hollywood se tratara, todo glamour, se viene al safari en bikini y pareo, un atuendo la mar de adecuado para la ocasión y que provocó unas cuantas risas.
Los elefantes protegen a sus crías, ocultas entre los adultos. Las jirafas se han dispuesto de manera que cuatro machos vigilan el entorno, el resto beben, son desconfiadas.
De repente una jirafa....todos emocionados, vemos otra..... James se para, nos giramos y ante nuestros ojos un espectáculo, una charca, dos manadas, a un lado y esperando, una de elefantes con sus crías, al otro, una de jirafas, que en ese momento son las dueñas del agua y están bebiendo. Enfrentados; los elefantes esperan su turno, alejados y pacientes. Se miran unos y otros. Los elefantes protegen a sus crías, ocultas entre los adultos. Las jirafas se han dispuesto de manera que cuatro machos vigilan el entorno, el resto beben, son desconfiadas. Es emocionante y es tremendo. Hay respeto, elegancia, armonía... se te ponen los pelos de punta. Al rato las jirafas han saciado su sed y poco a poco se van retirando, se alejan primero unas y luego otras, unas van hacia el norte y otras al este, se dispersan, mientras los machos siguen vigilando y cuando ya no queda ninguna, ellos también se retiran, cada uno hacia una dirección. No marchan juntos.
En ese momento los elefantes se acercan al agua, se refrescan, las crías son una monada, algunas son muy jóvenes. Beben rápido y se marchan, todos juntos.
Todos estamos como locos, ha sido increíble, creo que este momento se nos quedará grabado para siempre, cientos de fotos quedarán para el recuerdo.
Por la noche cenamos en el restaurante, bufett libre (130 N$).
Mucho frío por la noche.
18 DE AGOSTO. FRANJA DE CAPRIVI. NGEPI
A las 6 en pie, salimos a las 7. El viaje es largo, destino Ngepi, en la franja de Caprivi.. Hoy tenemos unos 600 km, el viaje será largo, Olga y yo hoy vamos cansadas, no hemos dormido muy bien, por no decir que apenas hemos pegado ojo, y una mala noche te deja un poco tocado, pero bueno, intentaremos dormir alguna siesta en el camión
Llegamos sobre las 15.00-15.30 a Ngepi Campsite, en la reserva de Mahango. El sitio es precioso, zona verde en la rivera del río Kavango. Montamos las tiendas disfrutando del entorno, el sitio es de ensueño y el camping una caja de sorpresas, lleno de detalles a cual más divertido y original.
Una vez instalados, nos ponemos los bañadores y como locos vamos al río, hay una piscina jaula que nos protege de los hipopótamos. El sol no está muy alto pero aún apetece el bañito y el agua no está tan fría como en las piscinas de Etosha. Es un gustazo y la piscina metálica es como un juguete para nosotros, que parecemos críos en un parque de atracciones. Chapuzones varios y risas, una tarde estupenda.
Nos duchamos en una de las duchas más originales que he visto en mi vida, llena de detalles y su integración con la naturaleza la hace digna de un premio de diseño, como el resto de las instalaciones del camping. Es tan chulo que una vez aseados salimos de expedición a curiosear. Los cuartos de baño son a cual más divertido, desde el baño de las estrellas al trono del rey, un inodoro con vistas al río. Cabañas abiertas a la naturaleza que parecen de cuento y sólo faltan las hadas, todos coincidimos que si tuviéramos un día más, nos alojaríamos en esas cabañas, porque son mágicas.
Preparamos el fuego mientras esperamos la cena, son casi las siete de la tarde y ya ha anochecido. La cena está buenísima, arroz con pollo y por el módico precio de 55 N$. Y para rematar el día, Nani nos da una sesión de masajes, estamos machacaditos y las cervicales lo agradecen.
Noche alrededor del fuego, pero la gente se retira pronto a dormir, hay cansancio acumulado.
19 DE AGOSTO. NGEPI A MAUN Y AL DELTA DEL OKAVANGO. BOTSWANA
Un día más de madrugón. Tenemos por delante unos 370 km. y en principio es día de tránsito y cambio de fronteras.
La salida de Namibia es rápida, en pocos minutos nos han sellado los pasaportes y ya subimos de nuevo al camión, para recorrer escasos metros, volver a bajar y rellenar los formularios de entrada a Botswana, que también nos sellan muy rápido, ya que somos los únicos extranjeros que hay en la frontera en esos momentos.
Llegamos a Maun, donde cambiamos dinero (300 $ fue lo que cambié y es importante tratar de conseguir billetes pequeños, mejor si se llevan desde España porque allí ya no es tan fácil). Al lado de la casa de cambios hay un super en el que nos abastecemos de agua y refrescos, mandarinas, manzanas, galletas, patatas fritas, cheetos y alguna guarrería más.
Llegamos al camping (Audi camp http://www.okavangocamp.com/ ), montamos las tiendas... y directos a la piscina a darnos un chapuzón, también aquí tienen el agua bastante fría, pero mientras haya sol se agradece y entona que da gusto.
Hay una buena pica para lavar la ropa, unos cuantos hacemos la colada aprovechando las horas de sol, que son fundamentales para que la ropa pueda secarse en pocas horas. Tengo tanta ropa sucia que no doy abasto y parte de ella la dejo en la lavandería.
Los baños y las duchas son chulísimos, parecen de diseño, muy modernos y con un montón de detalles, apliques con formas de lagartos y otros animales, duchas sin techos y puertas de metal color bronce con dibujos, todo muy cuidado.
Nos volvemos a encontrar con los hermanos de Vitoria, son dos y van viajando en un ford fiesta azul; llevamos la misma ruta, por lo que ya es normal compartir noches de hoguera con ellos. Esta noche nos preparamos la cena nosotros, unos macarrones con tomate algo picantitos.
Intento acostarme pronto pero no hay manera, en uno de mis viajes al cuarto de baño me encuentro a Olga, Silvia y Charo... y como no nos gusta hablar ni nada, acabamos paliqueando y echando unas risas de las buenas con el consiguiente trasnoche, aunque moderado, todo hay que decirlo.
20 DE AGOSTO. DELTA DEL OKAVANGO
A las 6 en pie, salimos a las 7.30 camino del Delta. Poco equipaje, un pantalón largo, uno corto, bikini, una camiseta, un jersey y un par de mudas; Relec, botas de trecking y chancletas, protector solar y gorra; saco de dormir. Los mekoro (plural de mokoro) no son muy estables y es por eso que no podemos llevar mucho peso. Nos recogen en unos enormes 4x4 y tras casi dos horas de trayecto, al principio por asfalto pero la última parte por pista, llegamos a una aldea donde paramos. No bajamos de los coches, se acercan muchos lugareños y poco a poco se van acomodando como pueden en los vehículos, son los mokoreros. Mientras sucede todo esto podemos observar la aldea, formada de cabañas con techos de paja y las paredes muchas de ellas también. Todo muy rudimentario.
Creo que estamos en el canal Santanadibe, uno de los principales del Delta. El árbol con el que construyen los mekoro son los mopanes, o al menos es nos pareció entender. Son de una madera muy ligera y fibrosa, vacían el tronco dándole forma de canoa y son bastante inestables en la navegación, hace falta equilibrio para no volcar. Nos colocan de a dos, uno delante de otro. La mokorera va de pie y detrás manejando la embarcación ayudándose de una larga vara de madera. Nuestros equipajes personales vienen con nosotros, incluido el colchón, que lo han colocado de manera que nos sirve de asiento.
Llegamos a una isla e instalamos el campamento. Wako nos da las órdenes de cómo distribuirnos y colocar las tiendas formando un círculo.
En otras mekoro llevan todas las neveras, comida, baúles con los utensilios de cocina, tiendas de campaña y cualquier otra cosa que necesitemos en el campamento.
Es un paseo muy relajante, voy detrás de José Luis. Apenas cogen velocidad, van despacito. Hace mucho calor y nos protegemos con cremas solares. El paisaje es una maravilla, navegamos en un estrecho canal a cuyos lados crecen los papiros, nenúfares y un montón de plantas que te acarician a su paso. Viene una brisa de aire y finalmente me quedo dormida. Se me hace corto el camino.
Llegamos a una isla e instalamos el campamento. Wako nos da las órdenes de cómo distribuirnos y colocar las tiendas formando un círculo. Nos dan instrucciones, como no ir al baño solos de noche, siempre de dos en dos. No salirnos del campamento bajo ningún concepto, salvo que vengan los guías con nosotros. Si vamos a bañarnos tampoco podremos ir solos.
El wc consiste en un agujero escarbado profundo y cada vez que uno va, bajo ningún concepto se echará el papel, tenemos que tirarlo en la bolsa de basura. Los restos de las deposiciones se enterrarán con la arena. No hay que dejar absolutamente nada que pueda alterar el ecosistema de la zona, aunque esto es algo que hacemos desde el primer día, nunca hemos dejado nada de papel en ninguna pipistop. Han decidido que esté a escasos metros de las tiendas pero con cierta intimidad y una pala con un rollo de papel higiénico indica el camino, si no está, es que hay alguien en el baño y si está, es que está libre.
Organizamos el almuerzo.
El Delta del Okavango es el mayor delta interior del mundo y no desemboca en el mar, su destino es el desierto del Kalahari. Esto lo convierte en un ecosistema único y una de las reservas de animales más increíbles del planeta. Aunque las arenas del desierto se coman el río Kavango, la vida que se genera en esta zona de África es una de las más ricas del mundo, pudiendo afirmar que los cinco grandes (león, pantera, elefante, rinoceronte y búfalo) encuentran aquí todo lo necesario para vivir.
Cuando llegamos al campamento podemos comprobar que la presencia de la arena se hace notar, haciendo del terreno un paisaje un tanto particular, conviviendo nenúfares con arbustos típicos de zonas desérticas, una mezcla de vegetación húmeda con matojos más propios de secarrales.
Después del almuerzo el lugar invita a un baño.
Siempre estamos sucios, mucho, en seguida se nos incrusta la suciedad entre las uñas y se nos pega la roña en las piernas. En realidad no es suciedad, es el polvo gris del Kalahari que hace presencia donde estamos.
A las cuatro salimos de caminata durante un par de horas. Antes nos dan instrucciones: Ante el elefante, nos advertirá de nuestra intromisión con un aleteo de orejas. En este caso debemos retroceder sobre nuestros pasos y ocultarnos en los arbustos. Ante el búfalo, ocultarnos en los matorrales pero si hay un árbol, mejor subirnos a él. Ante el león, ni mover un pelo, por nada del mundo. Si está a cierta distancia, retrocederemos sobre nuestros pasos sin darle jamás la espalda y sin correr, movimientos muy lentos. La verdad es que asusta un poco este tipo de instrucciones. Salimos de camino y vemos jirafas, cinco machos, algunos antílopes y muchos pájaros. La vegetación es seca y de matorral combinado con palmeras.
En el camino vemos una montaña de excremento de elefante, Waco nos explica que los paquidermos engullen todo lo que encuentran a su paso, pero su estómago no es capaz de desintegrar todo aquello que han tragado y a veces hay frutos que prácticamente llegan intactos tras su proceso digestivo. Es el caso de las nueces de macadamia. Su cáscara es durísima, intentamos cascar más de una y nos resultó imposible, ni siquiera golpeándolas con piedras. Tras pasar por el aparato digestivo del elefante y sus jugos gástricos, la cáscara sigue sólida, pero está fertilizada. Sólo así podrá germinar en una palmera. El elefante es un elemento imprescindible en su ciclo vital.
También los monos acuden en busca de estas nueces que ahora resultan más fáciles de abrir y poder comer su contenido. Son muchos los animales que se alimentan de los restos que deposita el paquidermo. Se pueden ver perfectamente las espinas de acacias, hojas de árboles, las nueces mencionadas, etc.
Vemos más impalas, siempre a lo lejos. Echo mucho de menos una cámara con un buen zoom.
Al terminar el paseo pasamos por un lago en el que vemos hipopótamos, el atardecer es precioso, nos sentamos a contemplarlo, no hay prisa para volver, pero conviene que no se haga de noche, que es cuando los hipos salen del agua. El hipopótamo es el animal que más muertes humanas provoca en África. Es tremendamente territorial y aunque es herbívoro, mata si te encuentras en su territorio, nunca te interpongas en su camino hacia el agua.
Regresamos. Hoy nos toca a nosotros hacer una cena homenaje para Riley, James y los mokoreros: pollo al chilindrón y patatas. Pilar en la dirección de la cocina y el resto la cuadrilla de pinches, removiendo sin parar y ayudando como un buen equipo. Una cena genial y deliciosa con la que todos quedaron encantados.
Hemos visto un montón de agujeros en el suelo, son las madrigueras de los ratoncillos, está plagado, en cuanto se ha hecho de noche han salido al exterior y es fácil verlos, hay cientos de ellos, pero no dan miedo, son chiquitillos, de campo.
Al grupo le da por noche de canciones revival.
Una de las veces vamos todas las chicas al baño.... y escuchamos un animal, provocando nervios y prisas ... me dejan sola con Yosune y Susi, vamos, que si lo que viene es una hiena, que dios nos pille confesados ¡vaya pandilla de caguetas!!!! Aunque hay que reconocer que asustaba un poco.
21 DE AGOSTO. DELTA DEL OKAVANGO
A las 6.30 ya estamos de caminata, hay que aprovechar que a esta hora la temperatura es buena, más tarde hará mucho calor. Salimos sin desayunar. Sólo vemos jirafas.... ya nos parece normal verlas, nos hemos acostumbrado. Están lejos, pero se ven bien, nos observan. El paisaje es muy seco. Arbustos y acacias, el terreno es bastante polvoriento y está lleno de pequeñas ratoneras. Hay que tener algo de cuidado con las ramas caídas de las acacias, sus pinchos son largos y finos y les llaman madera de plomo porque si te atraviesa la suela te puede hacer un buen agujero en el pie y más vale que no.
Con la arena las termitas van estrangulando las raíces de los árboles, poco a poco, van amontonando arena en tales cantidades que llegan a cubrir árboles enteros.
Los animales que vemos están bastante lejos, eso nos deja algo decepcionados, creo que a todos nos habría gustado verlos más cerca, aunque teniendo en cuenta que son salvajes y las instrucciones que nos dieron, casi mejor que sea así.
Los termiteros adquieren formas increíbles, son auténticas esculturas, me encantan. Con la arena las termitas van estrangulando las raíces de los árboles, poco a poco, van amontonando arena en tales cantidades que llegan a cubrir árboles enteros. Pueden tardar cien años en hacerlo, pero finalmente el árbol morirá seco. Es destructiva, como el elefante. Hay cientos de árboles arrancados y derrumbados, lo que acentúa aún más la sensación de secarral. El elefante embiste contra los árboles y los golpea hasta que finalmente caen, impotentes y derrotados.
Llegamos a una zona de agua y vemos una ranita herida, se habrá peleado con otra. Waco nos va explicando cosas. Hay muchísimas aves, un montón, esto es un paraíso para los aficionados a la ornitología.
Que contraste, en el mismo camino hemos pasado de ver como en el paisaje predominan troncos secos derrumbados y arena polvorienta a un humedal lleno de aves y verdor más brillante. Es el contraste de dos ecosistemas convertidos en uno sólo, el Delta del Okavango, el Kalahari devorando el agua y el agua dando vida al desierto.
Tras cuatro horas de caminata y sin desayunar, el hambre nos llama y volvemos al campamento. Riley y James nos esperan preparando un suculento desayuno.
Por la tarde queremos darnos un baño y aprender a conducir los mekoro, nunca nos dejan ir solos hacia el agua, siempre viene Waco y sus compañeros. Somos conscientes del peligro de los hipopótamos y aunque nos movemos en un estrecho canal, hay que asegurarse de que ningún hipopótamo se ha colado en él.
Para manejar el mokoro hay que tener buen equilibrio, al ser bastante inestable puede balancearse mucho, pero si mantienes equilibrio es muy sencillo. Es genial, disfrutamos como chavales. Hay una parte en el canal que se ensancha un poco y que el agua está limpia y transparente, allí es donde nos bañamos y conseguimos quitarnos el polvo incrustado. Estamos muy sucios, mantener aquí la higiene es imposible, ni con toallas húmedas ni nada, sólo cabe la resignación, hagas lo que hagas siempre estás sucio, el polvo del Kalahari se mete en tu cuerpo y se queda pegado hasta en las ranuras más insospechadas, incluso con agua es muy difícil de sacar, por no decir que imposible, necesitaríamos un estropajo y varios aclarados. Al menos con el baño nos quedamos con mejor sensación, hasta nos creemos que estamos limpios.... ¡que incrédulos!!! En cuanto pisemos tierra volveremos a nuestros orígenes. Ya sólo salir del canal implica pisar una zona fangosa... con lo que cuando sales y te miras los pies, cierras los ojos, elevas la cabeza y no vuelves a mirártelos porque no vale la pena.
Todos imitando a Waco, bailando alrededor de la hoguera, dos tribus nos fusionamos en una y la alegría era tremenda.
Llega la noche y tras la cena, Waco y los suyos se levantan y nos dicen que hoy van a cantar ellos, yo creo que para evitar que los de mi tribu se animen, lo cual era muy de agradecer. Pero fue mucho más que eso, una de las chicas empezó a entonar una canción con una melodía cien por cien africana y el resto fueron incorporando sus voces en una armonía y belleza musical que se nos pusieron a todos los pelos de punta, nos quedamos boquiabiertos, disfrutando enormemente.... ovaciones y aplausos, la cosa se iba animando, cantaron otra, y otra, y todos encantados, que noche tan agradable. Y en una de estas, Waco y otro de los chicos no sólo cantaron sino que acompañaron la canción con un baile, al principio podía parecer una canción para chavales, pero a la vista de los movimientos, era más bien para rondar a una muchacha o incluso algo más, estallamos todos en risas y el baile se animó con la participación de todos, ellos y nosotros, era fácil pero también tenía su técnica, todos imitando a Waco, bailando alrededor de la hoguera, dos tribus nos fusionamos en una y la alegría era tremenda. Luego vino la canción de la rana, el churra churra, y ya todos desatados, era genial, ninguna fiesta flamenca podría superar el festival que montamos en el Delta. Yo creo que esa noche ni un animal debió acercarse a menos de 500 metros, porque el ruido, risas, bailes y canciones debieron sobrepasar cualquier nivel razonable de decibelios. Fue una noche memorable e inolvidable y nunca más olvidaremos canciones como el gika ka gika o el churra churra.
22 DE AGOSTO DELTA DEL OKAVANGO
Tras el desayuno desmontamos el campamento y regresamos. De nuevo el recorrido por el canal, tan relajante y delicioso. Una vez en tierra aún no han llegado los vehículos así que montamos una pequeña fiesta, todos juntos, los okavangueses y nosotros, cantando y bailando a pleno sol, de nuevo las risas y el cachondeo, no hablaremos el mismo idioma, pero si nos hemos comunicado.
Regresamos a Maun, apenas tenemos tiempo, una media hora para ducharnos y comer algo. La ducha fue impresionante, efectivamente necesitábamos estropajos, fue una enjabonada detrás de otra y aún salía el agua negra, costó desincrustar aquel polvo de la piel, pero una vez limpios hubo que reconocer que la sensación era genial, nos hemos adaptado muy bien a la falta de higiene diaria, pero tras un aseo a fondo nos sentimos como nuevos.
Nos esperan en el aeropuerto para hacer un vuelo escénico. Lo contratamos con Mach Air
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Los precios según monedas eran:
600 pulas / 86 euros / 110 $
A pesar de mi pánico a volar, no quise perderme sobrevolar el Okavango. Fue un vuelo tranquilo y muy agradable, y desde el aire puedes ver todo lo que desde tierra no, adquieres una visión más amplia de lo que es el Delta y sus canales, y lo mejor de todo es que ves cientos y cientos de animales, manadas enormes. Es una vista espectacular en la que puedes dimensionar mejor el significado de este espacio único en el mundo.
Una vez terminado el vuelo subimos al camión con rumbo a Nata.
Llevamos muchos días de camión y muchos kilómetros a las espaldas. Hasta ahora no había pasado nada, ni un pinchazo, y dado el estado de las carreteras nuestra suerte estaba durando mucho.... hasta ahora. Reventón de rueda, una parte de la goma se desprende y se engancha en los bajos del camión. Aún a pesar de que parecía aparatoso, en 40 minutos cambiamos la rueda mientras disfrutamos nuevamente de otro increíble atardecer.
De nuevo en ruta hasta el campamento Camping Nata lodge , al que llegamos casi cuando no nos daban de cenar, pero conseguimos sentarnos todos y tras una muy larga espera y castigados sin postre, nos sirvieron la cena.
http://lodge.botswana.com/index.php?option=com_content&task=view&id=33&I...
23 DE AGOSTO. DE NATA A CHOBE
Hemos dormido poco, cada día duermo menos y cada día me acuesto más tarde.
Salimos pronto rumbo a Chobe. Llegamos pronto. El campamento es muy chulo http://www.chobesafarilodge.com, arbolado y junto al río. Montamos las tiendas con vistas al río para que al levantarnos y abrir la cremallera, nuestra primera imagen sea este paisaje tan bonito. James nos hace cambiar de idea rápidamente, hay cocodrilos y hace dos años un turista salió de su tienda y se encontró con las fauces de uno en su cara.....no lo contó. En teoría no es normal que frecuenten este margen en está época del año, pero tampoco es imposible, así que para evitar riesgos desplazamos las tiendas unos metros alejándolas de la ribera y cambiamos la orientación de la entrada.
Hay un montón de monos, muy descarados, se suben al camión y se acercan mucho a nosotros. Conviene no dejar nada a la vista de ellos porque son un poco ladronzuelos y muy curiosos. Alguna ventana del camión está abierta, lo suficiente como para que intenten colarse dentro, de hecho lo intentan, pero lo vemos a tiempo y las cerramos.
Hay un facócero junto a los baños, es muy tranquilo y se pasea a sus anchas, está en su casa.
Nos dirigimos hacia una isla que hay en el río, está llena de elefantes y cuando crees que no puedes sorprenderte más, aparece una manada enorme de hipopótamos con sus crías en el agua.
Nos vamos organizando y algunos aprovechamos para volver a lavar ropa. Una vez instalados del todo y comidos, nos vamos a la piscina a darnos un chapuzón, se agradece.
Tenemos poco tiempo, llega la hora del paseo en barco por el río, sabemos que será genial, el entorno está lleno de señales que te dicen que vas a pasar una tarde increíble.
Una vez sentados en el barco, comienza el espectáculo, animales mires por donde mires, elefantes a la izquierda, también impalas, pájaros serpiente, aves de todo tipo.... Nos dirigimos hacia una isla que hay en el río, está llena de elefantes y cuando crees que no puedes sorprenderte más, aparece una manada enorme de hipopótamos con sus crías en el agua. Es impresionante, mires hacia donde mires este sitio está lleno de vida. Se te queda la boca abierta de tanta admiración, estamos todos como locos de emoción, felices, esa diría que es la sensación más común, que estamos felices. El barco se acerca tanto a la orilla que podemos ver cocodrilos a escasos metros, esto es un paraíso, un sinfín de criaturas por todas partes, alucinante.
África cada tarde te regala un sol de color rojo, que juega a luces y sombras y colorea de reflejos y tonos este entorno tan maravilloso, no dejas de disfrutar la caída del sol.
Tras tanta belleza volvemos al campamento, ha sido una tarde genial y traemos hambre. Cenamos en el restaurante del campamento, un bufett libre fantástico, en el que incluso puedes degustar gastronomía asiática, y como algunos somos fans de ella, nos ponemos de noodles hasta arriba, pero sin dejar de probar las delicias locales.
La noche la rematamos con charleta en el bar. Nos hemos vuelto a encontrar con los hermanos de Vitoria y compartimos experiencias y anécdotas con ellos.
24 DE AGOSTO. DE CHOBE A VICTORIA
Nos levantamos y desmontamos campamento. Nos han dicho que a la salida de la ciudad hay un baobab enorme y no nos lo queremos perder, así que les pedimos a James y Riley que por favor, nos paren un segundín para verlo. Es cierto, es enorme y nos encanta.
Hacemos parada en el super y por primera vez, se siente el cansancio general, surgen algunas pequeñas discusiones por chorradas con la compra, creo que hoy es el primer día que somos conscientes de que el viaje va llegando al final, estamos en la última etapa, en Victoria se acabará la aventura.... el subconsciente nos delata.
Ya en marcha llegamos al paso fronterizo. Es vez ya no va tan rápido, el personal de frontera es lento y encima hemos coincidido con otros grupos, así que la espera se hace larga. Estamos cansados, se nos nota y la espera en la frontera no nos ayuda a estar de buen humor, pero finalmente nos dan los pasaportes sellados y por fin podemos continuar con nuestra ruta.
Llegamos en seguida a Victoria, está a muy pocos kilómetros de Chobe, tendremos todo el día por delante.
Una vez en el campamento, la dinámica de siempre, montar las tiendas, disponer nuestras cosas y preparar el plan del día.
El entorno pide actividades, aquí se pueden hacer un montón de cosas, así que vamos a la agencia http://www.safpar.com y comienza la locura... hay mucha oferta, rafting en el Zambeze, caída libre, micro light, encuentro con leones, puenting, goming, vuelo en helicóptero.... y un montón de opciones para todos los públicos. Cada uno escogemos las que nos apetecen y el pack viene incluido un paseo en barco por el Zambeze, será esta tarde.
El barco se arriba a tierra, tenemos un elefante a escasísimos metros, está comiendo, o más bien devorando, lo miramos ensimismados, está muy cerca.
Vamos al barco pensando que aquello será algo flojo para lo que estamos acostumbrados. Lo tenemos solo para nosotros, bebidas libres, unas cervecitas, cocacolas, y ya estamos de nuevo relajados y dispuestos al paseo. En el relax, desplegamos el mapa de África Austral y le pedimos a James que nos dibuje la línea de la ruta, hay localidades por las que hemos pasado y no están marcadas, y nos gustaría tenerlas para el recuerdo. Alrededor de él nos va marcando en el mapa todo el itinerario, desde Windhoek,... y los recuerdos se nos van agolpando, este es un momento entrañable, han sido muchos días y muchos kilómetros, pero más emociones. Miramos el mapa con cariño, ya es parte de nosotros.
De repente empezamos a ver hipopótamos, con esto no contábamos, este lugar sigue siendo un paraíso y aún falta el momento estelar de la tarde. El barco se arriba a tierra, tenemos un elefante a escasísimos metros, está comiendo, o más bien devorando, lo miramos ensimismados, está muy cerca, fotos y admiraciones, pero de repente, se gira, nos mira, le molestamos, si, le molestamos y bastante, se nos encara, nos echamos hacia atrás, está muy cerca y de repente, agita su cabeza con esas enormes orejas y trompa y la sensación que da es que si se lo propone, nos embiste con resultados que mejor no imaginarlos. En esa agitación de extremidades juraría que nos llegó un viento de furia, pero afortunadamente no llega a más agresividad, se gira y se va... ¡que os den!!
¡Dios! Ha sido increíble, nos hemos puesto nerviosos y lo que parece un afable animalillo se ha convertido en una furia de toneladas, francamente, daba miedo. Afortunadamente no ha pasado nada y continuamos disfrutando del paseo, que de flojo no tiene nada, sino todo lo contrario. Fantástico y absolutamente recomendable y como cada día, una nueva puesta de sol salvaje y tremenda, nunca nos cansaremos de las caídas del astro rey.
Llega la noche y hoy haremos tortillas de patata, nos apetecía y queríamos invitar a James y Riley. Cenamos de coña, han salido un montón de tortillas y entre eso y los ibéricos que sacó Juan Carlos para dar un homenaje al viaje, fue una cena estupenda.
25 DE AGOSTO. RAFTING EN EL ZAMBEZE
Me despierto nerviosa, ayer me apunté al rafting del Zambeze y hoy a las 8 vienen a recogernos. Es un rafting de nivel 5, el nivel comercial más alto. Nunca he hecho rafting y no se si he cometido una imprudencia estrenándome con uno de los más potentes del planeta, por eso estoy nerviosa. No soy persona aficionada a los deportes de riesgo, de hecho nunca he practicado ninguno y tampoco creo estar preparada para ello, creo que no tengo el temple adecuado, pero la curiosidad me ha podido y se que si no lo hago me voy a arrepentir, me llama mucho la atención hacerlo, pero no tengo claro si estoy siendo una inconsciente.
Llega la furgoneta a recogernos a Vicente, Jesús, Javi, Nani, Yosune, Luz, Jose Luis, Berta y yo. Nos llevan a un lodge y nos sentamos alrededor del monitor. Francamente, no me entero de nada, no consigo concentrarme en lo que dice, estoy dispersa con mis nervios.
Nos hacen firmar un documento en el que se eximen de responsabilidad, tanto de la inherente al rafting como de la correspondiente al acceso al cañón del Zambeze.
De nuevo subimos al vehículo camino del río. Cuando llegamos nos explican la importancia del chaleco, del casco y que nuestro mejor amigo será el remo. Estoy a punto de rajarme, lo mejor sería dar marcha atrás y no hacerlo, es lo más sensato, pero supongo que el amor propio con un poco de inconsciencia me hace continuar. No tiene porqué suceder nada, si es comercial es porque no debe ser tan peligroso, me aferro a este argumento.
Nos repartimos casco, chaleco y remos y comenzamos la bajada del cañón, bastante empinada y en algunos de los tramos sin ningún tipo de sujeción. Ahora entiendo porqué se eximen de responsabilidad, no es descartable que alguno se haya partido la crisma en alguna ocasión.
Una vez abajo y junto al río ves el primer rápido a escasos metros, por un lado emoción y por otro acojone ¿Seré capaz de poder participar en esto sin perder la dignidad?
Podemos ver las cataratas Victoria desde abajo, el paisaje es precioso, me encanta, trasmite fuerza y energía.
Nos metemos en las barcas y antes de comenzar la aventura hacemos un poco de entrenamiento en un remanso. Cómo ir hacia atrás, cómo remar, como protegernos dentro de la barca y que hacer si caes.... si te atrapa un remolino déjate llevar, no luches contra él, agotaría tus fuerzas y no te servirá para nada; una vez arriba procura mantenerte alejado de las paredes del cañón.
Empieza la aventura.... primer rápido.... los nervios controlados, la tensión a tope y la ilusión también, será una experiencia y vamos a por ella, entramos en el rápido y remamos con energía, navegamos por encima de toda aquella espuma blanca, toneladas de agua arrojadas por las cataratas con toda su fuerza nos manejan a su antojo, ¡¡venga, venga, venga!!... por arriba, lo sorteamos ¡que gozada!! ¡que caña!!! ¡que chulo!!! Tensión por un tubo pero gratificante... de momento no parece tan difícil, lo esperaba peor. Puedo con ello y para ser una cagueta no ha estado nada mal, no era para tanto, al menos por ahora, pero no me confío, no soy tan pardilla. Jesús ha caído al agua, una pequeña perdida de equilibrio y no es tan difícil caer, lo ha pasado mal, no es lo mismo pasarlo por arriba que por abajo, pero al menos pudo ir sujeto a la barca sin que la corriente le absorbiera. Lo preocupante fueron las paredes, podía haber chocado.
Llegamos al cuarto rápido, lo ves ante ti, altos desniveles, remolinos y mucha espuma blanca, asusta un poquito. Nos disponemos de nuevo y allá vamos....
Segundo rápido, allá vamos, la adrenalina está a tope y me siento más segura que al principio... ¡¡venga, venga, venga!! todos remando con fuerza y a la vez o al menos lo intentamos, sobre todo que no volquemos, allá vamos.... ¡¡superado con éxito!! ¡que pasote!!!! Que emocionante, es cañero a tope, una gozada. Tras pasarlo, recuperamos fuerzas y a por el tercero.... las sensaciones agolpadas son muchas y contradictorias, te sientes fuerte al mismo tiempo que frágil, seguro al mismo tiempo que inseguro, la emoción y la tensión están a flor de piel, los nervios templados, pero ahí, todo combinado con alegría, es un reto superar esos rápidos tan tremendos sin volcar ni caer.
Llegamos al cuarto rápido, lo ves ante ti, altos desniveles, remolinos y mucha espuma blanca, asusta un poquito. Nos disponemos de nuevo y allá vamos.... Costa, nuestro monitor, nos va dando órdenes y obedientes hacemos todo lo que dice, si nos dice adentro y a protegerse, amen, adentro que voy y me agarro a la cuerda como si fuera un clavo ardiendo, de ahí no me saca ni su padre.... o al menos por ahora. Completamos el rápido con éxito, nadie ha volcado y nadie a caído, somos unos fieras, miro a mis compañeros y nos sonreímos, esto es la leche... ¡guau!!!! Y el paisaje es una gozada, dentro del Zambeze, bajando sus rápidos y disfrutando de la acción de sus aguas, casi ni me creo que esté aquí.
Llega el siguiente, tampoco volcamos, pero sigo sin confiarme del todo, aunque reconozco que se le va cogiendo el tranquillo y que el temor está controlado, ya se lo que es entrar en un rápido y cómo te empuja.
Sexto remolino, perfecto también, pero no olvido que alguien me dijo que siempre se vuelca, así que supongo que aún no me he librado.
Llega el séptimo, tiene un desnivel importante y es largo, este asusta un poco.
Entramos en él y lo pasamos, pero no se que ocurre que cuando ya estamos a punto de terminarlo, una fuerza externa y tremenda me arranca la cuerda de las manos y me lanza fuera de la barca, ¡dios mío!!! Caigo, caigo, caigo.... me tira y me traga, pero rápidamente saco la cabeza, veo a Luz también en el agua, hemos caído las dos... no mola nada, no me gusta, me siento un pelele ante semejante corriente, me asusta la fuerza con la que te empuja, puedo acercarme hacia la piragua. Luz ya está con el piragüista cerca de la pared, me indican que vaya hacia allí y procuro nadar en su dirección, la corriente es fuerte pero se puede. Llego por fin y tener a Luz tan cerca me da.. no se como explicarlo, pero es algo así como que no estoy sola, me hace sentirme algo mejor, las penurias en compañía lo son menos. Mi cara seguro que es un poema, pero al verla a ella también con un punto de susto, me doy cuenta que la cosa no es poca broma, pero estamos bien.
Se acerca la barca y nos suben, sinceramente, por mi parte ya terminaría... pero faltan aún, veo el octavo rápido, es enorme, el peor de todos, desnivel tremendo, un remolino que paraliza, espuma blanca, mucha, toneladas de agua batida, ya no me hace tanta gracia pero no me queda más remedio que continuar, tengo que sacar el valor que he perdido, porque francamente, tengo un buen susto en el cuerpo, pero hay que seguir. En este momento el amor propio me la trae al pairo, si hubiera podido me habría largado, no soy adicta a las calamidades y menos de forma innecesaria, pero es lo que hay, tengo que seguir y tengo que poder.
Llegamos al rápido y Costa va directo al agujero, un remolino brutal, nos agarramos a las cuerdas, pero no sirve de nada, voy atrás del todo y la barca no es que vuelque, se queda vertical
y en décimas de segundo el remolino me ha succionado...sólo se que una fuerza centrifugadora me absorbe, es brutal, aguanto mi respiración como si me fuera la vida en ello... no se cuanto tiempo voy a pasar vapuleada bajo el agua, aguanto, aguanto, confío en que me sacará, no voy a agotar mis fuerzas luchando con semejante monstruo, es absurdo, me dejo llevar, pero me está revolviendo como una bestia enfurecida... y me sigue succionando de forma muy violenta, voy hacia abajo, no me sube, aguanta, aguanta, es todo lo que me digo, el aire que llevo lo contengo, no se porqué extraña razón no tengo sensación de que me falte al aire, lo tengo protegido como un tesoro, no lo gasto, me dejo llevar, no peleo contra el remolino, pero no me saca, sigo bajando, empieza a preocuparme, me da un poco de miedo la violencia con la que te menea, es tremenda, sobrehumana, nunca me he sentido tan marioneta, conservo mi aire tan vital.... y por fin empiezo a sentir que asciendo, efectivamente, me va sacando, se hace eterno, no gastes el aire me digo, ni de coña, a saber lo que me encontraré cuando saque la cabeza, si la saco, que no lo tengo tan claro, pero parece que sigo hacia arriba, me sacará, si, esto me va a sacar, no puede ser de otra forma, y al final noto que estoy a punto de asomar mi nariz de semejante tortura, pero no se si lo que me encontraré será una pared de agua agitada y espumosa que volverá a absorberme, por si acaso en cuanto asome mis orificios y boca, volveré a recoger tanto aire como mis pulmones me permitan... por fin, luz y aire, todo para mi, pero efectivamente, una pared de agua me golpea de nuevo y me revuelve, otra vez la oscuridad, pero esta vez me expulsa antes y consigo mantenerme a flote, la fuerza del agua es tremenda, me arrastra, ahora que ya no me succiona me doy cuenta del miedo, estoy asustada, mejor dicho, tengo angustia, me pregunto porqué estúpida razón me apunté a esto. La corriente me domina, me hace avanzar veloz, como mucho puedo nadar para desviar unos grados el sentido de mi dirección, pero poco más. Me dirijo a una de las piraguas, en cuanto llegue a ella no me suelto, por fin me acerco, estiro el brazo y me agarro al extremo y ante mi sorpresa el piragüista me dice que “swiming, swiming” ¿pero que dice este tío? ¿qué swiming? ¡y una leche!!! Para mi es dios y no me suelto ni borracha ¡si hombre!!! Pero nos miramos y se que debo soltarme, la piragua es inestable, tengo que soltarme y dejarme arrastrar por la corriente y confiar en que por mis medios podré llegar a la barca. Lo hago y la corriente tira de mi, me hace avanzar pero consigo nadar hacia la barca y por fin llego, me suben y veo a Jesús ¿en que barca estoy? Me siento algo desorientada, esta no es mi barca y estos no son mis compañeros, son del otro grupo, de los míos sólo está Jesús, le miro y me pregunta cómo estoy, no tengo fuerzas ni para responder y confío en que me lea en la mirada que estoy bien, apenas puedo hablar, pero me alegra mucho verle, aunque no lo vea en mi cara, estoy feliz de verle. El monitor también me pregunta y le respondo que bien... pero la verdad es que no es del todo cierto, estoy acojonada. Todo lo divertido que fue mientras navegábamos por arriba lo tiene de angustioso cuando lo pasas por abajo, de nuevo tanta contradicción. No me siento nada segura, decir que era un pelele en manos del Zambeze es decir poco, era insignificante, una estúpida humana pretendiendo desafiar a la naturaleza, absurdo. Esto ya no es divertido, no para mi.
Llegamos al noveno, afortunadamente no se puede hacer, es de nivel seis y no es comercial, sólo lo pueden hacer ellos, los monitores, nosotros nos conformaremos con verles, y yo encantada de la vida pisaré tierra firme, sobre las enormes rocas, observando lo pirados que están para atravesar ese rápido con esas barcas.... estoy asombrada de su habilidad, no vuelcan, se nota que lo hacen a diario y que no hay secretos para ellos. Todos admiten que bajo el agua ya no es tan divertido, se pasa mal rato... tengo que hacer acopio de valor, no me apetece, no hay salida y no me siento a gusto, por mi ya habría acabado, ya lo he hecho y ya tengo la experiencia, no necesito seguir, pero aún queda otro rápido y hay que hacerlo... pues nada, habrá que hacerlo... y nos subimos a la barca. Miro a Costa, él ve que ya no estoy entusiasmada y me dice que esté tranquila, que el que viene es sencillo.... .y no me engaña, eso si, ni dios abrió la boca durante el rápido, todos calladitos, sospecho a nadie le apetecía volcar. Lo pasamos por arriba y por fin puedo relajarme.... estoy molida, como si me hubieran dado una paliza, bueno, sin el como, el agua me ha vapuleado. Me quedo flojita, estoy temblando, no se si es porque estoy empapada hasta los huesos o porque la tensión ha cedido a la relajación, quizás un poco de cada.
Ya en tierra celebramos la supervivencia con unos zumos y unos sandwiches, la agencia está en todo, hemos desgastado cantidad de calorías y conviene reponer energía. Ahora nos reímos y comentamos los momentos, Vicente tiene la camisa rota, su camisa de los viajes no ha sobrevivido al rafting, pero es una herida de guerra que seguro que recordará siempre... como yo su cara cuando salí de una de las caídas, fue como ver a un ángel.
Emprendemos el camino de regreso, una subida empinadísima que cuesta bastante, no se qué es peor, si el agua o la tierra, llegamos arriba extenuados pero contentos.
Me ha encantado hacerlo pero no lo repetiría ni loca. El resto de mis compañeros no piensan igual, ellos repetirían, en cambio para mi, está visto, no necesito más, pero no me arrepiento en absoluto, ha sido toda una experiencia y si no lo hubiera hecho me habría lamentado.
Y por fin sales pero el peligro no ha pasado porque la corriente te trae y te lleva, la barca está volcada y lejos, todos estamos desperdigados y apenas nos vemos...
Del rafting Yosune comenta: “vértigo mortal al bajar las tremendas y largas escaleras, y ya en la barca una sensación mezcla de expectación y de nervios primero y luego como si fuéramos en una montaña rusa de agua, tan rápido que no daba tiempo ni a pensar, sólo a sentir la adrenalina corriendo por la sangre, con una lucecita en la cabeza, muy pequeñita, de peligro, que quedaba oculta bajo una tremenda euforia y una risa interior y exterior... hasta que llegaron las primeras caídas al agua, las vuestras, y se te encoge el corazón un poco de miedo pero sin acabar de asustarte, no hay tiempo, todo es muy rápido, como un gigantesco remolino... Y cuando te caes tú (yo)... y te ves engullida por el agua, que no para de moverse y arrastrarte y durante unos eternos momentos crees que no vas a poder salir a la superficie y que te ahogas... Y por fin sales pero el peligro no ha pasado porque la corriente te trae y te lleva, la barca está volcada y lejos, todos estamos desperdigados y apenas nos vemos... Y por fin, detrás de mi una canoa a la que puedo agarrarme por un instante y que me manda regresar a la barca y me vuelvo y veo a Javi extendiéndome la mano y como en un sueño-pesadilla consigo llegar hasta ella y agarrarme a la cuerda que rodea la barca. Increíble, terrible, genial.
Es lo que me ha quedado en el recuerdo”
Volvemos al campamento y nos juntamos con el resto, que también han estado haciendo otras actividades. Compartimos experiencias durante la comida y nos preparamos para la siguiente actividad: sobrevolar las Cataratas Victoria en helicóptero... con mis terrores a volar y voy y me apunto a esto, pero no me lo quiero perder, nunca he volado en helicóptero y pero que el rafting no puede haber nada... ¡que equivocada estaba!!! En cuanto el aparato tomo altura, de repente perdí toda la sensatez y me sentí incapaz de disfrutar de aquella panorámica, toda la fortaleza mental que necesitaba para volar la agoté durante la mañana y en estos momentos sólo sentía pánico. No me gustó nada volar en helicóptero, aunque esto es cosa mía por mi miedo a volar, el resto de mis compañeros disfrutaron lo que yo no pude. Eso si, las vistas son espectaculares, el tajo tan impresionante en la tierra, frontera natural entre Zambia y Zimbabwe, la caída del agua, la luz de la tarde, todo ello quedará grabado en mi memoria para siempre.
Cuando cae la tarde nos reunimos para ver el video de rafting... ¡madre mía!!! Se me ponen los pelos de punta, lo veo y me da miedo ¿eso hemos hecho hoy? Casi ni me lo creo, me pongo nerviosa sólo de verlo, pero estoy contenta.
Llega la noche, estoy agotada, esta noche me acostaré pronto, ha sido un día cargado de emociones... y el viaje va llegando a su fin.
26 DE AGOSTO. MOSI-OA-TUNYA O “EL HUMO QUE TRUENA".
Cuando me despierto escucho a Pilar, acaban de llegar del mercadillo... hoy se marchan, el grupo se divide, nos separamos, parte de nosotros regresan a casa. Hemos compartido mucho, han sido tres semanas de risas, emociones, convivencia y llega el momento de la despedida, despedida que será sólo por unos días, porque nos volveremos a ver, pero nadie quería que llegara este momento. Los que se marchan recogen nerviosos sus cosas, los que nos quedamos les observamos con tristeza, no quiero despedirme, aunque sólo esté un día más, me encantaría compartirlo todos juntos. Siento pena y cuando llega el momento en que se suben al camión, saltan las lágrimas, Charo, Yosune, Silvia y yo, llorando como magdalenas, que penita, no quiero que se vayan, ojalá pudiéramos irnos todos juntos, se marcha parte muy importante de la cuadrilla: Ivan, Pilar, Nani, Jesús, Javi, Rakel, Vicente y tantos momentos compartidos, los llevo a todos en el corazón.... aún cuando lo recuerdo me emociono, fue un momento duro.
Aún es pronto y hoy no hay prisas, el mercadillo nos espera y allá vamos, nada mejor que ir de compras para levantar el ánimo.... como locos, negociando nada más llegar, telas pintadas, jirafas de madera, animales tallados, más telas, piedra esculpida, ensaladeras de madera... muchas cosas a buen precio, pero hay que regatear. Voy directa a las telas pintadas y a las jirafas, es lo que me apetece traerme, así que voy al grano, recuerdos que darán vida en mi casa y que cuando los mire me traerán a la memoria este viaje tan maravilloso.
El parque es una gozada pasearlo, te quedas como tonto viendo las caídas de agua, son tremendas, brutales, bellísimas, el ambiente está lleno de pequeñas gotas de agua, se empapan las cámaras.
Por la tarde vamos a ver las Cataratas, llamadas originariamente Mosi-Oa-Tunya, las he visto desde dentro y por el aire, pero aún no por tierra y tengo muchas ganas. El parque es una gozada pasearlo, te quedas como tonto viendo las caídas de agua, son tremendas, brutales, bellísimas, el ambiente está lleno de pequeñas gotas de agua, se empapan las cámaras. EL arco iris está presente en todo momento y el rugido del agua envuelve el paisaje como un lazo a un regalo. Disfrutamos como locos.
Tengo ganas de terminar la crónica, los finales son siempre difíciles, incluso cuando ya han pasado y revivirlos no los hace más sencillos.
Tras haber trasladado todas nuestras cosas del campamento a una guesthouse, hoy dormiremos en una cama, casi ni nos lo creemos. Esta noche no está incluida en el paquete de marco polo y hemos buscado otro alojamiento, barato, claro. El sitio no está mal, pero tampoco es ninguna maravilla, me he acostumbrado a dormir en el suelo y echo en falta al resto de la cuadrilla.
Durante la cena se respira cierta tristeza, el grupo se ha quedado cojo, faltan muchos y se nota, cenamos casi en silencio y antes de acostarnos nos despedimos de Jose Luis, Yosune, Luz y Susi, mañana no les veremos, ellos se quedarán todavía un día más.
27 DE AGOSTO
Madrugamos mucho, aún podemos ir al mercadillo a comprar algunas cosas que nos hemos quedado con ganas, llevamos objetos para hacer trueque. Es una buena ocasión para intercambiar camisetas, gorras, objetos de neceser, mantas de compañías aéreas.... cualquier cosa es válida, pero son muy pillos y el regateo es durillo.
Tenemos que regresar, aún nos queda recoger nuestras mochilas y dirigirnos a Zambia, nuestro avión saldrá desde allí con destino Johannesburgo. Charo, Olga, Silvia, Berta y yo, somos la tanda que compartiremos el día de hoy. Hay mucho cansancio y pena porque el viaje ha llegado a su fin.
Aterrizaje en Johannesburgo y enlace con el de Madrid... durmiendo todo el camino, agotadas. Llegamos a Madrid y de nuevo otra despedida y más lágrimas, se hace duro, les voy a echar muchísimo de menos.
Ya sólo quedamos Silvia y yo que aún nos queda el trayecto hasta Barcelona. Que decir de la llegada al Prat, Aunque nos vamos a ver en seguida no puedo evitar la tristeza de separarme de mi última compi.
........Y pasaron los días y a toda la cuadrilla la estuve echando de menos, ha sido una convivencia magnífica y el principio de grandes amistades. Hemos tenido un hogar en forma de camión y unos guías de lujo, James y Riley, que nos han cuidado de maravilla y han tenido un montón de bonitos detalles con nosotros; viajando de su mano sólo teníamos que preocuparnos de divertirnos.
Namibia y Botswana deben ser de los pocos destinos aún semi vírgenes, poco turismo, territorios muy despoblados, muchas horas de carretera y un clima inhóspito en ocasiones, un contraste de paisajes, desde el desierto más antiguo del planeta, el Namib con las dunas de Sossusvlei y Deadvlei, subiendo hacia el norte para disfrutar de las montañas de Spizkoppe y cambiando poco a poco la arena por las caídas de agua de Epupa y los primeros contactos con las tribus locales, los himbas, compensando la despoblación humana con las manadas de Etosha y sus charcas, fuente de tanta vida animal, y el divertidísimo Okavango con el contraste de arena y agua que forman un paraíso animal, y sus gentes tan hospitalarias, la maravilla de Chobe, donde tendremos que volver para disfrutarlo con más calma, la locura del Zambeze y la belleza de su naturaleza; la inmensidad de los paisajes australes y las sensaciones tan plenas han hecho de este destino un viaje espectacular, divertido, sorprendente.... y para siempre cada amanecer con su atardecer.
Fin de una aventura que empezó en las dunas más altas del planeta y terminó en las cataratas más grandes del mundo. Africa, volveremos.
Comentarios
tain
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