En la necesidad de descubrir, quizás en la utopía de encontrar una forma de vida diferente a la socialmente correcta, partía mi familia, hace más de 20 años, con una mano delante y otra detrás, dejándolo todo aquí para ir en busca de un sueño alrededor del mundo.
Ese es mi motor también, el que me empuja a conocer los lugares más remotos, donde lo indispensable se convierte en trivial, y lo que pasa desapercibido aquí, es de pronto lo único importante.
Recuerdo que unos minutos antes de aterrizar, las vistas desde la ventanilla del avión no dejaban lugar a duda. Guatemala no me dejaría indiferente.
Saliendo del aeropuerto eres una pulga entre los más de 2 millones de habitantes (ciudad más poblada de Centro América).
Si agarras un taxi (“coger” tiene allí una acepción que puede ponerte en aprietos), fíjate bien que lleve el distintivo de autenticidad (es habitual que te roben). No está de más negociar la tarifa antes de subirte, si es que tienes tiempo, antes de que te arranquen la mochila de las manos en la pelea por ganar un cliente. [Leer más]
Todo comenzó alrededor de una mesa redonda, mientras comíamos mariscos en el Romerijo de el Pto. Sta. María, siendo marisco lo que comíamos no es extraño que termináramos yendo a Galicia. Recuerdo que lo planteó Nati, mientras los comensales chupada tras chupada acababan con el marisco existente, eso si que José Luís se cansa pronto de chupar, dicho por el, pues mientras chupábamos dijo Nati algo así como - Chicos porque no hacemos el camino de Santiago en Semana Santa?. Entre la idea de repetir esa encantadora experiencia y que, para que vamos a negarlo, conociendo a Nati quien puede resistirse a caer en sus redes, y menos aún si dentro de las redes está la bella Galicia.
Comenzaron los proyectos y José Luís que ya había hecho el camino de Santiago, propuso las etapas de Santiago al Cabo de Fisterra, y así empezó a formarse el grupo, es recomendable para hacer el camino que el grupo de peregrinos sea reducido, por varios motivos, entre ellos, aunque no es el mas importante, es el alojamiento, los albergues suelen estar por esas fechas a tope, cosa que ocurrió como os contaremos mas adelante. [Leer más]
Hacía tiempo que tenía ganas de realizar esta ruta y llegar hasta el fascinante circo de Gavarnie. Así que decidí subirme en solitario a pasar el fin de semana en los pirineos y de esta manera completar este magnífico recorrido. Salía desde Valencia algo tarde, a eso de las 18h, por lo que ya imaginaba que me tocaría montar tienda una vez llegara al Valle de Bujaruelo. Efectivamente, así fue. Sobre las 00:30 llegaba a las inmediaciones de San Nicolás de Bujaruelo. El cielo estaba completamente despejado y aunque la noche deleitaba con más estrellas que nunca, el relente había dejado las praderas empapadas. Así que descarté el vivac y me puse a montar la tienda. Sobre la 1:30 horas ya estaba durmiendo.
Al día siguiente, todavía cansado del viaje, dejé que el despertador sonara durante casi una hora, hasta que por fin decidí levantarme a eso de las 8 de la mañana. La temperatura era de 4ºC, que sumada a la humedad del lugar proporcionaba una desagradable sensación de frío. Aunque había cogido desayuno, aquel amanecer invitaba a tomar un reconfortante café con leche al abrigo del albergue de Bujaruelo. Allí conocí a un hombre de unos 40 años y acento sudamericano que concienzudamente estaba limpiando su cámara reflex con un gas especial y suma meticulosidad. Intercambiamos unas palabras y le dije en tono de broma, que mi cámara era más pequeña, pero menos complicada, a lo que me respondió con una sonrisa. Después marchó a hacer unas cuantas fotos para probar el objetivo. [Leer más]
Habíamos contratado un paquete de vuelo+hotel+traslados, yo había recopilado un poco de información por internet y, con los planos y folletos que cogimos en la recepción del hotel, nos dispusimos a planificar un poco el tema mientras nos zampábamos unos platos de pasta en un ristorante cercano al hotel. Al final decidimos:
Hacer una de las excursiones que nos ofrecía The Best of Switzerland Tours, Lucerna-Stanserhorn, una de las menos solicitadas; a mí me apetecía subir a alguna montañita de por allí, a ella le sientan mal los paseos en barco, el Titlis parecía muy alto (3020 m, haría mucho frío, ¡ja!) y ésta prometía la visión de marmotas en su entorno. En el mismo bus nos llevaron a los de las 4 opciones Lucerna+monte hasta Lucerna por un puerto de montaña poco transitado, el paso del Albis; habrá autopista con más tráfico, túneles y peores vistas. Quince minutos para ver el famoso león esculpido en la piedra, hacerle tres fotos y mear, son suficientes; una hora, en cambio, para ver el centro de la ciudad, se nos queda corta. Entramos a la Iglesia Jesuita (en España, se llamaría de otra forma), con ese barroco centroeuropeo de torres bulbosas, fachadas sencillas e interiores esplendorosos; por comparar, entramos también a la Iglesia Franciscana, de un gótico sencillo y..., pues eso: franciscano; nos adentramos en el puente de la Capilla y contemplamos desde él un encanto de ciudad que no pudimos visitar con tranquilidad; otra vez será. Al lado del león hay un parque glaciar, también es digno de mención/visita lo que queda de sus murallas, que vimos de pasada desde el autobús. [Leer más]
Decir que la hierba es verde seria una obviedad, pero afirmar que en Islandia los tonos de este manto vegetal llegan a ser fluorescentes, no deja de rozar lo inverosímil. Si además, el paisaje sobre el que se asienta, aparece repleto de montañas y valles que varían en el color de sus tierras a cada metro, surcados por pétreos ríos de lava secos y retorcidos, torrentes y cataratas, glaciares imponentes, lagos escondidos, iceberg a la deriva, fumarolas, géisers… empezaríamos a entender, que lo más sorprendente de este lugar, no es la propia explosión de su naturaleza, sino la densidad de espacios diferentes, contrastes y fenómenos espectaculares concentrados en apenas la extensión equivalente al territorio portugués. [Leer más]